TVE estudia demandar a Bertín: verdades y mentiras de una batalla (más allá de las audiencias)

Las rupturas siempre son complicadas. La marcha de Bertín a la competencia ha acelerado una rescisión del contrato por parte de la cadena pública, que ha advertido en un comunicado que se reserva “el derecho a exigir la oportuna indemnización por los daños y perjuicios” causados por incumplimiento de las condiciones. Según informa la cadena pública, este contrato obligaba a la productora a entregar cada capítulo con “al menos 7 días antes de la fecha prevista de emisión”. Y la productora, Proamagna, aún no ha enviado el material que Televisión Española debía emitir el próximo miércoles.

TVE se agarra a esta clausula para arremeter contra la empresa responsable de En la tuya o en la mía. Tal vez por despecho, tal vez por táctica de marketing. Es lo que tienen las rupturas. Aunque, en realidad, el tiempo de entrega de series y programas no siempre se suele cumplir con minuciosidad. Menos aún si los formatos han sido encargados con poco margen de maniobra para la compañía que produce. Esto suele suceder sobre todo con éxitos, en los que se intenta estirar la duración de la temporada y se flexibilizan este tipo de cláusulas (algunos capítulos de Aquí no hay quien viva entraban a Antena 3 sólo minutos antes de su emisión). Lo importante es que llegue el programa a tiempo, una vez acordados los plazos por ambas partes con una versatilidad mayor que la que suele venir en los largos y tediosos contratos.

Así que el culebrón de la ruptura continúa. Y ahora comienza el tiempo de la estrategia para minimizar al rival. Con la rescisión del contrato de TVE, la cadena ya ha anunciado que La 1 no emitirá por ahora ninguna de las dos entregas, grabadas, que faltan por emitir: las ediciones con Martes y 13 (último programa rodado) y el episodio con Pedro J. Ramírez y su mujer, Ágatha Ruiz de la Prada.

TVE apuesta por la tradicional táctica de silenciar al rostro perdido nada más finiquitar su contrato. De esta forma, se intenta no dar más publicidad a Bertín Osborne y, de paso, guardarse los programas para el futuro. Incluso TVE podría contraprogramar, si quisiera, el estreno de Bertín en Telecinco con los programas ya grabados pero no emitidos.

No obstante, esta estrategia también va a hacer saltar las alarmas de la susceptibilidad, pues este movimiento de programación puede parecer que oculta cierta censura contra Pedro J Ramírez. Desde hace días, se ha venido especulando con que la participación en el programa del famoso periodista había molestado a determinados directivos de RTVE. Bertín y TVE lo han negado rotundamente.  Pero la cadena no lo emite, se lo guarda en un cajón y el comunicado de prensa explicando el “incumplimiento del contrato” da la sensación de que es una buena coartada de marketing para frenar cualquier crítica por esta decisión. Sin embargo, como programas pagados, Televisión Española debería emitirlos. La fecha de su estreno ya es otra historia.

De hecho, TVE podría esperar a lanzar estos dos programas restantes justo cuando ya tenga grabadas varias ediciones de la nueva temporada de En la tuya o en la mía, que parece continuará con otro rostro ¿Juan y Medio?. Así podría arrastrar público de Bertín al nuevo show.

La sorpresa televisiva del año, también protagoniza la ruptura televisiva del año. Y la historia parece que aún guarda más giros dramáticos. Así son las batallas en busca de mantener la cuota de pantalla. Una guerra sobredimensionada, que se quedará en nada. Porque el efecto Bertín Osbórnico es más un culebrón del patio de vecinos nacional que un fenómeno televisivo real.

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Los gastos en TVE: algo más que cifras

Se ha creado cierta hostilidad contra la televisión pública. La inestable gestión política de la última legislatura, la pérdida de la independencia de los informativos y el poco riesgo en la producción creativa y de servicio público han propiciado una expansión de la idea de que TVE sirve de poco. En este clima de indignación, los titulares mediáticos contra TVE venden cada vez más y crece el prejuicio de que una televisión pública es un gasto y no una inversión.

No ayuda en esta interpretación social que el análisis de los cuentas de la televisión pública se suele realizar de una forma superficial, sin ir al fondo, sin medir las circunstancias y sin reflejar la rentabilidad social de TVE, que es intangible, aunque no por ello menos valiosa que un frío número económico.

De hecho, las informaciones de los gastos de TVE que se suceden (estos días, sin ir más lejos, hemos leído un informe sobre gastos de una auditoría de la cadena publicada en diferentes medios como Eldiario.es) a menudo se quedan en el peligroso estereotipo, que mide por el mismo rasero programas fallidos e inteligentes apuestas de Televisión Española, que generan más y mejor industria audiovisual, fomentando miles de puestos de trabajo y, aún más importante, una riqueza social más allá de los números.

