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Lo que TVE debe aprender de su propia historia

Se habla mucho del futuro de la televisión pública, pero se valora muy poco su rico pasado. Porque TVE también tiene mucho que aprender de TVE. Porque la televisión pública (y privada) debe mirar al futuro sin dar la espalda a lo (bueno) que nos ha enseñado la mejor historia de una Televisión Española de la que sentirnos orgullosos.

CREDIBILIDAD

La pérdida de independencia de los informativos ha ido unida a un bajón de audiencias sin precedentes, que ha arrastrado a toda la cadena a mínimos históricos de cuota de pantalla. Los espectadores no aceptan ya una emisora pública tomada por el control de los intereses políticos, pues ya han conocido unos informativos en busca de la pluralidad, didácticos, pegados a la calle y obsesionados con ofrecer los diferentes prismas de la realidad para que el espectador extraiga sus propias conclusiones. Sin quedarse en la superficie. Unos informativos que, además, evolucionaron las narrativas audiovisuales, aprovechando las nuevas tecnologías a favor de la noticia.

INNOVACIÓN

Desde su creación, el área de interactivos de TVE entendió que las nuevas plataformas e Internet no son una ventana menor para los contenidos. La cadena pública ha ido por delante, en ocasiones incluso por delante de la BBC, en la toma de pulso de la esencia de los nuevos consumos y las posibilidades de la TV interactiva. Porque la televisión ya no sólo se ve por el aparato de televisión. Los contenidos se abren paso por una pluralidad de soportes a la misma altura de la vieja emisión lineal. Tradición y vanguardia se congenian a la perfección, pues futuro y pasado son inherentes.

En sus sesenta años de historia, TVE reinventó fórmulas preestablecidas con propuestas valientes. Arriesgando en contenidos, tanteando, probando propuestas. También en la forma en las que se comunicaban. Hasta emitiendo en tres dimensiones cuando casi no sabíamos ni lo que eran las tres dimensiones. O incluso apostando por la proyección en el sistema de mapping cuando pocos sabían lo que era un mapping (proyectar imágenes sobre superficies reales para conseguir efectos de movimiento o realidad aumentada). Así vimos un resumen de lo mejor del año a través de una proyección en un, por aquel entonces novedoso, mapping, que posibilitaba la interacción del presentador, Carlos del Amor, con una sensitiva coreografía de las imágenes más destacadas de 2012. También TVE ha incorporado, este mismo año, la experiencia del consumo en 360 grados. Sucedió en el programa navideño de Malú, la grabación del escenario en 360 no se relegó a mero experimento digital: se integró en emisión. Porque ya todo es digital: el espectador quiere tocar, participar.

TRANSGRESIÓN

El playback con pie de micro mató al programa musical. En los últimos años, estos género, que tanto éxito otorgó a formatos como Aplauso, RockoPop o Música sí, ha desaparecido porque no se han creado puestas en escena especiales con la consiguiente expectación de ver con qué sorprendía cada artista en el programa de turno. Y en eso en TVE eran históricamente expertos. Expertos en lanzarse a la imaginación e incluso esquivar prejuicios de lo políticamente correcto. Lo importante era contar una historia con mirada propia, creyendo en la libertad. En programas y en ficciones, valientes, sin tabúes. El personaje de Charo López masturbándose en la adaptación de Los Gozos y Las Sombras hoy sería imposible en cualquier cadena. En el año 82 fue factible (y esperanzador). Tampoco parece muy posible la crítica corrosiva. Menos aún dedicada a los propios directivos de la cadena, como sucedió en el especial de fin de año de Gurruchaga, que parodió hasta a la misma Pilar Miró (directora general del viejo ente) y en pleno conflicto por sus vestidos.

Aquella sátira de la sociedad de Viaje con nosotros fue un formato que instauró la tradición del humor, sin complejos, en la noche de fin de año y rompió con el monopolio de la gala musical al uso. Lo mismo pasó en los programas de entrevistas de los ochenta, que abandonaron fórmulas engoladas para jugar con la complicidad del entrevistado y del propio público. Sin miedo a ser traviesos y espontáneos.

Lo demostraron espacios como Ahí te quiero ver con Rosa María Sardá o Tariro tariro de La Trinca, donde la conversación inteligente se enriquecía con el espectáculo delirante del que la audiencia se sentía convidado especial. Invirtiendo en inventiva y huyendo del inmovilismo estancando en el tópico.

IDENTIFICACIÓN

En esa transgresión, la televisión pública ha realizado un retrato de su tiempo, divulgativo de su época y tesoro documental para el futuro. De todas las estirpes urbanas. De todas las culturas. Desde el magazine de Hermida, pasando por los documentales (aquel A Vista de Pájaro en helicóptero por toda España o aquel observador Un país en la mochila de Labordeta) hasta el género musical (TVE llegó a tener una veintena de programas musicales de forma simultánea, que abarcaban diferentes géneros). Uno de los más recordados, el osado La Edad de Oro.

Desde el Estudio 1 de Prado del Rey, La Edad de Oro consumó un audaz retrato de la movida madrileña, con el que identificarse o, simplemente, con el que descubrir lo que se cocía en la música y las artes de una efervescente sociedad ochentera. No fue el único programa de estas características, pero sí uno de los más intrépidos que, por cierto, alcanzó cierto prestigio internacional. Con la pregunta, repregunta y empuje de Paloma Chamorro.

