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Dani Rovira

Los Goya crecen en audiencia pero siguen lejos del récord histórico de Buenafuente en 2010

La gala del treinta aniversario de Los Goya ha flojeado a nivel televisivo (ver crítica) pero, sin embargo, ha subido en cuota de pantalla y espectadores, logrando cosechar el mejor resultado de audiencias de los últimos años (desde las ceremonias de Eva Hache) con un 25,8% de share y 3.900.000 televidentes.

Un dato que aún está lejos del récord histórico de audiencia que alcanzó Buenafuente en 2010, cuando la ceremonia dio el salto al domingo (día de mayor consumo de televisión). Ahora, de nuevo en sábado, el mediático acontecimiento de la gala del cine español ha recuperado fieles en una edición en la que ha destacado, especialmente, la emoción de Daniel Guzmán al recoger su Goya, a la mejor dirección novel, frente a las lágrimas de su abuela.

Así es la evolución de audiencias de los premios Goya (desde que se miden con el actual sistema de audímetros). Todas emitidas por TVE, menos la primera que se dio por Antena 3:

1993: 9.3% y 1.356.000 Imanol Arias
1994: 13.9% y 2.247.000 Rosa María Sardá
1995: 17.9% y 2.128.000 Imanol Arias
1996: 23.3% y 2.842.000 Verónica Forqué y Javier Gurruchaga
1997: 29.5% y 3.544.000 Carmen Maura y Juanjo Puigcorbé
1998: 21.5% y 2.173.000 El Gran Wyoming
1999: 33.5% y 3.688.000 Rosa María Sardá
2000: 30% y 2.816.000 Antonia San Juan
2001: 29.9% y 2.925.000 María Barranco, José Coronado…
2002: 30.3% y 3.088.000 Rosa María Sardá
2003: 19.3% y 2.422.000 Alberto San Juan y Guillermo Toledo
2004: 20% y 2.112.000 Cayetana Guillén Cuervo y Diego Luna
2005: 24.5% y 3.720.000 Resines y Maribel Verdú…
2006: 18.8% y 2.305.000 Concha Velasco y Antonio Resines
2007: 20.5% y 3.282.000 José Corbacho
2008: 18.1% y 2.775.000 José Corbacho
2009: 20.8% y 3.370.000 Carmen Machi
2010: 26.4% y 4.656.000 Buenafuente (máximo histórico)
2011: 25.4% y 4.340.000 Buenafuente
2012: 23.3% y 4.156.000 Eva Hache
2013: 22.2% y 3.917.000 Eva Hache
2014: 19.8% y 3.567.000 Manel Fuentes
2014: 19.8% y 3.567.000 Manel Fuentes (menos vista desde 2009)
2015: 24,7% y 3.839.000 Dani Rovira
2016: 25,8% y 3.900.000 Dani Rovira

CRÍTICA DE LA GALA:

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Tenemos un pequeño problema. Esto de la gala de Los Goya parecía que iba a mejor en los últimos años. Pero no, la gala de este 2016 ha suspendido. Desde 2010, con la primera ceremonia de Buenafuente, habíamos aprendido que lo mejor era crear un formato televisivo propio, que no se obsesionara con imitar entregas de premios americanas. Pero, en este 30 aniversario, de nuevo, la Academia se ha obsesionado con el número musical de arranque. Como si fuera una gala de galardones de teatro musical, al estilo de los norteamericanos Tony, con truco de magia incluido. Pero copiar una cosa, sin saber copiarla, es siempre un quiero y no puedo.

