¿Eran actores los anónimos hipnotizados en ‘1,2,3 hipnotízame’? Lo explicamos

Tras su éxito internacional, la hipnosis ha regresado a la televisión en España con 1, 2, 3 hipnotízame. Y lo ha hecho con la inevitable misma polémica de siempre: ¿es real o son actores? Aunque, en esta ocasión, el debate se ha acrecentado porque se ha “descubierto” que uno de los anónimos del público que fue hipnotizado ha sido figurante en series como Acacias 38. Diferentes usuarios de las redes sociales ponían el foco en este hecho.

 

Como consecuencia, rápidamente, se ha dado por seguro que es un actor interpretando una hipnosis. Sin embargo, en realidad, no hay que quedarse en la superficie para ir más al fondo del asunto. En la trastienda de la televisión, existe un perfil de personaje que se presenta a todo tipo de cástings: da igual que sea para hacer sombra a los Alcántara en el fondo de un plano, en Cuéntame, o para tener un papel con frase en una ficción de sobremesa. También acuden de público a los programas. No suele fallar a cualquier grabación donde se les requiera.

Casi todos están inscritos en las mismas agencias de figuración o visitan el mismo tipo de webs (como SoloActores.com o Yatecasting.com), y se suelen apuntar a todos los formatos que necesitan ‘extras’ o público. 1,2, 3 hipnotízame no iba a ser menos.

Pero eso no quiere decir que el figurante en cuestión no haya sido hipnotizado y esté interpretando papel. Al contrario, lo normal es que este tipo de shows grabados (Me resbala, La voz….) compartan público que se presta a los gajes del show durante largas horas de grabación, ya sea aplaudir, cantar, bromear o, en este caso, ser hipnotizados. Ocurre igual con el resto de la grada: es probable que todos estén curtidos en otras figuraciones en series o como público habitual en programas.

El error de 1,2,3 Hipnotízame ha radicado en que, en una especie de obsesión por el ritmo televisivo, no han explicado cómo y por qué funciona la hipnosis. No han divulgado cómo son las pruebas de sugestión para entrar en ‘trance’. Un fallo, pues entender este proceso, bien explicado, es lo que necesita la audiencia de la televisión de hoy y también puede ser interesante para potenciar la cuota de pantalla, ya que este ejercicio transmite más veracidad. Pero eso no pasó. La hipnosis simplemente parecía arte de magia. Y el espectador sólo vio gags que podían ser emitidos en otros programas cómicos como Me resbala.

El debate sobre si la hipnosis en un programa de televisión es real o cierta siempre es inevitable, nos hemos convertido en muy incrédulos, y más si simplemente se espectaculariza y no se explica. Pero la hipnosis existe, es cierta, no es una invención televisiva.  Todos los participantes, famosos y anónimos, de 1,2,3 hipnotízame pasaron las pruebas de sugestión.

Es más, el programa no necesitaría, en ningún caso, contar con actores, porque con el público del plató basta. Es mucho más fácil (y barato) buscar a aquellas personas más abiertas a la hipnosis en la grada que poner a interpretar a actores. Otra cosa es que ese mismo público de esa grada sea de agencia, y que como tal, un día está aquí y al siguiente da vueltas por las calles de cartón piedra de Acacias 38. Porque esa es su ocupación diaria.

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No ha sido casual. Tras el éxito internacional de los programas de hipnosis, esta noche Antena 3 ha probado suerte con un formato de estas características. Se llama 1,2,3 hipnotízame y sigue la estela de varios shows que han logrado grandes datos de audiencia en países de nuestro entorno, especialmente You’re Back In The Room, en la britática ITV, y Stars Sous Hypnose, del principal canal francés TF1.

Manel Fuentes y Jandro han presentado este espacio que hipnotiza a diferentes personajes populares: Mario Vaquerizo, El Cordobés, Enrique San Francisco, Anabel Alonso, El Monaguillo, Bustamante… El objetivo:  poner a los invitados en situaciones imposibles, inauditas o surrealistas por obra y gracia de la hipnosis. La misma fórmula que ha triunfado en Francia con diferentes especiales temáticos, en los que un elenco de famosos son sugestionados por el hipnólogo Messmer, que les hace perder el control racional. Una especie de Mira quién baila, pero con el poder de la mente como protagonista. Incluso algunas de las tramas del programa español se han parecido, aunque en el de Antena 3 el plató es bastante más pequeño y menos espectacular.

No obstante, la versión española no se ha conformado sólo con utilizar a famosos como cobayas a la francesa y también ha utilizado al público en el estudio. Pero no sólo para hacer gags, también poniendo al personal a jugar en el colofón del show: cuando tres voluntarios han sido incapaces de abrir una urna con 25.000 euros. Tenían la llave, pero su sugestión hipnótica les inducía a realizar acciones delirantes justo en el momento de destapar la caja con el dinero (en vez de utilizar la llave, usaban otros utensilios -un plátano, una cucharilla o el propio dedo-). Así que se quedaron sin la pasta, claro.

