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octubre 2015

‘Salvados’: la regeneración empezó en el periodismo en prime time

  • El cara a cara de Albert Rivera y Pablo Iglesias ha supuesto el récord histórico de audiencias de ‘Salvados’ con un 25 por ciento de cuota y 5,2 millones. Un dato equivalente a una gran serie de éxito, que hará replantearse al resto de partidos su estrategia televisiva en esta campaña electoral.

Sin tiempos preestablecidos, sin temas pactados por jefes de campaña, sin monólogos mirando a cámara, sin tochos de papeles encima de la mesa. Y en un bar. En un bar a pie de la realidad de la calle. Así ha sido el primer debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera. Lo ha conseguido Salvados.

De moderador, Jordi Évole, claro, que ha vuelto a La Sexta con la esencia de siempre. El periodismo que entiende la televisión. Y la televisión que entiende el periodismo. Escuchando, cuidando los encuadres, mimando los fondos de los planos de cámara, incorporando el sonido ambiente urbano a cada palabra y apostando por una acogedora realización. Luminosa sin estridencias, donde lo que importa es la conversación.

Y ahí está el simbólico gran paso: dos políticos en precampaña hablando sosegadamente: intercambiando argumentos y creyendo en puntos de encuentro. No han puesto obstáculos al diálogo desnudo en un prime time televisivo. La gran asignatura pendiente en España, que ha despertado tantas fobias a los candidatos a la presidencia del gobierno. Al menos, hasta ahora.

Albert Rivera y Pablo Iglesias están cambiando esta desoladora tendencia que nos ha posicionado a años luz de democracias vecinas. En Podemos y Ciudadanos comprenden que para llegar y convencer a los votantes se deben aceptar preguntas incisivas y tertulias sin guion. De hecho, en los últimos tiempos, las grandes audiencias han dado la espalda a las entrevistas o debates que evidencian estar exquisitamente cocinados por los jefes de campaña y no por los periodistas.

Y Salvados es el programa que, tras Tengo una pregunta para usted, ha regenerado (y terrenalizado) la política en prime time. No sólo con envites periodísticos, donde Évole anoche estuvo sigilosamente rápido de reflejos, también con la visión de saber enriquecer cada capítulo con contextos casi cinematográficos.

Porque, tanto en televisión como en el periodismo, los contextos son cruciales. Salvados los exprime: eligiendo bien las localizaciones y las puestas en escena que envuelven cada episodio. De ahí que Rivera e Iglesias aparecieran juntos, en el mismo coche, divagando sobre aquello que había cambiado en su existencia después de sus respectivos saltos a la primera línea de la política. El programa ha presentado así, como en una serie, a sus dos cabezas de cartel. 

Un arranque de Salvados dibujado con talento, pues se han enfrentado los problemas de los nuevos políticos con las preocupaciones de ciudadanos anónimos que, de paso, han ido realizando su propio retrato de los novatos candidatos. La sinceridad en el recorrido automovilístico de ambos políticos y los testimonios de diferentes votantes se han visualizado a través de un montaje en paralelo, que ha planteado un mañoso contraste de realidades.

Y llegaron al barrio. Y, después de una pequeña interrupción por parte de un peatón y un saludo a la camarera, se sentaron en un bar cualquiera. Aunque telegénico, sí, que hay que lucirlo bien por la tele. Pero un bar cualquiera. De nuevo, Salvados ha sacado el periodismo de donde nunca debió irse: de la realidad de la calle. Y nada mejor que debatir en un bar, porque en España, ya se sabe, donde se arregla el país es en los bares.

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@borjateran

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‘Cachitos de hierro y cromo’: cuando la televisión vieja es pura vanguardia


MasterChef, Cocina con Sergio, Cocineros al volante, Torres en la cocina… El boom de los programas gastronómicos en la actual TVE es un hecho. La cadena pública tiene los fogones a máximo rendimiento y el olor de la burbuja de guisos televisivos ha llegado también hasta la redacción de Cachitos de hierro y cromo.

Así que, esta noche, el programa revelación de La 2 realiza su particular oda al hambre con ‘Oído cocina’, un capítulo firmado por Carlos Vidal con guión de Pablo González Batista, del programa de Radio 3 Hoy empieza todo.

