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diciembre 2015

Pablo Alborán quiere parar dos años su carrera musical, ¿dará el salto a la tele?

  • “He decidido parar dos años mi carrera musical”

La primera gran oportunidad televisiva de Pablo Alborán fue de la mano de María Teresa Campos en ¡Qué tiempo tan feliz! El malagueño, que ya había despuntado en Youtube, rápidamente, se convirtió en un artista superventas en tiempos en los que ya es difícil ser eso. Sus canciones transmitían personalidad y talento, pero también contaba con una telegenia que enamoraba, que traspasa la pantalla.

Aunque, además, Alborán ha demostrado otro valor añadido para eso de la “promoción”: cada vez se desenvuelve mejor en los platós de televisión: es espontáneo, no escatima en gestos de complicidad con el presentador de turno e incluso bromea cuando toca. Así, Alborán enamora aún más.

Porque Pablo Alborán es un artista global. Como Alejandro Sanz o Laura Pausini, no sólo crea emociones para interpretar encima del escenario, también entiende lo importante que es dejarse llevar desde la naturalidad en un plató, lo que podría desembocar en un papel más activo en formatos de prime time. Por ejemplo, sería un buen candidato a las sillas giratorias de la nueva temporada de La Voz. Su fichaje impulsaría el interés del talent show. Por su trayectoria, por su popularidad y, no menos importante, por su capacidad de jugar delante de las cámaras.

Y ayer esa capacidad televisiva de Pablo Alborán se ha vuelto a manifestar ayer con María Teresa Campos en ¡Qué tiempo tan feliz!, con la que bromeó y hasta se sinceró a su manera, controlando muy bien los límites. De hecho, el cantante hasta habló de su vida privada. “Hace un año que no quedo con mis amigos para cenar. Es muy difícil ser yo y lo peor de la fama son los prejuicios. Yo soy muy normal y quiero recuperar mi normalidad”, afirmó Alborán.

Así anunciaba a María Teresa Campos una inesperada noticia: “He decidido parar dos años mi carrera musical” Y lo ha dicho en una entrevista con una inteligente realización visual,  que enriquecía la conversación con constantes planos de reacción de las fans que se encontraban en el plató. Con sus rostros de sorpresa o fascinación por el músico.

Un escenario perfecto para comunicar un parón que también es hábil: para así no sobre-exponer más su imagen y que el regreso coja a sus fieles con más expectación, con más ganas. Porque el talento mejor cuando va revestido de inteligencia, y Pablo Alborán es un producto que se transmite en el multipantalla: de las redes sociales a la televisión tradicional. Ha aprovechado todos los cauces para expandir sus canciones. Incluso en un plató de Telecinco.

@borjateran

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La demolición de los míticos Estudios Buñuel ya es una realidad: 22 vídeos de su historia con TVE

La legislatura termina con la demolición de los míticos Estudios Buñuel de TVE. La emblemática factoría cinematográfica y televisiva del tejido cultural de nuestro país desaparece tras la venta de la cadena pública a la inmobiliaria Pryconsa.

Diseñados en 1935 por Rafael Bergamín, representante clave de la arquitectura racionalista en España, y salvados por Pilar Miró en los años 80, que entendía la importancia de preservar este centro de producción, su interior contenía el plató de televisión más grande de España con más de 2000 metros cuadrados, además de otros dos estudios de competitivas dimensiones.

Películas como 55 días en Pekín o La caída del Imperio Romano, programas como Un, dos, tres… responda otra vez o Con las manos en la masa, especiales como los de Martes y Trece o Cruz y Raya y series como Don Quijote de la Mancha o La Forja del Rebelde se han creado en el interior de estos estudios, que representan un patrimonio industrial del siglo XX como el que ya no se construye, con grandes y diáfanas dependencias.

Pero sus emblemáticos cimientos son destruidos estos días, y con ellos parte de la historia audiovisual española. Porque los Estudios Buñuel, como la estación de Delicias (hoy Museo del Ferrocarril) o el Matadero de Madrid (hoy centro cultural), son más que un edificio, han sido un centro de creación que consiguió que creyéramos en la imaginación. Sin embargo, por su magnifica situación en Chamartín, el complejo arquitectónico se convertirá pronto en una urbanización de lujo para un país en el que sobran pisos pero escasean los platós emblemáticos, que reflejan formas y maneras de hacer cine y TV.