Jugar sugestionado es otro ingrediente del triunfo de este género a nivel internacional. Es el caso del programa de hipnosis de los sábados en UK, You’re Back In The Room. Un concurso en el que los participantes deben superar diferentes pruebas que son muy sencillas pero, sin embargo, se les complican porque sufren patosas órdenes post-hipnóticas. De esta forma, el concurso se convierte en una comedia loca.

Famosos, juegos… y peatones. Porque 1,2,3 hipnotízame también ha salido al exterior del plató, para realizar una pequeña pieza callejera, donde los hipnotizados han sido viandantes. Esto remite a varios programas de éxito internacional, especialmente uno de Canadá, Les HYP-GAGS de Messmer. O lo que es lo mismo, la versión en hipnosis de los ya habituales docushows de magia  de magos, como Dynamo (en España se emite en Discovery Max) que van sorprendiendo a la gente por la ciudad, ya sea en una plaza pública, en lo alto de un rascacielos o en su puesto de trabajo.

La escasez de formatos televisivos revolucionarios a nivel internacional ha propiciado que las cadenas estén a la caza y captura de nuevos shows que llamen la atención. Así ha surgido la resurrección de los formatos con hipnosis colectiva, que ya tuvieron cierta repercusión en los noventa (aquí en España ya vimos a Toni Kamo durmiendo a los invitados de Hola Raffaella o un espacio en Telecinco con Bibiana Fernández llamado Hip, hip, hipnosis, que no funcionó).

Y Antena 3 ha intentado probar esta tendencia global, de forma sigilosa, en esta noche de Semana Santa. Lo ha hecho con un programa especial sencillo, que ha emulado a sus homólogos internacionales.

LO MEJOR

El acierto es que el show ha huido de lo ridículo (nadie se ha convertido en gallina) y ha pretendido aportar una mirada más constructiva y curiosa. Y, en una noche con baja competencia, la novedad ha hecho que el programa lidere con un 19.5 por ciento de share y 2.997.000 espectadores.

LO PEOR

El problema: aunque la hipnosis de Jeff Toussaint es cierta, como el casting se compone por famosos demasiado habituales a eso del show business de Atresmedia, parecían jugando a un programa de Me Resbala cualquiera y, por tanto, el formato no ha resultado muy creíble por un espectador resabiado de las artimañas de la tele.

La audiencia necesita más que una explicación y un chasquido de dedos para creerse lo que sale por la pantalla plana. Y en eso 1,2,3 Hipnotízame no ha aprobado, pues no ha logrado profundizar en la fuerza de la hipnosis de verdad. Ha sido una oportunidad perdida para crear un programa de mayor recorrido. Se ha quedado a medias, en pruebas superficiales y tópicas (calambres en el micrófono de Bustamante -lo nunca visto-, Anabel Alonso lanzando sal, Vaquerizo olvidándose del número 7 …). Ha faltado más espectáculo imprevisible de prime time. Ha faltado ser un poco más traviesos, más surrealistas, más emocionantes, más genuinos.

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  • ‘El Hormiguero’, en su versión nocturna con Bertín tras el partido de Champions, alcanzó un buen 17.3 por ciento de share con 2,1 millones de seguidores.

Televisión Española ha estrenado anoche su nueva serie El Caso (lee el análisis sobre su estreno) y Bertín Osborne ha decidido visitar a su amigo Pablo Motos para hablar, entre otras cosas, de su marcha de Televisión Española. Inaudito: Bertín en Antena 3 narrando los motivos del final de su exitoso programa en La 1  y, además, explicando la forma en la que está viviendo el cortejo por todas las cadenas.

No es nada habitual que desde una televisión privada exista una entrevista sin tabúes sobre el mercado de fichajes de emisoras de la competencia. Menos aún si el protagonista puede terminar en el canal rival. Es decir, en Telecinco. Pues, entonces, la charla se convierte en una promoción para el “enemigo”.

Pablo Motos es uno de los pocos que puede derribar ese muro de autocensura de las cadenas privadas. El presentador cuenta con una libertad extra, ganada fruto de otro sonado fichaje (que llevó a El Hormiguero de Cuatro a Antena 3). Sin embargo, anoche, Motos no ha logrado sacar gran cosa a Bertín, que ha contado lo que ya sabíamos y hemos narrado en lainformacion.com en las últimas semanas.

Bertín se va de La 1 porque Televisión Española no puede contratar los programas que estaban comprometidos. Sólo cinco ediciones. “No he dejado mi programa por dinero, lo dejo porque necesito cierta estabilidad”, comenta. “No critico a TVE, estamos muy agradecidos, otra cosa es que ellos pueden hacer lo que pueden. Depende de un gobierno, que no se sabe si está o está. Entonces, entiendo que no se puedan comprometer a dar un muchos programas y este formato requiere una estabilidad que es fundamental para conseguir invitados”, explica.

Ahora el cantante está escuchando propuestas de otras cadenas “españolas y americanas”. No obstante, aún la pública puede realizar su derecho de tanteo. Si iguala la oferta del adversario, Osborne seguirá en TVE como si nada. Y él “encantado”, como ha comentado a Motos.