FICCIÓN

En esa identificación, TVE propició la edad de oro de la ficción nacional, invirtiendo en industria y en valientes series de género, que también son retrato de su tiempo. Esa gran edad de oro de la ficción española tuvo el epicentro en la década de los ochenta, donde la factoría de series logró una gran libertad para narrar tramas e incluso versionar grandes clásicos. Había tiempo para cocinar cada producción y no existían miedos a las audiencias instantáneas, pues aún no existían mediciones diarias. Directores y guionistas contaban con una mayor independencia creativa y había series con un claro sello de autor, con realizadores como Pedro Masó (Anillos de Oro) o, en el ámbito de adaptaciones literarias, Mario Camus (La forja del rebelde) o Vicente Aranda (Los jinetes del alba, que reunió a Victoria Abril, Maribel Verdú y Jorge Sanz). Se realizaba cine seriado para la televisión. U otras claves como Hasta luego cocodrilo, Las chicas de hoy en día, Gatos en el tejado, Brigada Central, La Mujer de tu vida son hoy documentales de su tiempo, además de ficciones emblemáticas de poderosa historia.

Se hacía industria más allá de prefabricar productos monolíticos en busca de alcanzar grandes audiencias. Sin olvidar, sagas divulgativas como Érase una vez la vida, que educaron de forma muy didáctica a tantas generaciones. Se creía en la curiosidad y emoción inteligente del espectador.

PARTICIPACIÓN

Los niños jugaban en un scalextric gigante en el Estudio 3 de Prado del Rey. Era Cajón Desastre. José María Iñigo abría el teléfono y los espectadores preguntaban a Lola Flores aquellos delirios que se les ocurría. Era Estudio Abierto. Los pueblos participaban en una yincana infinita que rompía audiencias. Era El Grand Prix. Los ciudadanos preguntaban a sus representantes políticos en horario de máxima audiencia y sin control de las preguntas. Era Tengo una pregunta para usted. Los usuarios de MySpace elegían a su representante para un festival de la canción en una selección completamente abierta. Era Salvemos Eurovisión. Lo salvamos, con instinto del show. La gente entraba a a los estudios de Prado del Rey y TVE salía a la calle. La mejor televisión es aquella en la que se hace entre todos y no es cocinada en un encierro en un despacho con moqueta. Hablando de tú a tú a la gente, sin condescendencias, con honestidad informativa y televisiva, sin tutelar los contenidos de forma artificiosa con síndrome de superioridad.

REALIZADORES

Los Juegos Olímpicos de Barcelona probaron la capacidad de TVE para mostrar con fuerza un gran acontecimiento al mundo. La cadena pública sigue siendo referencia de realizadores. Los Estudios de Prado del Rey han sido una factoría en la que se ha cuidado la puesta en escena, la iluminación y la realización, una escuela para los profesionales del futuro, que ejemplifica el esfuerzo que hay detrás de cada programa.

Los planos de reacción que tiraba Chicho Ibáñez Serrador en Un, dos, tres, las grandes pantallas camaleónicas de Carta Blanca, la multipantalla de Alaska y Segura, el minucioso compás de Los Conciertos de La 2, el universo salvaje de Félix Rodríguez de la Fuente, los Telepasiones que eran películas musicales…

MIRADA CREATIVAMENTE CRÍTICA

La Bola de Cristal es el referente de los programas infantiles por su aptitud combatiente con la sociedad. A veces, demasiado combatiente. Sin grandes presupuestos, el programa de Lolo Rico trasformaba los decorados constantemente, experimentaba con la tecnología de la época y sobre todo jugaba con las ideas. ‘La Bola’ contaba una historia de principio a fin, con carisma e identidad propia, esa es una de las grandes claves de la televisión. Y así lo han hecho la mayor parte de los emblemáticos programas de niños de TVE, que nos han convertido en quienes somos. De Dabadabadá a Los Lunnis, pasando por Cajón Desastre o El Conciertazo de Fernando Argenta. Programas que daban una lección a los shows de los adultos. Ya que sabían reírse de sí mismos cuando tocaba, nos ensañaban a aprender, desprendían cierta rebeldía creativa y lo más importante, transmitían la ilusión de vivir con una inquieta mirada abierta y despierta, una mirada crítica. Incluso animándonos a apagar la tele.

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Comenzó en televisión como redactor de informativos. Pero fue con su inseparable Guillermo Summers con quien alcanzó la popularidad en ‘Y sin embargo te quiero’.

La trayectoria de Ignacio Salas siempre fue unida a la divulgación de la historia de la mejor televisión pública a través de unas presentaciones ágiles, imaginativas y también críticas con la propia cadena (y la política) que eran un torbellino de adictiva dialéctica.

Summers y Salas jugaban con las palabras, trasteaban con la complicidad del espectador con un ingenio espectacular. Y sus programas son pura documentación para entender mejor la televisión de los ochenta y noventa. Ácidos y cargados de un humor inteligente con una predisposición siempre crítica y creativa con la propia tele.

“Si tendría que aparecer mi nombre en algún top ten de la tele tendría que aparecer entre los que mejor se lo han pasado y los que más la han exprimido el jugo”, sentenciaba Salas hace sólo unos años. Y es verdad, la exprimió jugo e incluso la hizo mejor. Porque Salas, que nos ha dejado hoy, ennobleció el valor de la esencia de TVE, frivolizando lo serio y dignificando lo frívolo.

“Nos reíamos de nosotros mismos”

“Vamos a intentar resumir para ustedes el nacimiento, evolución y suerte del socialismo en la televisión”

“Las cosas son como son y no lo que parecen”, en La Bola de Cristal

‘Cuéntame’: la cultura también emociona en prime time

Sólo después de la mítica Ley y orden, Cuéntame es la serie semanal más longeva de la televisión mundial. La ficción de Televisión Española, producida por Ganga, lleva casi 15 años de emisión en donde sus tramas han crecido de la mano de la rica historia de un país, desde la dictadura en blanco y negro hasta la explosión de la libertad sin miedo a la libertad de los ochenta.

