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enero 2016

Ruth Lorenzo por los aires: así ha sido la emocionante imitación de Pink en ‘Tu cara me suena’

  • ‘Tu cara me suena’ lo más visto de los viernes (22.4 por ciento y 3.372.000), por encima de ‘Sálvame Deluxe’ (20 por ciento de share y 2.510.ooo).

Lo ha vuelto a hacer. No existen límites para Ruth Lorenzo. Con la dificultad añadida de una compleja emisión en directo, la murciana se ha atrevido a versionar un número aéreo de Pink de los Grammys 2010 en Tu cara me suena.

Un espectacular juego aéreo que Lorenzo y el talent show podían haber realizado en las galas grabadas del programa. Pero no, han esperado a la primera semifinal del concurso, en riguroso directo. De esta forma, se ha coronado la artista como primera semifinalista de la actual edición de Tu cara me suena.

Y todo mostrado con una realización visual impecable. No sólo en este número con voz (y sábana) en directo, también durante todo el programa. Un show global en música, puesta en escena, iluminación y autenticidad.

Y esa autenticidad se transmitía en los minutos finales, cuando tanto Silvia Abril como Ana Morgade se emocionaron mientras observaban repetir el número a Lorenzo, que promete convertirse en viral.


 
Lorenzo ha aprovechado su paso por Tu cara me suena para seguir demostrando su arte. Ya lo hizo en Eurovisión, con un brillante Dancing in the rain, también en su constante e intensa promoción discográfica. Pero, además, en Tu cara me suena, la intensidad ha dado paso a una Ruth empática, que demuestra uno de los grandes valores de la televisión: el talento fruto de la constancia, ensayo, riesgo e ilusión.

Y el programa, como no podía ser de otra manera, terminó en tartazos. Pero eso ya es otra historia.

Los motivos que demuestran que esta es la mejor temporada de ‘Tu cara me suena’ (VÍDEOS)

Tu cara me suena ha llegado a su recta final: han arrancado los programas en directo. Más show, por tanto. Porque al espectáculo habitual se une la imprevisibilidad de una gala que se emite en vivo y sin red. Además, el público puede votar desde casa. La apoteosis para una temporada que ha sido la mejor del formato de Gestmusic Endemol para Antena 3, por la fusión, con inteligencia, de los siguientes aciertos televisivos.

Luz, color y diversidad

En esta edición, Tu cara me suena ha reinventado su decorado. Más amplio, más moderno, con más posibilidades escénicas a través de la iluminación y grandes pantallas, que están integradas en un plató que mantiene la identidad del formato de siempre. Un escenario que es diferente, pero en el que se reconoce la esencia del anterior. Además, el decorado ocupa los 360º del estudio: no tiene ningún vacío escénico y sí cuenta con muchas entradas y salidas, ideales para que sucedan situaciones, como en las sitcoms, llenas de puertas, perfectas para interactuar y crear vuelcos de guion.

Una escenografía que se adapta a cada actuación. Tu cara me suena intenta crear un evento de cada imitación, mimando la puesta en escena. No sólo se intenta copiar el número del artista original, también se enriquece cada escenografía, sin temor a apostar por la imaginación a la hora de convertir incluso temas sosos en actuaciones con una trama muy entretenida. Desde la utilización de hologramas para reunir duetos imposibles o hasta, por ejemplo, mejorar la actuación original de Nena Daconte que dio vida Ana Morgade, donde se creó un gag. Pero un gag que no se quedó a medias y fue creciendo durante todo el número hasta acabar en alto. Porque la mejor televisión es la que exprime las situaciones hasta las últimas consecuencias. Incluso “cargándose” un cámara. El equipo de TCMS transforma números previsiblemente estáticos en una explosión de televisión.

Escenario vivo

En Tu cara me suena es tan importante lo que se ve como lo que no se ve. La realización está al quite. El espectador no se pierde nada, las imágenes están medidas para narrar sin obstáculos una historia. Y esto conlleva tiempo de preparación y ensayo. También a la hora de mostrar la función del ballet. Los bailarines no son parte del decorado, aportan mucho. Sus coreografías no se quedan en el tópico y van más allá. El cuerpo de baile otorga un valor añadido al show con su capacidad de interpretar. Porque son intérpretes. No son meros figurantes, son personajes protagonistas del show. También ocurre con los músicos, que son músicos de verdad. No aporrean los instrumentos como si estuvieran en una función de instituto. Y a esto se suma el público en la grada, que se le escucha, se le siente, no es de agencia pagada: está vivo, lo disfruta y se nota.

Cultura musical

Tu cara me suena no se queda en el repertorio predecible. Existe cultura musical en la selección de las canciones, realizando un viaje constructivo por iconos de la música del ayer, hoy e incluso del futuro. La audiencia puede cantar muchos temas, pero también se lleva la sorpresa y descubre artistas que tenía olvidados o desconocía por edad.

Comparaciones (casi) odiosas

La ventana que aparece en una esquina de la pantalla con la imitación original del artista es importante como referencia para el espectador. El programa la sabe aprovechar para, además, recalcarnos el esfuerzo del protagonista en la búsqueda de clavar gestos, coreografías o movimientos que tiene muy estudiados. Otra arista fundamental del programa es el cambio de look de los concursantes. El maquillaje y vestuario son importantes hasta cuando se atreven a desconcertar al personal disfrazando a Ángel Llàcer de culebra.

