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Belén Esteban

Belén Esteban: la historia interminable

Ha vuelto a suceder. Un 22.9 por ciento de cuota de pantalla y 2.583.000 espectadores han otorgado el firme liderazgo a las historias de Belén Esteban en Sálvame. El programa de Telecinco sigue viendo como se dispara su audiencia con este particular fenómeno que lleva dos décadas como un rentable éxito televisivo sin fin aparente.

Ahora, el culebrón de la realidad vital de Belén Esteban ha sufrido el giro dramático que necesitaba: el enfrentamiento con su propio y popular representante, Toño Sanchís, que supuestamente ha estado “robando”, en los últimos años, grandes cantidades de dinero que pertenecían a la Esteban. Otro vuelco perfecto para seguir alimentando la historia de la ex del torero. Ni Falcon Crest, oye.

El magnetismo de la Esteban es evidente. Este viernes, la artista del cotilleo no requería ni preguntas de Jorge Javier Vázquez. Tenía claro lo que tenía que contar para rebatir a su ex representante y soltaba su discurso con un control absoluto del plató. Porque Esteban ha inaugurado una nueva profesión: la folclórica del cotilleo nacional.

Pero su fervor popular no es sólo mérito de la Esteban. Sálvame sabe potenciar cada una de sus apariciones como en el buen culebrón. No sólo impulsan con cebos constantes la expectación por cada una de sus comparecencias, también logran aderezar su presencia como si de una ruidosa telenovela se tratara. Con constantes músicas de fondo que disparan la tensión emocional del espectador, que recalcan el discurso de Belén Esteban.

Una banda sonora a medio camino entre la película de terror y los instantes más lacrimógenos de Heidi. Además, marcando los momentos de más intensidad de la entrevista-monólogo con unos ‘chán, chán‘ que dan ese plus de tensión extra a las declaraciones más rimbombantes.

Y queda culebrón para rato. Porque ahora en Sálvame podrán traer al antagonista (el representate, Toño) e incluso cocinar el enfrentamiento entre los dos. Lo que será una bomba muy rentable para todos. En definitiva, la historia interminable.

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Belén Esteban, el arma de Telecinco para subir la audiencia: ¿ahora a Supervivientes?

Supervivientes regresa pronto a la parrilla televisiva. Ya existe un equipo de la productora en Honduras para preparar los prolegómenos de un reality que necesita un golpe de efecto con el que sorprender a una audiencia que ya se las sabe todas en esto de los concursos de supervivencia con caras populares.

La reinvención española de La isla de los famosos, aunque comparte infraestructura con otras versiones internacionales, se ha centrado en los últimos años más en la polémica entre los concursantes que en la esencia aventurera del formato original.

En España no importan tanto las pruebas físicas, la pesca diaria o la superación de los náufragos. Tras el lanzamiento de helicóptero, Telecinco ha puesto el foco en las disputas de los participantes, a lo Gran Hermano pero en una playa. Esta materia prima es sin duda el fuerte del canal de Mediaset.

Sin embargo, tras el culebrón que se formó en la edición de Rosa Benito o la aparición de Isabel Pantoja en la temporada de Kiko Rivera, en Telecinco necesitan algo más para propiciar un repunte del interés de un formato ya veterano y que viene precedido por una edición insípida (la actual) de Gran Hermano VIP.

No sólo eso, el verano pasado, el reality Pasaporte a la isla, con la misma esencia de Supervivientes -pero a las afueras de Madrid-, resultó un fiasco considerable con cancelación anticipada. Lección aprendida: no se puede estirar la fórmula de un espacio de estas características de una forma tan low cost y sin un elenco con cierta capacidad de crear expectativa con sus fichajes.

Así que, como en España lo de menos es la superación y la supervivencia, el show necesita un buen casting que llame a la masa a ver el programa más allá del arranque con el morbo del sufrimiento de los lanzamientos desde el helicóptero. Y, claro, parece que no se les ha ocurrido otra cosa que tentar al más evidente de los fichajes infalibles: Belén Esteban. Así lo ha publicado Vertele en exclusiva.

