Si te importa el periodismo y el universo mediático, tienes que ver esta entrevista de 2009

Me habré visto esta charla entre Julia Otero y Andreu Buenafuente unas 765 veces. Aunque intente disimular mi fanatismo oterílico, al final, siempre me sale a flote, pues me identifico con su forma de entender este oficio. Una entrevista de Buenafuente a Otero que es todo un retrato de su momento (año 2009) pero, también, de la situación actual del universo mediático (2017…).

Un retrato de las trincheras, del periodismo, del jugar sin demasiadas corazas en un plató, de la influencia o no de los “confidenciales”, de que en la tele se va a toda hostia no se sabe a dónde, de perder el respeto, de ser light y aburrir a tu propia familia, de la prensa basura, de enseñar la patita pero, al mismo tiempo, hacer el ejercicio hacia la ecuanimidad que conecta con la inteligencia cómplice del espectador.

Por cierto, yo sí tengo chandal. Otra cosa es que lo utilice.

El final de una agitada etapa

Termina el curso escolar, también la temporada televisiva e incluso la radiofónica. De hecho, esta tarde, cerramos (por ahora) ese programa de radio undreground que hemos hecho cada miércoles bajo el nombre de ‘Historias de la tele‘.

51 minutos semanales para divulgar la tele, descubrir, probar y hasta ser nosotros mismos. A veces, demasiado nosotros mismos. El programa tal y como lo conocemos termina este miércoles, 21 de junio, y con él acaban 10 meses de sentir incertidumbres laborales, vaivenes emocionales y algún que otro delirio por amores imposibles. Viva la intensidad.

Pero, al mismo tiempo, también terminan 10 meses de experiencias profesionales mágicas que nos han permitido aprender de los mejores de los medios y que ya son un efervescente puente levadizo hacia alguna parte. No sé muy bien qué parte. Pero sé que ahí estarán Paula, Lluis, Ber, Piluca, Giuseppe. Y tantos. Con ellos me quedo, para seguir aprendiendo, avanzando, creciendo, confiando e incluso bailando.

El Leti-Rap es impronunciable

Es un hit. Es el gran hit de nuestra (tardía) infancia. Su nombre, el Leti-Rap, obra de Leticia Sabater. Un éxito que traspasa los tiempos y que, además, parece sencillo de cantar. Pero no, no lo es.

Boy, girl and boy, girl.
Brazo izquierdo arriba, movimiento circular,
tronquis a la izquierda, esto es Leti Rap,
si te enrolla Leti Rap no te cortes y a bailar.
Brazo derecho arriba, movimiento circular,
tronquis a la derecha, ¡Leti Rap! ¡Leti Rap!
Es el nuevo ritmo y de moda vas a estar,
vuelta entera y dando palmas, contraseña y a cantar.

Ahora que termina la temporada de ese pequeño programa de radio nuestro, Historias de la tele, es hora de rescatar ese instante en el que que descubrimos que recitar la insigne canción de Sabater no es hazaña apta para todos los públicos. O, al menos, para el público que no está al nivel de la verborrea de Leticia Sabater:

Periodismo de datos: el Leti-Rap

Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el

7 cosas que he hecho con Paula Hergar y que Instagram me recuerda sin piedad

Termina el curso y, en los últimos meses, la complicidad que ha surgido con Paula Hergar me ha permitido experimentar en el día a día laboral, pues Paula es de esas personas que se tiran con uno a la piscina de las ideas, aunque sean absurdas y sean para Instagram. También en las ruedas de prensa o viajes de trabajo. Porque aquí hemos venido a jugar y ahora tenemos la oportunidad de narrar las acciones que cubrimos de las maneras que se nos ocurran a través de la multipantalla de la red social. Sólo hay que aguantar el plano y dejarse llevar, y Paula se deja llevar. Y las redes en general, e Instagram en particular, me recuerdan hoy estos momentos del aquí te pillo, aquí lo grabamos.

