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Julia Otero

Si te importa el periodismo y el universo mediático, tienes que ver esta entrevista de 2009

Me habré visto esta charla entre Julia Otero y Andreu Buenafuente unas 765 veces. Aunque intente disimular mi fanatismo oterílico, al final, siempre me sale a flote, pues me identifico con su forma de entender este oficio. Una entrevista de Buenafuente a Otero que es todo un retrato de su momento (año 2009) pero, también, de la situación actual del universo mediático (2017…).

Un retrato de las trincheras, del periodismo, del jugar sin demasiadas corazas en un plató, de la influencia o no de los “confidenciales”, de que en la tele se va a toda hostia no se sabe a dónde, de perder el respeto, de ser light y aburrir a tu propia familia, de la prensa basura, de enseñar la patita pero, al mismo tiempo, hacer el ejercicio hacia la ecuanimidad que conecta con la inteligencia cómplice del espectador.

Por cierto, yo sí tengo chandal. Otra cosa es que lo utilice.

4 lecciones que TVE debe aprender del primer Telepasión (VÍDEOS)

Hace 25 años, nacía Telepasión. TVE reinventaba los tradicionales programas que resumen las imágenes del año con un formato, a cargo de Julia Otero, que pretendía poner a todos los profesionales “serios” de la cadena a interpretar atrevidas versiones de canciones populares.

El formato, que se emitió por primera vez en Nochevieja, sorprendió y se convirtió, en años posteriores, en una cita obligada en la noche familiar del 24 de diciembre, realizando, cada año, ediciones temáticas que sorprendían por su historia y capacidad de producción.

Esta Nochebuena, Telepasión regresa a TVE. Sin embargo, vuelve en formato gala. La esencia del programa se ha ido desvirtuando con el paso de los años. Pero de aquel primer Telepasión de Julia Otero y Xavier Manich debemos aprender 4 lecciones para una televisión mejor. Porque aquel Telepasión Española es una joya de la historia más lúcida de nuestra televisión pública.

1. Reírse de uno mismo con capacidad autocrítica

Las brillantes presentaciones de Julia Otero realizaban una radiografía inteligente, irónica y corrosiva de la televisión del momento. La cadena se atrevía, desde dentro, a un sano ejercicio de autocrítica que, además, servía para divulgar la evolución de la televisión ante el reciente alunizaje de las televisiones privadas: se mostraba una cadena más próxima, más traviesa, más inquieta, más crítica, con menos condescendencias y poco conformista.

2. Versiones musicales (raras)

Por primera vez, la larga lista de rostros de la cadena se atrevían a cantar e interpretar un número musical. Pero los temas no se quedaban en la versión evidente y tópica, el programa apostaba por sorprender al espectador con diferentes guiños cómplices. Porque la mejor televisión es la que huye de lo obvio, Telepasión Española no era una sucesión de gente berreando: era una historia de principio a fin, donde todo estaba integrado con amplitud de miras.

3. Realización vanguardista

El Telepasión Española original fue rompedor a nivel visual. Ya el comienzo del programa presentaba una carta de ajuste “barrida” por una señora de la limpieza. Se sentaban las bases (irónicas) de un programa con una realización mimada: desde en la cabecera (resplandecientemente blanca) hasta las presentaciones, que huían de cualquier corset para apostar por un diseño de calculados rítmicos movimientos de cámara. Sin olvidar, la mimada puesta en escena de cada número musical. Y es que Telepasión Española planteaba una realización global: intentando seducir al espectador con una coreografía vibrante de planos de cámara, donde había hueco para la innovación pero no para el caos de la mala improvisación.

4. El trabajo en equipo que ilusiona

El elenco de rostros de aquel Telepasión es apabullante: en aquella TVE coincidió el mayor volumen de profesionales imprescindibles de la historia nuestra pequeña pantalla. A cada cual más mítico. Y el programa los unía en un mismo espacio, en el que interactuaban en una serie de gags y actuaciones hasta terminar, prácticamente todos, coincidiendo en una canción final al estilo de We are the World, “Que no se acabe el mundo“.