Hasta Dani Rovira se desvaneció del escenario, como Neil Patrick Harris en los Tony, gracias a un asombroso truco de magia de Jorge Blass. Lo malo es que ese inicio pretendía ser un gran número musico-teatral pero que, en su ejecución, no casaba con las narrativas televisivas actuales. Transmitía un espectáculo retro y no bien ensayado. Cutre, vaya. Y si no empiezas en alto, busca otra forma de empezar, porque el inicio siempre marca la pauta de la gala.
El teatro donde se celebra el evento tampoco acompaña con las condiciones adecuadas para un sarao de estas características. Un escenario muy limitado. Con una escenografía funcional y elegante, sí, que aprovecha y agranda el ajustado espacio, pero que causa indiferencia. Y es que el decorado es intercambiable. Podría ser de una gala de Eurovisión, de un Telepasión, de la gala de Nochevieja o incluso de la serie Dreamland (por el exceso, por momentos, de humo).
En lo visual, volvió a faltar más carisma, más identidad propia, más esencia de gala cinematográfica. En estos treinta años de Goyas, hemos tenido escenografías legendarias, como cuando Rosa María Sardá convirtió el Palacio de Congresos de Madrid en un plató de cine, con sus cámaras, su grúa, sus paredes de mentira, sus bambalinas.
Eso sí, la buena idea, muy a valorar, de la puesta en escena de esta edición es que se han atrevido, por fin, a retirar los atriles. No son necesarios. El público quiere ver a los premiados en todo su esplendor, con sus mejores (o peores) galas. Aunque estos no sepan donde apoyarse.
Por suerte, los monólogos de Dani Rovira pusieron cierto remedio a todos los males del extraño arranque musical a lo High School Musical cañí y a los sucesivos trucos de magia. Tras un fallo de micrófono, que dejó a Rovira en un incómodo silencio del que salió con soltura, el cómico hizo uso de su habitual arte en el monólogo para todos los públicos. Un acierto el hecho de caminar por el patio de butacas, entremezclándose e interactuando, con una gran proximidad, con los verdaderos protagonistas de la noche: los actores.
No obstante, el guion estuvo peor hilado que el año pasado y no todos los chistes funcionaron. Su punto fuerte estuvo en el entreacto, en el que Rovira intercambió pullas con los representantes políticos, los otros protagonistas de la noche.
Destacó Antonio Resines como presidente de la Academia de Cine, con su particular humor, rompiendo con los encorsetamientos de la gala aunque no precisamente innovando en su discurso. Y chirriaron eso violentos momentos en los que se cortaban de cuajo los agradecimientos de los premiados que excedían su tiempo. Especialmente violento fue el corte a Natalia de Molina, Goya a la Mejor Actriz. Detalle feo pero entendible: el escaso sentido del espectáculo de muchos de los ganadores y las gracias eternas siguen siendo el mayor lastre de esta gala en lo que al ritmo se refiere. Y, claro, luego al final hay que ir con muchas prisas por todo el tiempo que se ha gastado en la primera mitad.
En cuanto a la realización, en TVE son unos maestros. Pero no se pueden permitir llegar tantas veces tarde a los planos de reacción en el patio de butacas. No es tan complicado que las cámaras sepan dónde están sentados los protagonistas a los que va a nombrar Rovira (marcados en guion), para así evitar, por ejemplo, ese plano desenfocado de Pedro Sánchez. En eso no hay excusas.
Además, otra cosa en la que nunca aprenderemos: lo feos que quedan esos planos con butacas vacías alrededor, de gente que se ha ido, está en el baño o presentando premios. ¿Tanto cuesta llenarlas con figurantes como hacen los americanos?

Pero sí que la emisión visual ha sabido salir airosa a nivel general, a pesar de constantes problemas de sonido y las limitaciones del caos que supone realizar la gala en el espacio de un teatro que no es un teatro: es un salón de actos de un hotel en el quinto pino. Perfecto para una convención de ejecutivos, no para un espectáculo televisivo. Y ese es un fallo, pues el cine español debería acercar más sus premios a la gente, al corazón de la ciudad, haciendo más partícipe a la ciudadanía de una ceremonia que debe huir de las endogamias de amiguetes.

Por suerte, la emisión paralela de rtve.es abrió, por segundo año consecutivo, los Goya a la gente. Lo hizo a través de los #GoyasGolfos, una retransmisión pirata que refleja el lado más lúcido y gamberro de la cadena pública: consciente de su tiempo, interactuando en directo con los espectadores, aprovechando las posibilidades de las redes sociales y realizando una contra-retransmisión sin miedo a saltarse los límites del extremismo de lo políticamente correcto, atreviéndose a hablar con una complicidad apabullante con el espectador. En definitiva, jugando con la televisión.
Y ese es el mejor porvenir de los Goya: jugar con la televisión para acercar el cine rompiendo con los convencionalismosde unas galas de premios y sobre todo en años como este, en el que las películas nominadas no eran precisamente las más taquilleras o conocidas por el público.Faltaron, por tanto, momentazos, espontaneidad, ironía, emoción (¡menos mal que estuvo Daniel Guzmán tan a flor de piel!) y, sobre todo, sorpresa. Son los ingredientes necesarios para atrapar al espectador independientemente de que haya visto o no los títulos nominados. Y este año el menú ha vuelto a saber soso, nada compacto y olvidable. Los Goya han cumplido treinta años, pero aún parecen adolescentes inseguros con mucho que madurar.