Osborne, que ha promocionado también su gira y embutidos en el programa de Antena 3, ha desvelado en El Hormiguero que, en menos de una semana, sabremos el desenlace de este particular culebrón. Hasta ha “prometido” que dará la exclusiva de su nuevo canal al propio Motos. ¿Bertín fichado en Telecinco y anunciándolo en Antena 3? Eso sí que sería surrealista.

Lo que tiene claro Bertín Osborne es que no pertenecerá “a nadie” fiche por quien fiche. En lo que respecta a su exclusividad es contundente, “tengo que contar con la posibilidad de hacer lo que me salga de las narices”, sentencia.

Y ahí está el cimiento de su éxito: Bertín nunca deja de ser Bertín. Su naturalidad te deja pegado frente al televisor porque suelta aquello que le pasa por la cabeza con un espontaneidad imparable que, además, maneja anécdotas casi para cada tema, ya sea un político o folclórico (se conoce a todo el artisteo de los últimos 30 años), Bertín maneja la información sin demasiados filtros. Bueno sí, con un filtro: el de la simpatía de la campechanía cañí.

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El Bertinazo: Osborne, arma de Antena 3 contra el estreno de ‘El Caso’ en TVE

En plena polémica sobre la marcha de Bertín Osborne de Televisión Española, el cantante y presentador ha aceptado ser el protagonista de un especial de prime time de El Hormiguero que competirá frontalmente con el gran estreno de ficción de su actual casa TVE, El Caso.

Osborne se convierte, así, en el contraprogramador de la propia cadena que aún emite su programa y que precisamente en la noche del martes buscará que el gran público descubra una interesante producción, protagonizada por Fernando Guillén Cuervo y Verónica Sánchez. La serie muestra las entrañas del diario El Caso, dibujando las relaciones de la redacción y las investigaciones para averiguar los crímenes que sucedían en aquella España de mediados del siglo XX.

Pero Bertín ha decidido aliarse el martes con un especial de Pablo Motos en prime time. Será a las 22.30, justo después del partido de la Champions. El pasado 16 de noviembre, ya Osborne visitó el plató de Trancas y Barrancas y catapultó a El Hormiguero a su máximo histórico de audiencia con 4.172.000 espectadores (un 20,4% de cuota de pantalla).

Ahora Antena 3 busca repetir ese golpe de efecto con el personaje que actualmente, comprensiblemente o no, es la sensación mediática del momento. Ha prometido que hablará de todo. Incluso de su fichaje. Y ya sabemos que su campechanía arrasa: es adictiva y convence, hasta a detractores que se quedan pegados a la pantalla. ¿Se irá Bertín a Telecinco? ¿Antena 3 le cortejará esa noche? ¿Debería el presentador haber guardado fidelidad a TVE, al menos hasta que finalicen los programas de En la tuya o en la mía que aún faltan por emitir (y su contrato)?

Tras los ‘belenazos’ de Belén Esteban contra la competencia, parece que llegan los ‘bertinazos’. Y el estreno de El Caso de TVE puede sufrir un trágico envite por parte del rostro revelación de la temporada de TVE. Paradojas de la televisión campechana actual.

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‘Buscando el norte': lo mejor y lo peor de la nueva serie de Antena 3

Ya se sabe. La televisión se nutre de corrientes cíclicas. Ahora tocan los conflictos norte/sur. Si triunfó 8 apellidos vascos, había que hacer una serie llamada Allí Abajo. Si funcionó la película Perdiendo el Norte, por qué no hacer una ficción en televisión con los mismos mimbres titulada Buscando el norte. Y estas cuatro producciones llevan intrínseco el mismo conflicto: el caos de enfrentarse a unas costumbres que no son las de tu hábitat natural ni tu área de confort.

Y de ahí, claro, surgen situaciones delirantes, aptas para la comedia. Este tipo de producciones llevan triunfando durante años en países de nuestro entorno, ahora también en España. Y ese ha sido el principal fuerte de Buscando el norte: retratar, a su manera, a esos españoles que, como en los años cincuenta, emigran en la actualidad a la caza de un futuro mejor. No siempre lo consiguen.

La serie ha arrancado con una especie de parodia de Españoles por el mundo, el programa que muestra a extranjeros que se han exiliado y viven en una felicidad de cuento. Estos primeros minutos han sido un acierto para disimular la casi siempre tortuosa presentación de personajes. Porque, sobre todo, Buscando el norte es una serie de personajes.

Destaca el elenco, liderado por unos entregados Antonio Velázquez y Belén Cuesta, a los que acompañan Jorge Bosch, Goizalde Núñez, Fele Martínez, Bárbara Santa-Cruz, Silvia Alonso y Elisa Mouliaá. Y también destaca Berlín, como coprotagonista vibrante y fotogénica. Las localizaciones reales aportan autenticidad y fuerza visual a la serie, que retrata a la perfección el particular frío hospitalario de la capital alemana.

