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La catarsis televisiva (y periodística) vista en el ‘Santander Social Weekend’

Las redes sociales han revolucionado la forma de comunicarnos. Ya no sólo tenemos una vida real, también habitamos una vida virtual que, a veces, puede ser muy ficcionada. La verdad, la medio verdad y directamente la mentira se abren camino con una nueva velocidad, la velocidad de lo “viral”. También en lo que se refiere a la información. Las fakes news y bulos se expanden a golpe de retuiteo. El frenesí con el que utilizamos las redes lo permite, pues interactúamos de una manera tan instantánea que no siempre nos paramos a contrastar o reflexionar aquello que difundimos por el poder de la indignación o por el fulgor de la pasión. Y aquí es donde cobra, una vez más, sentido la labor del periodista para digerir todo ese caudal informativo y dar perspectiva a los titulares de usar y tirar. Y aquí, en España, han emprendido Julio Montes y Clara Jiménez Cruz, fundadores de Maldita Hemeroteca. Este sábado, coincidí con ellos en el Santander Social Weekend, un evento que va de eso, de redes sociales, marketing y comunicación. Ellos acudían para debatir en la mesa “Fake News y la importancia del periodismo“, en la que también participaba Ana Belén Leiño, Ana Serrano y como moderadora Pilar González.

Me inspiró la agudeza y forma de entender el periodismo de los creadores de Maldita.es. Un periodismo que, aunque no lo parezca, el clickbait está poniendo las pilas. Al final, volver a la esencia del periodismo de la credibilidad será el gran motor que hará sostenible los medios, pues el lector, oyente, espectador y, ahora, usuario buscará periodistas que cuenten historias de calidad, con mirada propia, perspectiva, combativas y valor añadido.

Estaba por allí porque un rato antes del debate sobre fake news me tocó a mí impartir una ponencia sobre televisión. “¿Internet mató la TV? Los nuevos consumos y la catarsis televisiva” se tituló esta charla en la que jugamos a través de fotos, y algún que otro vídeo, a desgranar fortalezas y debilidades de la televisión de hoy, aprendiendo de la esencia de la televisión de siempre y atendiendo a las demandas de la sociedad real.

algunas diapositivas de la presentación (en miniatura)

Una experiencia interesante. Y, esta vez, una ponencia especial porque, en cierta medida, también ha supuesto un reencuentro profesional con la ciudad en la que nací en un evento organizado por el primer periódico que leí, El diario Montañés.

 

Todos los artículos sobre las causas y los efectos de ‘OT 2017’

OT 2017 ha sido más que un programa televisivo. Ha sido un fenómeno, a medio camino entre la televisión tradicional y la televisión viral, que define el camino que ha tornado la televisión. Un camino que me ha tocado analizar en Lainformacion.com y que retrata los cambios de consumos, pero también los daños colaterales de una televisión que se estaba olvidando de sus esencias a la hora de hacer televisión. Porque cambiarán las ventanas de emisión, pero hay superpoderes que nunca variarán para conquistar la complicidad del espectador en la industria del entretenimiento.

 

Análisis realizados por Borja Terán para lainformacion.com

Por qué ‘Friends’ nunca volverá

La resurrección de Friends está en el punto de mira. Desde su final, hace más de una década, las especulaciones sobre un posible regreso de la serie han sido constantes. Más aún, en una época en la que existe cierta obsesión por recuperar viejos títulos, como Padres Forzosos o Expediente X.

La nostalgia vende. Entonces, ¿por qué no revivir la telecomedia más icónica (y rentable) de todos los tiempos? Sería un filón de audiencias y un negocio de marketing. Pero sus creadores, Marta Kauffman y David Crane, no parecen convencidos. Ni siquiera se contempla la idea de rodar una película-acontecimiento, como ya se hizo con Sexo en Nueva York.

Todos lo saben. Pocos se atreven a decirlo: recuperar Friends es un riesgo. Y sus responsables lo evitan. No sólo porque los retoques en el rostro de Courteney Cox ya impiden interpretar la carismática expresividad de Monica Geller. Tampoco ayuda la indirecta de Jennifer Aniston que ya ironizó con que, como esperen mucho, será una versión en una residencia de ancianos. No es plan, se parecería más a un remake de Las Chicas de Oro.

El motivo principal por el que no puede regresar Friends es que ni un regreso de Friends podría estar a la altura de Friends. Es tan complicado hacerlo bien, que da mucho miedo la posibilidad de que el resultado sea un atentado contra nuestra nostalgia y una mancha sobre nuestro idealizado recuerdo (salvando las distancias, ¿os acordáis de aquel infame retorno de Farmacia de guardia a Antena 3?). Porque Friends no sólo fue una serie sobre una pandilla de amigos. Fue una ficción que dio en la diana en el retrato de una generación irrepetible en un tiempo imposible de reproducir.

Viendo sus capítulos, una y otra vez, no se agotan esas carcajadas cómplices que desprende el magistral puzle de tramas de la vida del sarcástico Chandler, el ingenuo Joey, la histericamente maniática Monica, el empollón Ross, la tonta pero muy lista Rachel y la surrealista Phoebe. Nunca en 22 minutos de televisión pasaron tantas cosas. Porque, aunque no lo parezca, cada capítulo duraba sólo 22 minutos.

Es la telecomedia pura e inteligente. Por eso no se desgasta en su infinita reposición, que fomenta el llamado efecto karaoke: el espectador también disfruta recordando los diálogos y los giros dramáticos. Volviéndolos a ver y rever. Porque otra de las grandes claves de Friends es que supo construir sus tramas con risas pero también con mucha emoción, algo que nos hacía congeniar con los personajes hasta sentirlos nuestros.