1. Ladrones de Branded Content

2. Reinventando nombres de programas extranjeros en un canal de pago viejoven. Por suerte, no está el vídeo en abierto.

borja teran paula hergar nonstoppeople

3. Periodista y camarera.

Aquí de canapetero con la camarera @paula_hergar #refreshyourtv #nonstoppeople Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el

4. Sintiendo la fama en una alfombra roja. O naranja.

  El momento de no-fama de @paula_hergar captado por un servidor sintiéndose steady cam. #festvalburgos   Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el

5. Destruyendo canciones.

Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el

6. Toqueteando a Julio Iglesias.

@paula_hergar cayendo en las redes de Julio Iglesias #noesunsabadocualquiera #Historiasdelatele

Una publicación compartida de historiastele (@historiastele) el

7. Ninja Warrior de provincias.

Ella, @paula_hergar, preparándose para #ninjawarriorespaña Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el Seguimos….

 

Nos vamos al @festval_oficial de Burgos!!! #TV #Bus #Travel #Viajes

 

Una publicación compartida de historiastele (@historiastele) el

Ya no somos la generación ‘Friends’

34 pegajosos grados centígrados en la calle. Llego a casa. Me tiro debajo de un chorretón de aire acondicionado y enciendo el televisor. Busco ansiosamente Friends. Me quedo pegado a Friends.

No hay plan mejor, como en los días de tormenta, como los días de asfixia. Aunque haya visto sus capítulos tropeciantes veces y me sepa los diálogos de memoria, gozo como la primera vez con los vínculos de Ross Geller, Rachel Green, Monica Geller, Chandler Bing, Joey Tribbiani y Phoebe Buffay Princess Consuela Banana Hammock.

Me río con ellos. Me emociono con ellos. Me identifico con ellos. Incluso ansío ser como ellos, con sus defectos, con sus miedos, con sus ilusiones, con sus frustraciones, con su Nueva York.

Supongo que ahí radica el éxito de Friends: es el fiel retrato de una, dos o tres generaciones que pensaron que se iba a comer el mundo pero, al final, se empacharon con la digestión de tanta aspiración.

Veinte años después del boom de Friends, los vaivenes emocionales de las relaciones y objetivos de sus personajes siguen vigentes. La esencia de sus tramas no caducará nunca, pero quizá sí nuestra relación con la serie.

Porque, ahora, ver y re-ver episodios de Friends me termina despertando un particular sentimiento de nostalgia desconcertante con un tiempo que vivimos sin darnos demasiada cuenta y ya pasó sin darnos, una vez más, demasiada cuenta.

Es difícil imaginar qué hará en 2017 esa pandilla de amigos, cómo serán sus vidas maduras, qué vuelcos de guion han sufrido estos años.

Al final, lo bueno de ver y re-ver Friends es que las existencias de estos personajes están a salvo en su eterno bucle en estado de gracia, tan guapos, tan genuinos y tan brillantes como siempre por obra y gracia de la constante repetición.

Pero nosotros seguimos creciendo, avanzando… y ya no somos tan ingenuos como en aquellos refulgentes noventa que ya no existen, excepto para esa eterna reposición. Ha llegado el momento de aceptarlo, ya no somos la generación Friends.

> 11 cosas que aprendimos con Friends

> Las 9 razones por las que amamos tanto Friends

> El adiós a Friends

El arte de manipular

“Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares”. Es una de las definiciones que estipula la RAE de ‘manipular’. Aunque también existe otra acepción interesante: “Operar con las manos o con cualquier instrumento”. Y otra más: “Trabajar demasiado algo, sobarlo, manosearlo”, define la RAE.

A la hora de mirar el ombligo del periodismo, nos centramos demasiado en la primera argumentación, la mala. Pero no se divulga lo suficiente la esencia del periodismo como el oficio que es. Ese que opera con las manos y hasta manosea si hace falta. En el buen sentido de la palabra.

Un oficio en el que es crucial moldear bien las historias: combinando la honestidad que no distorsiona la realidad con la creatividad que enriquece la crónica.

En las facultades de comunicación se deben explicar y diferenciar mucho estos dos tipos de manipulación, la tóxica y la necesaria, porque al final el periodismo es un oficio que se hace mejor con profesionales que entienden la necesidad de moldear historias con el arte de la honradez crítica que no tiene miedo a la mirada propia y a la caricia del juego de la intencionalidad narrativa.