Una vez más, el programa asalta las nutridas despensas del archivo de RTVE. El resultado es “un surtido selecto de canciones comestibles, desde ligeras tonadas pop hasta platos exóticos de digestión pesada”. Y, ojo, desde la cadena pública avisan “la bebida y el postre estarán incluidos en un programa repleto de estrellas, ninguna de ellas Michelin“.

La mesa está servida, pues, con momentos memorables de Pablo Carbonell, Los 3 Sudamericanos, Kevin Johansen y Liniers… Todo un homenaje sonoro, musical y, sobre todo, televisivo a la historia de RTVE.

Porque Cachitos de hierro y cromo hace vanguardia televisiva con su rescate de tesoros que esconde la videoteca de TVE. Paradójicamente, una videoteca de TVE que es más creativa, innovadora, atrevida y valiente que la mayoría de los programas en los que se invierte desde la cadena pública de hoy.

Por suerte, Cachitos de Hierro y Cromo preserva esa esencia de la televisión pública en plena ebullición de ideas carismáticas. Es más, divulga (con sobrado instinto del espectáculo) lo mejor de la historia musical de TVE y nos hace confiar en que la imaginación volverá a triunfar en su máxima expresión desde el corazón de Prado del Rey. Porque volverá a triunfar.

@borjateran

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‘Luar’, el programa de variedades más longevo de España: su fórmula para la supervivencia

Es el programa de variedades más longevo de nuestra televisión. 50.000 artistas han pasado por su escenario, 400.000 personas han acudido como público. Es Luar, el famoso espacio de variedades de la televisión galega. Este viernes, tras 24 temporadas ininterrumpidas de emisión, el formato de TVG ha celebrado sus 1000 programas en antena.

Y ahí sigue Xosé Ramón Gayoso, alma del show junto con el realizador Teo Manuel Abad, demostrando que sabe hacer como nadie un tipo de televisión en peligro de extinción: el espectáculo próximo.

Porque Luar ha entremezclado con desparpajo humor, concursos, música, estrellas internacionales… aunque, sobre todo, su éxito está en la cercanía. En este sentido, Luar ha mimado el equilibro entre artistas de renombre (Rocío Jurado o Rocío Dúrcal eran asiduas) con folclores y costumbres entrañables de Galicia. E incluso haciendo partícipes a las estrellas invitadas de las tradiciones del lugar. El show no necesita más.

De esta forma, los gallegos perciben Luar como una juerga de su patria sin fronteras. Y el programa lo aprovecha: con una realización visual que no sólo retransmite lo que pasa en el escenario del plató, es hábil también para mostrar al público que acude al programa como si estuviera en una verbena. Lo hace con constantes planos de reacción de unos espectadores (muchos jóvenes, por cierto) que bailan, interactúan, participan. En definitiva, lo disfrutan sin complejos. Son los protagonistas imprescindibles del show.

Y eso se contagia hasta las casas. Por eso ha mantenido sus buenas cuotas de audiencias.  Pero los tiempos cambian y, aunque el programa ha ido adaptándose a los cambios televisivos, la fórmula del éxito Luar no es infinita. Los lenguajes televisivos han evolucionado mucho en estas dos décadas, también la madurez catódica de la audiencia. Sin embargo, lo que no variará jamás será la esencia que ha propiciado que Luar congenie tanto y tan bien con su público en este cuarto de siglo: ser una fiesta partícipe de lo que une a una comunidad.

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@borjateran

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Primark abrió en el corazón de Madrid. Y se desató la locura. El jueves, la apertura de la tienda de Gran Vía 32 generó colas imposibles e incluso llegó a colapsar las inmediaciones.

Cientos de personas no quisieron perderse las primeras horas del nuevo Primark. No regalaban nada especial. Ni siquiera los precios distaban de la tónica habitual de la tienda. Pero, esa masa consumista, no se permitió faltar al acto folclórico de la inauguración oficial. Con sus globitos.

Y es que Primark ha sabido crear un acontecimiento de su alunizaje en la Gran Vía de la capital, en el emblemático edificio de la histórica sede de la Cadena Ser.