Al mismo tiempo, en estos informes, se determina el éxito o fracaso de la rentabilidad de los programas o series a través del resultado de la audiencia tradicional que reúnen, cuando, al ser ya una cadena sin publicidad, debería medirse el beneficio a través de la calidad, el reconocimiento, los targets, la innovación y, sobre todo, el servicio social que crea su producción.

Por eso mismo, no se pueden poner al mismo nivel programas fracasados, desfasados o que van a rebufo de las cadenas privadas (como el magazine de tarde improvisado T con T de Toñi Moreno) y series que realizan un retrato inteligente de nuestra historia, como Cuéntame o El Ministerio del Tiempo, fundamentales ahora mismo para la cultura española.

Incluso se fomenta la percepción de que toda producción que se realiza desde TVE es una especie de desfalco para las arcas públicas. ¿Se tacharía alguna vez el coste de la educación pública de derroche? No, pero con TVE aún existe ese prejuicio de que la televisión es algo inferior, como dijo un ministro, “para pasar el rato”. Porque, en los últimos años, ni desde las instituciones ni desde los grandes estamentos sociales se ha tratado la televisión pública con la amplitud de miras necesaria, sólo se ha mirado como altavoz de propaganda que conviene agarrar.

Mientras tanto, las cadenas privadas están cómodas con una TVE fuera de juego, casi en peligro de extinción y en el ojo del huracán, que ha desvirtuado su esencia para sumirse en un descrédito en expansión que, además, no permite el dinamismo para dar luz verde a nuevos formatos con la rapidez que precisan los ritmos de los actuales medios audiovisuales.

Con TVE, todo va más lento. La susceptibilidad generalizada hacia la cadena no ayuda, los vaivenes de la gestión tampoco. A las emisoras privadas les beneficia que TVE no tenga la capacidad y autonomía suficientes para innovar, para remover la industria, para apostar por esas ideas que se salen del guion preestablecido y que movilizan todo el sistema televisivo, donde en la actualidad no hay excesiva cabida para el riesgo y la visibilidad de creadores y creaciones fuera de los cánones del cliché comercial dominante.

Son las consecuencias de una TVE que, en la última legislatura, se ha visibilizado como brazo articulado del gobierno, con una programación caótica y con extrañas decisiones de contratación de largas tandas de programas de dudoso interés (como ocurrió con aquel El Pueblo más divertido de Mariló Montero) o la trágica venta de los Estudios Buñuel, demolidos para hacer pisos. La constructora que se ha hecho con los platós históricos, de 11.000 metros, los ha conseguido por 35,2 millones de euros, la mitad del valor de tasación del inmueble en 2012.

Esa desprotección del patrimonio público ha calado con razón entre los españoles, que parecen haber perdido, en gran parte, la ilusión por la tele que es de todos. Mientras, esta mala gestión se ha convertido para muchos en la justificación que necesitan para argumentar que la televisión pública solo es un derroche que no procede hoy en día y que sólo es negocio “para algunos”.

Lo que quieren que olvidemos es que, bien gestionada, con un proyecto profesional de largo recorrido, TVE es un beneficio social que está por encima de muchas de las cifras cuadriculadas que se manejan. Por eso no hay que mezclar contenidos dispares en la misma batidora del descrédito. Series como Cuéntame (entre 650.000 y los 874.000 euros por capítulo) o El Ministerio del Tiempo (580.000 euros capítulo) son ese lado del patrimonio positivo de TVE, como tantos otros programas, de entretenimiento o información. Cuestan dinero, claro, porque la televisión cuesta dinero (un buen formato de prime time está en unos 600.000 euros) pero también hay que explicar que este tipo de ficciones de TVE están dentro de los costes normales del mercado cuando se trata de productos de calidad notable, generan cientos de puestos de trabajo (a los que hay que pagar) y sin duda movilizan la cultura social. En la BBC, por ejemplo, el capítulo piloto de Sherlock costó 800,000 libras. Ya va por la tercera temporada y no se pone en duda sus abundantes cualidades para la televisión pública británica. Tampoco cuando producen otro tipo de contenidos de entretenimiento de calidad.

Porque la televisión es la ventana cultural a la que más gente se asoma. Sus programas, informativos y series son un trampolín con un beneficio intangible para un país más culto, un país mejor. Ese es el mejor patrimonio de TVE. Pocos lo ven, pero si se recupera su esencia al máximo, todos lo disfrutarán. Y para eso no se pueden sacar cifras de contexto: hay que medirlas con la perspectiva y la complejidad que merece una cadena pública, donde los formatos deben tener tiempo para respirar y darse a conocer, donde las audiencias deben de ser importantes pero no decisivas, donde la prioridad también debe estar en la calidad de los programas y el atrevimiento en las ideas.

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El Bertinazo: Osborne, arma de Antena 3 contra el estreno de ‘El Caso’ en TVE

En plena polémica sobre la marcha de Bertín Osborne de Televisión Española, el cantante y presentador ha aceptado ser el protagonista de un especial de prime time de El Hormiguero que competirá frontalmente con el gran estreno de ficción de su actual casa TVE, El Caso.