Porque el problema de fondo y trasfondo del periodismo y la comunicación de hoy no sólo va de la mano de la clásica manipulación que disloca la realidad, también de la inanición que termina convirtiendo un oficio en una fábrica en cadena de clones sin posibilidad de encontrar la personalidad de su autenticidad. Castigar la autenticidad del artesano del periodismo que elabora con estilo su materia prima es frenar el progreso, de todos.

Caída libre, Zahara, Likes de Cero y el noctambulismo

He llegado 12 meses tarde a esta actuación. Aquel 11 de julio de 2016 estaría yo, probablemente, abstraído pensando en planes vacacionales que nunca llegaron. Pero ha sido ahora cuando he visto esta interpretación de Zahara y su Caída Libre en Likes de Cero.

Yo soy muy fan de Zahara. El otro día, de hecho, compartí un intenso vídeo suyo en mi perfil de Facebook. Lo hice a altas horas de la madrugada (Muerdo el agua por ti / Te deslizas por mí /  Y jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir) y hasta me escribió gente pensando que me iba a cortar las venas. Incluso me llegó un guasap de un terapeuta sexual para ver cómo estaba. Oye, y lo agradecí, que en estos tiempos no es muy habitual que se preocupen por uno.

Pero no, no estaba en drama, sólo estaba escuchando música en plan nostálgico-noctámbulo. Y así llegué por culpa de un vídeo relacionado de Youtube a la actuación de Caída Libre en el plató del programa de Raquel Sánchez Silva, donde Zahara colabora y que sirvió como chimpún final de un episodio cualquiera de este show de tarde-noche, producido por 7 y Acción, que no termina de encontrar su sitio visible, tal vez porque necesita un chute de calle.

Y ahí estoy, viendo y reviendo esta actuación. No sólo porque el tema sea adictivo, también por la forma en la que se cuenta una historia a través de la puesta en escena y la realización, marcando la aparición de cada extra-pseudobailarín. Primero con la entrada de guionistas y colaboradores -que el espectador fiel reconoce- y, después, como presencia estelar final, con la llegada inesperada de la propia Raquel Sánchez Silva, haciendo sus pasitos también.

Así son los buenos colofones en televisión. Aunque el programa sea pequeñito, es clave intentar transmitir una historia organizando bien los elementos de los que se disponga. Aunque sean tres. Aquí había una canción de promoción y, en vez de atarse a un pie de micro, se incorpora el equipo con una narrativa que termina en alto, con la entrada estelar de la presentadora siguiendo la coreografía, sabiendo contagiar sonrisa a una cámara que no deja de mirar gracias a una realización que tiene las ideas claras y la intuición en su punto.

Eso es la tele, la que entiende que también los finales deben tener intención para que de ahí fluya esa particular emoción que produce en el espectador implicación.

El señor X que difamó al señor Y: cuando el periodismo se olvida del periodismo

Un señor X difama sobre otro señor Y en un programa de radio. Los medios se hacen eco de lo que difama este señor X. Lo comparten en sus redes, en sus portadas, en sus post. La audiencia de sus webs se dispara. La polémica está servida. Pero nadie llama al otro señor Y, que protagoniza las declaraciones (falsas), para completar la información con su versión Y.

Días más tarde, hay una gran rueda de prensa donde está el señor Y. Entonces, los periodistas que publicaron esas declaraciones, realizadas para intoxicar, preguntan por las acusaciones del señor X al señor Y. El señor Y no contesta. Pero, cuando termina el corrillo de preguntas y las grabadoras están apagadas, el señor Y explica que no ha contestado porque no entiende que nadie llamara a su productora, a su cadena de televisión o a él mismo para completar las “noticias” que se realizaron con los bulos del señor X con la otra versión, la versión Y.

Y el señor Y se fue y hubo periodistas que se quedaron con cara de qué nos está contando el señor Y. Pero el señor Y estaba dando en la diana de la crisis del velocímetro con el que se escribe en los medios de comunicación en la actualidad. Las prisas de Interné relegan una de las funciones claves del periodismo: dar al espectador, oyente o lector los contextos necesarios para entender y digerir bien la noticia.

