Así son los nuevos pictogramas que identifican los programas de La Sexta

La Sexta ha estrenado logotipo e identidad visual. Pero no se ha quedado sólo en evolucionar su característico seis hexagonal, también ha incorporado unos pictogramas propios a sus programas. Así se otorga una mayor entidad de La Marca Sexta en todos los productos de la emisora. Así el espectador identifica mejor los productos de La Sexta y su particular sello. No son productos estancos, cuentan con un ADN unitario: La Marca Sexta:

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La Sexta cumple 10 años: las lecciones televisivas aprendidas del canal verde

¡Tenemos El Mundial!”. Así, eufórico, Emilio Aragón encendió el canal que él mismo presidía, La Sexta. Se trataba de un golpe de efecto para animar a la población, adicta al fútbol, a sintonizar esta flamante cadena en el caos del mando a distancia.

El balompié era el gancho perfecto para una emisora que llegaba con el deporte y la comedia como reclamos de una una parrilla más caótica que la de su principal competidor, Cuatro, que vio la luz sólo unos meses antes, con una estructura más definida y una identidad de marca más contundente.

La puesta de largo de La Sexta fue diferente. Con menos fuegos de artificio y un lanzamiento más escalonado en lo que a productos se refiere. De hecho, paradójicamente, el canal empezó sin noticias. Los Telediarios llegaron más tarde.

Aún quedaba tiempo para que la cadena verde se convirtiera en un referente informativo, aunque ya tenía el germen de su esencia periodística: La Sexta nació con El Intermedio debajo del brazo. Al principio, como un revista de prensa semanal, donde Wyoming diseccionaba las locuras de los medios de comunicación. Pero la idea no tiró mucho en audiencias en su primer año.

Sin embargo, los responsables del canal tuvieron paciencia y aguantaron el formato, que fue encontrando su personalidad hasta ser uno de los pilares diarios de la emisora.

Una década después, este 27 de marzo, La Sexta celebra esos diez años de existencia en su mejor momento de audiencias e imagen de marca. Atresmedia puede sacar pecho. La historia de La Sexta ha demostrado seis principios básicos del éxito televisivo.

1. La contraindicación de los derechos deportivos

La estrategia de los primeros años de La Sexta ha evidenciado que las grandes competiciones deportivas no fidelizan espectadores (factor clave para que una televisión goce de buena salud). De poco sirve tener un 36,4 por ciento de share, si al terminar la Fórmula 1 el público huye y la media mensual se queda estancada en sólo un 5,6 por ciento de cuota de pantalla. Así que cuidado con eso de adquirir derechos deportivos en exceso, pues te hipotecan el resto de la programación sin margen de maniobra para invertir en una parrilla con formatos sólidos de largo recorrido y reconocibles para el espectador.

2. Más allá de las mayorías

Tras la fusión con Antena 3, Atresmedia ha entendido la importancia de diferenciar la imagen de La Sexta de su canal principal. Los dos canales hacen sinergias técnicas, pero sin confundir al espectador. De esta forma, se han mantenido separadas las redacciones de informativos (a diferencia de Cuatro y Telecinco) y se ha impulsado la posición de la identidad del canal verde, con targets complementarios a la emisora principal, Antena 3. Lo que permite arriesgar más en contenidos por encima de la obsesión de ser líder de audiencias. Porque la competitividad no siempre va unida al liderazgo tradicional.

3. El periodismo es buscar, no calcar noticias

El periodismo televisivo no puede quedarse en la información de agencia, nota de prensa o refrito de comunicado de gabinete. El periodista debe ser un buscador de historias. Programas como Salvados o El Objetivo, entre otros, han puesto en la palestra temas olvidados o supuestamente más “complicados” para los grandes públicos. Verificando datos en tiempos de efectistas titulares instantáneos. En definitiva, La Sexta se ha permitido apostar por la esencia del periodismo, enriqueciéndolo con los actuales lenguajes audiovisuales y ampliado el limitado prisma de enfoques que acostumbraba la televisión privada. Así se ha convertido en referencia de información.

4. La vida en directo

La Sexta ha tenido claro el valor de las horas en directo para afianzar una programación y organizar una parrilla en la que el espectador recibe con transparencia el qué, cuándo y cómo emiten cada producción. La Sexta ha definido bien sus franjas. Sin descuidar las cortinillas de paso a publicidad (con inversión en su línea visual más allá de imágenes generadas por ordenador) y manteniendo los espacios con un margen de paciencia para intentar que cuajen. Así es fácil saber qué ponen en un canal con pilares estructurales claros, que emiten en directo: Al Rojo Vivo en la mañana, Zapeando/Más vale tarde en la tarde o El Intermedio en la franja telonera del prime time. Todos son programa definidos y fácilmente identificables. Te gusten, o no te gusten. Sabes que están, aunque no los veas. Además, la audiencia tiene la percepción de que si pasa algo está ahí La Sexta para contarlo con su personalidad en directo.