Osborne se convierte, así, en el contraprogramador de la propia cadena que aún emite su programa y que precisamente en la noche del martes buscará que el gran público descubra una interesante producción, protagonizada por Fernando Guillén Cuervo y Verónica Sánchez. La serie muestra las entrañas del diario El Caso, dibujando las relaciones de la redacción y las investigaciones para averiguar los crímenes que sucedían en aquella España de mediados del siglo XX.

Pero Bertín ha decidido aliarse el martes con un especial de Pablo Motos en prime time. Será a las 22.30, justo después del partido de la Champions. El pasado 16 de noviembre, ya Osborne visitó el plató de Trancas y Barrancas y catapultó a El Hormiguero a su máximo histórico de audiencia con 4.172.000 espectadores (un 20,4% de cuota de pantalla).

Ahora Antena 3 busca repetir ese golpe de efecto con el personaje que actualmente, comprensiblemente o no, es la sensación mediática del momento. Ha prometido que hablará de todo. Incluso de su fichaje. Y ya sabemos que su campechanía arrasa: es adictiva y convence, hasta a detractores que se quedan pegados a la pantalla. ¿Se irá Bertín a Telecinco? ¿Antena 3 le cortejará esa noche? ¿Debería el presentador haber guardado fidelidad a TVE, al menos hasta que finalicen los programas de En la tuya o en la mía que aún faltan por emitir (y su contrato)?

Tras los ‘belenazos’ de Belén Esteban contra la competencia, parece que llegan los ‘bertinazos’. Y el estreno de El Caso de TVE puede sufrir un trágico envite por parte del rostro revelación de la temporada de TVE. Paradojas de la televisión campechana actual.

+CULEBRÓN BERTÍN

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Bertín Osborne ya ha grabado el que parece será su último programa de En la tuya o en la mía para TVE. Sus protagonistas para la despedida son Martes y 13. Unos invitados emblemáticos para cerrar un ciclo de éxito.

Se está especulando mucho sobre el futuro del formato de entrevistas, la cadena pública parece que no piensa realizar su derecho de tanteo para quedarse con Osborne y todo apunta a que, si no existen más giros en este culebrón, el presentador va a dar el salto a Mediaset.

En Telecinco, Boing o Cuatro, Bertín continuará el camino emprendido en La 1. La excusa de la marcha está en que, desde la cadena privada, le ofrecen más estabilidad, ya que TVE prefería renovar primero por 5 programas y no invertir en los 18 acordados del tirón. Aunque ya se sabe que eso de la estabilidad es más relativo aún en las cadenas comerciales… si el programa pincha, desapareces tan rápido como llegaste.

Lo bueno de Telecinco es que Bertín Osborne podrá realizar nuevos retos, imposibles en TVE, para arrastrar a los públicos más fieles de la cadena a su programa.

1. En Telecinco, Bertín podrá realizar su show desde la casa de Gran Hermano. Con esto de las sinergias, de las que son maestros en Mediaset, podría ahorrarse el alquiler de su mansión y directamente emitir desde Guadalix de la Sierra.

2. En Telecinco, Bertín podrá incorporar el polígrafo de Conchita a su programa, que siempre es un plus de tensión para propulsar el share. El propio presentador querrá probar los “sensores de la verdad”.

3. En Telecinco, Bertín podrá recibir la visita de los tronistas de Mujeres y hombres y viceversa. Ya cuenta con experiencia en este género, pues vuelve a la emisora en la que realizó labores parecidas con Contacto con tacto.

4. En Telecinco, Bertín podrá reinventar su look en Cámbiame y, de paso, quemar en directo sus cazadoras de cow boy.

5. En Telecinco, Bertín podrá ir a la casa de Belén Esteban en Paracuellos del Jarama. Una táctica a tener en cuenta si desciende la audiencia del formato con el cambio de canal, pues la copresentadora de Sálvame es experta en propulsar la cuota de pantalla tanto o más que Íker Casillas y Sara Carbonero.

6. En Telecinco, Bertín podrá anunciar sus productos sin disimulo. De hecho, debería hacer telepromociones en los pasos a publicidad, posando junto a un bodegón con toda la gama de sus jamones, gazpachos y demás. Como cuando Paz Padilla anuncia colchones en Sálvame.

7. En Telecinco, Bertín podrá enriquecer la ya valorada selección musical de su programa e incorporar versiones de grandes hits de nuestra historia. Interpretados por los Supersingles, claro.

8. En Telecinco, como La Voz con La Voz Kids, Bertín podrá hacer la versión junior del formato. No sería la primera vez. Osborne fue pionero en programas con niños. De Menudas estrellas a Esos locos bajitos.

Pero en Telecinco, sobre todo, Bertín podrá mantener su esencia. Porque no hay nada ni nadie que frene su personalidad. Ese es el gran secreto de su éxito: el presentador cuenta con una habilidad especial para adaptarse y desenvolverse bien en cualquier canal, siendo simplemente él mismo.