El guion de este primer episodio no ha sido precisamente su punto fuerte, pero sí que se apunta que las tramas se comprometerán con este tiempo complicado que vivimos a través de la comedia cómplice.

Lo malo es que su premisa es menos reconocible y empática que un chiste entre vascos y andaluces. No todos los espectadores han vivido la emigración de cerca, si bien el guion suple esta carencia con una conexión constante con España. De hecho, no falta ni la tasca al estilo Los Serrano. Eso sí, ahora montada en Berlín, claro. Marcelino Pan y Vino, se llama. Los alemanes, por suerte, no entienden el juego de palabras. Ni falta que les hace.

Muchos espectadores tampoco han entendido la forma en la que la serie fuerza constantemente coincidencias entre sus protagonistas emigrados a Berlín. Por supuesto, las tramas de comedia deben alimentarse de conflicto a través de coincidencias, pero este primer capítulo de Buscando el norte ha contado con sobredosis de casualidades. Y ha chirriado en ese sentido.

La semana que viene habrá que ver si se consolida el éxito o el fracaso de esta nueva comedia. De momento, en el adelanto del próximo episodio, ya han cebado los desnudos de Antonio Velázquez y Elisa Mouliaá en una secuencia de sexo por webcam. La carne es la carne. Aquí y en Alemania.

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Mónica Naranjo: los daños colaterales de abandonar un programa como ‘Tu cara me suena’

Tras una exitosa carrera musical, los espectadores descubrieron el carisma televisivo de Mónica Naranjo gracias a Tu cara me suena. El talent show de imitadores fichó a la cantante como miembro del jurado en 2011. Y sorprendió su carisma. Naranjo jugó, entró al trapo, emocionó. En definitiva, brilló con su personalidad propia. Estaba en el programa perfecto para ello.

Sin embargo, tras la edición “mini” (con niños) de Tu cara me suena en 2014, Naranjo decidió abandonar el formato que le había dado la gran oportunidad televisiva. También Antena 3, la cadena que incluso apostó por ella para conducir un programa en solitario: ¡A bailar!. Cambiaba el gran espectáculo de TCMS por otro talent, Pequeños Gigantes de Telecinco, con menor capacidad de producción.

La noticia sorprendió en las redes sociales, determinados tuiteros hasta intentaron explicar a la artista que se equivocaba con la decisión. Y es que Naranjo desprende un fervor popular que sólo logran las grandes divas. Ella lo es. Con creces.

Pero se fue. Y empezó la nueva temporada de Tu cara me suena, la edición número cuatro. Entonces, ciertos gurús televisivos pronosticaron que el show de Antena 3 iba a sufrir la ausencia de la artista del Sobreviviré. Se equivocaban. Olvidaban que casi nadie es imprescindible en la pequeña pantalla.

Tu cara me suena regresó con decorado nuevo, más espectacular, con nuevo casting, más VIP y empático, y con nuevo jurado, incorporándose Shaila Dúrcal y Lolita. Rápidamente, la hija de Lola Fores hizo que los fieles del programa se olvidaran de la Naranjo. Porque transmitía una energía muy positiva en las galas.

El perfil de diva apoteósica en el jurado daba paso a otro: el de la artista campechana. La espontaneidad de Lolita se transformaba en uno de los grandes ases en la manga de la temporada de Tu cara me suena.

Porque Lolita es como de la familia. Aporta un valor nostálgico en los adultos y despierta inquietudes en los jóvenes. No duda en compartir su vida y la de los suyos con la audiencia, contando sus ¡anécdota, anécdota! a través de una apasionante precisión de detalles (nombrando lugares icónicos, artistas inolvidables, vivencias únicas), lo que se traduce en un aliciente extraordinario para el encanto del formato. Engancha, te deja pegado al televisor y emociona. Al fin y al cabo, ella es parte intrínseca de nuestro país, de la cultura popular. Como su madre.

Los pronósticos, por tanto, fallaron. Como tantas veces. Y Tu cara me suena no echó de menos a Mónica Naranjo. Al contrario, creció sin ella. Así es la tele de injusta. Mientras, en esta última temporada, Pequeños Gigantes ha pasado más desapercibido, con peores audiencias que en la primera edición. Además, las finales fueron ensombrecidas al ser enfrentadas a los mediáticos debates electorales. Tampoco brilló el especial navideño con un pobre 14.2 por ciento de share y 1.628.000, mínimo de seguidores.

En cambio, Tu cara me suena ha disfrutado de una de sus mejores temporadas, arrebatando el liderazgo de los viernes a Sálvame Deluxe y demostrando el poderío de la dirección artística de los creadores del formato, Gestmusic, la gran productora española de espectáculos de entretenimiento a nivel global (realización, puesta en escena, sonido, selección musical…). De hecho, TCMS ha terminado con 3.807.000 espectadores y un 25,7 por ciento de cuota. Muy diferente a la evolución de Pequeños Gigantes que, con estos resultados, ve como su renovación está en el aire. Los talents con niños ya sufren cierto desgaste.