Cercanía cómplice

Uno de los grandes aciertos de esta temporada es Lolita, que es como una más de la familia. Los jurados con divismos, un rol también muy televisivo, han evolucionado hacia la cercanía de la artista todoterreno que no teme compartir pasajes de su vida. Al contrario, los cuenta con una minuciosidad de detalles que conquistan a una parte de la audiencia que quiere saber más. Lolita, Shaila, Latre y Llàcer se complementan a la perfección, cada cual tiene su función y sus egos no se solapan. Y el público grita anécdota, anécdota. Quiere saber más batallitas de Lolita, un personaje que impulsa el interés de un formato que abarca un multitarget sin que se note demasiado. Artistas para casi todos los gustos. Unos artistas que unen generaciones frente al televisor. Todos aprenden de todos. Del pasado y el futuro.

Casting de qualité

Este año, el casting no ha caído en la idea básica de contar con concursantes que ni cantan ni imitan ni se les entiende y que, al final, solo entorpecerían el transcurrir del programa. Sin participantes chunguitos, Tu cara me suena ha ganado consistencia. Es un espectáculo donde tan importante es el humor como la capacidad de realizar show con perspectiva. Y este año todos son artistas con perfiles y edades complementarios, sí, pero todos con instinto curtido a base de esfuerzo. Se toman en serio el programa, ensayan, evolucionan y luego en plató juegan, manteniéndose despiertos durante todo el programa. De principio a fin. Cada uno en su disciplina, crecen como artistas y el público se siente partícipe de sus logros.

Running gags

En Tu cara me suena no se quedan en la simple actuación. El programa narra una historia espontánea en la que se lanzan constantes guiños al espectador. Incluso a través de running gags, que van salpicando la escaleta. Comedia en estado puro. Bromas que se repiten con instinto del espectáculo y que la audiencia espera con ansias. Los tartazos de Silvia Abril, los piques entre Llácer y Lolita, las anécdotas de Lolita… Es como una reunión de amigos desenfadada con sus gamberradas, con su punto infantil, pero también con su inteligencia de entender el entretenimiento televisivo como un show global en el que la mejor emoción se construye a través del buen rollo.

Finales en alto

Los finales de los programas en nuestra televisión ya parecían no importar. Nada. Entraba el copyright y fuera. Adiós. A otra cosa. Pero en Tu cara me suena se cuida la esencia gamberra del show hasta el último segundo. Te quedas pegado a la pantalla a la espera de ver qué maquinan los concursantes para arropar al ganador de cada gala. Aguantas con expectativas del plano final. Porque, como en una buena serie, los finales son importantes. Hay que acabar en alto. Hay que terminar en chimpún.

Cambiar manipulación por ilusión

A diferencia de la mayoría de grandes formatos televisivos actuales, en los que se intenta prefabricar cada instante forzando la emoción, Tu cara me suena es un programa vivo que cree en la inteligencia de su espectador. No necesita cebos que vendan tensión, tragedias, lloros, caos y otros morbos en plató. Al contrario, sólo basta un coordinado trabajo en equipo en busca de sorprender a través del mejor arte televisivo: el talento de las ideas cómplices, atrevidas, canallas e ilusionantes. En cada detalle, desde la sintonía inicial hasta el fundido a negro.

‘Tu cara me suena’, su gran secreto del éxito

@borjateran

Fotos José Irún

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Lo que TVE debe aprender de su propia historia

Se habla mucho del futuro de la televisión pública, pero se valora muy poco su rico pasado. Porque TVE también tiene mucho que aprender de TVE. Porque la televisión pública (y privada) debe mirar al futuro sin dar la espalda a lo (bueno) que nos ha enseñado la mejor historia de una Televisión Española de la que sentirnos orgullosos.

CREDIBILIDAD

La pérdida de independencia de los informativos ha ido unida a un bajón de audiencias sin precedentes, que ha arrastrado a toda la cadena a mínimos históricos de cuota de pantalla. Los espectadores no aceptan ya una emisora pública tomada por el control de los intereses políticos, pues ya han conocido unos informativos en busca de la pluralidad, didácticos, pegados a la calle y obsesionados con ofrecer los diferentes prismas de la realidad para que el espectador extraiga sus propias conclusiones. Sin quedarse en la superficie. Unos informativos que, además, evolucionaron las narrativas audiovisuales, aprovechando las nuevas tecnologías a favor de la noticia.

INNOVACIÓN

Desde su creación, el área de interactivos de TVE entendió que las nuevas plataformas e Internet no son una ventana menor para los contenidos. La cadena pública ha ido por delante, en ocasiones incluso por delante de la BBC, en la toma de pulso de la esencia de los nuevos consumos y las posibilidades de la TV interactiva. Porque la televisión ya no sólo se ve por el aparato de televisión. Los contenidos se abren paso por una pluralidad de soportes a la misma altura de la vieja emisión lineal. Tradición y vanguardia se congenian a la perfección, pues futuro y pasado son inherentes.

