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Mariano Rajoy

Bertín Osborne entra en la carrera para representar a TVE en ‘Eurovisión 2016’

Mariano Rajoy ya lanzó la propuesta en su visita al programa En la tuya o en la mía. Y se ve que Bertín Osborne ha aceptado la propuesta, pues participará en la preselección que prepara TVE para elegir a su representante en Eurovisión 2016. Así lo acaba de confirmar Televisión Española.

 

Aún no se conocen al resto de los contrincantes de Osborne, ni el tema elegido. No sabemos sí optará por sus rancheras, pop o lírico. Aunque el presentador juega con la ventaja de que habla inglés a la perfección. Ideal para realizar una buena campaña de promoción en los meses previos de Eurovisión.

Si Bertín Osborne gana la gala de preselección, TVE se asegura subir la audiencia del eurofestival con la expectación que genera llevar a un rostro tan popular, referente del “cuñadismo” español, que cae bien o mal, pero no crea indiferencia.

Además, Osborne podrá realizar una cata de sus productos autóctonos (jamoncito, gazpachito y demás) en la greenroom. Y de paso hacemos publicidad (gratis y encubierta) de la buena mesa española. No sólo eso, también será más sencillo diseñar una puesta en escena que asombre a las millonarias audiencias eurovisivas: unos caballos bailongos junto a Bertín. Y olé.

Una apoteósica propuesta televisiva. Lástima que estemos en 28 de diciembre y esto pinte a una inocentada viral con mucho arte del equipo de RTVE, que entienden la esencia cómplice y juguetona de las redes sociales. Así están convirtiendo al público en arte y parte, en aliado, en partícipe, de los prolegómenos de un festival que es mucho más que un festival: es un fenómeno televisivo transmedia global. Eso sí, muy global, pero al que no va Bertín ni loco.

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@borjateran

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Cara a Cara entre Rajoy y Sánchez, una grave involución televisiva (y política)

Buenas noches, España. Así Manuel Campo Vidal ha arrancado el único debate en el que ha participado Mariano Rajoy en esta campaña electoral. Su cara a cara con Pedro Sánchez. Un fracaso a nivel de contenido televisivo.

La Academia de TV ha repetido como organizadora neutral y, de nuevo, ha utilizado la mesa como epicentro del debate. Aunque, esta vez, más pequeña. Sólo una distancia de 1,7 metros ha separado a los dos contrincantes. Esta ha sido la principal novedad de una puesta en escena que parecía un frigorífico vacío por dentro.

Muy blanco, el decorado no favorecía la estética de los contrincantes (con un color de piel desvirtuado) ni hacía atractiva la retransmisión: plana, insípida, claustrofóbica. Sin profundidad, elemento crucial en cualquier formato televisivo.  Porque lo sobrio no quiere decir inexpresivo. Tampoco las formas de comunicar del moderador funcionaron: con largas y lentas presentaciones más institucionales que periodísticas. Faltó contundencia en las preguntas y sobró un cierto caos en el orden de los temas a tratar. Un debate digno de 1985, no de 2015.

No obstante, la emisión ha intentado ser más flexible como consecuencia de la campaña electoral más televisiva de la historia y, muy especialmente, del debate a cuatro de Atresmedia, que ha marcado una evolución del género en España, incorporando repreguntas de los moderadores, retirando atriles y desde la espectacularización de un plató de grandes dimensiones con público.

Con este escenario, tanto los dos líderes políticos como la propia Academia de TV no podían permitirse, por tanto, un formato de tertulia como el que los grandes partidos habían acostumbrado hasta ahora, donde la estructura se asemejaba más a una batalla de monólogos, aprendidos de memoria, que a un debate vivo.

Lo han intentado, han desaparecido los cronómetros, pero no han conseguido el objetivo: el enfrentamiento entre ambos líderes se ha vuelto a quedar en un encuentro dramatizado cargado de consignas básicas y mucho “y tú más”, donde Pedro Sánchez intentaba romper el guion memorizado de Rajoy a duras penas. Las formas han podido con el fondo.