5. La personalidad propia

Como en la BBC u otras cadenas que son referencia, una amplia mayoría de presentadores o periodistas de La Sexta demuestran mirada propia. Todo el rato. No son bustos parlantes, no son perfectos. Marcan su diferencia desde una apasionada seguridad. Y hablan el mismo lenguaje de la calle, con claridad, incisión y sin demasiado miedo a mojarse cuando toca. Ese es otro de los principios fundamentales del éxito de la televisión: el presentador no debe ser tan solvente que parezca parte del inerte decorado del plató, su función es conectar con la complicidad viva del espectador a través de la textura de la personalidad propia. De Chicote a Ferreras. De Évole a Cristina Pardo.

6. No tomarse demasiado en serio

La televisión necesitaba una mirada crítica que paliara los derroteros tan pretendidamente intensos en los que se estaba moviendo. Y entonces apareció Sé lo que hicisteis con Patricia Conde, Ángel Martín y compañía. Un espacio que realizó un retrato desternillante y despiadado de nuestra pequeña pantalla en su máximo esplendor, no dejando títere con cabeza. Incluso teniendo la inteligencia de autoparodiarse desde el primer momento. Esta es, sin duda, una de las claves de la mejor televisión: la capacidad para verse desde fuera y colocarse en el lugar del espectador, sin temor de desmontar la propia tele y reírse de uno mismo:

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Lo que se debe aprender de ‘Salvados’ en las facultades de Periodismo

Salvados es un formato televisivo que debe estudiarse en la facultades de comunicación porque ha recuperado en el prime time cimientos del periodismo.

1. Que no te marquen la agenda

Durante años, la televisión se quedó atascada en la información de agencia, nota de prensa o comunicado de gabinete. El guion lo marcaba la actualidad y determinados trabajos de investigación desde la prensa escrita. Todas las cadenas narraban lo mismo, y casi de la misma forma. Pero el periodista debe ser un buscador de historias. Salvados ha puesto en la palestra temas olvidados. Por ejemplo, el metro de Valencia o, este mismo domingo, los trabajadores esclavos del franquismo. El periodista debe marcar la agenda. No que se la marquen fuerzas centripedas.

2. Cuenta una historia con mirada propia

La búsqueda de la objetividad no está reñida con la personalidad, que es vital a la hora de explicar cualquier circunstancia. Aunque se intuya tu ideología, lo esencial es que el espectador observe como realizas constantemente el ejercicio hacia el periodismo neutro en su máxima expresión. Sin exclusiones, sin pretenciosidades, pero con un sello personal que enfoca e ilumina los temas con una textura especial. Jordi Évole tiene esa mirada propia e inquieta fundamental. No es un busto parlante perfecto, su imperfecto caracter transmite un vigor editorial y guía al espectador a través de una empatía didáctica. Hace fácil de entender lo más complicado.

3. Busca a todos los protagonistas. Y si no quieren hablar, explícalo

En ese ejercicio de encontrar la pluralidad, es fundamental dar voz a todos los protagonistas de un suceso o acontecimiento. No siempre se puede, no siempre quieren participar. Salvados ha sobreimpresionado los nombres de aquellos que no han querido contestar preguntas. Porque, en temas de calado social, en el periodismo es tan importante quién da explicaciones como conocer quién no las quiere dar.

4. El envoltorio no es conveniente: es crucial

Ya sea en prensa, radio o televisión, el envoltorio de cualquier historia no debe ser baladí. En la frenética realidad que vivimos, las prisas por ser los primeros a la hora de lanzar las noticias y los reportajes propician (además de que no siempre se contraste como se debe las informaciones) que se descuide el envoltorio de cada narración. Y eso es un grave problema. Uno de los grandes pilares del éxito y prestigio de Salvados es su mimada forma de narrar cada programa a través de un esfuerzo visual extra. La fotografía y realización no es menor en el género informativo. Se dice que Salvados aprovecha técnicas de las series (cabeceras tematizadas, músicas, iluminación especial, localizaciones reales con una belleza especial…), pero en realidad sólo aprovecha las posibilidades de la televisión en su máxima expresión. La imagen debe estar integrada en la narración, no como acostumbraban los informativos de locutar noticias como si fueran para radio y luego, sobre ellas, pegar imágenes que más o menos coincidieran con lo que se estaba hablando. En un prime time, aprovechar los engranajes de la televisión a favor del periodismo es primordial.

5. Las redes sociales son tu aliado, pero no tu fuente

Jordi Évole ha captado y aprovechado, con intuición, la esencia de las redes sociales: para hacer a los espectadores más partícipes de sus programas, para dar a conocer sus contenidos, para anunciar sus hashtag temáticos y sobre todo para abrir debate, interactuando con los usuarios. Porque las redes ya son transcendentales en el trabajo del periodista como una nueva vía para la comunicación, no para la información. Porque en las redes sociales los titulares vuelan, las especulaciones crecen. El periodista debe digerir ese caos, no convertir Twitter en fidedigna fuente. Twitter sólo es una nueva ventana transmedia para enriquecer los contenidos.