En sus sesenta años de historia, TVE reinventó fórmulas preestablecidas con propuestas valientes. Arriesgando en contenidos, tanteando, probando propuestas. También en la forma en las que se comunicaban. Hasta emitiendo en tres dimensiones cuando casi no sabíamos ni lo que eran las tres dimensiones. O incluso apostando por la proyección en el sistema de mapping cuando pocos sabían lo que era un mapping (proyectar imágenes sobre superficies reales para conseguir efectos de movimiento o realidad aumentada). Así vimos un resumen de lo mejor del año a través de una proyección en un, por aquel entonces novedoso, mapping, que posibilitaba la interacción del presentador, Carlos del Amor, con una sensitiva coreografía de las imágenes más destacadas de 2012. También TVE ha incorporado, este mismo año, la experiencia del consumo en 360 grados. Sucedió en el programa navideño de Malú, la grabación del escenario en 360 no se relegó a mero experimento digital: se integró en emisión. Porque ya todo es digital: el espectador quiere tocar, participar.

TRANSGRESIÓN

El playback con pie de micro mató al programa musical. En los últimos años, estos género, que tanto éxito otorgó a formatos como Aplauso, RockoPop o Música sí, ha desaparecido porque no se han creado puestas en escena especiales con la consiguiente expectación de ver con qué sorprendía cada artista en el programa de turno. Y en eso en TVE eran históricamente expertos. Expertos en lanzarse a la imaginación e incluso esquivar prejuicios de lo políticamente correcto. Lo importante era contar una historia con mirada propia, creyendo en la libertad. En programas y en ficciones, valientes, sin tabúes. El personaje de Charo López masturbándose en la adaptación de Los Gozos y Las Sombras hoy sería imposible en cualquier cadena. En el año 82 fue factible (y esperanzador). Tampoco parece muy posible la crítica corrosiva. Menos aún dedicada a los propios directivos de la cadena, como sucedió en el especial de fin de año de Gurruchaga, que parodió hasta a la misma Pilar Miró (directora general del viejo ente) y en pleno conflicto por sus vestidos.

Aquella sátira de la sociedad de Viaje con nosotros fue un formato que instauró la tradición del humor, sin complejos, en la noche de fin de año y rompió con el monopolio de la gala musical al uso. Lo mismo pasó en los programas de entrevistas de los ochenta, que abandonaron fórmulas engoladas para jugar con la complicidad del entrevistado y del propio público. Sin miedo a ser traviesos y espontáneos.

Lo demostraron espacios como Ahí te quiero ver con Rosa María Sardá o Tariro tariro de La Trinca, donde la conversación inteligente se enriquecía con el espectáculo delirante del que la audiencia se sentía convidado especial. Invirtiendo en inventiva y huyendo del inmovilismo estancando en el tópico.

IDENTIFICACIÓN

En esa transgresión, la televisión pública ha realizado un retrato de su tiempo, divulgativo de su época y tesoro documental para el futuro. De todas las estirpes urbanas. De todas las culturas. Desde el magazine de Hermida, pasando por los documentales (aquel A Vista de Pájaro en helicóptero por toda España o aquel observador Un país en la mochila de Labordeta) hasta el género musical (TVE llegó a tener una veintena de programas musicales de forma simultánea, que abarcaban diferentes géneros). Uno de los más recordados, el osado La Edad de Oro.

Desde el Estudio 1 de Prado del Rey, La Edad de Oro consumó un audaz retrato de la movida madrileña, con el que identificarse o, simplemente, con el que descubrir lo que se cocía en la música y las artes de una efervescente sociedad ochentera. No fue el único programa de estas características, pero sí uno de los más intrépidos que, por cierto, alcanzó cierto prestigio internacional. Con la pregunta, repregunta y empuje de Paloma Chamorro.

FICCIÓN

En esa identificación, TVE propició la edad de oro de la ficción nacional, invirtiendo en industria y en valientes series de género, que también son retrato de su tiempo. Esa gran edad de oro de la ficción española tuvo el epicentro en la década de los ochenta, donde la factoría de series logró una gran libertad para narrar tramas e incluso versionar grandes clásicos. Había tiempo para cocinar cada producción y no existían miedos a las audiencias instantáneas, pues aún no existían mediciones diarias. Directores y guionistas contaban con una mayor independencia creativa y había series con un claro sello de autor, con realizadores como Pedro Masó (Anillos de Oro) o, en el ámbito de adaptaciones literarias, Mario Camus (La forja del rebelde) o Vicente Aranda (Los jinetes del alba, que reunió a Victoria Abril, Maribel Verdú y Jorge Sanz). Se realizaba cine seriado para la televisión. U otras claves como Hasta luego cocodrilo, Las chicas de hoy en día, Gatos en el tejado, Brigada Central, La Mujer de tu vida son hoy documentales de su tiempo, además de ficciones emblemáticas de poderosa historia.

Se hacía industria más allá de prefabricar productos monolíticos en busca de alcanzar grandes audiencias. Sin olvidar, sagas divulgativas como Érase una vez la vida, que educaron de forma muy didáctica a tantas generaciones. Se creía en la curiosidad y emoción inteligente del espectador.