Después de unos años en los que la televisión ha acercado la política a la calle, este cara a cara ha realizado el viaje a la inversa: con unos argumentos previsibles y gélidos, que sonaban lejanos al día a día de la población desde una nave espacial en la que los tripulantes parecían empotrados a la pared blanca.

Con esta escenografía, lo tenía complicado el realizadorFernando Navarrete (histórico de TVE y Antena 3, que en su currículum están desde grandes musicales hasta los míticos programas de José María Iñigo). Así, el director visual del programa ha centrado el protagonismo en los primeros planos de los políticos, donde han cobrado importancia las reacciones mientras hablaba el adversario, imágenes que enriquecían la retransmisión, retratando la inseguridad o la seguridad de los dos contrincantes del bipartidismo.

Aunque con una realización mucho menos dinámica que el encuentro a cuatro de hace siete días en Atresmedia o de los debates homónimos de países de nuestro entorno. Han faltado cámaras en movimiento que otorgaran más ritmo al diálogo y, además, se podía haber innovado en la planificación de planos con pantalla partida, que permite ver a los dos líderes a la vez y que ya acostumbra la televisión de hoy (claro que, esta noche, más de una vez, cuando hablaba uno el otro miraba los papeles).

Un Cara a cara 2015 que ha sido histórico. No por el contenido, no por la puesta en escena: es histórico porque un formato así no volverá a producirse. La televisión es un retrato de su sociedad, y la sociedad está en otro punto más abierto, más visual, más próximo, más plural y menos previsible.

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Rajoy: 6 claves televisivas de su éxito y fracaso en ‘La Sexta Noche’

Por obra y gracia de la campaña electoral, Mariano Rajoy ha reaparecido en un programa de actualidad, La Sexta Noche, para rendir cuentas a ciudadanos anónimos. La última vez que realizó una comparecencia de estas características fue en Tengo una pregunta para usted, hace seis largos años, en aquella televisión pública que conocía la pluralidad, modernidad e innovación.

Ahora ha retornado a un programa político en directo y en horario de máxima audiencia. Sin cortes de edición, sin futbolines, sin Bertín Osborne, sin kylie Minogue.

Pero los lenguajes de la política en televisión han evolucionado. Y se ha notado. Y de ahí surgen seis claves del éxito y fracaso del día en el que un presidente del Gobierno español volvió a aceptar preguntas y repreguntas de gente de la calle. Ventajas de las campañas electorales.

1. Tranquilidad convincente

Rajoy se defiende mejor de lo que confían sus propios asesores. O eso se deduce por lo poco que los gurús sacan a su líder fuera del plasma. A la vista de la aparición de anoche, podían haberlo hecho durante toda la legislatura y no estaría tan denostada su imagen: sus razonamientos tranquilos pueden dar una perspectiva convincente en determinados asuntos. Pero la decisión llega forzada y tarde.

2. Falta de empatía con la gente de la calle

En La Sexta Noche no han existido barreras entre el presidente y los ciudadanos, que se sentaban alrededor como alumnos en la escuela. Un acierto de puesta en escena que, sin embargo, Rajoy no ha sacado partido. El presidente ha argumentado sosegado, pero sin transmitir empatía. Al contrario, ha contagiado frialdad. Le falta apego e identificación en temas muy sensibles, como el trabajo precario. Además, en ciertos momentos, la comunicación no verbal ha delatado a un Mariano que no puede evitar una cierta mirada perdida en busca de razonamientos para salir airoso del atolladero. Y eso desconcierta.

3. Querer ser simpático como una Miss

A la hora de pretender caer rematadamente bien, Rajoy tira del tópico más tópico. Si ha estado en Málaga, dice que allí hay gente encantadora. Como una buena Miss de la escuela de Raquel Revuelta. Pero Mariano no es miss y lo de que Rusia es un país con gente maravillosa ya nos lo sabemos.