Nos queda el consuelo de que siempre pervivirán en videotecas, y en la red, esas grandes producciones que se realizaron en su interior. Recordamos 22 variopintos momentos de la televisión a lo grande que parió la edad de oro de TVE en estos ya desaparecidos Estudios Buñuel:

1. En los Estudios Buñuel, Chicho Ibáñez Serrador hizo las temporadas más espectaculares de su Un, dos, tres…

2. Incluso el propio Chicho ya demolió ficticiamente el plató más grande de Buñuel con su habitual perversidad. Quería terminar con Un, dos, tres… No lo consiguió. Premonitorio…

3. En los Estudios Buñuel, Martes y Trece realizaron sus programas más recordados. El taller de decorados estaba en constante ebullición para crear las puestas en escena de sus delirios…

4. En los Estudios Buñuel, se realizó la primera temporada de ¡Hola Raffaella! En el último día en el L-3, Carrá se despidió del programa emocionada e inundó el plató de ¡espuma! Era cuando las metáforas de brindar con champagne se nos iban de las manos…

5. A ese mismo estudio regresaría Raffaella en 2008 para elegir a Chikilicuatre como candidato para Eurovisión. Magnético, emocionante y tenso momento a la vez. Con Rosa de España intentando poner paz:

6. En los Estudios Buñuel, se levantó uno de los decorados más impresionantes de la historia de nuestra televisión. El plató de mayor tamaño era el único estudio en España que podía cobijar la espectacular fortificación de las pruebas interiores de La Noche de los Castillos.

7. En los Estudios Buñuel, resurgió La 2 con Carta Blanca. En el plató L3 se desarrolló una brillante puesta en escena formada por cuatro grandes pantallas que se transformaban a tono con cada protagonista de cada edición temática. Una exquisitez de programa, en fondo y forma.

8. En los Estudios Buñuel, se rodó Don Quijote de la Mancha, la legendaria serie con Fernando Rey.

9. En los Estudios Buñuel estaba la cocina de Con las manos en la masa, donde Chicho Ibáñez Serrador hizo un cameo y terminó envenenando (a su manera) al equipo del programa. ¿Se libró Elena Santonja?

10. En los Estudios Buñuel, 59 segudos vivió el periodismo plural. Incluso sentando en la misma mesa a Carrillo y Fraga:

11. En los Estudios Buñuel se realizaron los grandes despliegues de las noches electorales. También acudieron los líderes de los diferentes partidos políticos para responder las preguntas de los ciudadanos elegidos a través de una muestra representativa. Era el recordado y valorado formato Tengo una pregunta para usted. Un programa que congregó audiencias millonarios al lograr fusionar el interés periodístico con el atractivo de la realización televisiva:

12. En los Estudios Buñuel, en el mismo lugar donde se encontraba Tengo una pregunta para usted, se instaló también el ruedo de la vaquilla de El Grand Prix del Verano. Varias generaciones crecimos viendo jugar a los pueblos de España en un concurso en donde lo importante era participar y no competir.

13. En los Estudios Buñuel, Nieves Herrero perdió los nervios con las fans de los Backstreet Boys.

14. En los Estudios Buñuel, se desarrollaron las pruebas de ¿Qué apostamos? con Ana Obregón y Ramón García poniendo excusas para evitar la fría ducha que mantenía al espectador expectante hasta el final del show.

15. En los Estudios Buñuel, Cruz y Raya desarrollaron gran parte de su trayectoria. En este vídeo se ve parte del plató L1:

16. En los Estudios Buñuel hizo su último concierto Rocío Jurado. Inolvidable.

17. En los Estudios Buñuel, Concha Velasco se pegó un tropezón en pleno baile con Raffaella Carrá. Eran los tiempos de Viva el espectáculo.

18. En los Estudios Buñuel se celebró la mayor parte de las galas de Nochevieja, Nochebuena y Eurovisión de las últimas tres décadas de TVE. Tampoco faltó Telepasión, claro.

19. El último gran formato de éxito que se ha grabado en los Estudios Buñuel ha sido MasterChef. Antes, el mismo estudio grande, el L3, acogió un especial navideño con Joan Manuel Serrat, que fue una delicia de guion, realización y dirección. Con emocionantes giros dramáticas (y cómicos) incluidos. De principio a fin.

20. En los Estudios Buñuel se buscó El Precio Justo. Con Carlos Lozano.

21. El programa Alaska y Segura dio el último homenaje a los Estudios Buñuel sólo pocos meses antes de su demolición. Lo hizo con Ara Malikian y los tambores de Calanda. Un aquelarre mágico al grito de viva la imaginación:

22. Pero el primer programa de TVE que se rodó cuando reabrieron los Estudios Buñuel, en 1988, fue Los Mundos de Yupi. Con sus créditos, con la ilusión de la ingeniudad de un niño jugando en la tele, damos las gracias a todos aquellos profesionales que trabajaron en este lugar que desaparece en la madrileña Avenida de Burgos. Gracias por hacernos creer en una televisión hecha con ideas, instinto y dedicación. Una televisión capaz de sobrevivir a un derribo de grúas y piquetas. Así decimos adiós a los Estudios Buñuel:

@borjateran (fotos Borja Terán -realizadas este viernes-)

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‘Días de Cine’: la buena televisión que se ha hecho invisible

La divulgación del cine en televisión se ha esfumado. En los canales en abierto, los programas sobre el séptimo arte se han reducido a telepromociones, vendemotos, a altas horas de la madrugada.