PARTICIPACIÓN

Los niños jugaban en un scalextric gigante en el Estudio 3 de Prado del Rey. Era Cajón Desastre. José María Iñigo abría el teléfono y los espectadores preguntaban a Lola Flores aquellos delirios que se les ocurría. Era Estudio Abierto. Los pueblos participaban en una yincana infinita que rompía audiencias. Era El Grand Prix. Los ciudadanos preguntaban a sus representantes políticos en horario de máxima audiencia y sin control de las preguntas. Era Tengo una pregunta para usted. Los usuarios de MySpace elegían a su representante para un festival de la canción en una selección completamente abierta. Era Salvemos Eurovisión. Lo salvamos, con instinto del show. La gente entraba a a los estudios de Prado del Rey y TVE salía a la calle. La mejor televisión es aquella en la que se hace entre todos y no es cocinada en un encierro en un despacho con moqueta. Hablando de tú a tú a la gente, sin condescendencias, con honestidad informativa y televisiva, sin tutelar los contenidos de forma artificiosa con síndrome de superioridad.

REALIZADORES

Los Juegos Olímpicos de Barcelona probaron la capacidad de TVE para mostrar con fuerza un gran acontecimiento al mundo. La cadena pública sigue siendo referencia de realizadores. Los Estudios de Prado del Rey han sido una factoría en la que se ha cuidado la puesta en escena, la iluminación y la realización, una escuela para los profesionales del futuro, que ejemplifica el esfuerzo que hay detrás de cada programa.

Los planos de reacción que tiraba Chicho Ibáñez Serrador en Un, dos, tres, las grandes pantallas camaleónicas de Carta Blanca, la multipantalla de Alaska y Segura, el minucioso compás de Los Conciertos de La 2, el universo salvaje de Félix Rodríguez de la Fuente, los Telepasiones que eran películas musicales…

MIRADA CREATIVAMENTE CRÍTICA

La Bola de Cristal es el referente de los programas infantiles por su aptitud combatiente con la sociedad. A veces, demasiado combatiente. Sin grandes presupuestos, el programa de Lolo Rico trasformaba los decorados constantemente, experimentaba con la tecnología de la época y sobre todo jugaba con las ideas. ‘La Bola’ contaba una historia de principio a fin, con carisma e identidad propia, esa es una de las grandes claves de la televisión. Y así lo han hecho la mayor parte de los emblemáticos programas de niños de TVE, que nos han convertido en quienes somos. De Dabadabadá a Los Lunnis, pasando por Cajón Desastre o El Conciertazo de Fernando Argenta. Programas que daban una lección a los shows de los adultos. Ya que sabían reírse de sí mismos cuando tocaba, nos ensañaban a aprender, desprendían cierta rebeldía creativa y lo más importante, transmitían la ilusión de vivir con una inquieta mirada abierta y despierta, una mirada crítica. Incluso animándonos a apagar la tele.

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@borjateran

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Comenzó en televisión como redactor de informativos. Pero fue con su inseparable Guillermo Summers con quien alcanzó la popularidad en ‘Y sin embargo te quiero’.

La trayectoria de Ignacio Salas siempre fue unida a la divulgación de la historia de la mejor televisión pública a través de unas presentaciones ágiles, imaginativas y también críticas con la propia cadena (y la política) que eran un torbellino de adictiva dialéctica.

Summers y Salas jugaban con las palabras, trasteaban con la complicidad del espectador con un ingenio espectacular. Y sus programas son pura documentación para entender mejor la televisión de los ochenta y noventa. Ácidos y cargados de un humor inteligente con una predisposición siempre crítica y creativa con la propia tele.

“Si tendría que aparecer mi nombre en algún top ten de la tele tendría que aparecer entre los que mejor se lo han pasado y los que más la han exprimido el jugo”, sentenciaba Salas hace sólo unos años. Y es verdad, la exprimió jugo e incluso la hizo mejor. Porque Salas, que nos ha dejado hoy, ennobleció el valor de la esencia de TVE, frivolizando lo serio y dignificando lo frívolo.

“Nos reíamos de nosotros mismos”

“Vamos a intentar resumir para ustedes el nacimiento, evolución y suerte del socialismo en la televisión”

“Las cosas son como son y no lo que parecen”, en La Bola de Cristal

18 años del estreno de ‘Periodistas’, un decisivo paso adelante para la ficción española

Tras el éxito de Médico de Familia, Globomedia daba un paso más allá y apostaba por una serie profesional. La redacción de un periódico, el Crónica Universal, como epicentro de las tramas.

José Coronado, en formato gafapasta, era el cabeza de cartel de una producción que también contó con Belén Rueda, como un personaje que ya se había introducido en la trama de Médico de Familia. Una estrategia para arrastrar públicos y asegurarse un colchón de espectadores.

El experimento salió bien. Muy bien. Y se llenaron las facultades de periodismo. España quería ser periodista. Porque la serie de Telecinco logró contagiar la pasión de una profesión a través de un atractivo abanico de personajes emocionalmente empáticos.

Amparo Larrañaga, Alicia Borrachero, Álex Angulo, Pepón Nieto, María Pujalte o Jesús Bonilla son algunos de los actores que brillaron esta producción en la que el creador, Daniel Écija, volvía a demostrar su capacidad de atraer a las grandes audiencias gracias a historias pensadas para reunir a toda la familia frente al televisor, pues abarcaban distintos targets de público.