Y en Telecinco sabrán hacer un acontecimiento mediático de su re-estreno, poniendo toda la cadena e incluso los informativos al servicio de su programa. Otra cosa es que, a medio plazo, la saturación y los vaivenes de los cambios de canal y programación lleven al desgaste de la fórmula de En la tuya o en la mía. El público de la televisión es infiel por naturaleza.

ANÁLISIS

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La relación de Bertín Osborne y TVE se resquebraja. Todo apuntaba a que la cadena pública había renovado por 18 ediciones su temporada. Sin embargo, esta oferta se ha paralizado y, de momento, Televisión Española sólo puede asumir cinco entregas más. Un número que la productora de En la tuya o en la mía‘ considera insuficientes, pues en cinco semanas no existe el margen de tiempo necesario para producir programas con invitados competitivos.

En esta ruptura del programa con TVE tampoco ha ayudado el interés creciente de las cadenas de televisión privadas por la figura de Bertín. Han observado el tirón del presentador e intentan seducirle a cambio de una mayor estabilidad, cualidad que no puede dar ahora una Televisión Española en el ojo del huracán político. Más aún cuando necesita una renovación directiva a fondo para recuperar su esencia de cadena pública.

El contrato con TVE termina este 30 de marzo y quedan aún por emitir los programas con Juan y Medio, Bibiana Fernández, Agatha Ruiz de la Prada y uno más que se rueda este mismo lunes, con Martes y Trece.

En Bertín Osborne estará la decisión de si se queda en su actual casa o si definitivamente se marcha a los grupos de comunicación rivales. Las dos compañías privadas son viejas conocidas del comunicador, ha trabajado tanto en Antena 3 (LLuvia de Estrellas, Esos locos bajitos) como en Telecinco (Contacto, con tacto, La batalla de las estrellas). No obstante, más allá de los contratos, el cambio del mismo formato a otra emisora trae consecuencias televisivas que pueden ser negativas o positivas. Estos son los problemas a los que se afronta el futuro del éxito del show de Bertín siguiendo dos arquetipos que obtuvieron distinta suerte.

-El caso de El Hormiguero (de Cuatro a Antena 3)

En 2011, tras cinco años en Cuatro, El Hormiguero daba el salto a Antena 3. Con la nueva cadena el formato creció: en presupuesto. Más secciones, más experimentos y más posibilidad de invertir en ideas posibilitaron que el programa de Pablo Motos no haya parado de subir su audiencia cada temporada. Cuenta con más fieles gracias a que se encuentra en un canal con más proyección y los contenidos creativos del show casan con la imagen de la cadena principal de Atresmedia y la posibilidad de hacer sinergias aprovechando rostros afines del propio grupo (Ana Morgade, Anna Simon…).

-El caso de María Teresa Campos (de Telecinco a Antena 3)

En julio de 2004, Antena 3 arrebató a Telecinco su reina de las mañanas. Entonces, María Teresa Campos parecía infalible para subir el share. En Telecinco logró medias de audiencia que oscilaban entre el 25 y el 32 de share. Datos vertiginosos que, en cambio, no logró repetir en Antena 3. Su nueva emisora no contaba con su público objetivo. Un target de audiencia que no se fue con La Campos porque su nuevo canal no contaba con ciertos contenidos que eran infalibles en sus programas. Como Gran Hermano y otros realities.

La marcha de Bertín de TVE puede reproducir el efecto de María Teresa Campos. También sucedió un fenómeno parecido con José Mota y Los Morancos (ambos se llevaron sus formatos a Telecinco sin éxito), ya que su target de audiencia ha congeniado con unos determinados hábitos de consumo dentro de Televisión Española, siendo muy beneficioso para el formato de En la tuya o en la mía la ausencia de publicidad en emisión, la libertad a la hora de enfocar cada edición en función de sus invitados y la posibilidad de utilizar imágenes del archivo de TVE para complementar las entrevistas. En las privadas, la campechanía de Bertín puede tener más dificultades para encajar en los feroces ritmos de la televisión comercial. El público de Telecinco sería probablemente con el que mejor encajaría el cantante, aunque quizá con un recorrido con menores posibilidades de riesgo que en TVE. Porque En la tuya o en la mía es un formato perfecto para TVE, aunque no un programa decisivo para el porvenir de TVE.

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El emocionante guiño al presente en el capítulo 300 de ‘Cuéntame’

El capítulo 300 de una familia que puede ser cualquier familia española. Un capítulo que llega en un momento crucial para todos“. Así ha presentado la voz en off de Carlitos Alcántara, encarnada por Carlos Hipólito, el capítulo 300 de Cuéntame.

“Un capítulo que llega en un momento crucial para todos”. Un emocionado guiño a un presente trascendental para nuestra historia y en el que, tal vez, los políticos deberían dejar de ver tanto Juego de Tronos para aprender un poco más de Cuéntame cómo pasó, pues como define la propia voz de Carlitos Alcántara en esa introducción son “una familia que puede ser cualquier familia española”.