A primera vista, la nueva temporada no pinta bien. Están fichados los ya visto ganadores de Pasaporte a la isla Mari Carmen (la señora madre de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?) y un tal Cristian (un prototipo de Mujeres y hombres y viceversa), y también se sabe seguro que participará Mila Ximénez, un engranaje para dar el toque Sálvame al show. Pero se ve que Telecinco cree que lo que su audiencia quiere es tener a Belén Esteban en la isla.

Y es que está comprobado que, cada vez más, estos formatos necesitan mucho combustible para seguir haciendo ruido y generando conversaciones, tuits, memes… La Esteban es fuente obvia de momentazos, y más en la isla, pero parece complicado que ella se lance a Supervivientes sin condiciones especiales. Pero algo se les ocurrirá en Mediaset. Aunque, quizás, lo que deberían pensar realmente es en cómo depender menos de Belén Esteban a la hora de asegurarse el éxito de sus programas…

@borjateran

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Belén Esteban, el éxito de llevar una folclórica dentro

Anoche, de nuevo, Belén Esteban ha sido entrevistada, sin filtros, frente a la mirada cómplice de Jorge Javier Vázquez en Sálvame Deluxe.

El culebrón de su vida no tiene fin: ahora el malo de la telenovela es su propio representante, Toño Sanchís, que supuestamente ha estado robando, en los últimos años, grandes cantidades de dinero que pertenecían a la Esteban. Otro giro dramático perfecto para seguir alimentando la historia de la ex del torero. Ríete de Cristal. Ríete de Falcon Crest. Esto es mucho mejor, porque la protagonista es real, y de aquí, del barrio de San Blas.

No se agotan las tramas de la existencia de Esteban, siempre existe una nueva. Y esta de Toño es especialmente jugosa, pues el representante de los famosos, posiblemente el que tiene menos escrúpulos del panorama nacional, había alcanzado cierta popularidad mediática. Era inseparable de la colaboradora de Sálvame.

Aunque el conflicto con el manager (de ser el mejor amigo íntimo ha pasado a ser dibujado con un maquiavélico personaje de manual) no es lo más importante. La clave del éxito del drama de la vida de Esteban está en el magnetismo que ella desprende a la hora de narrar cualquier episodio de su vida, con una naturalidad de descansillo de escalera o, en su defecto, tendedero de corrala. Y esto traspasa la pantalla despertando un colosal grado de empatía e identificación en el público. Su presencia en primer plano casi hipnotiza. No puedes dejar de escuchar lo que dice. Es un tópico pero es verdad: es un animal televisivo en toda regla.

Porque Belén Esteban es como esas folclóricas que ya casi no quedan y que te dejaban pegado a la pantalla. Como lo fueron, salvando todas las distancias artísticas, Lola Flores o Rocío Jurado. Ellas hablaban en los platós sin demasiadas corazas, sin conocer el significado de lo políticamente incorrecto y, sobre todo, controlando poco o nada la información que soltaban. Simplemente se dejaban llevar por su instinto. Y lo aderezaban con un aluvión de datos accesorios (nombres, direcciones donde sucedían las cosas…) que daban a las historias una proximidad tangible aún mayor.

Belén Esteban no canta, no baila (ya lo demostró en aquel carnaval de Tenerife) y ha vivido de su intimidad televisada durante más de 20 años. Pero la fascinación que desprende tiene mucho de aquellas folclóricas que se bastaban consigo mismas para resultar interesantes ante una cámara.