Da la sensación de que ya no existen formatos que transmitan esa pasión por las películas, que muestren el placer de la experiencia del cine. O eso parece al observar la programación, más monotemática de lo que nos quieren hacer creer.

En esa supremacía de contenidos que no se saltan el guion de lo que supuestamente demanda la audiencia, pervive, por obra y gracia de La 2, el mejor formato de cine de nuestra historia catódica. Se llama Días de cine, y, después de casi 25 años en emisión, sigue siendo la referencia del panorama de información cinematográfica en televisión.

Días de cine realiza una radiografía inteligente, entretenida y despierta del cine de estreno y de la historia del celuloide, contextualizando con mirada propia cada obra que trata. No se queda sólo en el titular evidente: cada uno de sus reportajes evidencia calidad y una característica que ya no es tan habitual en la televisión: esfuerzo. Horas de dedicación mimando el contenido, en fondo y forma, atreviéndose a jugar con la estética.

Y, por eso, hay que destacar la labor de Días de cine. Desde aquel ingenio irrepetible y valiente de Antonio Gasset a la actual etapa (con Elena Sánchez, en la foto), donde resulta más invisible, en parte porque ha sido maltratado en un constante vaivén de programación que lo ha retrasado a una hora trasnochada y además variable según la semana. Así, es más complicado fidelizar espectadores. Para más inri, en su reposición los fines de semana, el programa es amputado; no se emite entero, se corta como cuadra para ajustarlo en la parrilla.

Por suerte, se puede ver a la carta en rtve.es. Pero aún así falta promoción y divulgación de la marca de Días de cine, una marca que siempre ha ido unida a la calidad, esa calidad que no va reñida con la capacidad de atrapar el interés de todo tipo de públicos.

El problema es que el veterano formato se ha ido escondiendo en una cadena que necesita organizar urgentemente su programación con una perspectiva más clara, más actual y menos sibarita. Porque el error de La 2 es que, desde la propia TVE, se percibe lo cultural como una obligación forzosa con síndrome de inferioridad, como algo secundario e incluso, en ocasiones, hasta esnob. Justo el espíritu contrario que debe desprender la segunda cadena de Televisión Española. Es más, la antigua UHF mantiene aún su ADN joven, entretenido, inquieto y hasta transgresor. Lo conserva, sólo necesita que vuelva a retumbar entre la inmensidad de televisión obvia y predecible.

@borjateran

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La televisión también vive su particular regeneración. 7 factores apuntan maneras de cambiar este medio (a mejor) en 2016:

1. La pluralidad de la TDT más definida

Las nuevas empresas concesionarias han aprendido la lección de los errores de sus antecesores y parece que van a diseñar nuevos canales de televisión en abierto con temáticas más definidas y complementarias, donde la producción propia será un pilar crucial en las parrillas. No caerán en la trampa de realizar cadenas generalistas a rebufo de Antena 3 y Telecinco, como sucedió en el nacimiento de la TDT con las frecuencias de Vocento (La10) y Unidad Editorial (Veo TV), que reprodujeron viejos modelos de televisión convencional en los noventa. El porvenir de estas nuevas emisoras pasa por su personalidad concreta y su mirada propia evidente.

2. La oportunidad de TVE

2016 es el año clave en el futuro de Televisión Española. En la mano de los partidos políticos estará una cadena pública que ejerza como tal y que revolucione la industria audiovisual invirtiendo en contenidos en los que no se atreven a arriesgar las cadenas privadas, muy acomodadas en su particular bipartidismo (Atresmedia-Mediaset). Sin la preocupación del share instantáneo, TVE debe realizar una radiografía interesante del hoy, analizando el ayer e innovando en contenidos sin exclusión, adelantándose al mañana y los nuevos lenguajes audiovisuales. Creyendo en la información plural pero, también, en el entretenimiento con amplitud de miras, ese entretenimiento que cree en las ideas, impulsa la inquietud social y cree en la imaginación, porque la inversión en creatividad e información accesible para todos los públicos desde una plataforma como TVE, crucial para un país mejor. Y sostenible con una estructura de producción propia sinérgica.

3. El impulso definitivo de las plataformas de pago

En 2016 la televisión de pago realizará una gran inversión en formatos propios. El pistoletazo de salida lo dará Buenafuente desde #0, un nuevo canal que pretende seguir el camino que emprendió en los noventa Canal Plus y que siguió en su fundación el primer Cuatro. Ahora surge desde Movistar+ una marca generalista sin la obsesión de ser para todos los públicos. Sus responsables quieres que el espectador que consuma #0 se sienta especial y diferente. Una interesante apuesta que amplifica la pluralidad televisiva global. Eso sí, para verlo, hay que estar abonado en un país en el que aún no se está acostumbrado a pagar por programas. A no ser que contengan retransmisiones exclusivas de fútbol, claro.