Y más que eso, pues Cuéntame es probablemente la mejor serie de toda la historia de nuestra televisión, ya que ha logrado lo más difícil: realizar una radiografía honesta, identificable y cómplice de un país creciendo, aprendiendo y avanzando.

Cuéntame cómo pasó retrata con emoción, a través de los ojos y vivencias de los Alcántara, una España nuestra con sus miedos e ilusiones, pero también con una capacidad para dejar a un lado trincheras y construir desde la unión espontánea de la gente. Eso, quizá, lo deberían aprender los políticos de hoy. Eso, también, es una lección de nuestra sociedad que ha dibujado cada uno de los 300 episodios a los que llegó ayer Cuéntame.

Porque Cuéntame es la serie de nuestras vidas. Al principio, ninguna cadena quería emitir esa idea de la productora Ganga. Estuvo 7 años rondando de despacho en despacho. Pero, al final, Televisión Española, la televisión pública, dio luz verde a esta ficción que sigue liderando, en espectadores, su franja y que mantiene un resultado de calidad y calidez: en guion, en documentación, en interpretación, en fotografía, en definición musical y, sobre todo, en capacidad de mostrar un país creciendo del blanco y negro al color chillón.

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Se busca propietario para el edificio que acogió la Academia de Operación Triunfo

Vacía. Silenciosa. Oscura. Así está ahora la nave industrial, que fue sede de la luminosa Academia de Operación Triunfo. Entre estas paredes, Bisbal y Chenoa escondieron (¡escondidos!, solo tú y yo…) su amor, Poty preparó coreografías delirantes y Nina echó una megabronca a Vega.

Desde el final del programa, el 20 de febrero de 2011, hace justo cinco años, este edificio no ha encontrado un habitante fijo. El mercado inmobiliario busca un nuevo inquilino a través de un portentoso anuncio que vende el mítico y televisivo lugar como “una nave ideal para habilitar un gimnasio o pistas de paddle, aunque también es apta para cualquier tipo de actividad industrial o negocio”.


 

El edificio que acogió la Academia de OT, situado en Sant Just Desvern (Barcelona), cuenta con 4 plantas, 3000 metros cuadrados construidos y una estancia principal diáfana de 800 metros cuadrados, que mantiene su estructura de plató de televisión (foto de arriba) y que fue donde se encontraba el gran decorado en el que impartían clases los triunfitos.


 
Allí, entre espejos que escondían las cámaras y escaleras a las diferentes salas, vimos ensayar a Rosa, Bisbal y Bustamante cuando aún no sabían lo que se les venía encima. Pero no solo OT: este lugar, además, también sirvió de estudio para programas como El Castillo de las mentes prodigiosas o el frustrado magazine de tarde de Antena 3 La Jaula, entre otros.

El anuncio, además, destaca que existen vestuarios (preparados para jacuzzi y sauna) y peluquería. La peluquería no es otra que la sala de maquillaje donde los participantes de OT se vestían y retocaban para cada gala. Esas galas se realizaban en el cercano plató de Mediapark, donde ahora se graba Tu cara me suena.


 
Hoy ya no están los modernos decorados que revestían la academia de Operación Triunfo, la que fue durante meses la casa de Soraya, Pablo López o Edurne. O la que albergó a unos todavía inocentes Rosa, Bisbal o Bustamante. Entonces, los fans hacían guardia en la puerta.

En 2016, sin la magia de la televisión, solo queda la nave de ladrillos y cemento, que se puede alquilar por 3000 euros o comprar por 1.600.000, justo cuando se cumplen 15 años del furor por aquel primer OT. Un buen año para homenajear el que ha sido hasta la fecha el último gran fenómeno de masas de la historia de nuestra televisión.

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‘El Ministerio del Tiempo': la puerta al futuro de la televisión

El Ministerio del Tiempo ha regresado a La 1 de TVE con un 14.6 por ciento de cuota de pantalla y 2.839.000 espectadores. Lo más visto del lunes, en una ajustada noche. Aunque su vida va más allá de la emisión tradicional. Porque El Ministerio del Tiempo es más que una serie: es un fenómeno transmedia.

La historia, creada por Javier y Pablo Olivares, ha conectado con un público que ya no está en las emisiones convencionales de la pequeña pantalla (el consumo online llega a casi el medio millón de visionados en rtve.es). Además, el equipo de rtve.es y la productora de la serie ha utilizado las redes sociales como una aliada plataforma imaginativa para amplificar la experiencia.

Porque El Ministerio del tiempo es una experiencia colectiva. Antes, durante y después de cada capítulo. La producción se ha salido del guion de los vicios de la ficción nacional. Tanto en unas redes que no se quedan en el spam y el autobombo, para interactuar y convertir al espectador en arte y parte (hasta se ha creado un podcast, un capítulo virtual…), como en la serie en sí.

El Ministerio no intenta engatusar al espectador para subir el share reproduciendo los manoseados ingredientes del éxito televisivo de manual. El Ministerio juega mano a mano de la complicidad del espectador. Sin temor a una fotografía más o menos oscura, o a segundas lecturas en los guiones, que no todo el mundo capta a la primera.