4. Dialéctica exquisita

No ha variado su manera de comunicar. Es un político a la vieja usanza. Tiene argumentos bastante elaborados e interesantes pero que, al mismo tiempo, se pueden transformar en extensos prolegómenos y largas disertaciones hacia ninguna parte. Es decir, da rodeos con mucho arte. Rajoy habla muy bien, pero en la televisión de hoy, cuando te hagan preguntas directas (¿pactará usted con Ciudadanos? ¿derogará la ley del matrimonio igualitario?), apuesta por respuesta directa. O transmitirás que estás tirando balones fuera. O, peor aún, indecisión. Porque en el prime time triunfan los diálogos claros, contundentes y rotundos, a no ser que quieras un papel como rimbombante protagonista de El Secreto de Puente Viejo.

5. Juzgar al periodista

Los juicios de valor están muy bien, pero evita juzgar la valía profesional del periodista que te acaba de enviar una pregunta en un vídeo grabado. Queda raro. Así ha sucedido anoche: Cristina Pardo (con su habitual honestidad crítica e irónica) preguntó sobre la experiencia que debe tener un político para presentarse a las elecciones. Hasta ahí correcto. Pero Rajoy, en un ataque de conocimiento de las entrañas de los medios de comunicación, se metió en el jardín de reflexionar sobre la capacidad de la propia Pardo como supuesta directora máxima de La Sexta. Canal que, por suerte para Rajoy, (aún) no dirige. Está claro que Cristina Pardo no es su tipo.

6. Mariano Osborne

El presidente del Gobierno ha demostrado anoche en La Sexta que, en cierto sentido, es el Bertín Osborne de la política. Sus argumentos conectan con un público mayor de cincuenta años. Porque ser serio no está reñido con la campechanía de Mariano. Incluso suelta algún que otro argumento de tasca, como Bertín. Lo malo es que sus habilidades comunicativas de “cuñado prototípico” no congenian con las generaciones más jóvenes. Tal vez le ha faltado más contacto con una visión global de un país que siempre será mejor gobernado en contacto directo con la realidad que está en la calle.

@borjateran

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11 anécdotas (intrascendentes) que ha contado Mariano Rajoy a Bertín Osborne

Tengo una cierta tendencia, que me reprocha todo el mundo, de no ir a ningún sitio“, ha sentenciado Mariano Rajoy en su visita a En la tuya o en la mía. Y es que con Bertín Osborne ha hecho una excepción.

Estamos en campaña electoral y el presidente del Gobierno ha acudido a la casa del cantante, epicentro del programa de entrevistas revelación de La 1 de TVE.

La campechanía de Bertín ha sacado el lado más amable y humano de Rajoy, en una emisión que, por momentos, parecía una oda al líder del Partido Popular a sólo unas semanas de la cita electoral. Si bien, ese es el tono habitual del formato de La 1: un retrato emocional por encima de crítico.

Una charla afectuosa con la que Rajoy ha ganado. Hablaron de todo un poco, también de corrupción. Sin preguntas complicadas, claro. Incluso, por momentos, parecía todo excesivamente prefabricado. Sin embargo, ha sido una estrategia redonda de cara a las elecciones, pues se ha mostrado un Mariano más empático y resolutivo.

La 1 ha conseguido su objetivo: dar protagonismo al personaje y relegar al político. Aunque no desapareció el mensaje electoral. De hecho, el presidente y candidato parecía tener claro aquello que debía sembrar en un prime time de máxima audiencia para aumentar votos. No se olvidó ni de los inmigrantes. Consignas, guiños, recuerdos de la infancia, preocupaciones, humor gallego, su miedo a subirse en helicópteros… Y, por supuesto, también ha compartido anécdotas más intrascendentes aunque no por ello menos importantes. Hay que caer más simpático, tras años introducido en un plasma.

Estas son 11 historietas, tan simpáticas como triviales para el que futuro de España, que nos ha dejado el último En la tuya o en la mía. Un programa con excelente factura visual y de planificación de guion que ha terminado entrando en esto de las cocinas de la campaña electoral. Y lo que nos quedará por ver de aquí al 20D.