4. El repunte publicitario

Las grandes cadenas privadas llevan dos años remontando en facturación por publicidad. El modelo de programas con una estética monotemática low cost empieza a mostrar ciertos síntomas de desgaste. La audiencia ya no admite series con factura visual regulera y agradece los programas que cuidan tanto el contenido como realización y puesta en escena. Los canales que inviertan en tecnología para grandes formatos no sólo sorprenderán más y mejor al público, también se posicionarán mejor en el mercado publicitario. Porque 2016 es el año en el que los programas remontarán sus presupuestos. Aunque los responsables de las cadenas intentarán evitarlo. Aún no saben que ese crecimiento de la inversión, acorde con el aumento de ingresos, será bueno para el futuro de sus compañías.

5. La política espectáculo

Habrá que observar la evolución de la relación de los políticos con la televisión tras sus apariciones catódicas constantes en esta intensa campaña política, la más televisiva de la historia ¿Desaparecerán de los medios?¿Seguirán rindiendo cuentas a periodistas? ¿Volverá Rajoy a la casa de Bertín Osborne? Probablente no, pero lo que está claro es que las cadenas han enterrado el miedo a producir formatos informativos más allá de los Telediarios. Espacios como El Objetivo, Salvados o La Sexta Columna han demostrado que la política interesa y los políticos también. Y no sólo en campaña, todo el año. No hay marcha atrás. El periodismo en horario de máxima audiencia seguirá creciendo en este 2016. Lo hará con nuevos formatos, de todos los géneros: del más oficioso informativo al más irónico y reivindicativo show con trasfondo político.

6. Las nuevas audiencias

La televisión ya no sólo se ve por la televisión. Comienza el fin de la dictadura de la cuota de pantalla tradicional. Arranca la era de la TV Conectada, con contenidos a la carta, bajo demanda, formatos interactivos y espacios multisoporte, donde los encorsetados titulares de las audiencias, tal y como los conocemos, se están quedando atrás. El análisis se debe realizar en contextos más amplios. a televisión está transformándose para siempre, pero más rápido lo está haciendo su propio público. Los tradicionales sistemas de medición son tan claves como los denominadas ‘audiencias +1′, que computan los visionados que han seguido un producto tras su emisión tradicional. Los programadores televisivos ya no sólo deben de pensar en estrategias para la televisión lineal de siempre, 2016 es tiempo de posicionarse en la generación de la tele interactiva: aquella en la que no existen parrillas encorsetadas, aquella que no considera los consumos en “Internet” como algo menor, aquella que ves y consumes cuando quieres, como quieres y donde quieres.

7. La ficción no apta para todos los públicos

Tras el paso adelante que han dado series como Vis a Vis El ministerio del tiempo, 2016 debe comenzar a recuperar la ficción de autor que no tenga como principal obsesión encontrar el multitarget. Será tiempo para las series que se dirijan a audiencias más específicas, en un momento en el que, más que nunca, el espectador consume y demanda ficción de calidad, capaz de arriesgar, como ocurre en la apabullante televisión estadounidense. Ahí tendrá que demostrar su valor TVE, pero también las plataformas como Movistar+ o Netflix, que precisamente pretenden crear en España productos distintos para un público exigente. Porque las series se han convertido en pilar fundamental para afianzar el prestigio de una cadena, y en los años venideros, la importancia de la ficción que se sale de los cánones preestablecidos no hará más que crecer.

@borjateran

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Así sería ‘Pesadilla en la Cocina’ con Karlos Arguiñano

Karlos Arguiñano es el gran chef de la historia de nuestra televisión. Su programa diario es la referencia gastronómica indiscutible de la parrilla. Siempre fiel a su personalidad y esencia, el cocinero vasco no ha tenido la necesidad de dar el salto a otros formatos de espectáculo en pleno boom de la cocina en prime time. Pero, ¿cómo sería Pesadilla en la Cocina si en vez de Chicote estuviera protagonizada por Karlos Arguiñano? Tendría 6 ingredientes que revolucionarían el formato que salva restaurantes del caos.

1. Banda sonora original… y tarareable

Suciedad, mugre, desorden, ratas en el lavaplatos. Pesadilla en la cocina presenta el desaguisado de cada restaurante con ayuda de músicas de tensión, que recalcan el panorama catastrófico del chiringuito en cuestión. Con Arguiñano este escenario cambiaría: el programa incorporaría una sintonía con letra requetepegadiza al estilo de “qué gustito, qué placer andar en la cocina, qué gozada al pensar en lo que viene después“. Así, con esta melodía cargada de positivismo, en los restaurantes brotaría un buen rollo sin escapatoria, que cambiaría la perspectiva del negocio. La ilusión ganaría a la desgana. O sonaría de nuevo la canción, una y otra vez, hasta lograr eliminar los pensamientos adversos, ya que inevitablemente los estribillos de Arguiñano son imposibles de quitar de la cabeza durante horas. Incluso años.