La redacción era como una gran reconocible y plural familia que, además de líos amorosos y metepatas, era el contexto perfecto para generar conflictos a través de la rabiosa actualidad que debían cubrir los trabajadores del periódico. Una fórmula que siempre seguirá vigente y que Globomedia ha intentado reproducir, con menos éxito, con la ya cancelada revista B&b, también en Telecinco.

La redacción del Crónica Universal cerró con una media de 3 milllones y medio de espectadores y una cuota de pantalla que tocó el 21 por ciento. Fue un paso adelante en la industria de ficción de nuestra televisión (en guion, producción y realización) y también plataforma que impulso la carrera de grandes actores de nuestra televisión.

¿Funcionaría hoy Periodistas? La factura visual de las series ha crecido, la madurez del espectador también. Pero el periodismo como premisa aún está por explorar en la ficción nacional. En breve, TVE estrenará El Caso, sobre la redacción del mítico periódico de sucesos (el más vendido de los años sesenta), pero quizá también puede ser un buen momento para crear una serie sobre la agitada actualidad política que ya triunfa en audiencia en programas, ¿se atreverá alguna cadena con una ficción sobre el periodismo político? Tiempo al tiempo.

@borjateran

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‘Bajo Sospecha’: una segunda temporada menos intrigante y más convencional

Ha vuelto Bajo sospecha. Cambiando la ruralidad de la primera temporada por un urbano hospital privado. Y con un nuevo caso: una mujer desaparecida (interpretada por Leticia Dolera) y una muerta (Ingrid Rubio), ambas trabajadoras del hospital.

Una vez más, investigan el comisario Casas (Lluís Homar), Víctor (Yon González) y el inspector Vidal (Vicente Romero). Pero ni rastro de Laura, el personaje de Blanca Romero, cuya interpretación fue de lo poco que se cuestionaba en la primera y excelente tanda de capítulos. “¿Y Laura?”, preguntó Víctor. “Esta vez Laura no te acompañará”, respondió Casas, tajante. Y no se hable más. Aunque lo que de verdad habría tenido gracia es que esta temporada hubiera girado en torno a la desaparición del personaje de Romero…

Sin dilación, con un arranque frenético, Bajo sospecha ha vuelto a poner sus cartas sobre la mesa. El culpable está dentro del hospital y todos sus empleados son sospechosos. Y comienza el vaivén de rarezas, conversaciones a medias, frases con dobles sentidos… Todo muy misterioso, como tiene que ser.

Lo mejor de la primera temporada de Bajo sospecha fue, sin duda, el retrato de esa familia Vega tan fascinante, turbia y repleta de recovecos. En esta segunda temporada, también hay excelentes actores para dar vida a los sospechosos: Unax Ugalde, Olivia Molina, Luisa Martín, Jose Luis García Pérez, Gonzalo de Castro, Marta Belenguer… Ah, y Concha Velasco, siempre imponente, encarnando a la directora del hospital. Los repartos cuidadísimos son marca de la casa de Bambú, que es la productora que más deja brillar a los intérpretes en España, a un nivel más cinematográfico de lo que nos tenía acostumbrados la televisión de los últimos tiempos.

Sin embargo, y aunque aún es pronto para valorar, en este primer capítulo se han echado en falta personajes tan poderosos como lo fue el de Alicia Borrachero en la entrega anterior. Borrachero estaba de Goya, directamente. Y en este hospital todo es intrigante pero menos perturbador que lo que ocurría en el pueblo Cienfuegos. Se ven más las costuras de la de las artimañas catódicas a la hora de engatusar el share. Y las comparaciones, siempre, son odiosas. Más en una serie que juega a seguir igual pero siendo diferente.

Thrillers televisivos hay y ha habido muchos, con muertos y desaparecidos en los primeros minutos, y muchos sospechosos después. En este contexto de producciones similares, la primera temporada de Bajo sospecha consiguió destacar en forma y fondo. Enganchaba de manera casi enfermiza, consiguiendo que quien viera una de sus secuencias necesitara saber con urgencia el desenlace del misterio. En esta nueva Bajo sospecha entre pasillos de hospital, el ritmo es más ágil, obsesivamente ágil, y los giros se suceden, pero el enganche, a priori, es menos inmediato. Quizá porque la sensación de déjà vu es mayor. Pero habrá que ver cómo crece la trama e ir conociendo mejor a los personajes. Eso sí, esperemos que los guionistas nos tengan preparado un final menos decepcionante (y verosímil) que el del caso en Cienfuegos.

@borjateran

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Buenafuente: los 3 fallos y los 3 aciertos de su estreno en la TV de pago

Codificado. Así ha regresado Buenafuente a la tele con Late Motiv. Su nuevo late night, que supone la primera gran apuesta por la producción propia de entretenimiento de Movistar+. El formato será uno de los buques insignia de la nueva cadena #0. Aunque, estas semanas, mientras la plataforma de Telefónica lanza esta frecuencia, el programa se puede ver cada noche, de lunes a jueves, en un extinto Canal Plus. España.

Había expectativas muy altas en esta alternativa nocturna. De momento, apuntamos tres fallos y tres aciertos, siempre a nivel televisivo, de un programa pretendidamente hipster que juega con la ventaja de que no deberá lidiar en la batalla de las audiencias.