Hace unos días, Mónica Naranjo regresó a Antena 3. Fue a divertirse a El Hormiguero. De nuevo en Atresmedia, brilló y disparó los shares de audiencia hasta el 18,2 por ciento, récord para esta etapa. Estaba en el contexto adecuado: porque una artista deslumbra mejor si también deslumbra la creatividad de los contenidos que envuelven su presencia.

La televisión es así. Es un trabajo de equipo y contextos. Y Mónica Naranjo ha sufrido los contextos, mantiene intacto su carisma y poder mediático, como ha demostrado su paso por El Hormiguero. Pero necesita un nuevo buen contexto, un formato que esté bien articulado para resplandecer. Porque la imaginación del equipo de Tu cara me suena era un contexto idóneo para el triunfo de Naranjo, sacando su lado divertido. Porque las ideas de Pablo Motos en El Hormiguero, también. Sin embargo, Pequeños Gigantes no ha contado con los mimbres para que destacara más allá de un perfil de artista intensa y sin posibilidad de evolución en cada programa. Tampoco se dieron las circunstancias adecuadas en ¡A bailar!. Naranjo necesita un buen formato que sepa exprimir su carisma televisivo. ¿Lo encontrará regresando al área de entretenimiento de Atresmedia? ¿O su próximo golpe de efecto pasará por las rojas sillas giratorias de La Voz?

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El reencuentro de ‘Compañeros’

Es habitual ver a los actores de grandes series norteamericanas reunirse y compartir sus selfies en las redes sociales. En España no tanto. Pero esta tendencia está cambiando. Y ha empezado por la inolvidable Compañeros.

Eva Santolaria, Julian González, Lara de Miguel, Manuel Feijóo, Nicolás Belmonte y Virginia Rodríguez se han reencontrado y la propia Lara de Miguel ha compartido el selfie a través de sus redes sociales, Twitter y Facebook.

Han pasado casi 18 años desde el estreno de Compañeros, el 25 de marzo de 1998, la primera gran ficción española de prime time que narró la vida de los alumnos de un colegio llamado Azcona.

Pero no era sólo una serie sobre adolescentes en los que era fácil sentirse reflejado. Era mucho más que eso. Compañeros nos mostró a la generación que creció en los noventa y que aprendía a vivir con ayuda de sus profesores, sus familias, sus amigos, sus amores y sus desamores.

Sueños, torpezas e ilusiones eran el alma de esta producción familiar de Globomedia que abrió camino a otras apuestas televisivas que vendrían después, como Física o Química.

Aunque Compañeros no fue un éxito desde el primer capítulo. Las tramas fueron cuajando muy poco a poco y el furor por la historia no llegó hasta la tercera temporada, cuando ya Concha Velasco había dejado su puesto en el centro escolar a Beatriz Carvajal.

Fue entonces cuando estalló la catarsis colectiva por el amor entre Quimi y Valle, aquella extraña pareja interpretada por Antonio Hortelano y Eva Santolaria, actores que vivieron uno de los mayores acosos de fans de nuestra televisión.

Y es que la expectación por la ficción era imparable: la pandilla congenió a la perfección con la emoción de la audiencia. Tanto que incluso se publicó un libro y se realizó un filme, No te fallaré, que también triunfó en taquilla.

Manuel Ríos San Martín o Manuel Valdivia, entre otros, estuvieron detrás de unos guiones que supieron entremezclar el drama, la conciencia social y el humor. Una historia que, más allá de los líos de escuela, también supo plasmar las ilusiones de la juventud española de finales de los noventa.

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‘Bajo Sospecha': una segunda temporada menos intrigante y más convencional

Ha vuelto Bajo sospecha. Cambiando la ruralidad de la primera temporada por un urbano hospital privado. Y con un nuevo caso: una mujer desaparecida (interpretada por Leticia Dolera) y una muerta (Ingrid Rubio), ambas trabajadoras del hospital.

Una vez más, investigan el comisario Casas (Lluís Homar), Víctor (Yon González) y el inspector Vidal (Vicente Romero). Pero ni rastro de Laura, el personaje de Blanca Romero, cuya interpretación fue de lo poco que se cuestionaba en la primera y excelente tanda de capítulos. “¿Y Laura?”, preguntó Víctor. “Esta vez Laura no te acompañará”, respondió Casas, tajante. Y no se hable más. Aunque lo que de verdad habría tenido gracia es que esta temporada hubiera girado en torno a la desaparición del personaje de Romero…

Sin dilación, con un arranque frenético, Bajo sospecha ha vuelto a poner sus cartas sobre la mesa. El culpable está dentro del hospital y todos sus empleados son sospechosos. Y comienza el vaivén de rarezas, conversaciones a medias, frases con dobles sentidos… Todo muy misterioso, como tiene que ser.

Lo mejor de la primera temporada de Bajo sospecha fue, sin duda, el retrato de esa familia Vega tan fascinante, turbia y repleta de recovecos. En esta segunda temporada, también hay excelentes actores para dar vida a los sospechosos: Unax Ugalde, Olivia Molina, Luisa Martín, Jose Luis García Pérez, Gonzalo de Castro, Marta Belenguer… Ah, y Concha Velasco, siempre imponente, encarnando a la directora del hospital. Los repartos cuidadísimos son marca de la casa de Bambú, que es la productora que más deja brillar a los intérpretes en España, a un nivel más cinematográfico de lo que nos tenía acostumbrados la televisión de los últimos tiempos.