Con esta materia prima, la serie sólo podía crecer. Así lo ha hecho, a través de un guion que ha realizado una radiografía de la sociedad española reconocible pero no obvia, construía a base de sensibles detalles entre los que la Familia Alcántara ha sufrido y vivido prácticamente todo los vaivenes emocionales posibles. Como el propio país.

Porque ver Cuéntame es un enriquecedor ejercicio de nostalgia. Es cultura. Un viaje divulgativo hacia nuestra historia reciente, poniendo el foco en el contexto social y político germen de lo que somos, y que ejemplifica una de las esencias de la televisión pública. Esa televisión pública que rompe con los tabúes de que los productos de calidad, con trasfondo inteligente, son incompatibles con las emisiones ideadas para las grandes audiencias.

Cuéntame lo ha demostrado, como tantas programas y series. Ahora habrá que ver la evolución de una temporada 17, compleja, en la que la serie se adentra en 1984, en aquel año que nació La Bola de Cristal (hay un guiño en la renovada cabecera de la serie), en aquel año en el que la democracia pasaba su particular y enérgica edad del pavo. Y los Alcantara tendrán que luchar también con su veteranía en la parrilla. De momento, el arranque, con un capítulo marcado por los Reyes Magos, no ha defraudado en interpretación, guion, fotografía, documentación y música: ha seguido impregnado por la cotidianidad española vista a través de los ojos de Carlitos Alcántara y aderezada por la banda sonora de nuestras vidas. Ayer, al ritmo del “seré tu amante bandido, bandido” de Miguel Bosé. El futuro es de Cuéntame, porque aprende de lo mejor (y peor) de la historia que inmortalizó TVE. “Corazón corazón malherido”.

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14 claves para entender las audiencias de 2015: el año en el que las cadenas marcaron territorio

1. 2015 ha definido con fuerza los roles de las cadenas. El público identifica, más que nunca, información con La Sexta, ficción con Antena 3 y realities con Telecinco. Las tres estrategias han salido bien a los tres canales.

2. Telecinco se mantiene como la cadena más vista por cuarto año consecutivo con un 14,8 por ciento de de cuota de pantalla (tres décimas más que en 2014). A pesar de que ya no cuenta con una rotunda supremacía en prime time, el canal principal de Mediaset tiene consolidada una parrilla diaria, reconocible para el espectador, con dos grandes franjas de referencia en magazines de directo. De esta forma, su programación se estructura con claridad alrededor de formatos de éxito (El programa de Ana Rosa y Sálvame) que sirven como pilares sencillos de identificar por parte de la audiencia. Esto propicia, además, la imagen de que “si algo pasa”, sabes que Telecinco puede estar contándolo en directo.

3. Antena 3 continúa como segunda opción, con 13,4 por ciento de cuota. El canal principal de Atresmedia se ha afianzado como la mayor factoría de series, adelantando a su emisora rival en la percepción de productora de ficciones de calidad. Ha hecho marca, por tanto, con sus producciones dramáticas. Antena 3 destaca en los horarios de máxima audiencia, sabe vender muy bien sus productos y, en la franja del daytime (por el día), mantiene buenos datos con series como El Secreto de Puente Viejo y Espejo público, magazine muy competitivo, a pesar de que su fórmula está más pegada a la actualidad y menos versátil en contenido (no cuenta con realities para comentar).

4. La 1 de TVE no frena su caída: mínimo histórico con un 9,8 por ciento de cuota. La cadena pública sigue sufriendo los daños colaterales de la mala gestión política. La grave y constante pérdida de credibilidad de los informativos arrastra a todo el canal que, además, sufre una programación desestructurada, que en los últimos años ha ido a rebufo de las privadas. TVE destaca cuando se invierte y arriesga en ideas con mirada propia, como ha sucedido con el programa de Bertín Osborne (bien programado y planificado) y con El Ministerio del Tiempo (valiente propuesta).

5. TVE sigue como referencia en los grandes acontecimientos. La audiencia mayoritaria elige la cadena pública para ver el mensaje de Navidad del Rey o las campanadas de Nochevieja, por ejemplo. De hecho, este 31 de diciembre, desde la corporación han aprovechado esta retransmisión de forma inteligente. Así han dedicado estos minutos de gran concentración de público para promocionar sus estrenos del mes de enero y recordar el 60 aniversario de TVE. En cambio, la tradición y el despliegue técnico ya no sirve a TVE en acontecimientos de calado político (como la noche electoral), en donde el contenido está gestionado por los actuales responsables de informativos. Una parte importante del público se va. ¿No se fía de lo que le están contando?. Se trata un nuevo escenario consecuencia del quebranto de la credibilidad.

6. La Sexta abraza su récord histórico con un 7,4 por ciento de share (+0.2 puntos) fruto de una definida gestión de la identidad de marca como canal comprometido con la información por excelencia. En este sentido, al igual que Telecinco en formatos de entretenimiento y tele-realidad, La Sexta ha ordenado su programación a través de pilares informativos (Al Rojo Vivo -en la mañana- y Más vale Tarde -en la tarde-) o en los sábados La Sexta Noche, más en la línea del espectáculo político. También sigue su apuesta por formatos de altura periodística y televisiva como Salvados, La Sexta Columna o El Objetivo, que ha logrado adaptar el periodismo de datos al horario de máxima audiencia. Sin olvidar, de El Intermedio, otro pilar estructural clave de La Sexta. La cadena verde se ha hecho con el nicho de interesados en la política, justo en tiempos de cambios.