FALLOS

1. EL DECORADO YANQUI

Buenafuente se ha mudado a Madrid. Exactamente a los Estudios que han dado cobijo a Canal Plus y los inicios de aquel magistral Cuatro del Grupo Prisa. Un edificio inteligente, o así lo llamaban, con unos platós de amplias dimensiones. Así el programa tendrá más a mano a grandes celebrities internacionales. Lo malo: el decorado es demasiado parecido a la actual puesta en escena del gran late night norteamericano de Jimmy Fallon. Es evidente que se han inspirado en la estructura del estudio del mítico Tonight Show de la NBC: las formas de la madera (solo que aquí en vez de cuadrados son círculos), el telón bicolor en la parte central (solo que aquí en vez de azul es rojo). Incluso cuando se abre esa cortina el fondo recuerda al de Fallon. La única diferencia es que las míticas ‘maquetas’ del skyline son sustituidas por una gran pantalla. No es una foto, como Cristina Tárrega, vamos. Eso ya lo hacen también los norteamericanos Colbert, Conan, Jimmy Kimmel o Ellen DeGeneres. Así se puede jugar con más imágenes más allá de los prototípicos rascacielos o el paisaje de turno. De hecho, en el estreno se aprovechó el pantallón hasta para ilustrar un gag.


 
Pero ¿por qué no realizar una escenografía más original que cree una identidad de marca más consistente al programa?. Por ejemplo, simular encontrarse tras el reloj del Edificio Telefónica, icono desde donde arrancó este primer Late Motiv. El plató de Fallon está diseñado para aprovechar al máximo las dimensiones ajustadas de un estudio dentro del rascacielos principal de Rockefeller Center, en el corazón de Nueva York. Esa distribución alargada limita, no es equivalente al volumen del plató de Movistar, donde se puede sacar más partido con otra estructura escénica. Sorprende, pues en la productora de Buenafuente siempre han sido unos maestros de la puesta en escena que, aunque bebía de referentes (como todo), contaba con gran dosis de personalidad propia (espectaculares los decorados de formatos como Sense Titol S/N en TV3, por ejemplo). Así es el estudio de Fallon (casi clónico al de Buenafuente):

2. EL GAG YA VISTO

#0 llega para conectar con un público diferente, esos espectadores que se sienten huérfanos de televisión de qualité. Pero, paradójicamente, ese perfil de audiencia está ya también en Internet. Y consume más vídeos de cadenas internacionales que los televidentes de las cadenas tradicionales. Dar el pistoletazo de salida con un sketche que recuerda demasiado a otro similar del primer Tonight Show de Jimmy Fallon es decepcionante, pues en España también existen grandes ideas televisivas sin ir a rebufo siempre de los norteamericanos. Más aún cuando aquí el gag te queda cojo porque no logras reunir a celebrities más allá de Mariló Montero, Chenoa, Fernando Esteso, Lucia Etxebarría o el Dioni, personajes que traían su currículum al cómico. En Estados Unidos sucedió lo mismo. La diferencia es que a Fallon le daban dinero. El gag funcionaba porque iba con mucho ritmo efectista y los artistas eran más rimbombantes, claro:

3. SIN SORPRESA, SORPRESA

Los primeros programas siempre son complicados. El primer Late Motiv no parecía un estreno en alto y tampoco olía a show en directo. El programa no ha transmitido la estela de acontecimiento irrepetible, que en otras ocasiones Buenafuente sí ha logrado con ideas e instinto del show (sus Goya han sido los mejores hasta la fecha). Anoche el contenido fue demasiado convencional. El rodaje del formato irá limando esas asperezas, pero ha sido un lanzamiento olvidable en el que (casi) todo parecía visto ya antes. Incluso los chistes sobre Bertín Osborne, de los que ya tenemos por encima de nuestras posibilidades.

ACIERTOS

1. EL ARRANQUE

Buenafuente se ha currado unos primeros minutos con instinto del show desde lo alto de un lugar tan reconocible y emblemático como la torre del reloj azul-Movistar del edificio Telefónica de la Gran Vía, el primer rascacielos de España.

En esta pieza destacaron los cameos de Gonzalo de Castro, Juan Diego, Natalia Verbeke, Verónica Forqué o Silvia Abril. Y ese puede ser el late motiv del programa: un interesante punto de encuentro de rostros de la cultura, un cabaret a contracorriente con entrevistas en las que se escucha y música en directo que se siente. Un punto de encuentro en el que apuntan maneras el fulgurante David Broncano o la imprevisible Silvia Abril. Se echaron en falta en un primer programa en el que destacó la entrevista a Pedro Almodóvar (se hizo corta) y la actuación de Fito Cabrales, Carlos Tarque y Leiva, que Buenafuente ha conseguido reunir en su escenario. La gran explosión final.

2. EL ENVOLTORIO

Ha aprobado con nota la iluminación del estudio, muy acogedor; el grafismo (los rótulos), modernos, elegantes y creativos; y las transiciones entre vídeos y plató. Eficaces y con carácter. También ha sido una buena idea jugar con el skyline de Benidorm, como fondo tras el escritorio de Buenafuente en esa pantalla de la que hemos hablado antes. Benidorm resume España, enfatizó Andreu. Para estar a tono, quizá el plató tenía que haber sido más un chiringuito de playa o, en su defecto, una reproducción de la cafetería cañí de María Jesús y su acordeón. Pajaritos por aquí, pajaritos por allá.