6. La audiencia es importante, pero no lo más importante. El servicio público debe prevalecer siempre en el periodismo

En el periodismo es capital saber mantener el equilibrio entre los temas que propulsan las cuotas de pantalla y aquellos contenidos que, a primera vista, puede parecer que interesan menos pero que, al mismo tiempo, son un servicio público necesario y obligado. De esta forma, Salvados ha dado voz a las personas con discapacidad (uno de los programas con menor cuota del formato) o ha tratado temas más locales que también son de gran calado. Como la edición “Jánovas, el pantano fantasma”, que puso en la palestra la historia de resistencia de un pueblo frente al abuso de poder de las eléctricas y los gobiernos. Porque las historias narradas por la gente en primera persona son tan relevantes como las que examinan a populares mandatarios.

7. No pidas (siempre) permiso

La autocensura es uno de los peores maltratos que sufre el periodismo. También la falta de riesgo, el temor a salirse del guion y la preocupación por el qué dirán los accionistas y anunciantes de tu empresa. Pero el periodismo también consiste en no pedir permiso, en tirar del hilo para aprender, encontrar respuesta a preguntas, insistir con cierta cabezonería y crecer desde la honestidad crítica que está por encima de intereses particulares o de empresa. Lo constructivo por encima de lo mercenario. Salvados ha tratado temas tabú en un prime time. Ha tocado marcas intocables como Inditex o las eléctricas.

8. Aprende a guionizar

No existe una buena noticia o un buen reportaje (en prensa, radio o televisión) sin un buen guion. Salvados cuenta con un guion bien dibujado para conseguir una estructura armónica, que va suministrando la información con una claridad de ideas, sensaciones y contextos (verbales y no verbales) que convierte en más fácil y también en más emocionante la experiencia de ver y entender el programa. Es tan significativo el principio del programa, como la última imagen, decisiva, normalmente con una declaración final rotunda y conclusiva de uno de los protagonistas de la edición. Casi siempre acabando en un primer plano que deja al espectador pensando. Porque en el periodismo de hoy, en prensa, radio o televisión, es esencial definir y cultivar los finales para que el receptor se quede hasta lo último. Aunque no lo parezca en los ritmos trepidantes que respiramos.

9. Sal a la calle. Observa, siente. Cuida el contacto con la calle desde la calle

La realidad cocinada en las altas esferas ha centrado la atención de los grandes medios de comunicación, especialmente de la televisión, durante largo tiempo. Las cadenas han terminado haciendo una radiografía superficial de su tiempo. Titulares que no van al fondo, casos que no se sigue su rastro, noticias de usar y tirar. Salvados realiza un retrato de la sociedad de largo recorrido, que servirá de fondo documental de la historia de nuestro país. Y además lo hace apostando por la mirada de protagonistas anónimos, tomando el pulso a su sociedad, con sus palabras, gestos y silencios. Salvados ha recuperado el periodismo televisivo desde la calle, pero no sólo desde la calle: de la mano de la gente de la calle.

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14 claves para entender las audiencias de 2015: el año en el que las cadenas marcaron territorio

1. 2015 ha definido con fuerza los roles de las cadenas. El público identifica, más que nunca, información con La Sexta, ficción con Antena 3 y realities con Telecinco. Las tres estrategias han salido bien a los tres canales.

2. Telecinco se mantiene como la cadena más vista por cuarto año consecutivo con un 14,8 por ciento de de cuota de pantalla (tres décimas más que en 2014). A pesar de que ya no cuenta con una rotunda supremacía en prime time, el canal principal de Mediaset tiene consolidada una parrilla diaria, reconocible para el espectador, con dos grandes franjas de referencia en magazines de directo. De esta forma, su programación se estructura con claridad alrededor de formatos de éxito (El programa de Ana Rosa y Sálvame) que sirven como pilares sencillos de identificar por parte de la audiencia. Esto propicia, además, la imagen de que “si algo pasa”, sabes que Telecinco puede estar contándolo en directo.

3. Antena 3 continúa como segunda opción, con 13,4 por ciento de cuota. El canal principal de Atresmedia se ha afianzado como la mayor factoría de series, adelantando a su emisora rival en la percepción de productora de ficciones de calidad. Ha hecho marca, por tanto, con sus producciones dramáticas. Antena 3 destaca en los horarios de máxima audiencia, sabe vender muy bien sus productos y, en la franja del daytime (por el día), mantiene buenos datos con series como El Secreto de Puente Viejo y Espejo público, magazine muy competitivo, a pesar de que su fórmula está más pegada a la actualidad y menos versátil en contenido (no cuenta con realities para comentar).

4. La 1 de TVE no frena su caída: mínimo histórico con un 9,8 por ciento de cuota. La cadena pública sigue sufriendo los daños colaterales de la mala gestión política. La grave y constante pérdida de credibilidad de los informativos arrastra a todo el canal que, además, sufre una programación desestructurada, que en los últimos años ha ido a rebufo de las privadas. TVE destaca cuando se invierte y arriesga en ideas con mirada propia, como ha sucedido con el programa de Bertín Osborne (bien programado y planificado) y con El Ministerio del Tiempo (valiente propuesta).