7. Cuatro se queda en quinta posición con un 7,2 por ciento de share. El canal rojo mantiene la herencia recibida de sus inicios: sigue atrayendo a un público joven y urbano, jugoso para los anunciantes. Aunque su producción propia no puede disimular la aureola de la forma de entender la televisión de Paolo Vasile. La cadena se ha convertido en una versión joven de Telecinco, un buen complemento para diversificar contenidos.

8. Año de crecimiento de la inversión publicitaria, lo que se debería traducir también en un repunte de la inversión. También 2015 ha sido el año del incremento de la TV de pago en España, que ha pasado del 17,4 por ciento al 18,8 por ciento del total de cuota, según Barlovento. Un gran salto que no ha sido fruto tanto de los contenidos de los operadores “codificados” como de las competitivas ofertas de las compañías telefónicas que incluyen su propuesta televisiva en completos packs de móvil, fijo e Internet.

9. La 2, con sólo un 2,7 por ciento de share, ha mutado en un canal casi invisible. Cierta audiencia, que se siente huérfana de un tipo de televisión, no llega a conocer propuestas inteligentes de la segunda cadena de TVE. Una cadena con una programación que se debe ordenar a través de franjas reconocibles e identificables para el espectador. En 2015 ha sido un caótico cajón desordenado. No ha ayudado el retraso a la una de la mañana de uno de los formatos más emblemáticos y de mayor prestigio de la emisora, La 2 Noticias.

10. La Champions y Eurovisión han vuelto a ser las emisiones más vistas de 2015. En el ranking de los cincuenta programas más visto, destaca el debate entre Albert Rivera y Pablo Iglesias en Salvados (en la foto de arriba). El cara a cara se cuela en el número 27 de la lista, posición reseñable para emisión no deportiva desde una cadena de las dimensiones de La Sexta. Ejemplo de un año en el que la política ha sido protagonista de los audímetros.

11. Los viernes es un día perfecto para grandes shows de entretenimiento. Así lo ha demostrado Tu cara me suena, que ha desmontado la mentira instalada de que la primera noche del fin de semana no es apta para apostar por un gran formato televisivo. El talent de famosos imitadores ha recuperado a la tele a una audiencia que no contaba con ninguna oferta atractiva los viernes, por encima de Sálvame Deluxe.

12. Sálvame Deluxe, aunque mantiene a su audiencia afín, que es muy fiel y no falta a la cita, sí que evidencia un cierto desgaste de la fórmula en contenidos basados en el conflicto cíclico. Y su presentador, Jorge Javier Vázquez, transmite menor implicación, tal vez fruto de la larga duración del formato y de sus nuevos retos teatrales. Esto se contagia al público. Sólo los líos de Belén Esteban siguen siendo infalibles para subir con energía el share. Eso sí, la versión diaria sigue fluyendo viento en popa, como meritorio culebrón diario de la realidad.

13. Los espectadores de más de 45 años son los que más tiempo dedican al medio televisivo. Son un sustento importante para las medias de share mensual de las cadenas de televisión. Y los canales lo saben, y lo aprovechan a la hora de diseñar sus parrillas. También son aquellos que consumen los contenidos televisivos de forma lineal tradicional. Sin embargo, este 2015, supone el punto de inflexión en el análisis de las ‘audiencias +1’, los consumos que se producen después de la emisión tradicional a través del universo online. La TV deslinealizada ya no es ciencia ficción, la forma de ver e interactuar con los contenidos televisivos ha cambiado para siempre. Y ahí el público, sobre todo las nuevas generaciones, va por delante de los análisis de audiencias basados en un implacable titular del día después de la emisión.

14. Con la pérdida de fuelle de TVE (tras la supresión de su publicidad), los dos grandes grupos privados, Mediaset y Atresmedia, se han repartido la gran tarta del negocio televisivo. Reúnen el 58 por ciento de cuota de pantalla y reciben el 86 por ciento de la inversión publicitaria en televisión, según datos de Barlovento. Hay más canales pero, al mismo tiempo, más de la mitad del peso de las audiencias recae en las compañías surgidas de Telecinco y Antena 3. Los dos grandes operadores parecen sentirse cómodos en este sistema, con sus roles bien definidos.

La asignatura pendiente en España está en contar con una televisión pública más creativamente fuerte y con más diversidad de operadores privados que remuevan la industria audiovisual e impulsen una necesaria mayor pluralidad de contenidos a la altura de los grandes países de nuestro entorno.

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Concierto de Año Nuevo: cuatro valores (televisivos) para su éxito

El 1 de enero despierta con una tradición a ritmo de la familia Strauss. Es el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, una emisión que congrega a más de 50 millones de espectadores. Es el triunfo de fusionar con inteligencia la música clásica con la emoción del espectáculo televisivo. Sin demasiados complejos.

Desde 1959 lo emite la televisión pública austriaca, la ORF, a nueve países a través de Eurovisión. A partir de entonces, la calidad de la emisión no ha parado de crecer con un instinto catódico brillante.

Porque la ORF ha dado en la diana de una de las esencias de una televisión pública: no segregar aburriendo, quedándose en el tópico de la cultura gris. Al contrario, populariza la cultura gracias a los engranajes de la televisión. Destacamos cuatro valores de una emisión emblemática, que te deja emocionantemente pegado a la pantalla.

1. La importancia de la realización al milímetro

Como la música clásica, la realización de un programa de estas características requiere un guion milimetrado, que muestre una coreografía de planos en donde al espectador, al mismo tiempo que escuche, no se le escapen ningún detalle instrumental importante: sienta la fuerza de cada maestro en acción.