3. SÓLO DURA UNA HORA

Lo mejor es que el formato sólo dura una hora. Y siempre irá a la misma hora, de 11 a 12 de la noche. Perfecto para fidelizar público. Además, se realiza desde la sede de la cadena, genial para realizar sinergias con otros programas y empaquetar mejor la ilusionante marca del canal. Porque lo de anoche sólo ha sido el estreno, Late motiv puede ser una buena alternativa para aquellos que echan de menos la conversación elegante y el humor inteligente en nuestra factoría televisiva. Ahora sólo falta tiempo para engrasar la maquinaria y que fluya la química en un país con unos gustos televisivos a medio camino entre el fervor latinoamericano y el show anglosajón. Un país en el que la mejor televisión de pago pasará por reírse de sí misma, no tener miedo a cierto punto de transgresión y, sobre todo, experimentar con la imaginación sin límites.

@borjateran

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Dabiz Muñoz: las 6 cualidades para el éxito que transmite en ‘El Xef’

Es Dabiz Muñoz. Con B y Z. Sólo tiene 35 años. Y ya atesora 3 estrellas Michelin. Su fama mediática se ha multiplicado en los últimos tiempos. Ha ayudado su relación con Cristina Pedroche, sí. Pero Muñoz cuenta con una carrera de fondo y sacrificio entre fogones que nos descubre con una verdad aplastante en El Xef, el docushow que ha estrenado anoche Cuatro.

No es un formato gastronómico al uso. Es más que eso: una experiencia que realiza un viaje por la trastienda de la vida de Muñoz, de los orígenes hasta el actual DiverXO.

Un programa que se transforma en un retrato apasionado, como el propio Muñoz, del que se pueden extraer seis cualidades que han cimentado su éxito y que pueden servir de inspiración para cualquier talento profesional de largo recorrido.

1. Constancia insistente

Dabiz Muñoz ejemplifica el esfuerzo del trabajo. De las horas y horas en la cocina, probando, equivocándose y acertando. Incluso llegó a dormir en una colchoneta durante 8 meses en su primer restaurante. En Tetuán. El sacrificio para abrazar un sueño de altura y a la altura.

2. Lo que funciona se puede mejorar

“Si funciona algo debes cambiarlo para que siga funcionando”, sentencia Dabiz Muñoz. Sus metas no cesan. Y, como se muestra en El Xef, la carta de DiverXO tampoco, pues las creaciones no paran de crecer y evolucionar. Siempre debe estar activada la ilusión de la aspiración, ese motor crucial para seguir progresando en el empedrado camino y al que Muñoz aporta el lema “no limits”.

3. Caos ordenado

Uno de los miembros de DiverXO, durante el estreno de El Xef, define el trabajo como un caos ordenado. Porque lo que parece una vorágine,en realidad, se traduce en una misión en equipo, un equipo engrasado. Tan fundamental para alcanzar cualquier objetivo. DiverXO cuenta con una plantilla muy joven, perseverante, donde Dabiz Muñoz demuestra el temperamento de las ideas precisas. El programa dibuja su obsesión con no defraudar y el constante afán de mejorar. No descansa.

4. Romper con lo preestablecido

La experiencia “glotona” que supone acudir al DiverXO queda reflejada con nitidez en El Xef. Dabiz Muñoz evidencia que tiene muy claro el producto que ofrece. Y eso lo contagia. Su enérgica personalidad destaca no sólo en los platos, también en la puesta en escena de su restaurante, DiverXO cuenta con carácter que no se parece a nadie ni a nada. Y brilla: en ideas, en transgresión y en no poner cortapisas a su imaginación. También fuera de los fogones, donde regenera la experiencia del propio cliente en un “restaurante”:  rompe con la exquisitez de la hosteleria refinada de antaño, creando un templo del disfrute de la cocina sin trascendencias ni sibaritismos. No se queda, por tanto, en el tópico preestablecido: su carisma dibuja su propia e identificable marca.

5. Excitación orgásmica

La pasión por el trabajo, tan clave y tan fundamental, es evidente para desempeñar mejor cualquier trabajo, ya sea vocacional o no. Pero en David Muñoz esa vehemencia llega a ser orgásmica. Así lo irradia en el formato de Cuatro. Porque si la comida es un placer, más aún si se cocina con un especial morbo de tensión sexual sí resuelta, que produce un apoteósico subidón al saborear el resultado del trabajo bien hecho.

6. Creerse su propio personaje

Perseverancia, pasión, tenacidad, carácter, ideas. Y sabe como contar y digerir sus dificultades, méritos y logros. En cierto sentido, se ha creído su propio personaje. No es un detalle menor, es importante para proyectar el triunfo en cualquier profesión. Con sus inseguridades y seguridades, Dabiz Muñoz cree en Dabiz Muñoz.

@borjateran

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Las nuevas series españolas que mejor pintan (y alguna que no tanto)

Las cadenas españolas ya tienen listas sus nuevas apuestas de ficción para enganchar a la audiencia. Más exteriores, más regresos al pasado, más tensión amorosa. Más drama que comedia. Esta es la primera hornada de series que marcarán el 2016.