Y, en ese viaje, de sentimientos que traspasan la pantalla, sería mentalmente muy duro sentir el sofoco de reencontrarnos, once años después, con las vidas trastocadas de Rachel Green, Ross Geller, Chandler Bing, Joey Tribbiani, Monica Geller y Phoebe Buffay.

Porque el final de Friends dejó claro lo que quería cuando mostró como marchaban los protagonistas de espaldas por el descansillo de la escalera del bloque de apartamentos; quería que el espectador se sintiera reconfortado e imaginara a su capricho el futuro de unos personajes tan marcadamente mágicos.

Un final que fue un homenaje a una generación con problemas, frustraciones e ilusiones universales y también a una ciudad, Nueva York, que fue la otra gran protagonista de Friends. Y así lo demuestran los créditos de su último capítulo.

Artículo que publiqué en la Revista Ego en octubre de 2015

Nos lo tenemos que hacer mirar: sobre Paula Vázquez y la libertad de opinión

Paula Vázquez brilla tanto en tele y fuera de la tele porque no es parte del decorado: es Paula Vázquez con todas sus consecuencias“. No me he podido reprimir, y este sábado he lanzado este tuit al aire.

¿Por qué lo he hecho? En un tiempo en el que todo el mundo opina de todo en las redes sociales, es curioso como criticamos a profesionales de la televisión por atreverse a ser ellos mismos a través de esas mismas redes sociales.

Sólo hablan como uno más. Con sus filias, con sus fobias, con sus pasiones, con sus pataletas, con sus expectativas, con sus decepciones, con sus ilusiones.

Pero no todo el mundo puede hablar como uno más. Estamos en la era de lo políticamente correcto. Una era que sufren especialmente los comunicadores de la televisión, donde da la sensación de que cada vez más hay menos profesionales del medio con ganas de mojarse en temas cotidianos: por temor a caer mal a alguien, por temor a que no te contrate tal canal o tal productora, por temor a ganar imagen de conflictivo, por temor represalias (que existen), por temor, al final, a ser uno mismo.

Curiosa paradoja porque, al final, los mejores comunicadores, esos inolvidables que nos han hecho felices y han traspasado las barreras de la pantalla, ya fuera grande, mediana o ahora más pequeña, son aquellos que contaban con el valor de la carismática espontaneidad que se salía de lo corriente por su carácter, por su mirada propia, por su autenticidad. Eso es la buena televisión, la que sale de los cánones y la que no tiene muchos pelos en la lengua.

Nos lo tendremos que mirar, pues. Podemos estar de acuerdo o no con las reflexiones de Paula Vázquez, yo no siempre lo estoy, claro, como tampoco pretendo que todo el mundo esté de acuerdo con mis artículos. En eso consiste el juego: en aprender con respeto los unos de los otros, incluso con posibilidad de mojarnos y hasta equivocarnos. Que nadie quite esa posibilidad a nadie, tampoco a los presentadores de televisión. De hecho, aquellos que son idílicos bustos parlantes, que parecen la parte más previsible e impoluta del decorado, son los que hacen más aburrida y olvidable la televisión.

>>> Y ya que estamos, os dejo la entrevista que hicismos a Paula Vázquez en nuestro programilla de radio ‘Historias de la tele’. Fue hace unas semanas con la excusa del reality El Puente, donde aprovechamos para hablar de su trayectoria. Y sí, de nuevo, se mojó.

Mad In Spain: dime cómo entras en un plató de TV y te diré si la audiencia se va

Telecinco ha estrenado un programa de debate, Mad in Spain se llama. Vale, correcto. Un debate entre dos ‘Españas’ para solucionar la franja dominical, en vivo y en directo, que deja libre Supervivientes.  Muy bien. Pero el programa no ha terminado de tirar en cuota de pantalla, a pesar de ser interminable. En su primera emisión, la tertulia ha salido rana con unos agitadores que estaban cual pulpo en garaje afrontando temas vacíos, sin chicha y sin personajes VIP con experiencia personal de lo que se hablaba. Claro que eso necesita un presupuesto extra.

Pero el problema del programa lo resume la forma en la que entraron los contertulios al estudio. Oye, un poco de alegría, de energía, de personalidad propia. La mayoría entraban con cara de qué es esto.

Y, claro, en vez de contagiar la percepción de que ahí comenzaba un apasionante debate, en realidad, la aparición estelar de los “agitadores” transmitió que aquello iba a ser un muermo hacia ninguna parte.

CLASE PRÁCTICA DE CÓMO ENTRAR EN UN SHOW DE PRIME TIME

ASÍ SÍ. Jordi González asomó con cierta ironía por la puerta, en plan “ya hemos comenzado”.

JORDI GONZALEZ ENTRA MAD IN SPAIN

ASÍ NO. Salvador Sostres entró como si tuviera hora para hacer la declaración de la renta.

SALVADOR SOSTRE

ASÍ SÍ. Nuria Marín apareció con una energía vitaminada. Paso firme, brazos arriba, euforia iniciática, va.

NURIA MARIN MAD IN SPAIN

ASÍ NO. Lucía Etxebarría salió con media sonrisa de qué hago yo aquí, si lo mío son los documentales de La 2 o, en su defecto, Acorralados.

LUCIA

En general, lo que tenía que haber sido un desfile efervescente fue una aparición de tertulianos desubicados. Entrada lenta, arritmica, con un público que ni vitoreaba más que reproducir un aplauso cual autómatas, lo que no invitaba a quedarse en el canal.

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