5. TVE sigue como referencia en los grandes acontecimientos. La audiencia mayoritaria elige la cadena pública para ver el mensaje de Navidad del Rey o las campanadas de Nochevieja, por ejemplo. De hecho, este 31 de diciembre, desde la corporación han aprovechado esta retransmisión de forma inteligente. Así han dedicado estos minutos de gran concentración de público para promocionar sus estrenos del mes de enero y recordar el 60 aniversario de TVE. En cambio, la tradición y el despliegue técnico ya no sirve a TVE en acontecimientos de calado político (como la noche electoral), en donde el contenido está gestionado por los actuales responsables de informativos. Una parte importante del público se va. ¿No se fía de lo que le están contando?. Se trata un nuevo escenario consecuencia del quebranto de la credibilidad.

6. La Sexta abraza su récord histórico con un 7,4 por ciento de share (+0.2 puntos) fruto de una definida gestión de la identidad de marca como canal comprometido con la información por excelencia. En este sentido, al igual que Telecinco en formatos de entretenimiento y tele-realidad, La Sexta ha ordenado su programación a través de pilares informativos (Al Rojo Vivo -en la mañana- y Más vale Tarde -en la tarde-) o en los sábados La Sexta Noche, más en la línea del espectáculo político. También sigue su apuesta por formatos de altura periodística y televisiva como Salvados, La Sexta Columna o El Objetivo, que ha logrado adaptar el periodismo de datos al horario de máxima audiencia. Sin olvidar, de El Intermedio, otro pilar estructural clave de La Sexta. La cadena verde se ha hecho con el nicho de interesados en la política, justo en tiempos de cambios.

7. Cuatro se queda en quinta posición con un 7,2 por ciento de share. El canal rojo mantiene la herencia recibida de sus inicios: sigue atrayendo a un público joven y urbano, jugoso para los anunciantes. Aunque su producción propia no puede disimular la aureola de la forma de entender la televisión de Paolo Vasile. La cadena se ha convertido en una versión joven de Telecinco, un buen complemento para diversificar contenidos.

8. Año de crecimiento de la inversión publicitaria, lo que se debería traducir también en un repunte de la inversión. También 2015 ha sido el año del incremento de la TV de pago en España, que ha pasado del 17,4 por ciento al 18,8 por ciento del total de cuota, según Barlovento. Un gran salto que no ha sido fruto tanto de los contenidos de los operadores “codificados” como de las competitivas ofertas de las compañías telefónicas que incluyen su propuesta televisiva en completos packs de móvil, fijo e Internet.

9. La 2, con sólo un 2,7 por ciento de share, ha mutado en un canal casi invisible. Cierta audiencia, que se siente huérfana de un tipo de televisión, no llega a conocer propuestas inteligentes de la segunda cadena de TVE. Una cadena con una programación que se debe ordenar a través de franjas reconocibles e identificables para el espectador. En 2015 ha sido un caótico cajón desordenado. No ha ayudado el retraso a la una de la mañana de uno de los formatos más emblemáticos y de mayor prestigio de la emisora, La 2 Noticias.

10. La Champions y Eurovisión han vuelto a ser las emisiones más vistas de 2015. En el ranking de los cincuenta programas más visto, destaca el debate entre Albert Rivera y Pablo Iglesias en Salvados (en la foto de arriba). El cara a cara se cuela en el número 27 de la lista, posición reseñable para emisión no deportiva desde una cadena de las dimensiones de La Sexta. Ejemplo de un año en el que la política ha sido protagonista de los audímetros.

11. Los viernes es un día perfecto para grandes shows de entretenimiento. Así lo ha demostrado Tu cara me suena, que ha desmontado la mentira instalada de que la primera noche del fin de semana no es apta para apostar por un gran formato televisivo. El talent de famosos imitadores ha recuperado a la tele a una audiencia que no contaba con ninguna oferta atractiva los viernes, por encima de Sálvame Deluxe.

12. Sálvame Deluxe, aunque mantiene a su audiencia afín, que es muy fiel y no falta a la cita, sí que evidencia un cierto desgaste de la fórmula en contenidos basados en el conflicto cíclico. Y su presentador, Jorge Javier Vázquez, transmite menor implicación, tal vez fruto de la larga duración del formato y de sus nuevos retos teatrales. Esto se contagia al público. Sólo los líos de Belén Esteban siguen siendo infalibles para subir con energía el share. Eso sí, la versión diaria sigue fluyendo viento en popa, como meritorio culebrón diario de la realidad.

13. Los espectadores de más de 45 años son los que más tiempo dedican al medio televisivo. Son un sustento importante para las medias de share mensual de las cadenas de televisión. Y los canales lo saben, y lo aprovechan a la hora de diseñar sus parrillas. También son aquellos que consumen los contenidos televisivos de forma lineal tradicional. Sin embargo, este 2015, supone el punto de inflexión en el análisis de las ‘audiencias +1′, los consumos que se producen después de la emisión tradicional a través del universo online. La TV deslinealizada ya no es ciencia ficción, la forma de ver e interactuar con los contenidos televisivos ha cambiado para siempre. Y ahí el público, sobre todo las nuevas generaciones, va por delante de los análisis de audiencias basados en un implacable titular del día después de la emisión.