1. Rajoy hace caminatas a las 6 de la mañana. En sitios insospechados.

2. No realiza ningún viaje sin meter ropa de deporte a la bolsa. Suponemos que chandal.

3. Hizo autostop a los 16 años. Y fue a Ibiza.

4. Estudiaba de 8 a 2 y de 4 a 9. Así, consiguió ser el registrador de la propiedad más joven de España.

5. No ha sido de muchas novias. Ha sido “de lo que me dejaban”.

6. El día que se casó, 28 de diciembre, “había un tiempazo”.

7. Conoció a su mujer en un pubs. No hizo despedida de soltero.

8. Era un crack abriendo latas (de conserva). “Oye, tiene su arte”.

9. Casi gana el gordo. Le pasó como al del anuncio pero al contrario, pues nadie le guardó el décimo premiado en un sobre.

10. Le cuesta el inglés, pero da clases (en la intimidad, suponemos)

11. Hizo un cameo, junto a Juan Luis Galiardo, en la serie Jacinto Durante, representante. Fue su debut como actor, aunque interpretándose a sí mismo (rodado en los míticos Estudios Buñuel, patrimonio audiovisual del que TVE se ha desprendido en esta legislatura).

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Los aciertos y errores (televisivos) de la entrevista de Ana Blanco a Mariano Rajoy en TVE

Mariano Rajoy ha vuelto a ser entrevistado en Televisión Española. Esta vez, el encuentro ha sido en el propio plató del Telediario, pues la cadena pública ya se ha desprendido de los míticos Estudios Buñuel, que solían acoger este tipo de especiales y desde donde se realizaron la mayor parte de los Tengo una pregunta para usted o la última entrevista al propio Rajoy.

Ana Blanco ha sido la entrevistadora elegida. Un acierto, pues es la única primera espada de los informativos de TVE que mantiene cierta credibilidad. De hecho, la periodista apostó por la repregunta en una cadena que, en los últimos años, no acostumbra a las repreguntas a los miembros del gobierno.

Otro acierto ha sido la realización visual, acogedora, aunque el formato de la entrevista ha desprendido una estructura antigua a pesar de que intentaba imitar a últimas técnicas de las televisiones privadas para, así, conectar con una mayor cercanía con la ciudadanía.

Ese objetivo, esta noche, desde TVE no se ha conseguido, ya que el formato de la entrevista ha evidenciado artificio pactado. De esta forma, daba la sensación de que el encuentro estaba hecho a medida entre la dirección de comunicación del PP y la jefatura de informativos de la televisión. De ahí el pobre dato de audiencia (11.5% y 2.230.000): el programa no ha logrado contagiar un interés de acontecimiento periodístico.

Tampoco ha ayudado las preguntas de los ciudadanos anónimos, pregrabadas y, por tanto, sin derecho a réplica. No ha existido sensación de entrevista popular, al contrario. Error.

Esta decisión de “preguntas vía plasma” ha restado naturalidad y credibilidad a la entrevista. Más aún en estos tiempos en los que la política se dibuja en prime time a través de la cercanía de políticos respondiendo a la gente en programas más dinámicos, sin ataduras encorsetadas a las cocinas de los asesores políticos de antaño. Estamos en otra era de la comunicación política.

Aquí ha faltado esa espontaneidad de enfrentarse, cara a cara, a la realidad. Una pantalla ha vuelto a separar a Rajoy de los votantes y de la propia audiencia de una televisión pública que necesita programas donde el espectador no sienta que están diseñados para que el político los maneje a su antojo. O, al menos, lo intente.

La única forma de lograr convencer a la audiencia de hoy es sólo creyendo en la libertad sin medias tintas del periodismo, comprender la importancia de la responsabilidad de rendir cuentas y no trabajar desde la necesidad de engatusar al personal porque se acercan unas elecciones.

Y ese ha sido el fallo principal, a nivel televisivo, de la última comparecencia del presidente en la cadena pública: fría y a medias tintas. Una entrevista que define el modelo que ha instaurado el gobierno de Rajoy en TVE: fría, temerosa de la pluralidad real y aséptica.

@borjateran

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