‘La Soga’ de Alfred Hitchcock: el poder de los decorados analógicos

Si hay una escenografía que me ha impactado desde niño es la de La Soga, donde Alfred Hitchcock propuso el reto de rodar el filme en un plano secuencia. Pero, claro, el metraje no daba para tanto. Sólo tiraba unos 10 minutos, así que, en realidad, el director planificó ocho planos “pegados”, con siete cortes, que se intentaban integrar en elementos estéticos de la coreografía de los actores, para no entorpecer la continuidad narrativa.

LA SOGA

La esencia del teatro llevada al cine con una brillantez visual, jugando con el ritmo interno del plano. Un plano secuencia magistral pero difícil en la época, pues la cámara debía realizar un recorrido tan sigiloso como complejo. Y la cámara, Technicolor, era pesada y grande. De hecho, incluso había que mover los decorados “en directo” para posibilitar la grabación. Lo hacían mediante ruedas tiradas de poleas. Con mucha vaselina, eso sí, para que no se hiciera ruido.

rope-set

No había posibilidad de error por parte de los actores, pero tampoco de los técnicos. Todos tenían cada paso minuciosamente coreografiado y marcado. Como la propia cámara. Como los propios decorados.

plano la soga

Porque en La Soga Hitchcock se ató a una poderosa interpretación de los actores, una planificación de movimientos de cámara perfecta y, además, un decorado espectacular  y crucial para transmitir el paso de las horas y dotar a la historia de más fuerza.

Alfred Hitchcocok mandó construir uno de los cicloramas más interesantes de la historia del cine. Un fondo que emulaba casi 35 kilómetros del Nueva York de la época y que enriquecía la sugestión del espectador.

set la soga

Porque ese skyline era un envoltorio perfecto como aliado de la trama. Tanto en el gran ventanal con la vertiginosa ciudad al fondo, como las ventanas, más pequeñas, de la derecha del salón: con unos imponentes neones, supuestamente de un cartel publicitario de la azotea del edificio, que iban amplificando la tensión de la trama, en cada brusco y constante encendido y apagado.

la soga fondo

El ciclorama estaba iluminado por 8.000 bombillas incandescentes, 200 tubos de neón e incluso tenía un sistema para desprender humo de determinadas chimeneas. También se realizaron unas nubes de fibra de vidrio, que se iban cambiando a lo largo del paso del día, para contagiar más veracidad. Realismo de cartón-piedra que daba el pego mejor que muchos efectos digitales. Era el cine que creaba maquetas que transmitían una mágica verdad.

Por cierto, Alfred Hitchcock se reservaba su tradicional cameo también en esa silueta neoyorquina. Esta vez, en forma de neón en una azotea. ¿Lo encuentras?

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> Las maquetas de ‘El Coloso en Llamas’ (que ardieron de verdad)

Así eran las maquetas de ‘El Coloso en llamas’ (que ardieron de verdad)

Este sábado, a altas horas de la madrugada, La 1 de Televisión Española recuperó un clásico del cine, El Coloso en llamas. Con un reparto vertiginosamente mítico formado por Steve McQueen, Paul Newman, William Holden, Faye Dunaway, Susan Blakely, Fred Astaire, Jennifer Jones, Richard Chamberlain, O.J. Simpson, Robert Vaughn, Sheila Allen, Robert Wagner, Susan Flannery, Don Gordon y Gregory Sierra (pausa, para coger aire).

Towering Inferno Cast

Estrenado en 1974, ver hoy este filme no sólo supone descubrir una historia muy bien contada (a pesar de la larga duración de la pelí, 165 extensos minutos que, en cambio, no permiten ni un ápice de aburrimiento), también demuestra la excelente ejecución de los efectos especiales.

En una época en la que los efectos digitales eran ciencia ficción, El Coloso en llamas nos cuela unos decorados con una textura que ha sobrevivido más que bien el paso del tiempo. La remasterización ayuda, sí, pero hay que reconocer que, cuarenta años después de la grabación del filme, aún consigue emocionar con una fuerza arrolladora que entremezcla tramas de vida de personajes con la catástrofe en sí. En ese equilibrado éxito final, también tiene mucho que ver los decorados reales. Porque el fuego es fuego. Y eso se nota. De hecho, el equipo técnico no podía aguantar demasiados minutos cada plano para poder controlar las llamaradas en el set de rodaje.

En total, fueron cincuenta y siete decorados que recreaban habituaciones, hall, pasillos, azotea, escaleras de emergencia, el gran salón Promenade, en lo más alto del edificio (donde estaban atrapados los invitados), y el propio rascacielos, con sus 138 pisos, construido a través de una inmensa maqueta.

Y casi todos los decorados ardieron en la realidad, claro. Lo que produce en el filme una eterna e impactante verdad, que traspasa las décadas.


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