En todo este camino de sketches, actuaciones musicales, nostalgia, refrito de mejores momentos y un gran final para la historia, se generaba marca de cadena pública: todos juntos en las bambalinas y platós de TVE (que vista a través de Telepasión parecía más icónica). Todos a una, profesionales de pantalla y detrás de cámara, cómplices por llevar a cabo un proyecto alentador. Porque ese primer Telepasión Española reunió muchos equipos para crear un trabajo en equipo compacto, laborioso e imaginativamente bien hilado.

En tiempos en los que las gestiones de las cadenas públicas fomentan parrillas como productos deslavazados, que van por libre, Telepasión Española representa una de las claves del éxito de la pequeña pantalla: el instinto de la televisión como reconocible y entusiasta punto de encuentro de la información, la divulgación, la curiosidad y, no menos importante, la ilusión del entretenimiento que se atreve con la creatividad sin demasiados complejos.

>> ver el programa íntegro 

@borjateran

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Pablo Motos, el éxito de romper con el guion preestablecido

25.000 pesetas se gastó Pablo Motos en unos juegos recreativos a los pocos minutos de ser fichado por el programa de Julia Otero en Onda Cero. Lo recordó anoche, en el espacio de entrevistas de Bertín Osborne en La 1.

Eran los años noventa y Motos entraba a formar parte del equipo de La Radio de Julia. Un programa de radio que fue más que un programa de radio, marcó un antes y un después en el oficio de contar historias con mirada propia. La radio que bajaba del púlpito para apostar por la complicidad con el oyente. Sin medias tintas.

Y Pablo Motos, en la primera hora de aquel formato radiofónico, La Hora Tremolina (se llamaba la sección), aportó su personalidad, especialmente singular, capaz de convertir en un espectáculo la vida cotidiana. Lo hacía junto a unos oyentes que participaban en el programa activamente. Porque la interacción ya existía antes de las redes sociales.

De hecho, en La Radio de Julia, Otero incorporó un monólogo diario de Motos: rápido, fresco e identificable por parte del público, cuando aún en España pocos sabían qué era eso del monólogo. Era la radio que realizaba un reflejo empático de nuestra sociedad, con sus grandezas y sus miserias, con sus delirios y sus rarezas, donde era fácil sentirse reflejado.

Una vez más, la radio iba por delante, experimentaba, se atrevía a salirse del guion preestablecido. Sin mesas camillas, sin discursos engolados.

Y en esa línea realistamente imaginativa, en la que la radio fue germen crucial, ha seguido Pablo Motos. No es fácil en unos medios de comunicación que prefieren lo solvente a lo creativo, como si fueran dos cosas incompatibles. Su programa, El Hormiguero, representa al riesgo en televisión de esa gente que apuesta por las ideas más allá de las dictaduras del share.

Pero, como recordó el propio Motos a Bertín Osborne anoche, él tuvo la oportunidad de dar el salto a la tele desde su microclima radiofónico gracias a una decisión valiente, de aquel canal Cuatro de Fernando Jerez y Daniel Gavela. Como años antes también lo hizo Otero al apostar por su talento. Porque la mejor radio y la mejor televisión es fruto de decisiones osadas.

Una década después del lanzamiento de El Hormiguero en Cuatro, ahí sigue Pablo Motos, con sus hormigas de peluche que hablan y con sus experimentos científicos en los que pocos gurús de la cuota de pantalla confiaban.

En todos estos años, sólo hay una diferencia de vértigo: ahora Motos es una estrella del showbusiness, impone y todo, pero ayer con Bertín Osborne demostró que mantiene la esencia de aquel locutor de provincias, inquieto, ingenioso, travieso y hasta surrealista, que rompía con el guion preestablecido de los locutores de provincias y que, por eso mismo, perdió 25.000 pesetas en las maquinitas de unos juegos recreativos cuando fue consciente de que daba el salto a la radio nacional. Al fin y al cabo, eso también es una de las esencias claves de la mejor radio y televisión: saber jugar.

@borjateran

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