La compañía ha pasado meses calentando al personal de que lo mejor estaba por llegar al Broadway madrileño. Tanto que la noche antes de la apertura del esteblacimiento se celebró una fiesta como si se tratara de un estreno cinematográfico. Actores como Macarena García, Pablo Rivero o Quim Gutiérrez prestaron su  rostro a ese sarao con la presencia de medios y hasta se probaron las prendas con más personalidad de la marca…

El grado de aspiración crecía por parte del cliente potencial: los famosos más “molones” también se visten en Primark. O eso parece. Porque, en realidad, no tienen pinta de clientes de la firma. Pero estaban allí, cediendo su imagen a una marca comercial e impulsando el murmullo en las redes sociales de que empezaba una experiencia diferente en la Gran Vía.

Una experiencia diferente que no es más que otra gran tienda de una marca que ya estaba implantada en distintos centros comerciales de la capital. Pero los responsables de Primark han logrado generar un incontestable acontecimiento.

Con estos prolegómenos y ese intento de glamourosa fiesta a lo Hollywood (donde los famosos dieron rienda suelta a sus posados en Instagram, desde los probadores), la expectación estaba servida. La apertura paralizó los accesos a la tienda.

Y los medios corrieron a cubrir el fervor social por la barata Primark. Había noticia: la imagen de impacto de las colas. De esta forma, la plataforma publicitaria más poderosa, la televisión, cedía minutos y minutos de emisión a la apertura del establecimiento. Hasta en informativos, claro. El jueves era complicado no enterarse de que había abierto una gran superficie comercial en lo más alto de la Gran Vía.

La gente no pudo esperar. La televisión tampoco. El evento de apertura de Primark propició la mejor campaña mediática: gratis e incorporada como contenido dentro del programa, fuera de las frías pausas publicitarias.

Y es que la apertura de Primark ejemplifica la importancia de crear eventos que desprendan la percepción de que son inauditos e irrepetibles. Que los vives o te perderás una experiencia especial.

Primark lo ha conseguido. Su estreno en Gran Vía ha sido un éxito mediático que ha sido sembrado a fuego lento. Aunque, eso sí, España Directo llegó tarde a la vorágine consumista, pues cuando su reportera preguntó a una clienta cuánto tiempo había estado esperando en la cola… la entrevistada respondió que “iba rápido”. No había tenido que esperar “nada”, sentenció. La compradora espontánea contradijo la expectativa creada por los periodistas del programa. Pero dio igual, ahí también estuvieron: hablando de que había abierto una gran tienda en Gran Vía 32.

@borjateran

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‘Gran Hermano’: así manipula tus emociones

El morbo por el conflicto que surge de la convivencia. Esta podría parecer la razón principal y a simple vista del éxito del formato de Telecinco, pero no: cada gala de Gran Hermano es un tetris de piezas que encajan al milímetro para engatusar la emoción del espectador y evitar que cambie de canal. O, al menos, lo intentan a toda costa y con sus mejores armas.

El enganche de fieles y curiosos parece permanecer intacto tras dieciséis ediciones. GH no baja la guardia a la hora de inducir y propiciar conflictos entre los concursantes. Y, una vez creados, hay que contar esos conflictos a la audiencia. Es aquí donde el programa sigue siendo poderosísimo, con vídeos que resumen y ordenan lo acontecido en la casa sin miedo a incorporar constantemente zooms que generan tensión. No importa que, con tanto zoom, hasta la imagen pierda calidad. Al contrario, estos movimientos digitales de cámara impulsan y amplifican cada rifirrafe. Así, también cada pieza del programa incorpora movimiento. Incluso con el grafismo, que se mueve para no dejar que el ojo se distraiga.

El resultado es un hipnótico discurrir de zooms que van y vienen y de planos que se amplían para recalcar el conflicto aunque, en realidad, no sea para tanto. Una táctica que cobra más fuerza aún con los golpes musicales. Las reacciones se marcan con ‘chimpunes’ de sonido (¡chan!) que favorecen una exaltación máxima del instante en cuestión, ya sea una mirada, una reflexión o una mala respuesta. También durante la emisión en directo de cada programa, como sucedía en formatos como Crónicas Marcianas, las músicas y los soniquetes no dan tregua al espectador, intensificando entre el público la sensación de que está ocurriendo una historia apasionante. Sin olvidar esos otros vídeos que son prácticamente videoclips para promocionar tal o cual canción y que son perfectos para narrar tramas amorosas o de amistad rara como la de Han y Aritz en esta edición.