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Manual de instrucciones para un buen fan: 4 formas de acosar a un famoso que debes evitar

Saltó la polémica en El Hormiguero. Sucedió cuando Clara Lago y Dani Rovira hablaron de las situaciones comprometidas con determinados fans. “Salir a la calle juntos es un coñazo”, sentenciaron. Se malinterpretaron las palabras, especialmente las de Lago. Aunque la actriz tenía parte de razón. El tratamiento de las celebrities ha cambiando mucho. Siguen existiendo fans de verdad, de esos que admiran, quieren y cuidan la profesión de sus artistas predilectos. Pero hay otra especie de seguidores que, en busca de la ansiosa instantánea con el famoso de turno, le acechan hasta quebrantar su libertad e intimidad. Estos se creen con la potestad de hacer y deshacer sólo porque lo han visto por la tele. Aunque no sepan ni su nombre.

Y es que, cuidado, porque en la era de las redes sociales, los selfies y otros postureos estamos abordando al famoso con cuatro irrespetuosa prácticas cada vez más habituales, que no son necesarias. Los móviles se han convertido en una arma caza famosos, aunque no sepas ni de quién se trata.

1. Posado-robado

El famoso sufre el cazador de foto. Este espécimen acecha a su víctima, casi sin avisar, e intenta la instantánea de turno. Ni pregunta, ni saluda, ni da las gracias. Sólo quiere la foto, no es fan ni valora la trayectoria de la famosa víctima: simplemente quiere el trofeo. Los fans se han convertido en una especie de paparazzi. La exclusiva de fardar en las redes sociales.

2. ¿Tú eres el de la tele?

La televisión, en muchos casos, crea una fama volátil que hace que muchos espectadores vean a “los famosos” como una nebulosa de rostros intercambiables. “¿Tú eres el de la tele?” se vuelve entonces una pregunta comodín. Da igual que seas de Aída o de La que se avecina o que te hayan visto en un anuncio, la cosa es que una cara les suena porque la han visto en la tele. Y eso justifica el abordaje y la foto de marras. Lo de saberse el nombre y la trayectoria del famoso… es lo de menos.

3. Vídeos de cumpleaños

Todo el mundo cumple años. Todo el rato. Es la excusa perfecta para conseguir un mensaje hablado de la celebritie. “¿Me haces un vídeo para mi prima que es muy fan tuya?”, sueltan. Aunque, en muchos casos, ni existe la prima. Los actores y presentadores podrían pasarse horas, semanas e incluso meses grabándose felicitaciones a desconocidos. Por suerte, no lo hacen o no tendrían tiempo para trabajar en lo suyo.

4. Y si no te hace caso, te indignas y le criticas

Y si ven que no quieres hacerte el video o la foto de marras, hay otra estrategia para el postureo en las redes sociales. Quejarte de la supuesta antipatía del famoso. Incluso se le lanza fotos a discreción para demostrar que está frente a tus ojos. Y hasta se le ataca estiquetándole en las redes sociales. Nadie se pone en la posición del personaje popular. Se debe a su público, pero también el público debe deberse a sus artistas. Porque, si te hace ilusión acercarte a alguien que admiras se puede y hasta se debe. Porque esa ilusión se desprende y contagia al rostro conocido. El problema es cuando se pierden las forma y la educación en la era de la ansiedad de llevarte una medalla en formato fotografía.

@borjateran

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‘8 apellidos vascos’ arrasa: claves del éxito de la película más vista con 8,2 millones (47,5%)

Y arrasó. El estreno de Ocho apellidos vascos ha arrebatado a Sylvester Stallone y su Pánico en el túnel el título de película más vista en televisión, desde el año 2000 con el actual sistema de análisis de audiencias. Y es que hasta 1992, cuando se empezaron a implantar los audímetros, era más habitual que el cine pasará los 10 millones de espectadores. No había pluralidad de canales. Ahora, con el actual modelo de competencia y segmentación (TDT, plataformas de pago…), el vertiginoso dato de anoche de 8 apellidos vascos se convierte en un récord histórico.