No tiene sentido propagar una declaración X si el artesano de la información no contextualiza, contrasta, documenta y explica para que el receptor tenga las herramientas con las que sacar sus propias conclusiones. Es un concepto muy básico, pero no son buenos tiempos en los que se mime a los profesionales que trabajan desde y con la perspectiva de querer contar una historia con el tiempo suficiente para masticar la historia. Y lo que es peor, a veces, parece que se nos está olvidando contar historias para pasar a ser sólo difusores de dimes y diretes de usar y tirar. Por suerte, sólo a veces.

‘Como la espuma’, cartel final de la película de Roberto Pérez Toledo

COMO LA ESPUMA CARTEL PELICULA

Este es el cartel final de Como la espuma, la nueva película de Roberto Pérez Toledo que llega a las salas el próximo 2 de junio. El cartel es obra del ilustrador y diseñador Efe Suárez, también autor del cartel-teaser previo y del diseño gráfico de continuidad (rótulos, cartelas y títulos de crédito) de este filme.

SINOPSIS ‘COMO LA ESPUMA’

Una vieja mansión. Un plan B condenado a desmadrarse. Una orgía improvisada… Y, de pronto, un montón de historias de amor, desamor, reencuentro y descubrimiento. Del amanecer al atardecer, una quincena de protagonistas vivirán una experiencia sexual y emocional que les cambiará la vida.

Puedes encontrar más información aquí y en el Facebook del director (facebook.com/mividarueda)

‘Las bicicletas son para el verano’, 35 años después

Tal día como hoy, 24 de abril, pero de hace 35 años, se estrenaba en Madrid Las bicicletas son para el verano, la brillante obra de Fernando Fernán Gómez. De hecho, fue tal éxito que se estiró su tiempo en cartel, llevando la función del Teatro Español al Centro Cultural de la Villa, donde triunfó durante tres largos meses.

Y, ahora, tres (también largas) décadas después, ha vuelto a este mismo teatro de cómodas butacas -escondido debajo de la Plaza de Colón- y que, en la actualidad, lleva el nombre del propio Fernán Gómez. La función ha regresado renovada, con dirección de César Oliva, pero manteniendo la esencia de esa España divida entre miedos, frustraciones e ingenuidades cocinadas sin demasiados víveres durante una cruenta Guerra Civil que no terminó en Paz, acabó en Victoria.

Un día antes de este 35 aniversario de su estreno en 1982, he acudido al Centro de la Villa, al Fernán Gómez, para ver, por primera vez, este texto tan emblemático. Había llegado el momento de descubrir Las Bicicletas son para el verano sobre las mismas tablas en las que brilló en plena resaca de la dictadura, cuando yo sólo acababa de nacer. Y la adaptación no defrauda.

Llum Barrera, Patxi Freytez, Esperanza Elipe, Alvaro Fontalba, Teresa Ases. Agustín Otón, María Beresaluze. Adrián Labrador, Ana Caso y Lola Escribano interpretan, con complicidad y sensibilidad, este viaje que es un emocionante acto de reivindicación de nuestra memoria histórica.

Interesante la apuesta de mantener a todos los personajes en escena en el fondo del escenario. Aunque no sea su turno. Ellos son los que montan y desmontan los diferentes sets de un texto con una fuerza que en 2017 ya no necesita grandes alardes de decorados o atrezzo. Ellos son los que dan forma con sentimiento, intensidad y cierta dosis de comedia a una obra que retrata la guerra sin mostrar la guerra: sólo con la resquebrajante potencia de la cotidianidad de una familia y sus vecinos en plena Guerra Civil.

Interesante redescubrir a Llum Barrera dando vida al dramático personaje principal de Doña Dolores con una energía cargada de realidad. Una todoterreno.

Interesante sentirse dentro de una irritante época que, a veces, parece que no existió. Pero existió. Y vamos que si existió. Un tiempo que Fernán Gómez inmortalizó a través del vigor del tangible e incluso identificable retrato costumbrista que traspasa generaciones aunque, ahora, las bicicletas ya no sean sólo para el verano.

‪Flipando con el trabajo actoral de #lasbicicletassonparaelverano Y brillante @_llumbarrera, actriz todoterreno‬.

Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el