‘Isabel’ y ‘El Intermedio’ triunfan en una gala de los Premios Iris que ya hemos olvidado

Este jueves, en un casino situado en una colina cercana a Aranjuez, se han celebrado los Premios Iris, los galardones más importantes de nuestra televisión actual.

Ha triunfado Isabel (con 8 galardones) y La Sexta (reconociendo la labor de El Intermedio -3 estatuillas-, Jordi Évole y La Sexta Noticias).

Los académicos han sido contundentes en esta edición, dando el protagonismo a la serie histórica de TVE y al canal verde, grandes ganadores de una noche en la que, en cambio, ha perdido la televisión en España. Porque la televisión en España en 2015 no se puede permitir una gala sobre la televisión que causa rechazo por la televisión.

La Academia de la TV desarrolla un interesante trabajo de divulgación del medio con proyectos como los ‘tesoros vivos’. También con la organización de los debates electorales, el impulso del premio de periodismo científico Concha García Campoy o los Premios Talento, que reconocen la labor de los profesionales detrás de cámara.

Pero la Academia aún no ha logrado dar la relevancia que merecen los únicos grandes premios de televisión que existen en España.

A pesar de que la pequeña pantalla es el gran medio de comunicación de masas, aún no se ha conseguido realizar una gran ceremonia que valore la televisión a través de un espectáculo global, que congregue cuotas de pantalla equivalentes a los exitosos Goya.

El problema está en que en los Premios Iris se cae en un lenguaje institucional, de los vicios catódicos de antaño, cuando ya estamos en una era en la que las narrativas fluyen desde la complicidad con el espectador y no desde el parlamento oficialista de despacho antiguo.

Ese es el principal defecto para que estos premios no conecten con las grandes audiencias. Da la sensación de que es una fiesta privada entre una élite lejana que incluso se aburre en su propio sarao. De hecho, anoche, los aplausos faltaban (hubo diversos comentarios sobre la ausencia de los mismos) y los huecos en el patio de butacas eran demasiado evidentes. Jamás se produciría ese vacío en la televisión norteamericana, donde los profesionales de la televisión saben que deben ser los mejores figurantes: viviendo la gala con pasión, aunque sea un sopor.

Porque el gran éxito de una gala de estas características pasa por la pasión. Sólo basta un presentador-acontecimiento que sea irónico, muestre seguridad en el escenario y sepa improvisar ante la adversidad. No se necesita más, ni millones de presupuesto, ni largas colas de invitados en escena. La sencillez de la proximidad es la clave.

Como consigue Anabel Alonso en los Fotogramas de Plata (con menos presupuesto y mucha más dosis de instinto de espectáculo), el éxito pasa por hacer a la gente partícipe del show. Una identificación popular que se acaricia con mayor dosis de autocrítica y corrosión. En cambio, en los Iris, el guion es políticamente correcto en exceso, para no molestar a ningún directivo.

Pero la industria televisiva en España será más fuerte y más plural cuando se logre unos premios que jueguen en la batalla de la televisión de hoy, que sean un acontecimiento real de celebración de la televisión. Y, para ello, claro, la gala deberá ser un buen formato televisivo y no un evento endogámico.

La ceremonia de anoche, aunque con más ritmo que otros años, fue la antitelevisión. Por eso mismo, ninguna cadena quiere emitir este programa en un prime time decente. Como sí sucedía antaño, con unos TP de Oro que congregaban buenas audiencias, con golpes de efecto que generaban momentazos televisivos dignos de trending topic antes de los trendig topics (véase Ana Obregón destruyendo el TP de Oro a La 2 Noticias).

Paradojas de esta querida televisión nuestra, que es la mayor factoría de celebrities, que es la plataforma de las grandes producciones (las que emocionan a las audiencias masivas) y que, por tanto, podría crear un gran acontecimiento para aplaudir sus logros, divulgar su historia y reírse de sí misma. Para celebrar con la audiencia, no sin la audiencia.

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@borjateran

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