El Concierto de Año Nuevo dibuja esa coreografía visual, siempre al compás, con una vibrante armonía de encuadres fruto de las escuelas de realizadores de siempre: que mimaban cada movimiento después de horas de ensayo escribiendo una planificación acorde a la partitura y a la localización desde donde se desarrolla el acontecimiento. Para exprimir el lugar al máximo, para contagiar e impulsar la belleza de esa Sala Dorada de laMusikverein de Viena. En España, los realizadores de RTVE realizan un gran trabajo en este sentido. Son la gran escuela de nuestra televisión.

2. Viejo y nuevo, compatibilidad de caracteres

El Concierto de Año Nuevo aprende de la historia de la televisión y, además, prueba las nuevas tecnologías para hacer crecer las narrativas audiovisuales. De la cámara aérea al micro plano detalle. Sin olvidar la iluminación y la fotografía que arropa la belleza de la materia prima que se dispone en los decorados naturales. Recordándonos la importancia de cuidar el envoltorio en una era en la que las cadenas no tienen tiempo para preparar las emisiones para realizar televisión de verdad. Porque sin una buena realización ensayada la televisión no funciona igual. Pincha.

3. Teatralización

La televisión pública austriaca no se ha quedado en el concierto y ha ido más allá: enriqueciendo la emisión desde otras localizaciones. Así la cadena crea un postal extrasensorial e incorpora tramas casi cinematográficas con diferentes intérpretes (ballets, actores, peatones…) para contar una historia a través de la imparable combinación entre la música, la historia arquitectónica de un país y el movimiento de la vida. Incluso algunos de los propios músicos van protagonizando ciertos gags, con cierto humor, guiños cómplices que humanizan.

4. La emoción

El Concierto de Año Nuevo no está formado por largas sinfonías sino por piezas breves y luminosas. Polcas, valses y fragmentos de operetas para acabar con la famosa entrada en falso del vals de Strauss y terminar con la emoción en alto gracias al icónico palmeo acompasado del público en la pieza final, el patio de butacas se convierte en arte y parte como colofón. Todo un símbolo, porque la mejor televisión es la que cuenta con símbolos emocionantes. Y el Concierto de Año Nuevo es la mejor televisión. En calidad y calidez, en fondo y forma, en historia sonora y visual.

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Lo que nos enseñó la tele en 2015

De la televisión en 2015 aprendimos que los prejuicios están para derribarlos. Que el formato de Bertín Osborne no era mala idea: por guion, realización, intuición y emoción. Que la política funciona como espectáculo de horario de máxima audiencia. Que los políticos saben que los indecisos se captan a través de los programas, mejor si son de entretenimiento.

De la televisión en 2015 aprendimos que los niños ya no juegan con la tele, ahora es la tele la que juega con los niños. Que los programas musicales están en peligro de extinción y que sólo vuelven a casa por Navidad. Que el gorgorito en directo ha ganado la batalla al playback.

De la televisión en 2015 aprendimos que los espectadores ya no se tragan los decorados de cartón-piedra, prefieren las series rodadas en localizaciones reales. Que iluminar (mucho) es importante para que el programa o ficción entre por los ojos de la audiencia, pero que más importante es una buena historia. Que ya no es tan necesario centrarse en series pensadas para toda la familia. Que incluso la audiencia agradece riesgos narrativos, con personajes extremos y oscuros, con protagonistas que no siempre tienen que caer bien. Como en Vis a Vis.

De la televisión en 2015 aprendimos que la audiencia también consume entretenimiento a lo grande en los viernes. Tu cara me suena ha demostrado que cuando se hace un buen show, de forma global (plató, luces, guion, interpretación, implicación, buen rollo…), el público se reúne frente al televisor también en fin de semana. Que los Goya no tienen tanto que envidiar a los Oscars. Que Ibiza no quiere sufrir un Gandía Shore. Que los documentales cada vez son más show y menos periodismo.

De la televisión en 2015 aprendimos que las alfombras rojas tienen mucho ácaro. Que Eva Hache dejó muy alto el listón de El club de la Comedia. Y se nota. Que el humor es mejor si es corrosivo (y un poco malvado). Que las cadenas se acuerdan poco de los universitarios y se centran en los Ni-Ni. Incluso buscando sus referentes en personajes como Ylenia. Que la figura del esfuerzo para alcanzar el reconocimiento no está en alza. Que alguien tiene que enseñar a los figurantes de las series españolas a no sobreactuar tanto. Que las señoras de los fondos de los planos de El Secreto de Puente Viejo se vienen muy arriba…

De la televisión en 2015 aprendimos que, además de las audiencias tradicionales, se deben valorar los consumos que se producen después de la emisión a través de las nuevas plataformas. Que los anunciantes necesitan nuevas fórmulas para integrarse mejor en los contenidos, pues el espectador ya está inmune a las pausas para la publicidad. Que hay una crisis de ideas de nuevos formatos a nivel internacional. Y que los directivos españoles no se atreven a confiar en la creatividad autóctona. Sólo producen éxitos ‘probados’ en el exterior, aunque no tengan nada que ver con la idiosincrasia del interior.

De la televisión en 2015 aprendimos que Heidi en 3D no emociona tanto como la textura artesanal del dibujo original. Que la aplicación Vine, con sus vídeos en 6 segundos, es la nueva forma de zapear. Que las audiencias cada vez cuentan con menos paciencia. Que los programadores cada vez cuentan con menos paciencia. Que nadie cuenta con paciencia. Que existen buenos programas cancelados porque no se ha otorgado el tiempo suficiente para asentarse en la parrilla. Que los directivos están más pendientes de la media de share mesual que de mimar la fidelidad de su cliente, su público.