2. Chistes desternillantemente malos

En las situaciones incómodas de Pesadilla en la cocina, esas en las que da la sensación que el restaurante problemático cerrará para siempre, Arguiñano sacará su as en la manga: un chiste malo. Mejor aún si es verde. De esta forma, el chef quitará hierro a cualquier trauma y, de paso, el programa fluirá mejor. Porque hasta en los momentos aciagos hay que saber reírse de uno mismo. Incluso del propio show de la televisión, otra de las claves del triunfo de Pesadilla y de Arguiñano.

3. Redecoración con la familia de Bricomanía

Uno de los momentos cruciales de Pesadilla en la Cocina se produce en el instante en el que el programa redecora el establecimiento. “Oh, qué bonito ha quedado”. El cambio de look con Arguiñano sería mucho más fácil, pues su productora también es responsable del mítico formato Bricomanía. Todo queda en casa. Con la maña de este equipo, las reformas serían duraderas y no se quedarán sólo en tapar paredes con cuatro paneles de madera. Es más, el ya emblemático jardinero de Bricomanía intentaría incorporar una huerta en algún hueco en los aledaños del restaurante.  Los productos ecológicos, sembrados en propia casa, son los mejores aliados de cualquier restaurante. De ahí que Arguiñano cuide y muestre su propia huerta en el programa. Orgullo de cosecha.

4. Reivindicación sin medias tintas

La conciencia política tampoco faltaría en el programa. En tiempos en el que los políticos cosechan grandes audiencias en televisión, Arguiñano no se corta a la hora de reflexionar sobre la situación política y social. No se podría reprimir tampoco al descubrir los problemas que sufren los restaurantes de Pesadilla en la cocina. La manera de mojarse de Arguiñano en política o compartir sus preocupaciones sociales también es uno de los secretos de su duradero éxito. No es un cocinero producto del guion escrito por un gran creativo televisivo, es él mismo hasta las últimas consecuencias. Pesadilla sería, por tanto, un formato más reivindicativo.

5. Platos de cuchara grande

El equipo de Pesadilla en la Cocina asesora los platos que protagonizarán la carta de los restaurantes que Chicote intenta salvar. Normalmente se opta por menús donde reina el minimalismo para favorecer una oferta muy controlable en el día a día de los hosteleros de turno. Así nunca (o casi nunca) se falla al cliente. Pero con Arguiñano se apostaría por la comida tradicional (con perejil), esas vitales recetas de las abuelas de España, esos apetitosos guisos que no te dejan con hambre. El festín de la buena mesa: infalible para no defraudar a los comensales y que Arguiñano lleva divulgando casi tres décadas en la televisión, antes de que aterrizaran los chefs surgidos de las estrategias de marketing. Tampoco faltaría los consejos saludables de Ainhoa Sánchez, su nutricionista de cabecera que, por cierto, no suele pillar sus chistes.

6. Proximidad sin cocinar

Y, sobre todo, si Karlos Arguiñano protagonizará Pesadilla en la Cocina, el programa no podría llamarse Pesadilla de nada: terminaría llamándose Arguiñano en la Cocina. Y listo. Porque el gran superpoder de Karlos Arguiñano es que no comunica desde la superioridad. En casi tres décadas de éxitos, el famoso cocinero vasco jamás ha dejado de hablar al espectador desde la complicidad. Ese tú a tú sin miedo a compartir dudas, emociones, errores e ilusiones. Porque Arguiñano no es un chef de esos que presentan desde la superioridad. Al contrario, comparte su vida y trabajo con una apabullante cercanía, que hace al espectador partícipe de su existencia. La audiencia siente a Arguiñano como de la familia, su familia.

@borjateran

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La estudiante que defendió a Rajoy en el previo del cara a cara en TVE y realizó un gag cómico sin saberlo (VÍDEO)

No lideró audiencias, pero el previo de La 1 del cara a cara entre Rajoy y Sánchez nos ha dejado uno de los momentos televisivos más memorables del debate del bipartidismo.

Sucedió durante una conexión con una residencia de estudiantes privada, MasterHome, donde los responsables de la cadena pública, en un ataque de lucidez, decidieron tomar el pulso de la juventud española.

No es una parodia. No es un sketch de Martes y 13. No, es real. Es una joven que defiende a Rajoy recitando un texto, aprendido de memoria, cual robot. Con la mejor intención, eso seguro. Así es la información que se intenta realizar desde hábitats controlables, para que nada se salga del guion, y se termina convirtiendo en un gag de humor histórico:

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@borjateran

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Cara a cara entre Rajoy y Sánchez: lo más visto del año y supera al debate a cuatro

9.687.000 espectadores (48,6 por ciento de share) han seguido el debate entre Rajoy y Sánchez en la suma de las principales cadenas que lo han emitido. La Academia de Televisión ha sido la organizadora neutral del cara a cara y ha cedido una señal institucional que ha logrado la nota más alta del año, aunque sin superar el encuentro de 2011 entre Rajoy y Rubalcaba (12.0005.000 espectadores con un 54,2 por ciento de share).