Porque es indudable que ella tiene un talento especial para explicar su vida como un torbellino del que es difícil escapar si te lo encuentras delante, seas consumidor de la información rosa o no. Esteban es una folclórica de nuevo cuño, propia de la televisión de nuestro tiempo, en la que lo de menos es el mérito artístico. Basta con una personalidad abrumadora, capaz de generar filias y fobias con la misma intensidad. De eso ella anda sobrada. Por eso, le pese a quien le pese, se ha convertido en un personaje clave de la cultura popular de los últimos años.

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Sálvame: así ha revolucionado Telecinco (y la TV convencional)

En marzo de 2009 arrancaba un programa noctámbulo bajo el nombre de Sálvame. Su función: comentar el devenir de la edición de Supervivientes de turno, pero de una forma especialmente divertida y desenfadada. La aceptación por el formato fue rápida, tanto que, apenas un mes después, Telecinco decidía que Sálvame probara suerte también en formato diario en la tarde.

Casi 7 años después, lejos de desgastarse, el programa de la compañía ‘La fábrica de la tele’ está cosechando competitivos resultados de audiencia. Los logra con una forma de entender la televisión que ha descolocado la parrilla televisiva tradicional.

Ruptura con lo preestablecido

Los grandes creadores de la historia de la televisión aprovechaban la parte trasera de la televisión para enriquecer el espectáculo de sus programas. Valerio Lazarov, Chicho Ibáñez Serrador, Emilio Aragón e incluso Jesús Hermida salían del plató en pleno show cuando tocaba. Hasta se atrevían a mostrar a los cámaras y el equipo técnico. Hacían a la gente partícipe de las bambalinas del estudio. También sucede en Sálvame, es una de sus señas de identidad, aunque este particular magazine ha dado un paso más allá y ha convertido con inteligencia el plató en un reality incontrolable, donde nunca hay cuarta pared, donde lo importante es la historia por encima de los tradicionales protocolos de la televisión.

Picnic

En tiempos de vídeos caseros de Youtube, grabaciones de móviles y nuevas narrativas audiovisuales, el equipo de Sálvame no ha tenido complejos a la hora de compartir con el público las necesidades humanas más terrenales y no atarse a esos previsibles protocolos del supuesto buen gusto catódico. No importa tanto la calidad de la imagen de un vídeo si existe una historia detrás. Tampoco ver a Belén Esteban comiendo, o correr al baño sin disimulo. La audiencia de Telecinco se siente (más) cerca de sus particulares estrellas. No usan eufemismos ni se pierden en (excesivas) formas.

Terrenalización del famoseo

Sálvame ha terrenalizado el universo del corazón. Los vividores de la fama han dejado de ser millonarios con chalet en Marbella para dar paso a un abanico de personajes más reconocibles por parte de la audiencia. Del barrio. El sentimiento de ‘aspiración’ ha pasado el testigo a la ‘identificación’ de un determinado tipo de público. La democratización del personaje por encima de su pedigrí.

Imaginario colectivo

Y en esa pérdida de importancia del pedigrí, Sálvame ha revolucionado el panorama de famosos de las revistas rosas. Los propios colaboradores del formato de Telecinco se han convertido en lo más comentado del cuore. El corazón español ya no es tan pomposo, ahora es más de andar por casa. Sálvame ha mutado el imaginario colectivo de famosos.

Desdramatización

El género de programas del corazón se tomaban ron la crónica rosa demasiado en serio. Vivían instalados en un ‘peloteo’ por encima de sus posibilidades. Ahora el tóxico tratamiento ‘cortesano’ ya no abunda. Programas como Qué me dices tuvieron mucho que ver en este natural cambio de tendencia, pero uno de los secretos de Sálvame es que todas las polémicas de culebrón van salpicadas con cierto humor. Porque este tipo de programas mejor si son digeridos con la trascendencia intrascendente que merecen. Y ahí Jorge Javier Vázquez (también Paz Padilla) ha tenido mucho que decir: ha sido el maestro de ceremonias que ha salvado el show por su ironía, corrosión y humor. Sabe cuando no toca estar más serio de la cuenta. El espectador observa el programa al lado de su complicidad.