De la televisión en 2015 aprendimos que la televisión ya no se ve sólo por la televisión. Incluso te puedes ver grandes momentos de Friends en Instagram. Que Twitter se está convirtiendo en una peligrosa fuente informativa para las emisiones en directo. Que al jurado de MasterChef no le gustan los leones come gamba. Que los programas de gastronomía han tocado techo. Todos, menos las campechanía de Arguiñano.

De la televisión en 2015 aprendimos que los políticos aún no entienden la esencia de TVE. Que la televisión pública es crucial como motor social. Que el canal que mejor tenga ordenada su parrilla tendrá más posibilidades de dar a conocer sus programas. Que hemos agotado la cantera de talentos para talent shows.

De la televisión en 2015 aprendimos que la resintonización de la TDT no tiene fin. Que Belén Esteban sigue aupando la cuota de pantalla. Que, aunque lo parezca, el público de Telecinco no se traga cualquier contenido. Que un reality de famosos sin famosos de verdad no funciona. Que nos encanta el revival. Y a los norteamericanos también. De ahí que recuperen clásicos como Padres Forzosos o Expediente X. Que todo vuelve. Incluso los programas de sorpresas. Pero, ojo, no funcionarán si los realizas a medio gas: las sorpresas deben sorprender.

De la televisión en 2015 aprendimos que la regeneración política empezó en el periodismo, con formatos contracorriente al convencional prime time como Salvados o El Objetivo. Que Justin Bieber va sin gorro (pero sólo fuera de los platós). Que la cuota andaluza es importante para formar parte como jurado de un concurso. Que las operaciones de cirugía estética de los colaboradores de Sálvame siempre suben el share.

De la televisión en 2015 aprendimos que Silvia Abril es un animal televisivo. Y que Lolita también. Que el espectador espera lo imprevisible. Que cada vez es más exigente. Que nada de excederse con el dorado en Eurovisión. Que Gran Hermano es capaz de seguir descolocando al espectador con relaciones imposibles (que desecharían los directivos de las cadenas por poco creíbles). Que la mejor improvisación es la que mejor preparada está. Que el patrimonio audiovisual no se protege lo suficiente. Que, al final, desaparecieron los míticos Estudios Buñuel.

De la televisión en 2015 aprendimos que la telegenia no sirve de mucho sin cierto carisma delante de la cámara. Que se puede cancelar un programa hasta dos veces (Hable con ellas). Que aún es pronto para vivir un tiempo nuevo. Que Youtube es una vía imprescindible para amplificar la imagen de marca de los contenidos de la televisión tradicional.

De la televisión en 2015 aprendimos que mejor no utilizar animales en un talent show. Que te pueden despedir por llevar un lazo en defensa de la televisión pública (véase Loles León). Que vivimos en una burbuja de series de época, desperdiciando la oportunidad de invertir en ficciones sobre el efervescente presente. Que ya no hay desayunos como los de Médico de Familia. Que los programas que arriesgan en concepto y cuidan el continente son los que se terminan quedando marcados en nuestra memoria. Que los finales son tan importantes como los comienzos. Que no siempre ganan los buenos. Pero que, a veces, triunfa la creatividad más valiente. Que la imaginación nos salvará.

@borjateran

| Foto José Irún

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Bertín Osborne entra en la carrera para representar a TVE en ‘Eurovisión 2016’

Mariano Rajoy ya lanzó la propuesta en su visita al programa En la tuya o en la mía. Y se ve que Bertín Osborne ha aceptado la propuesta, pues participará en la preselección que prepara TVE para elegir a su representante en Eurovisión 2016. Así lo acaba de confirmar Televisión Española.

 

Aún no se conocen al resto de los contrincantes de Osborne, ni el tema elegido. No sabemos sí optará por sus rancheras, pop o lírico. Aunque el presentador juega con la ventaja de que habla inglés a la perfección. Ideal para realizar una buena campaña de promoción en los meses previos de Eurovisión.

Si Bertín Osborne gana la gala de preselección, TVE se asegura subir la audiencia del eurofestival con la expectación que genera llevar a un rostro tan popular, referente del “cuñadismo” español, que cae bien o mal, pero no crea indiferencia.

Además, Osborne podrá realizar una cata de sus productos autóctonos (jamoncito, gazpachito y demás) en la greenroom. Y de paso hacemos publicidad (gratis y encubierta) de la buena mesa española. No sólo eso, también será más sencillo diseñar una puesta en escena que asombre a las millonarias audiencias eurovisivas: unos caballos bailongos junto a Bertín. Y olé.

Una apoteósica propuesta televisiva. Lástima que estemos en 28 de diciembre y esto pinte a una inocentada viral con mucho arte del equipo de RTVE, que entienden la esencia cómplice y juguetona de las redes sociales. Así están convirtiendo al público en arte y parte, en aliado, en partícipe, de los prolegómenos de un festival que es mucho más que un festival: es un fenómeno televisivo transmedia global. Eso sí, muy global, pero al que no va Bertín ni loco.

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@borjateran

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Hace 25 años, nacía Telepasión. TVE reinventaba los tradicionales programas que resumen las imágenes del año con un formato, a cargo de Julia Otero, que pretendía poner a todos los profesionales “serios” de la cadena a interpretar atrevidas versiones de canciones populares.