Sin embargo, y aunque aún es pronto para valorar, en este primer capítulo se han echado en falta personajes tan poderosos como lo fue el de Alicia Borrachero en la entrega anterior. Borrachero estaba de Goya, directamente. Y en este hospital todo es intrigante pero menos perturbador que lo que ocurría en el pueblo Cienfuegos. Se ven más las costuras de la de las artimañas catódicas a la hora de engatusar el share. Y las comparaciones, siempre, son odiosas. Más en una serie que juega a seguir igual pero siendo diferente.

Thrillers televisivos hay y ha habido muchos, con muertos y desaparecidos en los primeros minutos, y muchos sospechosos después. En este contexto de producciones similares, la primera temporada de Bajo sospecha consiguió destacar en forma y fondo. Enganchaba de manera casi enfermiza, consiguiendo que quien viera una de sus secuencias necesitara saber con urgencia el desenlace del misterio. En esta nueva Bajo sospecha entre pasillos de hospital, el ritmo es más ágil, obsesivamente ágil, y los giros se suceden, pero el enganche, a priori, es menos inmediato. Quizá porque la sensación de déjà vu es mayor. Pero habrá que ver cómo crece la trama e ir conociendo mejor a los personajes. Eso sí, esperemos que los guionistas nos tengan preparado un final menos decepcionante (y verosímil) que el del caso en Cienfuegos.

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14 claves para entender las audiencias de 2015: el año en el que las cadenas marcaron territorio

1. 2015 ha definido con fuerza los roles de las cadenas. El público identifica, más que nunca, información con La Sexta, ficción con Antena 3 y realities con Telecinco. Las tres estrategias han salido bien a los tres canales.

2. Telecinco se mantiene como la cadena más vista por cuarto año consecutivo con un 14,8 por ciento de de cuota de pantalla (tres décimas más que en 2014). A pesar de que ya no cuenta con una rotunda supremacía en prime time, el canal principal de Mediaset tiene consolidada una parrilla diaria, reconocible para el espectador, con dos grandes franjas de referencia en magazines de directo. De esta forma, su programación se estructura con claridad alrededor de formatos de éxito (El programa de Ana Rosa y Sálvame) que sirven como pilares sencillos de identificar por parte de la audiencia. Esto propicia, además, la imagen de que “si algo pasa”, sabes que Telecinco puede estar contándolo en directo.

3. Antena 3 continúa como segunda opción, con 13,4 por ciento de cuota. El canal principal de Atresmedia se ha afianzado como la mayor factoría de series, adelantando a su emisora rival en la percepción de productora de ficciones de calidad. Ha hecho marca, por tanto, con sus producciones dramáticas. Antena 3 destaca en los horarios de máxima audiencia, sabe vender muy bien sus productos y, en la franja del daytime (por el día), mantiene buenos datos con series como El Secreto de Puente Viejo y Espejo público, magazine muy competitivo, a pesar de que su fórmula está más pegada a la actualidad y menos versátil en contenido (no cuenta con realities para comentar).

4. La 1 de TVE no frena su caída: mínimo histórico con un 9,8 por ciento de cuota. La cadena pública sigue sufriendo los daños colaterales de la mala gestión política. La grave y constante pérdida de credibilidad de los informativos arrastra a todo el canal que, además, sufre una programación desestructurada, que en los últimos años ha ido a rebufo de las privadas. TVE destaca cuando se invierte y arriesga en ideas con mirada propia, como ha sucedido con el programa de Bertín Osborne (bien programado y planificado) y con El Ministerio del Tiempo (valiente propuesta).

5. TVE sigue como referencia en los grandes acontecimientos. La audiencia mayoritaria elige la cadena pública para ver el mensaje de Navidad del Rey o las campanadas de Nochevieja, por ejemplo. De hecho, este 31 de diciembre, desde la corporación han aprovechado esta retransmisión de forma inteligente. Así han dedicado estos minutos de gran concentración de público para promocionar sus estrenos del mes de enero y recordar el 60 aniversario de TVE. En cambio, la tradición y el despliegue técnico ya no sirve a TVE en acontecimientos de calado político (como la noche electoral), en donde el contenido está gestionado por los actuales responsables de informativos. Una parte importante del público se va. ¿No se fía de lo que le están contando?. Se trata un nuevo escenario consecuencia del quebranto de la credibilidad.