El montaje de Gran Hermano bebe de las fuentes más básicas de la narrativa del culebrón sudamericano o de programas sensacionalistas como el latino Primer Impacto o el español Equipo de Investigación con Gloria Serra. Todos tienen en común la necesidad de atrapar la atención de quien mira e impedir que escape o haga zapping. Y, con los años, GH ha perfeccionado y creado tendencia en este estilo efectista. Si comparamos un vídeo de esta edición dieciséis con uno de la edición primera, poco parecido encontraremos.

Pero lo que no ha cambiado es el conflicto como base esencial del reality. Y todo vale para que no decaiga. Otro gran acierto del concurso en la actualidad es que el audio del público en la grada del plató siempre está activo. Ese público lo vive, reacciona, aplaude, abuchea. Lo siente con pasión y eso va salpicando el fondo sonoro de toda la emisión. El programa es avispado al no silenciarlo. Más aún, con las conexiones con la casa. Los propios participantes escuchan las reacciones del gentío en la grada del estudio de Telecinco cuando se anuncian las nominaciones. Sus caras responden y sus mentes empiezan a crear teorías conspiranóicas.

El formato manipula a los concursantes y nos manipula como espectadores. Pero ahí radica su gracia, su maestría y su inteligencia. Sigue siendo el reality por antonomasia, el pionero en el que se han inspirado los demás. Por eso debe ir por delante, innovando para evitar el desgaste hasta no se sabe cuándo. Si en el año 2000, la noche que expulsaron a María José Galera, nos hubieran dicho que quince años después seguiríamos viendo el programa y la expulsión de un tal Quique, difícilmente habríamos dado crédito. Pero ahora ya no cuesta tanto imaginar un 2025 con un Gran Hermano 26. ¿Nos alegramos o nos echamos a temblar?

@borjateran

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Los 3 errores de las cadenas de TV en las redes sociales

Hasta la familia Simpson es experta community manager. Las redes sociales ya son grandes aliadas de la televisión. Sin embargo, a las cadenas españolas aún les cuesta ver las posibilidades de estas plataformas que están revolucionando el consumo televisivo. Al contrario, intentan reproducir roles y costumbres de antaño en Twitter, Facebook, Instagram e incluso YouTube.

– FOBIA AL RETUITEO

Las cuentas oficiales de las cadenas aún no han entendido la esencia de las redes sociales. Creen que son unas ventana para el autobombo, desaprovechando la oportunidad de hacer al público partícipe de su proyecto televisivo. Se obsesionan con acrecentar el tráfico de sus webs, perdiendo la oportunidad de fortalecer la identidad de marca de su emisora.

Falta amplitud de miras. El modelo de comunicación de las redes sociales es distinto al de la televisión convencional. De ahí que las cadenas nacionales parezcan sufrir una enfermiza fobia al retuiteo ajeno. Y es que el retuiteo en los grandes perfiles de Twitter de las televisiones generalistas se reduce a cuentas verificadas de celebrities o spam desde perfiles del propio grupo de comunicación propietario de la emisora. No hay vida más allá.

Sin embargo, el poder del retuiteo está en interactuar con el espectador anónimo. Así, el público se sentirá valorado y escuchado. Esa audiencia desconocida es la que verdaderamente se ilusionará al sentir como es tenida en cuenta por los perfiles oficiales de Antena 3 o Telecinco.

Porque desde las redes hay que hablar con los usuarios: contestando sus opiniones, rebatiendo con argumentos positivos sus críticas y, por supuesto, retuiteando lo relevante. Incluso atreverse con dosis de sana e irónica autocrítica cuando toque. Cada espectador con el que interactúas, espectador que has ganado su fidelidad y confianza.

Y es que es habitual que, desde las redes, se solicite opinión de los espectadores y que estos cuando contesten se encuentren con un muro. Nadie interacciona, ni con un sencillo ‘FAV’. Al final, ese usuario de la red tiene la sensación de que todo es un mero trámite: fría publicidad. De esta forma, los responsables de las cadenas dan la espalda a una sencilla y barata oportunidad de hacer crecer la imagen de marca del canal.