14. Con la pérdida de fuelle de TVE (tras la supresión de su publicidad), los dos grandes grupos privados, Mediaset y Atresmedia, se han repartido la gran tarta del negocio televisivo. Reúnen el 58 por ciento de cuota de pantalla y reciben el 86 por ciento de la inversión publicitaria en televisión, según datos de Barlovento. Hay más canales pero, al mismo tiempo, más de la mitad del peso de las audiencias recae en las compañías surgidas de Telecinco y Antena 3. Los dos grandes operadores parecen sentirse cómodos en este sistema, con sus roles bien definidos.

La asignatura pendiente en España está en contar con una televisión pública más creativamente fuerte y con más diversidad de operadores privados que remuevan la industria audiovisual e impulsen una necesaria mayor pluralidad de contenidos a la altura de los grandes países de nuestro entorno.

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‘Y tú qué sabes': así ha sido el estreno del ‘Saber y Ganar’ de La Sexta (sin Jordi Hurtado)

El género de los concursos ha regresado anoche a La Sexta con Y tú qué sabes. Un formato de éxito internacional, de la misma factoría de Gran Hermano, que la cadena verde prueba esta Navidad con Óscar Terol (Vaya semanita, Allí Abajo) al frente.

La primera emisión ha pasado el examen de las audiencias con un aprobado con 8.1 por ciento de share y 1.563.000 espectadores. Dato correcto, para una propuesta que pone a jugar a tres famosos y un total de 200 estudiantes en un amplio plató, que recuerda a un circo romano. Eso sí, un circo romano sin fieras y con muchas luces y pantallas de Led emitiendo señales de color verdoso, como mandan los cánones de la cadena de Atresmedia. Incluso la puesta en escena del programa recuerda a los inicios de La Sexta, recuperando en grafismos y decorado el protagonismo del hexágono que forma el reconocible logotipo del canal.

Jorge Blass, Santiago Segura e Irene Junqueras han sido los primeros rostros populares en responder a las preguntas de cultura general y competir con la grada repleta de universitarios. Una oportunidad para rejuvenecer la audiencia de la emisora, con una línea editorial marcadamente política, a través de un concurso que no se pasa de erudito, con pruebas sencillas y, por tanto, que favorece que el espectador pueda jugar desde casa. En este sentido, también cuenta con una aplicación que ya más que una innovación, debe ser una obligación: para que la audiencia pueda participar activamente desde su tablet o el móvil.

Del programa funciona que la escaleta consigue romper el ritmo con vídeos virales que hace más ameno el discurrir del show. También con los piques entre los invitados y del propio público. De hecho, Terrol va interactuando con su particular ironía con la grada. Con los que más aciertan… y con los que más fallan. Es la seña de identidad de un formato que llega a una parrilla con cierta necesidad de ampliar sus contenidos de entretenimiento para fortalecer su esencia de cadena generalista.

El último concurso de La Sexta fue Taxi en 2013, con Miki Nadal y Manolo Sarriá. No cuajó. Antes, en 2012, la cadena probó suerte con El Millonario en versión Nuria Roca. Tampoco despuntó. En 2011, Anabel Alonso, sólo aguantó en la sobremesa un mes con una especie de juego de mesa televisivo entre famosos. Se llamaba Mucho que perder, nada que ganar. 

Así que podemos decir que el nombre de este último concurso daba en la diana: las grandes compañías televisivas temen arriesgar en este tipo género, sobre todo si se trata de una emisora de las dimensiones de La Sexta o Cuatro. Creen que tienen mucho que perder, poco que ganar. ¿Cambiará esta tendencia? En vista de los resultados del primer ¿Y tú qué sabes? aún es pronto para saberlo.

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7 aciertos televisivos de la línea editorial de La Sexta

Los resultados de audiencia de la última gran noche electoral han constatado que La Sexta se ha convertido en la cadena de referencia para los españoles en las grandes citas informativas. Un puesto que ha conseguido gracias a su capacidad de tomar el pulso a la actualidad con el oficio de un periodismo creíble y cómplice que crece, a nivel televisivo, a través de 7 importantes decisiones:

1. Reporteros de carácter

En los grandes acontecimientos, los enviados especiales de La Sexta en los epicentros de la información no son bustos parlantes recitando la última hora con una solvencia olvidable. Al contrario, la cadena opta por periodistas reconocibles y con personalidad, como Cristina Pardo en la sede del PP. Tiene carisma, aporta sus argumentos desde una valiosa mirada propia y hasta lanza pullas e ironías inteligentes cuando toca. Es una profesional cómplice y creíble para el espectador: la audiencia quiere escuchar su perspectiva, el espectador espera con interés su conexión en directo.