6. La Sexta abraza su récord histórico con un 7,4 por ciento de share (+0.2 puntos) fruto de una definida gestión de la identidad de marca como canal comprometido con la información por excelencia. En este sentido, al igual que Telecinco en formatos de entretenimiento y tele-realidad, La Sexta ha ordenado su programación a través de pilares informativos (Al Rojo Vivo -en la mañana- y Más vale Tarde -en la tarde-) o en los sábados La Sexta Noche, más en la línea del espectáculo político. También sigue su apuesta por formatos de altura periodística y televisiva como Salvados, La Sexta Columna o El Objetivo, que ha logrado adaptar el periodismo de datos al horario de máxima audiencia. Sin olvidar, de El Intermedio, otro pilar estructural clave de La Sexta. La cadena verde se ha hecho con el nicho de interesados en la política, justo en tiempos de cambios.

7. Cuatro se queda en quinta posición con un 7,2 por ciento de share. El canal rojo mantiene la herencia recibida de sus inicios: sigue atrayendo a un público joven y urbano, jugoso para los anunciantes. Aunque su producción propia no puede disimular la aureola de la forma de entender la televisión de Paolo Vasile. La cadena se ha convertido en una versión joven de Telecinco, un buen complemento para diversificar contenidos.

8. Año de crecimiento de la inversión publicitaria, lo que se debería traducir también en un repunte de la inversión. También 2015 ha sido el año del incremento de la TV de pago en España, que ha pasado del 17,4 por ciento al 18,8 por ciento del total de cuota, según Barlovento. Un gran salto que no ha sido fruto tanto de los contenidos de los operadores “codificados” como de las competitivas ofertas de las compañías telefónicas que incluyen su propuesta televisiva en completos packs de móvil, fijo e Internet.

9. La 2, con sólo un 2,7 por ciento de share, ha mutado en un canal casi invisible. Cierta audiencia, que se siente huérfana de un tipo de televisión, no llega a conocer propuestas inteligentes de la segunda cadena de TVE. Una cadena con una programación que se debe ordenar a través de franjas reconocibles e identificables para el espectador. En 2015 ha sido un caótico cajón desordenado. No ha ayudado el retraso a la una de la mañana de uno de los formatos más emblemáticos y de mayor prestigio de la emisora, La 2 Noticias.

10. La Champions y Eurovisión han vuelto a ser las emisiones más vistas de 2015. En el ranking de los cincuenta programas más visto, destaca el debate entre Albert Rivera y Pablo Iglesias en Salvados (en la foto de arriba). El cara a cara se cuela en el número 27 de la lista, posición reseñable para emisión no deportiva desde una cadena de las dimensiones de La Sexta. Ejemplo de un año en el que la política ha sido protagonista de los audímetros.

11. Los viernes es un día perfecto para grandes shows de entretenimiento. Así lo ha demostrado Tu cara me suena, que ha desmontado la mentira instalada de que la primera noche del fin de semana no es apta para apostar por un gran formato televisivo. El talent de famosos imitadores ha recuperado a la tele a una audiencia que no contaba con ninguna oferta atractiva los viernes, por encima de Sálvame Deluxe.

12. Sálvame Deluxe, aunque mantiene a su audiencia afín, que es muy fiel y no falta a la cita, sí que evidencia un cierto desgaste de la fórmula en contenidos basados en el conflicto cíclico. Y su presentador, Jorge Javier Vázquez, transmite menor implicación, tal vez fruto de la larga duración del formato y de sus nuevos retos teatrales. Esto se contagia al público. Sólo los líos de Belén Esteban siguen siendo infalibles para subir con energía el share. Eso sí, la versión diaria sigue fluyendo viento en popa, como meritorio culebrón diario de la realidad.

13. Los espectadores de más de 45 años son los que más tiempo dedican al medio televisivo. Son un sustento importante para las medias de share mensual de las cadenas de televisión. Y los canales lo saben, y lo aprovechan a la hora de diseñar sus parrillas. También son aquellos que consumen los contenidos televisivos de forma lineal tradicional. Sin embargo, este 2015, supone el punto de inflexión en el análisis de las ‘audiencias +1′, los consumos que se producen después de la emisión tradicional a través del universo online. La TV deslinealizada ya no es ciencia ficción, la forma de ver e interactuar con los contenidos televisivos ha cambiado para siempre. Y ahí el público, sobre todo las nuevas generaciones, va por delante de los análisis de audiencias basados en un implacable titular del día después de la emisión.

14. Con la pérdida de fuelle de TVE (tras la supresión de su publicidad), los dos grandes grupos privados, Mediaset y Atresmedia, se han repartido la gran tarta del negocio televisivo. Reúnen el 58 por ciento de cuota de pantalla y reciben el 86 por ciento de la inversión publicitaria en televisión, según datos de Barlovento. Hay más canales pero, al mismo tiempo, más de la mitad del peso de las audiencias recae en las compañías surgidas de Telecinco y Antena 3. Los dos grandes operadores parecen sentirse cómodos en este sistema, con sus roles bien definidos.

La asignatura pendiente en España está en contar con una televisión pública más creativamente fuerte y con más diversidad de operadores privados que remuevan la industria audiovisual e impulsen una necesaria mayor pluralidad de contenidos a la altura de los grandes países de nuestro entorno.