El cara a cara entre Rajoy y Sánchez ha interesado más que el encuentro a cuatro de la semana pasada en Atresmedia. No obstante, se ha emitido simultáneamente por más cadenas y no se ha desarrollado en un puente festivo, con la pérdida de consumo que eso conlleva.

La Sexta ha sido la favorita para seguir la cita entre los líderes del PP y PSOE. Lo ha logrado con un 14,6 por ciento de cuota (2.914.000 espectadores) y superando a Antena 3 con un 14 por ciento (2.794.000 espectadores). A diferencia de hace cuatro años, cuando la emisión fue seguida masivamente por La 1 de TVE, cadena en la que tradicionalmente era referente de información, por tradición y por despliegue de medios técnicos sin rival.

En esta ocasión, el público ha castigado la pérdida de independencia de la cadena pública, dejando a La 1 en un 13,4 por ciento (2.678.000 espectadores) y sin opción de adelantar a La Sexta, canal que ha definido en los últimos años su imagen de marca como referencia informativa.

La evolución de las audiencias de los debates

Los debates de 1993

El primer gran debate de la democracia, entre Felipe González y José María Aznar, desde el Estudio 1 de Antena 3 congregó a 9.625.000 espectadores. Fue el 24 de mayo. Sólo unos días después, el 31 de mayo, Telecinco celebró la segunda vuelta del encuentro logrando mayor audiencia: 10.526.000 espectadores.

El debate de 2008

El 25 de febrero José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, en el primer encuentro organizado por la Academia de TV, lograron 13.000.0000 espectadores y un 59,1 por ciento de cuota. TVE alcanzó un 8.036.000 espectadores y un 36,4 por ciento de cuota, Cuatro congregó a 2.360.0000 espectadores y un 10,5 por ciento de cuota y La Sexta fue la opción menos vista con 1.335.000 espectadores y un 6 por ciento de cuota. Por entonces, Cuatro tenía una imagen de canal más consolidad que el canal verde. Con la fusión del canal rojo por Telecinco, cambiaron las tornas.

El 3 de marzo, también organizado por la Academia, el segundo cara a cara entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy fue seguido por 11.952.000 y un 58,2 por ciento de cuota. En TVE asistieron 6.905.000 espectadores y un 32,6 por ciento, en Cuatro lo vieron 2.272.000 espectadores y un 10,7 por ciento y en La Sexta lo siguieron 1.120.000 espectadores y un 5,3 por ciento de cuota.

El debate de 2011

El 7 de noviembre el cara a cara entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba fue seguido por 12.005.000 espectadores y un 54,2 por ciento de cuota. TVE con 5.485.000 espectadores y un 24,8 por ciento, Antena 3 con 2.071.000 espectadores y un 9,3 por ciento, La Sexta con 1.346.000 espectadores y un 6,1 por ciento, Cuatro con 949.000 espectadores y un 4,3 por ciento e Intereconomía con 784.000 espectadores y un 3,5 por ciento de share.

La mediática campaña de 2015

El Debate a cuatro de Atresmedia, del pasado 7 de diciembre, alcanzó 9,2 millones de espectadores y un 48,2 por ciento de cuota de pantalla. En Antena 3 lo siguieron 5 millones de espectadores y un 26,2 por ciento, mientras que por La Sexta 4,2 millones de espectadores y un 22 por ciento de cuota. Sin embargo, no ha conseguido superar al cara a cara entre Rajoy y Sánchez, que se veía por más cadenas y que, además, no se ha emitido en un puente festivo, como sucedió con el especial de Antena 3 y La Sexta.

No obstante, en el cara a cara de anoche, Atresmedia con la emisión simultánea en sus dos canales se consolidó como el grupo de comunicación que más espectadores congregó. La compañía privada se apuntó el tanto.

Con estos datos, se vislumbra la pérdida de credibilidad que ha sufrido Televisión Española en la última legislatura, como consecuencia de decisiones políticas que han marcado una pérdida de independencia y, como consecuencia, de confianza y credibilidad por parte de la audiencia.

No sólo a nivel contenidos, en la programación especial del antes y el después del debate por TVE evidenció también una involución en las narrativas audiovisuales. A diferencia de hace cuatro años, la retransmisión fue antigua, torpe y con unos contenidos accesorios, donde destacó Ana Blanco con su rapidez de reflejos en el directo. El resto del programa no estuvo a la altura de los lenguajes televisivos de su tiempo, en los que TVE siempre fue por delante.