En total, 8.270.000 espectadores y un 47.5 por ciento de share ha logrado este hito conseguido gracias al truco de la emisión simultánea en Telecinco (5.359.000 espectadores y un 30,8 por ciento de share) y Cuatro (2.911.000 espectadores y un 16,7 por ciento de share). Al incorporar Cuatro a la proyección, Mediaset se ha quitado un competidor dentro de la casa para así aupar más la audiencia.

De esta forma, la película de Dani Rovira y Claro Lago ha superado a Pánico en el túnel, cinta que se emitió en 2000 y tenía hasta anoche el récord del ‘siglo’, con 38,2 por ciento de share y 6.370.000. Seguida de Avatar de James Cameron que, en 2013, congregó un gran 32,1 por ciento de share y 6.155.000 espectadores.

8 apellidos vascos ha logrado romper esa barrera. Sus principales ases en la manga es que es el mayor taquillazo del cine español de la historia y que, en estos días, se vive una potente campaña para promocionar su secuela, 8 apellidos catalanes.

Telecinco ha aprovechado la retroalimentación con la segunda parte de la saga para estrenar su gran filón cinematográfico. Dicho y hecho. El filme ha pulverizado las audiencias en su emisión simultánea en Telecinco y Cuatro. Ha cumplido las expectativas. Aunque el dato no sorprende tanto en este caso, por el furor que despertó en salas y porque su esencia es muy parecida a la de las grandes comedias televisivas españolas de éxito en prime time, que atraen targets masivos.

Un triunfo de Mediaset España que, en cambio, tardó en ver la luz porque sus productores no las tenían todas consigo con respecto al guión: se tenía cierto temor a que en España no se entendiera este tipo de humor autocrítico que, sin embargo, ya había arrasado en otros países de Europa, como en Francia, con la película Bienvenidos al norte, o en Italia, con Bienvenidos al sur.

Al final, todos esos temores volaron por los aires y el público conectó con 8 apellidos vascos y sus chistes. Mucho. Un fenómeno social consecuencia del boca a boca. De hecho, ni Telecinco realizó una invasiva promoción cuando se estrenó la película en las salas de cine, como acostumbra. Los comentarios espontáneos del público propulsaron el éxito. La emisión en televisión no podía ser menos.

Porque 8 apellidos vascos no cuenta con una espectacular fotografía. La factura visual del filme es floja, pero la historia, esa historia en la que pocos confiaban, cuenta con el ingrediente de ese cine español que siempre triunfó: el estereotipo reconocible llevado al extremo hasta convertirlo en desternillante.

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Qué maravillosa aventura fue B&B. Gracias por vuestro cariño a Juan. Os echaré mucho de menos, compañeros“. Así se ha despedido Dani Rovira de la serie de Telecinco desde su perfil de Twitter.

Su personaje del entrañable becario ha partido enamorado a Málaga, su tierra, que también ha sido protagonista de la ficción de Globomedia, con constantes alusiones del propio actor, en una temporada en la que B&B ha crecido en guion.

Las tramas familiares costumbristas han dado paso a un mayor peso de la historia de una redacción en plena ebullición, en la que se dibujan los conflictos de una forma luminosa, coral, sexy (no faltan las escenas sin camiseta en los baños, claro, véase la foto de arriba) y en donde las diferencias entre las clases sociales tienen mucho que decir.

Belén Rueda destaca en un reparto en el que brillan Fran Perea, Sara Sálamo o, especialmente, Luisa Martín. De nuevo, interpreta a una chacha. Aunque con otro registro diferente al de Médico de Familia. No da vida a aquella Juani dicharachera en un reconocible núcleo familiar de clase media, ahora Martín se mete en la piel de una criada sumisa a las órdenes de un clan de élite.

Y esa élite es la del director de la propia revista. Malos tiempos para su publicación, a pesar de la intensa fluidez de las tramas y de la radiante interpretación del elenco, B&b no destaca en audiencias. Ha sufrido un largo parón de emisión, entre temporada y temporada, que ha desenganchado a los espectadores.

El gran público no ha dado una segunda oportunidad a B&B.  Y tampoco ayudará la ausencia del personaje de Dani Rovira. La marcha se notará, pues sus apariciones servían para romper y dinamizar unas historias donde se entremezcla drama y humor con la reconocible astucia del creador de series Daniel Écija.

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