EL CASO: CRÓNICA DE SUCESOS (TVE)

Es una de las series más prometedoras de este recién aterrizado 2016. Una proyecto impulsado por el propio Fernando Guillén Cuervo, que protagoniza esta historia que recrea la redacción de El Caso, el periódico más leído en los años sesenta. En ese Madrid de mediados de siglo XX, Guillén Cuervo y Verónica Sánchez dan vida a un ex policía con un peliagudo pasado y a una moderna joven universitaria. Una pareja perfecta para investigar, en cada episodio, un crimen que fue portada (o pudo serlo) del periódico de sucesos que marcó a varias generaciones de españoles.

LA EMBAJADA (ANTENA 3)

Los creadores de Velvet y Gran Hotel producen esta nueva ficción rodada entre Madrid y Tailandia. La Embajada habla de política y corrupción, pero también de infidelidad y pecado. Belén Rueda encarna a la mujer del embajador Luis Salinas, que se traslada a Bangkok con el reto de limpiar de corrupción la embajada y ve como su familia se desquebraja. De nuevo, la pasión sumergida en un glamouroso entorno. Glamouroso por obra y gracia de la imaginación de nuestra ficción. Tras un hotel, unas galerías, ahora tocaba una embajada. Ideal para enamorar a la audiencia.

APACHES


El madrileño barrio de Tetuán en los años noventa es el epicentro de esta aventura que nos presenta a Miguel (Alberto Ammann), un prometedor periodista, que abandona su acomodada existencia para vengar a su padre. Su familia ha sido arruinada tras una estafa. Ese odio para recuperar lo perdido, le lleva a aliarse con Sastre (Eloy Azorín), su mejor amigo de la niñez, que con el paso de los años se ha convertido en delincuente. Juntos atracarán las joyerías de aquellos que participaron en el desfalco de papá. Pero (casi) todo cambiará cuando Carol (Verónica Echegui) aparece: una exmodelo con una cicatriz en la cara, que ha caído en los más bajos fondos de una reconocible sociedad de un barrio en la resaca de los ochenta.

SÉ QUIÉN ERES (TELECINCO)


Creada y dirigida por el reputado Pau Freixas (Pulseras Rojas o Cites, en la foto junto a Blanca Portillo), Sé quién eres es la gran apuesta de ficción de Telecinco. Rodada en Barcelona, está protagonizada por Francesc Garrido y Blanca Portillo que se meten en la piel de un matrimonio acomodado. La vida de la pareja da un vuelco cuando el personaje de Garrido sufre un extraño accidente. En el coche, aparece un móvil y restos de la sobrina de su esposa, de 22 años, que ha desaparecido. Él dice no recordar nada de lo que sucedió. Su mujer, la jueza Alicia Castro (Portillo), cree su versión e intentará demostrar la inocencia de su esposo ante la desaparición de la hija de su hermana. No será fácil. El espectador también sufrirá el desconcierto de la extraña amnesia del protagonista. O eso pretende la narración de Sé quién eres.

EL INCIDENTE (LA SEXTA)

La ciencia ficción decepciona en nuestra industria audiovisual. Y El Incidente pretendía cambiar esta tendencia cuando se rodó hace más de un año. Sin embargo, ya no se emitirá en Antena 3, el canal para el que fue concebida. La Sexta hereda esta historia interpretada por nombres como Marta Etura, Miquel Fernández, Pepa Aniorte y Bárbara Lennie y que arranca cuando la vida de un tranquilo pueblo se agita al ocurrir hechos extraordinarios que cambiarán para siempre la existencia de sus habitantes. ¿Sucederá como Refugiados o Rabia que la poderosa premisa se queda en nada?  Algo debe fallar en el resultado cuando a una serie de ciencia ficción se termina denominando “ciencia ficción cercana”. Tal vez sea otra historia de personajes, de esas que deja al público compuesto y sin resolver un espectacular punto de partida. Una premisa para temer que se termine convirtiendo en sólo un cebo de arranque.

@borjateran

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El bolero del discurso de Navidad de Felipe VI y otras maquinaciones del creador del ‘Caloret’ (VÍDEOS)

Inventó el pegadizo ‘Caloret’ de aquel accidentado discurso de Rita Barberá. Y ahora ha tocado el turno al Rey Felipe VI, que ha visto como se ha convertido su mensaje navideño en un entrañable bolero. Iván Lagarto ha vuelto a conseguir un hit viral. Es un maestro del remix de la actualidad política y social a golpe de auto-tune. Porque en la era de las redes sociales el emisor nunca tiene la última palabra. La creatividad puede transformar, reinventar e incluso mejorar cualquier contenido audiovisual. Y Lagarto va sobrado de ideas, corrosión y, sobre todo, ritmo:

Tampoco Pablo Iglesias se ha librado de su composición al auto-tune. Con pipa de la Paz:

Hasta la dimisión de Ana Mato ganó ritmo. Eso sí, faltó confeti.

La socorrista que ‘La lió parda’ también cuenta con su himno por obra y gracia de Iván Lagarto

Pero, sin duda, el gran hit ha sido el Caloret. Otra vez:

@borjateran

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