‘Sister Act': un musical que crece en las redes sociales

Tras instalar su particular convento en el mítico Teatro Tívoli de Barcelona, Sister Act ha comenzado una ruta por el territorio nacional que terminará con la llegada en Madrid el 18 de marzo.

Una ruta que no se queda en las representaciones del musical en los teatros de la España que nos parió. No, el equipo de Sister Act también está sabiendo aprovechar las redes sociales para mostrar su talento al mundo y hacer a la gente partícipe de su convento. 

Más allá del autobombo o el spam, las redes sociales de Sister Act dan en la diana de una comunicación cómplice con su audiencia: enseñando la trastienda del musical, jugando con los medios que realizan reportajes del musical y, sobre todo, creando vídeos propios para las redes.

Y estos vídeos son el gran acierto de las redes oficiales del musical. No se quedan atados en el tópico del anuncio de promoción: producen brillantes gags que, además de animar a ir al musical, incitan a seguir viendo vídeos, vídeos y más vídeos del elenco en Facebook. O donde se tercie.

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Las 3 (rápidas) razones por las que no te puedes perder ‘Cabaret’

1. Los protagonistas perfectamente imperfectos.

Cristina Castaño (Sally Bowles), Edu Soto (Emcee) y Daniel Muriel (Clifford) son los cabezas de cartel de una temperamental versión de Cabaret, que va más allá de la interpretación solvente de perfectos cantantes de musical para  abrirse a los actores de carácter. Los intérpretes que enriquecen el personaje con un torbellino de texturas, con fondo y trasfondo, lo que se traduce en un plus de emoción para el espectador.

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2. La imaginación hecha realidad

Esas texturas con fondo, trasfondo y carácter de los personajes impregnan de realidad el viaje que supone la historia de Cabaret. Y esa realidad también ayuda el otro protagonista de la adaptación, el Teatro Rialto, que acoge el Kit Kat Club. El antiguo cine madrileño traslada al espectador al propio universo cabaretero gracias a sus propias paredes y a una escenografía que las aprovecha, descubriendo, por momentos, los ladrillos reales del fondo del escenario. Más realidad. Y es que el escenario no es muy grande, pero la puesta en escena lo estruja con una soltura pasmosa, que juega sin dar tregua a la imaginación del espectador hasta el mismo final, cuando el decorado sufre un giro dramático espectacularmente conmovedor.

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3. El sello Azpilicueta

Azpilicueta lo ha vuelto a conseguir. En Cabaret, hace compatible lo elegante con lo rimbomante, pues abraza con naturalidad la esencia de las escenas dramáticas con las coreografías del show cabaretero. Una combinación sin medias tintas: en vestuario, en coreografía, en iluminación, en versiones de los icónicos temas musicales y en vibrantes interpretaciones (Castaño y Muriel, especialmente) que convierten a este Cabaret en más que un musical: una historia comprometida con la historia.