TVE es la compañía que mejor ha entendido este valor añadido de las redes. No teme hablar, retuitear e incluso colgar enlaces de otros medios que aportan un plus favorable a sus programas o series. Los trabajadores de la cadena pública entienden el intuitivo trasfondo de las redes y lo demuestran con El Ministerio del Tiempo o Cachitos de Hierro y Cromo. También lo han hecho MasterChef o Insuperables, entre otros innumerables programas que participan con sus espectadores más activos en redes solo con el veto de la lógica. Como debe ser. Las privadas, en cambio, van a la zaga con una mentalidad más cuadriculada y atrapada en mecánicas de batallas empresariales anteriores a Internet, en donde lo que menos importa es interactuar con los usuarios. No crean comunidad.

– LA CASTRACIÓN DE YOUTUBE

En la obsesión cortoplacista de fardar de un gran dato de audiencia de su página web, las televisiones nacionales han descuidado la plataforma más potente a la hora de compartir vídeos: YouTube.

Mientras que los norteamericanos cuelgan los grandes momentos de sus programas en YouTube porque saben que eso supone beneficios extra (sobre todo a la hora de atraer a nuevos públicos a la emisión tradicional de sus programas), en España no se ha apostado con rapidez de reflejos por la red de vídeos más popular.

Sólo Atresmedia (Antena 3 y La Sexta) ha explorado con buenos resultados esta plataforma que es una ventana al entretenimiento en sí mismo, aunque a veces ponen obstáculos antipáticos para visualizar el vídeo de su canal de YouTube cuando lo incrustas en webs o blogs. En el caso de Mediaset la compañía ha decidido dar la espalda a YouTube por completo. De nuevo, se prefiere que el espectador enlace la web oficial de la cadena, para inflar el titular de las visitas convencionales, pero se desaprovecha la oportunidad de que los fragmentos de programas de la cadena sean más virales gracias al poder de expansión de Youtube, que no lo tienen ninguna web corporativa, pues las corporativas son menos intuitivas y favorecen menos el ‘compartir’.

Un error de estrategia a largo plazo que denota que nuestra industria aún va muy por detrás de los norteamericanos a la hora de ver las posibilidades de negocio en las redes. Ya que has hecho el gasto en un producto de entretenimiento para una televisión en abierto, aprovéchalo e intenta un rendimiento extra sin medias tintas en las plataformas donde realmente está la gente. No hay inversión que perder, pero sí mucho por ganar.

– NO SÓLO REPOSICIÓN

Las redes no sólo deben de ser una plataforma para la reposición, también debe ser una ventana para contenidos exclusivos que arropen cada formato televisivo. Las cadenas deberían aportar piezas propias de entresijos de sus grabaciones, rodajes de sus series y hasta crear microformatos sólo para Internet o especiales que aporten información complementaria.  En este sentido el equipo de ‘interactivos’ de RTVE también ha ido por delante del resto.

Los contenidos extra son cruciales en la viralidad de las redes sociales, más eficaces que cualquier tuit-anuncio al que la mayor parte de los usuarios ya están inmunes. Se trata de lograr la atención del espectador tratándole de tú a tú, apelando a su inteligencia y a su curiosidad, sin venderle sólo la moto. Porque la reposición de imágenes ya vistas por la tele agota, el autobombo también.

La audiencia se sentirá especial recibiendo ese trato casi en primera persona. Hasta el público puede sentir que puede aportar ideas al canal de televisión en cuestión. Porque una televisión es mejor si escucha, interactúa y valora. Y eso se consigue haciendo al público partícipe del proyecto, de su gestación y desarrollo.

Porque las cadenas siguen viendo las redes como un canal de propaganda y no como lo que realmente son: un punto de encuentro para interconectarnos e intercambiar sensaciones. Porque el verdadero poder de las redes sociales no está en alcanzar un trending topic, está en sembrar un público que es activamente cómplice de tu marca, de tu cadena, de tu forma de entender la televisión.

@borjateran

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Lo que deben aprender las nuevas generaciones de actores de Carmen Maura

Sin miedo a la conversación. Así se enfrentó anoche Carmen Maura a Risto Mejide en Al Rincón. No es nada nuevo, Maura siempre se deja llevar en las entrevistas hasta las últimas consecuencias. Como los grandes artistas, sin temor alguno a saltarse el límite de lo políticamente correcto.