Ahí está la clave del triunfo de la producción: conecta con un público muy presente en las nuevas tecnologías gracias a unos guiones sin complejos, cargados de referencias y guiños cómplices, directos al imaginario colectivo de varias generaciones. Incluso atreviéndose con agradecidos golpes de frikismo como cuando Ramón Langa emula a Bruce Willis en pleno episodio.

Y es que El Ministerio del Tiempo es una ficción de hoy en su máxima expresión. Con una identidad muy definida, que permite grandes cameos de personajes históricos (que amar o desmontar) y, a la vez, en la que se puede saltar de un género a otro (drama, comedia, suspense…) con una flexibilidad perfecta que provoca una sensación emocional adictiva en su público objetivo.

De ahí que El Ministerio ya esté en la historia de la televisión. De ahí que se produzcan colas para asistir a su premiere. De ahí que fomente tanto movimiento en las redes sociales (ayer 50.000 comentarios en Twitter). No es una serie masiva, es una serie que nos abre a lo que significa la televisión del futuro: la televisión que crece a través de un público que se siente partícipe.

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La regeneración de la política también pasa por una televisión pública que recupere su esencia de independiente motor informativo, cultural y creativo para un país mejor. Con una programación valiente e integradora, que no vaya a rebufo de las cadenas privadas, que arriesgue en producción propia y que genere una industria audiovisual más fuerte. Una TVE útil, de la que la sociedad se sienta orgullosa. Y eso se consigue recuperando la credibilidad a través de, al menos, 22 vías de acción.

1. La Presidencia de RTVE debe ser liderada por un profesional independiente del medio, mejor aún con una trayectoria vinculada a RTVE, pues es fundamental que conozca la historia y las necesidades de una cadena que no sólo es una cadena de televisión. Es una institución en la que es fundamental saber generar ilusión en los equipos, hacer sentir a los profesionales participes de un proyecto.

2. Sin independencia en los informativos, el futuro de TVE no existe. Los tiempos han cambiado y la cadena pública debe recuperar unos Telediarios creíbles, que sean aliados de la sociedad como herramienta para digerir la información en la era de sobreinformación. Aunque, además, la cadena necesita independencia creativa, que posibilite proyectos de ficción y entretenimiento que vayan más allá de lo preestablecido en la televisión comercial.

3. El Canal 24 Horas ha de convertirse en la gran referencia informativa. Su fórmula debe salir del encorsetamiento de las noticias de agencia, notas de prensa, instrucciones políticas y conexiones con mítines para también apostar por una mayor producción de reportajes propios, que realicen un retrato de la realidad de la calle más allá de los despachos. Tanto reportajes de corta duración, para contextualizar y profundizar tras los boletines diarios, como ampliar la presencia del género.

4. Los programas informativos de debate han de apostar por la mirada propia de expertos en las temáticas a tratar más que por los periodistas-gurú de una clara tendencia política. La televisión pública tiene la responsabilidad de abrir su espacio a los referentes de cada contenido, sea político y social, no quedarse en los contertulios de manual: con un discurso tan previsible, que aportan poco a la audiencia. TVE no puede quedarse en el efectismo de la guerra más superficial entre partidos.

5. La búsqueda de la integración. En los últimos años, los responsables de la televisión han entendido la cultura o los espacios de divulgación de realidades minoritarias como asuntos que resienten la audiencia. Por tanto, estos contenidos se relegan a guetos en tramos invisibles de La 2. Como si fueran una tediosa obligación. Hay que superar esta tradicional y retrógrada exclusión, el futuro está en la integración. TVE puede y debe hacer el equilibrio entre contenidos más comerciales y minoritarios. También en deportes, que no solo son fútbol y tenis. Incluso la cultura más minoritaria es interesante si se realiza a través de buen enfoque con mirada propia.

6. La historia del cine también es la historia de los cineastas de hoy… y de mañana. Televisión Española invierte en derechos de emisión de cine, especialmente dedica grandes cantidades económicas en la divulgación del cine del siglo XX. Pero también es crucial reflejar y proyectar el cine que se realiza en la actualidad en nuestro país. No sólo el comercial, también el independiente que, en su mayoría, se está quedando fuera del paraguas de TVE.

7. TVE debe abrir las puertas a los nuevos creadores. Desde las programación de Televisión Española se pueden realizar concursos de ideas o proyectos y hasta formatos con entidad propia, que sean un escaparate para explorar en ideas de nuevos cineastas, realizadores o cualquier tipo de creador.

8. Ya no existen programas de producción propia infantiles, que sean identificables por parte de la audiencia. Una televisión pública ha de invertir en espacios para los más pequeños que entronquen con la idiosincrasia del país. No sólo basta comprar series de fuera, hay que estructurar la programación del Canal Clan con espacios autóctonos que reflejen nuestras circunstancias, con los que aprender a aprender e incluso a imaginar.