2. En busca de la pluralidad

La Sexta ha adquirido una línea editorial definida: el periodismo combatiente, crítico y repreguntón. Aunque en España siempre vivimos en la necesidad de etiquetar a los medios en una tendencia política definida, la cadena verde tiene una línea editorial evidente pero en la que también realiza un ejercicio de pluralidad en sus programas con entrevistas que no permiten evidenciar cuáles son las siglas que vota el periodista de turno. Parecido sucede con la elección de tertulianos: es diversa en la política nacional (con flecos sueltos en el tema catalán, eso sí), donde (a nivel televisivo, gusten más o menos) cobran fuerza perfiles polémicos como Eduardo Inda. Porque en la estrategia de la televisión privada, el espectador, piense como piense, también necesita antagonistas a los que odiar o terminar amando.

3. Expertómetro

La Sexta no sólo centra sus retransmisiones en contertulios gurús que analizan la situación desde su posicionamiento ideológico previsible, la cadena de Atresmedia hace hincapié en expertos para analizar el fondo de los asuntos y contextualizar de forma didáctica cada movimiento. Tampoco faltan las pruebas de verificación de El Objetivo para examinar a los políticos. El espectador accede a la información con datos y opiniones contrastadas más allá de la opinión mediatizada.

4. Colorines

El grafismo de las coberturas especiales de La Sexta no da tregua. Es crucial. Más aún en un escrutinio electoral, donde se produce en la pantalla una sobredosis de impactos. La última noche electoral los rótulos en emisión se multiplicaron (el estado del recuento, el resultado del pactómetro de Ferreras, los titulares de la jornada…) Pero lo que podría ser saturación informativa para el espectador se convierte en un estímulo: la audiencia va realizando desde casa sus propios cálculos, pues cuenta a un golpe de vista con los datos coloreados y masticados.

5. Platós con cartón-piedra

En un tiempo en el que todos los platós de televisión parecen iguales, ya sea un informativo, un concurso, un show de variedades o un magazine, La Sexta ha invertido en decorados identificables con elementos diferenciados. Los responsables de la emisora no se han quedado en la clónica gran pantalla de Led y la mesa con formas curvas. Se apuesta por una mezcla de escenografías tradicionales (de cartón-piedra) con las nuevas tecnologías (pantallas planas, puntos de luz leds). De esta forma, el espectador ve una marca diferenciada en cada producto frente a los rivales: Al Rojo Vivo y su gran ventanal neoyorquino, El Objetivo y su mesa con pantalla táctil incorporada, La Sexta Noche y sus grandes andamios-grada, Más vale tarde y su larga mesa de autopsias, el especial elecciones y la mesa giratoria… Todos los platós, además de contar con amplitud, favorecen un sello particular que rompe con la monotonía visual de nuestra tele.

6. Mucho directo

La parrilla de programación se estructura a través de marcadas franjas de programas de actualidad política en directo. El compromiso con la imagen de cadena vinculada con la información no es puntual: es diario, constante y está asentado en horarios muy definidos para el público. El espectador interioriza que si algo pasa, ahí está está La Sexta para contarlo.

7. Periodistas de temperamento

Como en la BBC u otras cadenas que son referencia informativa, los presentadores de La Sexta transmiten apasionados reflejos periodísticos. Todo el rato. No son parte del decorado, contagian seguridad y pasión. Y, además, hablan el mismo lenguaje de la calle, con claridad, incisión y sin miedo a mojarse cuando toca. Pero también sin dogmas, creyendo en la inteligencia del espectador. Así, la cadena multiplica su interés. Así, la cadena se ha hecho con la marca de televisión que ha recuperado la inversión en el periodismo para la sociedad y no para los despachos de las altas esferas.

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El “pactómetro”, la revelación televisiva de la noche electoral

No estaba jugando al Candy Crush. No estaba tuiteando. Ferreras estaba calculando las posibilidades de Gobierno con su “pactómetro“. El aparato que ha inventado La Sexta para la noche electoral más imprevisible.

Y ha sido útil, pues ha sido una pantalla táctil muy práctica para divulgar al espectador las posibilidades de coaliciones entre los diferentes partidos. Pero el ‘pactómetro’ lo ha tenido complicado: ni un pacto de PSOE y Podemos, ni un acuerdo entre PP con Ciudadanos logrará traspasar la línea de la mayoría absoluta.


El ‘pactómetro’, por tanto, ha sido el primer ganador de la noche televisiva como elemento reconocible para el espectador y muy funcional. Más allá de hacer bromas en las redes sociales, esta aplicación ha sido una buena idea para responder, de forma visual y rápida, dudas en plena ebullición de los datos del escrutinio, en una noche electoral donde no han existido ganadores claros. Ha ganado el ‘pactómetro’. Pero Ferreras, cuidado, engancha.

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Así sería ‘Pesadilla en la Cocina’ con Karlos Arguiñano

Karlos Arguiñano es el gran chef de la historia de nuestra televisión. Su programa diario es la referencia gastronómica indiscutible de la parrilla. Siempre fiel a su personalidad y esencia, el cocinero vasco no ha tenido la necesidad de dar el salto a otros formatos de espectáculo en pleno boom de la cocina en prime time. Pero, ¿cómo sería Pesadilla en la Cocina si en vez de Chicote estuviera protagonizada por Karlos Arguiñano? Tendría 6 ingredientes que revolucionarían el formato que salva restaurantes del caos.