Por encima del presentador

Y siete años después, el formato ha logrado un estatus que no es tan habitual como parece en la televisión: Sálvame está por encima de sus presentadores. Es un producto coral, que no depende de nadie para lograr un gran dato de cuota de pantalla. Jorge Javier Vázquez, Paz Padilla, Terelu Campos, María Patiño. Incluso los directores se transforman en maestros de ceremonias, como Carlota Corredera. Es un programa que es versátil, se adapta a las necesidades de cada momento, de cada contenido, pero sin perder su esencia de reunión golfa. Un valor crucial en la televisión en directo: la versatilidad (y la picaresca, claro).

Cuatro horas en directo

La fórmula de Sálvame es inaudita en las grandes cadenas de nuestro entorno. Un gran formato, de cuatro horas de duración, que genera grandes dosis de contenido y que se adapta a las necesidades de la cadena con una rentable elasticidad empresarial. Un único show con un público muy fiel, en donde otras emisoras deben emitir varios productos diferentes. Y es que Sálvame ha sabido dar en la diana de la telenovela de toda la vida, pero a través de las poderosas realidades del día a día de unos rostros que no son actores y se han convertido en parte de la familia de los espectadores de Mediaset. Esa telenovela de barrio, sin fin y sin decorados de cartón-piedra, que evade con dramas en los que (casi) siempre termina ganando la comedia.

@borjateran

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El último giro dramático de Sálvame

Pocos aseguran ver Sálvame, pero casi todos están al tanto del último giro dramático de Sálvame. El representante de Belén Esteban, Toño, presuntamente podría haber robado una ingente cantidad de dinero a la princesa del pueblo. Y ella ha explotado. En directo, claro, como explotan las princesas del pueblo

Si yo hablo, se cae Telecinco“, ha soltado Esteban en plena vorágine de indignación aderezada con música de tensión. Porque el culebrón de Sálvame no cesa, no baja la guardia. Ya sea con sensores del polígrafo, o con exageradas tramas entre sus colaboradores.

Así es este particular surrealismo televisivo que ha creado escuela en la televisión. Todo es Sálvame. Hasta existen programas informativos con vídeos que ceban las noticias como el programa de Telecinco.

Y ahora, en la propia trastienda del programa, surge la ruptura hecatómbica de un representante con su artista. Aunque no es un representante cualquiera, tampoco una artista al uso. Él es el manager de los famosos. Ella su mayor negocio: la figura más rentable de la prensa rosa en los últimos 20 años.

La televisión se ha hecho eco de cada movimiento de su vida: rupturas, enamoramientos, adicciones, traumas, cambios estéticos… y cuando parecía que el guion se agotaba para siempre ¡zas! El representante. Lo que faltaba. Sálvame introduce un nuevo tipo de separación: el divorcio laboral del show business.

Porque Sálvame ha logrado convertir el género del magazine en un infinito culebrón con el valor añadido de que está narrado sobre hechos reales, que muchas veces suceden en directo en plató. Y todos pierden los papeles. Y todos se desquician. Y todos se ríen de sí mismos. Y todos se dejan llevar frente a las cámaras en un programa que está a medio camino entre un tebeo, la revista de Lina Morgan, un documental de BBC Exclusive y una película de suspense.

Una película, tal vez una españolada, que, aunque la competencia crezca, mantiene enganchado a un público fiel, que no falla a su cita con Jorge Javier Vázquez, Paz Padilla and friends. Una audiencia ansiosa de evadirse con las miserias de un reconocible patio de vecinos, formado por un batiburrillo de colaboradores, que ha triunfado por su anormalidad dentro de la normalidad. Hasta convertirse en parte de la famlia de sus propios espectadores, cómplices y aliados. Están prendidos por las tramas de la realidad de la vida en directo, la vida contada a través del instinto televisivo, intensidades e ironías de Sálvame. La tele-realidad del superrealismo.

@borjateran

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