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@borjateran

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Cara a Cara entre Rajoy y Sánchez, una grave involución televisiva (y política)

Buenas noches, España. Así Manuel Campo Vidal ha arrancado el único debate en el que ha participado Mariano Rajoy en esta campaña electoral. Su cara a cara con Pedro Sánchez. Un fracaso a nivel de contenido televisivo.

La Academia de TV ha repetido como organizadora neutral y, de nuevo, ha utilizado la mesa como epicentro del debate. Aunque, esta vez, más pequeña. Sólo una distancia de 1,7 metros ha separado a los dos contrincantes. Esta ha sido la principal novedad de una puesta en escena que parecía un frigorífico vacío por dentro.

Muy blanco, el decorado no favorecía la estética de los contrincantes (con un color de piel desvirtuado) ni hacía atractiva la retransmisión: plana, insípida, claustrofóbica. Sin profundidad, elemento crucial en cualquier formato televisivo.  Porque lo sobrio no quiere decir inexpresivo. Tampoco las formas de comunicar del moderador funcionaron: con largas y lentas presentaciones más institucionales que periodísticas. Faltó contundencia en las preguntas y sobró un cierto caos en el orden de los temas a tratar. Un debate digno de 1985, no de 2015.

No obstante, la emisión ha intentado ser más flexible como consecuencia de la campaña electoral más televisiva de la historia y, muy especialmente, del debate a cuatro de Atresmedia, que ha marcado una evolución del género en España, incorporando repreguntas de los moderadores, retirando atriles y desde la espectacularización de un plató de grandes dimensiones con público.

Con este escenario, tanto los dos líderes políticos como la propia Academia de TV no podían permitirse, por tanto, un formato de tertulia como el que los grandes partidos habían acostumbrado hasta ahora, donde la estructura se asemejaba más a una batalla de monólogos, aprendidos de memoria, que a un debate vivo.

Lo han intentado, han desaparecido los cronómetros, pero no han conseguido el objetivo: el enfrentamiento entre ambos líderes se ha vuelto a quedar en un encuentro dramatizado cargado de consignas básicas y mucho “y tú más”, donde Pedro Sánchez intentaba romper el guion memorizado de Rajoy a duras penas. Las formas han podido con el fondo.

Después de unos años en los que la televisión ha acercado la política a la calle, este cara a cara ha realizado el viaje a la inversa: con unos argumentos previsibles y gélidos, que sonaban lejanos al día a día de la población desde una nave espacial en la que los tripulantes parecían empotrados a la pared blanca.

Con esta escenografía, lo tenía complicado el realizadorFernando Navarrete (histórico de TVE y Antena 3, que en su currículum están desde grandes musicales hasta los míticos programas de José María Iñigo). Así, el director visual del programa ha centrado el protagonismo en los primeros planos de los políticos, donde han cobrado importancia las reacciones mientras hablaba el adversario, imágenes que enriquecían la retransmisión, retratando la inseguridad o la seguridad de los dos contrincantes del bipartidismo.

Aunque con una realización mucho menos dinámica que el encuentro a cuatro de hace siete días en Atresmedia o de los debates homónimos de países de nuestro entorno. Han faltado cámaras en movimiento que otorgaran más ritmo al diálogo y, además, se podía haber innovado en la planificación de planos con pantalla partida, que permite ver a los dos líderes a la vez y que ya acostumbra la televisión de hoy (claro que, esta noche, más de una vez, cuando hablaba uno el otro miraba los papeles).

Un Cara a cara 2015 que ha sido histórico. No por el contenido, no por la puesta en escena: es histórico porque un formato así no volverá a producirse. La televisión es un retrato de su sociedad, y la sociedad está en otro punto más abierto, más visual, más próximo, más plural y menos previsible.

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La relación entre Han y Aritz en Gran Hermano, ¿realidad o ficción?

La fuerza de Gran Hermano se vuelve especialmente palpable cuando las historias que surgen en la casa son capaces de superar la imaginación del guionista más retorcido. Cuando se puede decir eso de que la realidad supera la ficción. Es el poder del reality como género que se sustenta en lo incontrolable de los sentimientos y en la propia imprevisibilidad del ser humano.

Así ha sucedido, una vez más, en esta edición con los concursantes Han y Aritz, dos amigos que, poco a poco, han cimentado una inclasificable relación a medio camino entre lo amistoso y lo amoroso, entre lo sexual y lo tántrico, entre lo inocente y lo tóxico. Un vínculo nunca antes visto en una edición de GH que ha descolocado a Mercedes Milá y, sobre todo, a los seguidores del programa y fervientes usuarios de las redes sociales. Y, ante lo que no sabemos explicar fácilmente, siempre brotan opiniones para todos los gustos. ¿Se trata de una estrategia por parte de ambos o de alguno de los dos? ¿O de verdad es un enamoramiento raro y sin etiquetas?