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Así sería ‘Pesadilla en la Cocina’ con Karlos Arguiñano

Karlos Arguiñano es el gran chef de la historia de nuestra televisión. Su programa diario es la referencia gastronómica indiscutible de la parrilla. Siempre fiel a su personalidad y esencia, el cocinero vasco no ha tenido la necesidad de dar el salto a otros formatos de espectáculo en pleno boom de la cocina en prime time. Pero, ¿cómo sería Pesadilla en la Cocina si en vez de Chicote estuviera protagonizada por Karlos Arguiñano? Tendría 6 ingredientes que revolucionarían el formato que salva restaurantes del caos.

1. Banda sonora original… y tarareable

Suciedad, mugre, desorden, ratas en el lavaplatos. Pesadilla en la cocina presenta el desaguisado de cada restaurante con ayuda de músicas de tensión, que recalcan el panorama catastrófico del chiringuito en cuestión. Con Arguiñano este escenario cambiaría: el programa incorporaría una sintonía con letra requetepegadiza al estilo de “qué gustito, qué placer andar en la cocina, qué gozada al pensar en lo que viene después“. Así, con esta melodía cargada de positivismo, en los restaurantes brotaría un buen rollo sin escapatoria, que cambiaría la perspectiva del negocio. La ilusión ganaría a la desgana. O sonaría de nuevo la canción, una y otra vez, hasta lograr eliminar los pensamientos adversos, ya que inevitablemente los estribillos de Arguiñano son imposibles de quitar de la cabeza durante horas. Incluso años.

2. Chistes desternillantemente malos

En las situaciones incómodas de Pesadilla en la cocina, esas en las que da la sensación que el restaurante problemático cerrará para siempre, Arguiñano sacará su as en la manga: un chiste malo. Mejor aún si es verde. De esta forma, el chef quitará hierro a cualquier trauma y, de paso, el programa fluirá mejor. Porque hasta en los momentos aciagos hay que saber reírse de uno mismo. Incluso del propio show de la televisión, otra de las claves del triunfo de Pesadilla y de Arguiñano.

3. Redecoración con la familia de Bricomanía

Uno de los momentos cruciales de Pesadilla en la Cocina se produce en el instante en el que el programa redecora el establecimiento. “Oh, qué bonito ha quedado”. El cambio de look con Arguiñano sería mucho más fácil, pues su productora también es responsable del mítico formato Bricomanía. Todo queda en casa. Con la maña de este equipo, las reformas serían duraderas y no se quedarán sólo en tapar paredes con cuatro paneles de madera. Es más, el ya emblemático jardinero de Bricomanía intentaría incorporar una huerta en algún hueco en los aledaños del restaurante.  Los productos ecológicos, sembrados en propia casa, son los mejores aliados de cualquier restaurante. De ahí que Arguiñano cuide y muestre su propia huerta en el programa. Orgullo de cosecha.

4. Reivindicación sin medias tintas

La conciencia política tampoco faltaría en el programa. En tiempos en el que los políticos cosechan grandes audiencias en televisión, Arguiñano no se corta a la hora de reflexionar sobre la situación política y social. No se podría reprimir tampoco al descubrir los problemas que sufren los restaurantes de Pesadilla en la cocina. La manera de mojarse de Arguiñano en política o compartir sus preocupaciones sociales también es uno de los secretos de su duradero éxito. No es un cocinero producto del guion escrito por un gran creativo televisivo, es él mismo hasta las últimas consecuencias. Pesadilla sería, por tanto, un formato más reivindicativo.

5. Platos de cuchara grande

El equipo de Pesadilla en la Cocina asesora los platos que protagonizarán la carta de los restaurantes que Chicote intenta salvar. Normalmente se opta por menús donde reina el minimalismo para favorecer una oferta muy controlable en el día a día de los hosteleros de turno. Así nunca (o casi nunca) se falla al cliente. Pero con Arguiñano se apostaría por la comida tradicional (con perejil), esas vitales recetas de las abuelas de España, esos apetitosos guisos que no te dejan con hambre. El festín de la buena mesa: infalible para no defraudar a los comensales y que Arguiñano lleva divulgando casi tres décadas en la televisión, antes de que aterrizaran los chefs surgidos de las estrategias de marketing. Tampoco faltaría los consejos saludables de Ainhoa Sánchez, su nutricionista de cabecera que, por cierto, no suele pillar sus chistes.

6. Proximidad sin cocinar

Y, sobre todo, si Karlos Arguiñano protagonizará Pesadilla en la Cocina, el programa no podría llamarse Pesadilla de nada: terminaría llamándose Arguiñano en la Cocina. Y listo. Porque el gran superpoder de Karlos Arguiñano es que no comunica desde la superioridad. En casi tres décadas de éxitos, el famoso cocinero vasco jamás ha dejado de hablar al espectador desde la complicidad. Ese tú a tú sin miedo a compartir dudas, emociones, errores e ilusiones. Porque Arguiñano no es un chef de esos que presentan desde la superioridad. Al contrario, comparte su vida y trabajo con una apabullante cercanía, que hace al espectador partícipe de su existencia. La audiencia siente a Arguiñano como de la familia, su familia.

@borjateran

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