9. Además de series de época, TVE necesita más valentía en ficción. No quedarse en el tópico de aquello que parece que siempre funciona, la prioridad de Televisión Española ha de estar en arriesgar en géneros y confiar en las series de autor. En este sentido, un acierto ha sido El Ministerio del Tiempo. Aunque, sobre todo, lo que es crucial es que que la cadena pública también realice ficciones que tomen el pulso a su tiempo, como Televisión Española hizo en los ochenta, con producciones que son un valioso fondo documental para entender la época. Es la gran asignatura pendiente, que aún está por explorar. No sólo con vistas al consumo dentro de nuestras fronteras, también en el exterior.

10. La inversión en ficciones de entretenimiento también necesita mimar la animación, para mayores y para pequeños. Series como Érase una vez la vida fueron cruciales para divulgar el cuerpo humano desde la diversión.

11. La televisión a la carta de RTVE.es ya no es una reposición secundaria, cobra la misma relevancia que la ventana de emisión tradicional desde el televisor. TVE ha innovado, en este sentido, con diferentes aplicaciones (+24, botón rojo..) y emisiones paralelas (Goyas Golfos, programas de Eurovisión), pero como gran cadena de televisión necesita impulsar las emisiones bajo demanda de todos sus contenidos con una experiencia de usuario más sencilla y más visual, para poder acceder desde todos los soportes con claridad e intuición. Será la principal forma de acceso a la programación en unos años.

12. TVE ha de seguir innovando en narrativas audiovisuales. Si esta Navidad y con la nueva temporada de El Ministerio del Tiempo ha experimentado con la grabación en 360 grados, la cadena pública debe enriquecer los contenidos televisivos con los nuevos lenguajes y formas de interacción con la audiencia.

13. Unos nuevos lenguajes que impregnar también en los elementos de continuidad de la cadena. Sin publicidad, no hay espacio para promocionar los productos de los diferentes canales. Sin embargo, TVE sigue funcionando con una parrilla muy parecida a cuando contaba con anuncios: no aprovechan adecuadamente los programas y las transiciones para llamar la atención del espectador. ¿Cómo? Ofreciendo contenido extra (de estrenos, emisiones, lanzamiento de películas, rostros de la cadena…) gracias a pequeñas píldoras visuales. Como consecuencia, la audiencia muchas veces no cuenta con instrumentos para conocer la oferta de la corporación. No se entera.

14. El público debe ser más partícipe, sentir la televisión pública más transparente, más cercana. Es suya. Los programas han de estar pegados a los espectadores de forma real, no sólo a través de cuatro mensajes de tuiter desvirtuados. En el transcurso de la programación se puede integrar, por ejemplo, microsecciones participativas, que a modo de apariciones de 40 segundos dinamicen la parrilla y hagan más próximos los canales. Incluso sacando las cámaras a la calle, dando carta blanca a los peatones para que digan lo que quieran: sus quejas, sus pataletas o lo que se tercie. En definitiva, abrir la televisión a la calle de múltiples formas, promoviendo la experiencia colectiva del espectador como protagonista sujeto activo.

15. Y los presentadores y periodistas también deben de ser partícipes, incluso siendo autocríticos con la propia cadena en directo (o en las redes) cuando toca. El carácter periodístico tiene que primar por encima de la perfecta lectura del guion: la credibilidad de la audiencia no está ahí, estriba en la honestidad crítica de cada profesional, donde la personalidad propia siempre es el gran valor añadido.

16. La involución de la información del corazón. Clichés de género, estereotipos desfasados, frases que viven estancadas en el pasado más hortera y pelotean a personajes como Carmen Martínez-Bordiú o Paquirrín. Los formatos cortesanos de Corazón, que se mantienen por la inercia del inmovilismo de ideas, no tienen sentido en la televisión pública, que debería enfocar estos temas con más instinto crítico y menos trascendencia. Ser tratados con la relevancia que merecen. Estos espacios podrían evolucionar hacia una agenda más inquieta, más práctica y más gamberra con informaciones de celebrities con oficio reconocido y no sólo de promoción de famosos fruto de la herencia de las portadas de la revista Hola.

17. La música también existe cuando no es Navidad. TVE llegó a producir simultáneamente hasta una veintena de programas musicales que abarcaban diferentes géneros. Ahora la divulgación de la música y el apoyo a los grupos se ha esfumado. Sólo se relega a Los Conciertos de Radio 3, al trámite de los minutos musicales de las altas horas de la madrugada y a los especiales en fiestas de guardar. Pero se puede dar luz verde a formatos que desprendan interés realmente televisivo a través del poder de la música: creando programas acontecimiento y dando a los artistas una plataforma única que sorprenda con puestas en escena que no están en Youtube. Youtube tendrá que nutrirse de TVE.