1. Banda sonora original… y tarareable

Suciedad, mugre, desorden, ratas en el lavaplatos. Pesadilla en la cocina presenta el desaguisado de cada restaurante con ayuda de músicas de tensión, que recalcan el panorama catastrófico del chiringuito en cuestión. Con Arguiñano este escenario cambiaría: el programa incorporaría una sintonía con letra requetepegadiza al estilo de “qué gustito, qué placer andar en la cocina, qué gozada al pensar en lo que viene después“. Así, con esta melodía cargada de positivismo, en los restaurantes brotaría un buen rollo sin escapatoria, que cambiaría la perspectiva del negocio. La ilusión ganaría a la desgana. O sonaría de nuevo la canción, una y otra vez, hasta lograr eliminar los pensamientos adversos, ya que inevitablemente los estribillos de Arguiñano son imposibles de quitar de la cabeza durante horas. Incluso años.

2. Chistes desternillantemente malos

En las situaciones incómodas de Pesadilla en la cocina, esas en las que da la sensación que el restaurante problemático cerrará para siempre, Arguiñano sacará su as en la manga: un chiste malo. Mejor aún si es verde. De esta forma, el chef quitará hierro a cualquier trauma y, de paso, el programa fluirá mejor. Porque hasta en los momentos aciagos hay que saber reírse de uno mismo. Incluso del propio show de la televisión, otra de las claves del triunfo de Pesadilla y de Arguiñano.

3. Redecoración con la familia de Bricomanía

Uno de los momentos cruciales de Pesadilla en la Cocina se produce en el instante en el que el programa redecora el establecimiento. “Oh, qué bonito ha quedado”. El cambio de look con Arguiñano sería mucho más fácil, pues su productora también es responsable del mítico formato Bricomanía. Todo queda en casa. Con la maña de este equipo, las reformas serían duraderas y no se quedarán sólo en tapar paredes con cuatro paneles de madera. Es más, el ya emblemático jardinero de Bricomanía intentaría incorporar una huerta en algún hueco en los aledaños del restaurante.  Los productos ecológicos, sembrados en propia casa, son los mejores aliados de cualquier restaurante. De ahí que Arguiñano cuide y muestre su propia huerta en el programa. Orgullo de cosecha.

4. Reivindicación sin medias tintas

La conciencia política tampoco faltaría en el programa. En tiempos en el que los políticos cosechan grandes audiencias en televisión, Arguiñano no se corta a la hora de reflexionar sobre la situación política y social. No se podría reprimir tampoco al descubrir los problemas que sufren los restaurantes de Pesadilla en la cocina. La manera de mojarse de Arguiñano en política o compartir sus preocupaciones sociales también es uno de los secretos de su duradero éxito. No es un cocinero producto del guion escrito por un gran creativo televisivo, es él mismo hasta las últimas consecuencias. Pesadilla sería, por tanto, un formato más reivindicativo.

5. Platos de cuchara grande

El equipo de Pesadilla en la Cocina asesora los platos que protagonizarán la carta de los restaurantes que Chicote intenta salvar. Normalmente se opta por menús donde reina el minimalismo para favorecer una oferta muy controlable en el día a día de los hosteleros de turno. Así nunca (o casi nunca) se falla al cliente. Pero con Arguiñano se apostaría por la comida tradicional (con perejil), esas vitales recetas de las abuelas de España, esos apetitosos guisos que no te dejan con hambre. El festín de la buena mesa: infalible para no defraudar a los comensales y que Arguiñano lleva divulgando casi tres décadas en la televisión, antes de que aterrizaran los chefs surgidos de las estrategias de marketing. Tampoco faltaría los consejos saludables de Ainhoa Sánchez, su nutricionista de cabecera que, por cierto, no suele pillar sus chistes.

6. Proximidad sin cocinar

Y, sobre todo, si Karlos Arguiñano protagonizará Pesadilla en la Cocina, el programa no podría llamarse Pesadilla de nada: terminaría llamándose Arguiñano en la Cocina. Y listo. Porque el gran superpoder de Karlos Arguiñano es que no comunica desde la superioridad. En casi tres décadas de éxitos, el famoso cocinero vasco jamás ha dejado de hablar al espectador desde la complicidad. Ese tú a tú sin miedo a compartir dudas, emociones, errores e ilusiones. Porque Arguiñano no es un chef de esos que presentan desde la superioridad. Al contrario, comparte su vida y trabajo con una apabullante cercanía, que hace al espectador partícipe de su existencia. La audiencia siente a Arguiñano como de la familia, su familia.

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De Jánovas a Malala: la valentía de La Sexta en tiempos de dictadura de las audiencias

España ha vivido durante muchas años la dictadura televisiva de los audímetros. Había cierto miedo al rechazo de cualquier tipo de producto que marcara la diferencia en prime time. En televisiones privadas y públicas. Resultado: una programación sin gran pluralidad de contenidos, a pesar del incremento de canales.