Y Risto Mejide consiguió anoche mostrar en Antena 3 a la Carmen Maura más Carmen Maura. Lo logró en una televisión en la que las nuevas generaciones de actores y actrices sí parecen tener miedo a ser ellos mismos en un plató. Probablemente, esa reticencia es consecuencia de las malas costumbres de los programas del corazón, que les han hecho más desconfiados y cautos y, también, al mismo tiempo, más estirados.

Pero Carmen Maura, ya de vuelta de todo y por encima del bien y del mal, da siempre una lección de lujo a los más jóvenes: con espontaneidad, naturalidad y complicidad se puede hablar de todo. Incluso de política, vida privada, asuntos truculentos o relaciones tensas. Como la suya con Pedro Almodóvar. “Se va a enfadar“, aseguró Maura entre risas, hasta escenificando con su carisma el modo en que el director manchego busca en Internet (casi) todo lo que se dice de él.

Y en esta charla, un Risto Mejide siempre atento y sutil se dedicó a tirar del hilo de la magnética verborrea de Maura. Y, aunque apenas hablara de su trabajo como actriz, la entrevista es una masterclass que debería proyectarse en escuelas de interpretación. “Intentar controlar lo que te va a pasar en una carrera de actor es súper difícil, lo mejor es relajarse, hacer todo como si fuera lo último que harás en tu vida, aunque sea un anuncio o un minipapel en un minicorto, y confiar en que vas a tener suerte“, explicó la actriz. “La película más divina, con el señor más importante, no te sirve de nada y haces una memez de entrevista en la tele y ahí te ve más gente que en todas las películas juntas”, reflexionó.

Porque dicen que en España nos falta más star-system, actores y actrices de presencia incontestable, capaces de llenar con su simple presencia un programa de televisión. Nos sobran actores intensos que nos aburren cuando acuden a platós a promocionar sus películas, queriendo quedar bien con todo el mundo y, al final, provocando indiferencia. A sus setenta años, Maura es ejemplo inspirador de todo lo contrario. Es sincera, divertida, cercana, da la importancia justa a su trabajo, reacciona sin corazas a lo que se le pregunta, se moja y no siempre es políticamente correcta. Y entonces es cuando los espectadores nos deleitamos y disfrutamos de verdad con una entrevista.

> puedes ver la entrevista aquí

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El boxeador Jero García sustituye a Pedro García Aguado en ‘Hermano Mayor’

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Cuatro ya tiene sustituto para Pedro García Aguado en Hermano Mayor. Tras la marcha del famoso coach a Atresmedia, el formato de Mediaset afronta la nueva temporada con Jero García, triple campeón de España de boxeo, kickboxing y full contact.

“De joven me sentí ayudado y ahora quiero devolver el apoyo que recibí”, afirma el que a partir de ahora será rostro de uno de los docushows más populares de Cuatro.

La esencia del formato continuará, pero con renovado equipo de psicólogos al que se incorpora Bárbara Tovar, experta en educación adolescente, que colaborará con Jero en la puesta en marcha de dinámicas y actividades educativas actualizadas, con nuevas técnicas emocionales y de terapia.

Jero, de Carabanchel, ya cuenta con 12 años de experiencia a través de su propia fundación de ayuda a la integración de jóvenes a través del deporte. “Trabajamos para concienciar a los niños y jóvenes de la importancia del estudio para practicar un deporte, se les inculcan valores de respeto y convivencia, se les aporta la posibilidad de sentir pertenencia a un grupo o equipo y se les intenta proporcionar un oficio a través del boxeo. Muchos son hoy entrenadores titulados y se ganan la vida con ello”, reflexiona el boxeador que da el salto así al ring televisivo.

Porque Hermano Mayor es un ring televisivo. Su clave del éxito está en la forma en la que dibuja el conflicto durante cada programa, manteniendo en vilo a la audiencia a través de una morbosa historia que busca la tensión, emoción y superación en una estructura muy definida para atrapar al espectador.

Todas las emisiones siguen una dinámica contundente: presentación del personaje, retrato del conflicto en casa, terapia de choque y resolución. Un proceso en el que, a nivel televisivo, se juega mucho con la psicología del color.