18. Los jóvenes no han dado la espalda a la televisión, ha sido la televisión la que ha dado la espalda a los jóvenes. TVE es la televisión perfecta para abrir la producción propia a programas que entronquen con la creación juvenil. No quedándose en los contenidos obvios e incluso rejuveneciendo franjas de La 2 hacia un tinte menos exquisito y más bisoño. Porque el futuro de la cultura pasa por los jóvenes. También por TVE. De hecho, la cadena pública cuenta con una de las mejores canteras de profesionales, el Instituto RTVE, del que salen proyectos que podrían ver la luz, de verdad, dentro de las diferentes pantallas de TVE.

19. Tanto La 1, La 2, Clan TVE o Teledeporte cuentan con un problema de estructura en sus parrillas, el espectador no ubica bien los programas. TVE ha de reforzar la organización de la programación. Los pilares que ordenan La 1 son los Telediarios, pero estos, a su vez, necesitan otros tipos de formatos que sean identificables para la audiencia en el día a día. En el caso de La 2, se complica más la parrilla. La 2 Noticias ha sido relegada a altas horas de la madrugada, debería recuperar un horario más eficiente en una cadena que necesita definir mejor su imagen de marca, estructurar contenidos y que los horarios de sus programas se mantengan en el tiempo. No varíen cada día.

20. En esa organización de los horarios, es fundamental apostar por programas de producción propia que experimenten con la complicidad del espectador. En este escenario, podrían casar formatos de late night, tanto en La 1 como en La 2. Contenedores que sirvan como sellos de marca del canal y que, además, sean un caldo de cultivo para la imaginación televisiva más allá de las audiencias. Porque los formatos de entretenimiento son también importantes para descubrir, divulgar y jugar. Y el género de la entrevista no debe quedarse sólo en el docushow al estilo de Bertín. En el directo gana, y permite más tipos de entrevistados.

21. Tras la demolición de los Estudios Buñuel, la producción de TVE en Madrid se centraliza en los Estudios de Prado del Rey, donde existe proyecto de construir tres nuevos platós. En total, serán 7 (si se realizan todos). La mayor parte de la producción de la cadena pública debe centralizarse en sus sedes, porque así se producen sinergias que ahorran costes (se deben aprovechar más también los centros territoriales) y, asimismo, se recupera Prado del Rey como centro neurálgico, en constante ebullición, en el que se fomenta un superpoder intangible: la audiencia no percibe el canal como un frío centro emisor con formatos estancos grabados en lugares indeterminados, se promueve la interrelación y arrastre entre programas (dándose a conocer entre sí) y, no menos importante, se impulsa la ilusión en un proyecto colectivo.

22. La mayor apuesta para el porvenir de TVE debe centrarse en las ideas, que en televisión no son lo más costoso y, sin embargo, sí son la materia prima más preciada. La televisión pública ha de ser una factoría de ideas que reviertan en la sociedad. Ya lo fue antaño con espacios que consiguieron hacer una radiografía perfecta de nosotros mismos y de nuestro tiempo. La plantilla de trabajadores de Televisión Española ya demostró, por ejemplo, que se podían alcanzar unos servicios informativos modernos y eficaces, que todavía estamos a tiempo de poder recuperar. Hay que dar oportunidad al ingenio y a la imaginación. Sin miedo a la sátira y a la autocrítica. Porque TVE puede y debe, incluso con un presupuesto más ajustado, ser una alternativa fuerte, atractiva y con talento diferenciador. Un trampolín creativo de un país que avanza invirtiendo en la libertad de las ideas, esas ideas que nos hacen mejores.

@borjateran

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La eurovisiva lección que ha dado la televisión ucraniana a TVE

Barei ha actuado en la gala eurovisiva de la televisión ucraniana. La candidata española a Eurovisión ha empezado ya un tour promocional para dar visibilidad a su tema. Un acierto.

No han existido sorpresas en la interpretación del Say Yay!. Tampoco ha faltado su característico baile de pies, que va a ser la seña de identidad de esta candidatura. Aunque, en esta actuación, más que la solvente interpretación de Barei, hay que prestar atención a la puesta en escena de la televisión Ucraniana: sencilla, no muy costosa y, al mismo tiempo, espectacular.

Sólo basta un juego de luces bien articulado y unas grandes pantallas leds, con unas proyecciones bien coreografiadas. Jugando con la oscuridad, sin más.

En cambio, la actual TVE, en su gala de selección, se perdió en un cartón piedra que evidenciaba las limitaciones del plató (pequeño) y restringía las posibilidades de crear una puesta en escena diferenciada para cada candidato.

Todo lo contrario que la tele ucraniana que, sin un gran derroche escenográfico, aprovecha los austeros elementos para realizar un gran show. Como hacía TVE en los ochentas, con programas como RockoPop o ¡Qué noche la de aquel año!, cuando sólo se necesitaba un fondo negro y una estructura de neones y focos en el techo del estudio 1 de Prado del Rey para transformar el programa en una experiencia emocionante. Porque, lo importante, es utilizar los medios de forma inteligente. Es la hora de confiar en las ideas que no se conforman con el tópico.

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