“Nada es lo que parece”, se han hartado de repetirnos. La premisa de esta edición de GH era que cada concursante llegaba con un secreto. Todos menos Aritz, el vasco heterosexual que no veía la tele. Ese mismo Aritz que ha ido acercándose tanto al chino-granadino Han. Este detalle ha hecho saltar las alarmas: ¿y si Aritz y Han se conocían antes de entrar en la casa y ambos han recibido el encargo de ocultarlo hasta el final? Los responsables del programa ya han negado esa opción. No se conocían. Pese a que, como si estuviéramos en un capítulo de Perdidos, alguien decidió que una foto de Aritz apareciera sobreimpresionada en una marquesina en el vídeo de presentación de Han para tapar la publicidad real que allí se anunciaba. ¿Respondía esto simplemente a una ganas juguetonas de generar especulaciones en la audiencia más observadora?

No es gratuito, por tanto, que muchos espectadores hayan intentado encontrar una explicación coherente, tras asistir al surgimiento de la a ratos desconcertante relación entre Han y Aritz. No han tardado en circular incluso teorías que dicen que en la gala final se desvelará que estos dos concursantes ya se conocían… y que incluso habrá ¡boda en directo! Desde luego, es obvio que a los artífices de GH les encanta provocar este ruido, pero si esta edición terminara revelando una mentira así, se establecería un peligroso precedente para el formato.

Si Gran Hermano hubiera ocultado que Han y Aritz se conocían de antes, estaría faltando a la complicidad con el espectador, que es clave en el éxito del espacio. Sería tirar piedras contra el propio programa. Y es que el triunfo duradero de GH, que ya acumula en España 16 ediciones, radica en fomentar que el espectador siempre tenga la sartén por el mango. Si los habitantes de la casa entran con un secreto, la audiencia debe ser conocedora de ese secreto para poder disfrutar de los conflictos que esto despierta. Porque se puede engañar a los concursantes, se les puede manipular y hasta torturar, pero el espectador ha de ser siempre dueño de toda la información para que pueda sentirse superior. Porque de eso va GH, de sentirnos como dioses capaces de saberlo todo las 24 horas del día.

Si de pronto se desvelara que Han y Aritz han estado interpretando un paripé alentado por el programa durante tres meses, la sensación de falacia sería enorme. Se evidenciaría que GH es capaz de mentirnos, de engañarnos, de guionizar una trama a espaldas de la audiencia. Y eso, sin duda, defraudaría. Y nunca más nos creeríamos nada en Gran Hermano, un formato que precisamente se ha hecho grande demostrando al espectador que cuando se mezcla a seres humanos diversos en un mismo lugar, todo es posible. Hasta un vínculo como el de Han y Aritz.

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“Dentro de un tiempo, si tenemos suerte, ustedes y nosotros nos veremos a través de esta pantalla mágica llamada televisión”. Así se ha despedido Silvia Intxaurrondo de Un tiempo nuevo, que terminó anoche su andadura en Cuatro sin destacar en audiencias.

Mediaset pone fin así a un formato que nació en Telecinco la pasada temporada. Sandra Barneda capitaneó este espacio que llegó para recuperar el análisis de la actualidad política en la noche de los sábados, ante el crecimiento de La Sexta Noche desde Atresmedia. Sin embargo, Un tiempo nuevo pinchó. Sus contenidos no encajaban con el público del canal. De hecho, sus mejores marcas fueron alcanzadas con el Pequeño Nicolás. El programa había desvirtuado su esencia.

Al terminar la temporada, Un tiempo Nuevo desapareció de Telecinco, pero la marca continuó en Cuatro. Mediaset quería seguir teniendo un formato de actualidad que compitiera frontalmente con La Sexta Noche. De esta forma, se intentaban paliar las “buenas notas” del grupo contrincante con la táctica de posicionar a la misma hora un contenido similar.

Desde el canal rival directo de La Sexta, Cuatro, se instaló la nueva versión del programa con Silvia Intxaurrondo al frente. Nueva productora detrás, Cuarzo (El programa de Ana Rosa, Cuarto Milenio), nueva puesta en escena (desde el mismo estudio) y un nuevo equipo de profesionales que intentaron impregnar al formato de una imagen más regeneradora, más acorde con la cadena roja.

En definitiva: más periodismo que espectáculo para la segunda vida de Un tiempo nuevo, donde ha destacado el trabajo de Marta Nebot, Boro Barber o la propia Silvia Intxaurrondo, que es uno de los grandes aciertos del formato por su capacidad de presentar con rotundidad y, al mismo tiempo, tranquilidad.

Sin embargo, Un tiempo nuevo no ha removido las audiencias. La actual personalidad de Cuatro no transmite una imagen de referente de información (que nadie se engañe) y, además, el programa de Cuarzo ha tenido que competir, en misma franja, con un formato de política espectáculo tan asentado como La Sexta Noche, con mayor “grandilocuencia” en puesta en escena y colaboradores muy posicionados, que el espectador ya identifica: ama u odia.

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