El formato, que se emitió por primera vez en Nochevieja, sorprendió y se convirtió, en años posteriores, en una cita obligada en la noche familiar del 24 de diciembre, realizando, cada año, ediciones temáticas que sorprendían por su historia y capacidad de producción.

Esta Nochebuena, Telepasión regresa a TVE. Sin embargo, vuelve en formato gala. La esencia del programa se ha ido desvirtuando con el paso de los años. Pero de aquel primer Telepasión de Julia Otero y Xavier Manich debemos aprender 4 lecciones para una televisión mejor. Porque aquel Telepasión Española es una joya de la historia más lúcida de nuestra televisión pública.

1. Reírse de uno mismo con capacidad autocrítica

Las brillantes presentaciones de Julia Otero realizaban una radiografía inteligente, irónica y corrosiva de la televisión del momento. La cadena se atrevía, desde dentro, a un sano ejercicio de autocrítica que, además, servía para divulgar la evolución de la televisión ante el reciente alunizaje de las televisiones privadas: se mostraba una cadena más próxima, más traviesa, más inquieta, más crítica, con menos condescendencias y poco conformista.

2. Versiones musicales (raras)

Por primera vez, la larga lista de rostros de la cadena se atrevían a cantar e interpretar un número musical. Pero los temas no se quedaban en la versión evidente y tópica, el programa apostaba por sorprender al espectador con diferentes guiños cómplices. Porque la mejor televisión es la que huye de lo obvio, Telepasión Española no era una sucesión de gente berreando: era una historia de principio a fin, donde todo estaba integrado con amplitud de miras.

3. Realización vanguardista

El Telepasión Española original fue rompedor a nivel visual. Ya el comienzo del programa presentaba una carta de ajuste “barrida” por una señora de la limpieza. Se sentaban las bases (irónicas) de un programa con una realización mimada: desde en la cabecera (resplandecientemente blanca) hasta las presentaciones, que huían de cualquier corset para apostar por un diseño de calculados rítmicos movimientos de cámara. Sin olvidar, la mimada puesta en escena de cada número musical. Y es que Telepasión Española planteaba una realización global: intentando seducir al espectador con una coreografía vibrante de planos de cámara, donde había hueco para la innovación pero no para el caos de la mala improvisación.

4. El trabajo en equipo que ilusiona

El elenco de rostros de aquel Telepasión es apabullante: en aquella TVE coincidió el mayor volumen de profesionales imprescindibles de la historia nuestra pequeña pantalla. A cada cual más mítico. Y el programa los unía en un mismo espacio, en el que interactuaban en una serie de gags y actuaciones hasta terminar, prácticamente todos, coincidiendo en una canción final al estilo de We are the World, “Que no se acabe el mundo“.

En todo este camino de sketches, actuaciones musicales, nostalgia, refrito de mejores momentos y un gran final para la historia, se generaba marca de cadena pública: todos juntos en las bambalinas y platós de TVE (que vista a través de Telepasión parecía más icónica). Todos a una, profesionales de pantalla y detrás de cámara, cómplices por llevar a cabo un proyecto alentador. Porque ese primer Telepasión Española reunió muchos equipos para crear un trabajo en equipo compacto, laborioso e imaginativamente bien hilado.

En tiempos en los que las gestiones de las cadenas públicas fomentan parrillas como productos deslavazados, que van por libre, Telepasión Española representa una de las claves del éxito de la pequeña pantalla: el instinto de la televisión como reconocible y entusiasta punto de encuentro de la información, la divulgación, la curiosidad y, no menos importante, la ilusión del entretenimiento que se atreve con la creatividad sin demasiados complejos.

>> ver el programa íntegro 

@borjateran

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La legislatura termina con la demolición de los míticos Estudios Buñuel de TVE. La emblemática factoría cinematográfica y televisiva del tejido cultural de nuestro país desaparece tras la venta de la cadena pública a la inmobiliaria Pryconsa.

Diseñados en 1935 por Rafael Bergamín, representante clave de la arquitectura racionalista en España, y salvados por Pilar Miró en los años 80, que entendía la importancia de preservar este centro de producción, su interior contenía el plató de televisión más grande de España con más de 2000 metros cuadrados, además de otros dos estudios de competitivas dimensiones.

Películas como 55 días en Pekín o La caída del Imperio Romano, programas como Un, dos, tres… responda otra vez o Con las manos en la masa, especiales como los de Martes y Trece o Cruz y Raya y series como Don Quijote de la Mancha o La Forja del Rebelde se han creado en el interior de estos estudios, que representan un patrimonio industrial del siglo XX como el que ya no se construye, con grandes y diáfanas dependencias.

Pero sus emblemáticos cimientos son destruidos estos días, y con ellos parte de la historia audiovisual española. Porque los Estudios Buñuel, como la estación de Delicias (hoy Museo del Ferrocarril) o el Matadero de Madrid (hoy centro cultural), son más que un edificio, han sido un centro de creación que consiguió que creyéramos en la imaginación. Sin embargo, por su magnifica situación en Chamartín, el complejo arquitectónico se convertirá pronto en una urbanización de lujo para un país en el que sobran pisos pero escasean los platós emblemáticos, que reflejan formas y maneras de hacer cine y TV.