Los directivos de las cadenas de televisión frenaban cualquier atisbo de riesgo de periodistas, guionistas, realizadores y otros creadores de formatos. En programas de entretenimiento y en espacios informativos. Y esta atadura sigue presente en España en la televisión de hoy. “Esto no lo va a entender la señora de Cuenca”. “Con esto se nos va a enfadar tal anunciante”. “Esto ya no funciona, la gente sólo quiere Gran Hermano y conflicto”.

Pero la evolución de la televisión, como de la propia sociedad, sólo es posible con decisiones valientes y ambiciosas, que no se conforman, creen en la inteligencia del espectador, arriesgan, rompen con los complejos y dejan atrás lo preestablecido.

En este sentido, La Sexta ha dado un importante paso adelante en la noche de los domingos gracias a formatos como Salvados o El Objetivo. Dos programas que van más allá de los contenidos más conservadores, previsibles a la hora de alcanzar estratosféricas audiencias y marcan su propia agenda, convirtiéndose en referentes consolidados incluso a nivel internacional (los fact check de El Objetivo son observados con interés por países de nuestro entorno).

Y esta última noche, esa capacidad de no tener miedo al riesgo de apostar por contenidos que a priori no son tan masivos (pero sí son cruciales para entender nuestro tiempo y avanzar hacia un futuro mejor) se ha ejemplificado con la edición de Salvados sobre Jánovas y la entrevista con Malala en El Objetivo, la joven que los talibanes intentaron asesinar por ir a estudiar a la escuela. A simple vista, de corte más minoritario aunque con un interés que traspasa perfiles de público.

Porque el periodismo en prime time de La Sexta está sabiendo poner el foco en informaciones claves para un mundo mejor que, sin embargo, eran borrados de la programación por el poder del share. Y los da visibilidad real, pues estos formatos de la cadena verde no olvidan la importancia de los engranajes televisivos para hacer cada contenido más atractivo y atraer a las competitivas audiencias (con una mimada edición, grafismo, realización, banda sonoras o hasta planos de reacción -como la expresiva imagen de Ada Colau sobreimpresionada en una pequeña ventana mientras veía la entrevista a Malala).

La Sexta, consiga más o menos cuota de pantalla este domingo 1 de noviembre, lleva años logrando un cambio esencial en la historia de la televisión privada en España: el regreso del periodismo que hace periodismo al prime time.

La televisión ya no se puede conformar con quedarse en ese guion que marcan las notas de prensa de las agencias de prensa o los gabinetes de comunicación. El porvenir del periodismo televisivo se escribe con las historias que cambian el mundo, sean grandes o pequeñas, las historias contadas con mirada propia. 

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IKEA se hace reality

La ensoñación. La aspiración es uno de los viejos trucos del almendruco de la tele, formatos que despiertan en el espectador el anhelo de imaginar que puede poseer aquello que está viendo: un viaje de lujo, una glamourosa mansión, un ático con vistas al skyline de Nueva York, una diáfana redecoración de un adosado a las afueras de Canadá o un manjar en un restaurante en Laponia.

Los programas de viajes, voyeurismo en casas ajenas o redecoración son un clásico. Funcionan, pues conectan con esa ambición soñadora que todos llevamos dentro. El problema es que el contenido de estos espacios es, en bastantes casos, inalcanzable para la mayoría de los mortales. Aunque esta tendencia está cambiando.

Desde hace unas semanas, se ha instalado en La Sexta La Escuela de Decoración (sábados a las 13 horas), que pone el foco en situaciones más identificables y prácticas para el espectador.

Y ese es el valor de este nuevo formato: cada edición cuenta dos historias próximas. Historias literalmente: porque el programa dibuja con rapidez, claridad y cierta emoción las circunstancias de cada familia que asesora. A través de los dilemas de cada participante, los expertos de La Escuela de Decoración asesoran una redecoración del lugar. Pero una rehabilitación de andar por casa. El público de La Sexta se puede sentir reconocido en lo que ven.

No hay grandes obras, ni presupuestos millonarios pagados por el canal: sólo basta Ikea (aunque ni se nombra la marca del gran almacén. No hace falta, la tienda es muy reconocible visualmente).

El espectador se queda pegado de principio a fin del programa: necesita ver el desenlace (como en todos los formatos de estas características) con el añadido de que este espacio relata historias personales de los protagonistas (y las refresca con diferentes atajos de guion para que nadie se pierda si llega tarde).

Pero, además, La Escuela de Decoración cuenta con otro as en la manga: aporta trucos e ideas que te puedes apropiar y aplicar a tu propia casa, pues ya no es que los muebles o accesorios sean asequibles, es que el público ya los conoce de primera mano cuando los ve en el programa: son de Ikea.

Porque La Escuela de Decoración es Ikea hecho reality: personas con sus emociones, problemas, necesidades y sueños en busca de redecorar su vida a través de los consejos de un programa de televisión. Y todo con ayuda de unos interioristas que tampoco crean indiferencia en la audiencia, porque se puede estar de acuerdo o no con el resultado, gustar más o menos su trabajo, aunque siempre descubren planteamientos que el espectador puede recoger y aplicar para mejorar su día a día. Porque la gente tiene más maña con la decoración de lo que cree.

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