En los instantes que se explica el problema, las localizaciones donde se rueda el programa suelen ser más inhóspitas y con una fotografía visual más cerca a un tono azulado que enfría al espectador. En la escena final, en cambio, se produce un contraste que casi siempre suele recurrir a escenas más soleadas.

Porque, como buen docushow, Hermano Mayor sabe utiliza los trucos de la edición televisiva para narrar mejor el caso real que ocupa cada programa. Y ese es el punto fuerte del programa: el protagonismo recae en la historia de vida del joven conflictivo resumida, a bocajarro, a la medida del espectáculo de prime time.

De esta forma, se provoca en el espectador un indignado debate, a favor o en contra de lo que está viendo, donde no es tan importante el carisma del coach como puede parecer. Al contrario, un cambio de rostro puede hasta beneficiar a ese debate, como renovación tras ocho controvertidas temporadas en Cuatro.

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‘Cuéntame’ revive la esencia de ‘Un, dos, tres’ en localizaciones reales de Prado del Rey

Antonio y Mercedes Alcántara serán concursantes de Un, dos, tres… responda otra vez en la nueva temporada de la serie. Y, para rodar el capítulo, el equipo de Cuéntame ha acudido a los míticos estudios de Prado del Rey, sede de TVE, y donde se encuentra el Estudio 1, el emblemático plató donde se grabó el formato de Chicho Ibáñez Serrador durante varias temporadas.

Gracias a los trucos digitales, los espectadores de la serie verán a aquella Mayra Gómez Kemp de los ochenta hablando a Antonio y Mercedes. También aparecerá Chicho dando instrucciones con su particular carácter.

Ficción y realidad unidas en un capítulo escrito por Joaquín Oristrell, que conoce bien el programa pues fue guionista del propio concurso en esos mismos años que representa la serie.

No es la primera vez que Cuéntame homenajea al Un, dos, tres, aunque esta vez es especial al rodarse parte del episodio en los estudios de Prado del Rey. Sus controles técnicos no son los mismos de los ochenta, ahora están en un edificio construido en los noventa, llamado corona técnica.

Pero sí se mantiene casi intacto la sala de maquillaje y el propio Estudio 1, con su impotente parrilla de focos y sus 1.200 metros cuadrados, que aún atesora ese particular olor de los platós de televisión de antaño.

> Así es el Estudio 1 y así estaba en su interior el decorado del ‘Un, dos, tres…’

@borjateran

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Martes y Trece: el motivo por el que Josema y Millán no triunfarían en la televisión de hoy (VÍDEOS)

Hoy es Martes 13. Día del mal fario, dicen. Aunque debería ser el día de la comedia pura. Porque Martes y Trece son los cómicos que lograron convertir el significado de esta supersticiosa expresión en sinónimo de humor, el humor más atinado de la historia de nuestra televisión.

Sus sketches acariciaban la esencia de la comedia mejor entendida: sabían arrancar con precisión la carcajada cómplice del espectador. También atreviéndose con parodias de programas de la competencia y de su propia cadena, TVE. Delirantes parodias que al tratar el mundo catódico eran rápidamente identificables por parte del espectador.

Una radiografía de un tiempo consumada a través de la genialidad de un humor que parece hoy imposible. ¿Por qué? Porque era la comedia sin miedo a lo políticamente incorrecto. Comedia sin miedo a la comedia.

La audiencia ha evolucionado. Nuestro país es menos ingenuo y está más resabiado de tele, sí, pero en el triunfo de Martes y Trece la gran libertad creativa que lograron fue crucial. No sufrieron esos exagerados temores de directivos de cadenas, que cortan alas por pavor.

Por pavor a un trending topic en contra del canal (claro, no existían los trendings topics), por pavor a recibir alguna llamadas de altas esferas, por pavor a tratar contenidos que promocionen a la competencia, por pavor a ridiculizar los anuncios que financian el canal o, lo que es peor, por pavor a que el público no lo entienda, infravalorando al propio espectador.

Vivimos en tiempos de suspicacias desorbitadas que terminan provocando miedos que frenan la creatividad más valiente. Miedos a segundas lecturas. Miedos a la autocrítica. Miedos a salirnos del guion más de la cuenta. Miedos a reírnos de nosotros mismos. Miedo a la imaginación.

@borjateran

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