Nos queda el consuelo de que siempre pervivirán en videotecas, y en la red, esas grandes producciones que se realizaron en su interior. Recordamos 22 variopintos momentos de la televisión a lo grande que parió la edad de oro de TVE en estos ya desaparecidos Estudios Buñuel:

1. En los Estudios Buñuel, Chicho Ibáñez Serrador hizo las temporadas más espectaculares de su Un, dos, tres…

2. Incluso el propio Chicho ya demolió ficticiamente el plató más grande de Buñuel con su habitual perversidad. Quería terminar con Un, dos, tres… No lo consiguió. Premonitorio…

3. En los Estudios Buñuel, Martes y Trece realizaron sus programas más recordados. El taller de decorados estaba en constante ebullición para crear las puestas en escena de sus delirios…

4. En los Estudios Buñuel, se realizó la primera temporada de ¡Hola Raffaella! En el último día en el L-3, Carrá se despidió del programa emocionada e inundó el plató de ¡espuma! Era cuando las metáforas de brindar con champagne se nos iban de las manos…

5. A ese mismo estudio regresaría Raffaella en 2008 para elegir a Chikilicuatre como candidato para Eurovisión. Magnético, emocionante y tenso momento a la vez. Con Rosa de España intentando poner paz:

6. En los Estudios Buñuel, se levantó uno de los decorados más impresionantes de la historia de nuestra televisión. El plató de mayor tamaño era el único estudio en España que podía cobijar la espectacular fortificación de las pruebas interiores de La Noche de los Castillos.

7. En los Estudios Buñuel, resurgió La 2 con Carta Blanca. En el plató L3 se desarrolló una brillante puesta en escena formada por cuatro grandes pantallas que se transformaban a tono con cada protagonista de cada edición temática. Una exquisitez de programa, en fondo y forma.

8. En los Estudios Buñuel, se rodó Don Quijote de la Mancha, la legendaria serie con Fernando Rey.

9. En los Estudios Buñuel estaba la cocina de Con las manos en la masa, donde Chicho Ibáñez Serrador hizo un cameo y terminó envenenando (a su manera) al equipo del programa. ¿Se libró Elena Santonja?

10. En los Estudios Buñuel, 59 segudos vivió el periodismo plural. Incluso sentando en la misma mesa a Carrillo y Fraga:

11. En los Estudios Buñuel se realizaron los grandes despliegues de las noches electorales. También acudieron los líderes de los diferentes partidos políticos para responder las preguntas de los ciudadanos elegidos a través de una muestra representativa. Era el recordado y valorado formato Tengo una pregunta para usted. Un programa que congregó audiencias millonarios al lograr fusionar el interés periodístico con el atractivo de la realización televisiva:

12. En los Estudios Buñuel, en el mismo lugar donde se encontraba Tengo una pregunta para usted, se instaló también el ruedo de la vaquilla de El Grand Prix del Verano. Varias generaciones crecimos viendo jugar a los pueblos de España en un concurso en donde lo importante era participar y no competir.

13. En los Estudios Buñuel, Nieves Herrero perdió los nervios con las fans de los Backstreet Boys.

14. En los Estudios Buñuel, se desarrollaron las pruebas de ¿Qué apostamos? con Ana Obregón y Ramón García poniendo excusas para evitar la fría ducha que mantenía al espectador expectante hasta el final del show.

15. En los Estudios Buñuel, Cruz y Raya desarrollaron gran parte de su trayectoria. En este vídeo se ve parte del plató L1:

16. En los Estudios Buñuel hizo su último concierto Rocío Jurado. Inolvidable.

17. En los Estudios Buñuel, Concha Velasco se pegó un tropezón en pleno baile con Raffaella Carrá. Eran los tiempos de Viva el espectáculo.

18. En los Estudios Buñuel se celebró la mayor parte de las galas de Nochevieja, Nochebuena y Eurovisión de las últimas tres décadas de TVE. Tampoco faltó Telepasión, claro.

19. El último gran formato de éxito que se ha grabado en los Estudios Buñuel ha sido MasterChef. Antes, el mismo estudio grande, el L3, acogió un especial navideño con Joan Manuel Serrat, que fue una delicia de guion, realización y dirección. Con emocionantes giros dramáticas (y cómicos) incluidos. De principio a fin.

20. En los Estudios Buñuel se buscó El Precio Justo. Con Carlos Lozano.

21. El programa Alaska y Segura dio el último homenaje a los Estudios Buñuel sólo pocos meses antes de su demolición. Lo hizo con Ara Malikian y los tambores de Calanda. Un aquelarre mágico al grito de viva la imaginación:

22. Pero el primer programa de TVE que se rodó cuando reabrieron los Estudios Buñuel, en 1988, fue Los Mundos de Yupi. Con sus créditos, con la ilusión de la ingeniudad de un niño jugando en la tele, damos las gracias a todos aquellos profesionales que trabajaron en este lugar que desaparece en la madrileña Avenida de Burgos. Gracias por hacernos creer en una televisión hecha con ideas, instinto y dedicación. Una televisión capaz de sobrevivir a un derribo de grúas y piquetas. Así decimos adiós a los Estudios Buñuel:

@borjateran (fotos Borja Terán -realizadas este viernes-)

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La estudiante que defendió a Rajoy en el previo del cara a cara en TVE y realizó un gag cómico sin saberlo (VÍDEO)

No lideró audiencias, pero el previo de La 1 del cara a cara entre Rajoy y Sánchez nos ha dejado uno de los momentos televisivos más memorables del debate del bipartidismo.

Sucedió durante una conexión con una residencia de estudiantes privada, MasterHome, donde los responsables de la cadena pública, en un ataque de lucidez, decidieron tomar el pulso de la juventud española.

No es una parodia. No es un sketch de Martes y 13. No, es real. Es una joven que defiende a Rajoy recitando un texto, aprendido de memoria, cual robot. Con la mejor intención, eso seguro. Así es la información que se intenta realizar desde hábitats controlables, para que nada se salga del guion, y se termina convirtiendo en un gag de humor histórico:

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@borjateran

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