Deconstruyendo el paso de Grace Jones por TVE

Salvados me recordó esta actuación y, desde entonces, no puedo dejar de mirarla. En bucle. Todo el rato. Es Grace Jones en Esta noche de TVE. Ahí, en el Estudio 1 de Prado del Rey, Jones está interpretando su brutal Pull up to the bumper.

El programa de Jordi Évole rescató el instante en el que Jones se acerca a la mesa y se contonea, aprovechando este poderoso momento como punto de partida de la contextualización de la figura del controvertido excomisario Villarejo, que pisó en 1981 la tele pública para, después, escaparse por las cloacas del Estado.

Pero, allí, en aquel plató, sobre todo estaba Grace Jones. Ver hoy esta actuación, como tantas otras de la cantante, define el significado del arte en escena. Ya lo dijo la presentadora de Esta Noche, Carmen Maura: “una mujer que canta como un ángel y baila como un diablo”.

Y el programa muestra al ángel y diablo muy bien. Primero, Jones aparece abrazando una columna, casi como si fuera una barra de pole dance. No sólo achucha el cilindro de cartón-pierda, pues ella sabe la importancia de mirar a cámara. De hecho, está comunicándose con el espectador con una sonrisa tan traviesa como cómplice. Vamos que parece que se está riendo de todo. Y el realizador tiene bien planificado el juego de cámaras para que el espectador no se pierda.

Jones des-abraza la columna, gira y un plano general sigue a la artista hacia un lugar impredecible. Jones está disfrutando tanto del rimo de su tema que olvida que va a arrancar la letra de playback y aún tiene el micrófono situado a dos metros de distancia. Da igual. Es playback. Así que empieza a cantar sin micro. Pasa desapercibido, ya que su apabullante carisma puede con todo. Hasta en la tarea de coger el micrófono de su pie cuando ya lleva un rato cantando sin utilizarlo.

Jones va y viene, no sé sabe muy bien hacia dónde. De repente, decide acercase a la mesa central del programa para seducir a los convidados. Porque Esta noche, a pesar de ser un programa grabado, sabía dejar presentes a sus convidados. Un detalle clave para dar más brío al show. Y, claro, Jones fue directa a por esos invitados: el mítico Simón Cabido, travestido en su atinado personaje de Doña Croqueta, lo sufrió. También el Señor (ex)Comisario. Y la propia mesa, porque Jones se subió a la mesa de metacrilato como si tal cosa. E hizo unas cuantas sentadillas. Mucho antes de que Madonna hiciera sentadillas. Y la mesa casi cruje. Y Marisa Naranjo, también presente, quitó el bolso que tenía sobre la mesa, no vaya a ser que la Jones se lo quitara. Y Carmen Maura disfrutándolo con una sonrisa de fascinación que era pilar del éxito de ese programa, un programa que era un guion cerrado en lo que todo estaba finamente hilado con un hipnótico léxico. Era la televisión bien armada y, por eso mismo, perfecta para soportar el torbellido imparable de Jones. Pura televisión.

Sobre lo que me pasa viendo ‘Late Motiv’

Tengo un problema de deformación profesional adquirida: cuando veo la televisión se me ocurren análisis. Todo el rato. Da igual el programa, serie, pausa publicitaria o fundido a negro: las razones del éxito, lo mejor y lo peor, el valor añadido de no sé cuál, lo que debes aprender de.., el error de programación de tal… Así todo el día. Incluso, a veces, me pongo a hacer tele con el móvil. Incluso, a veces, bajo la escalera sintiéndome Raffaella Carrá. Porque yo soy mucho de Raffaella Carrá. De la Raffaella de la tele. No tanto de la Raffaella de la música, claro.

Así que tanto trabajar -con, contra, de y sobre la tele-, lo flipo yo conmigo mismo si me pillo disfrutando con lo que pasa dentro de la tele. Y eso me está sucediendo con esta temporada de Late Motiv de Buenafuente en #0. Uno de esos luminosos programas que, de repente, te hacen volver a sentir la tele con esa genuina e ingenua ilusión que creías perdida. Y, de repente, te acuerdas del motivo por el que te gusta tanto la tele.

Mierda, ya he hecho otro artículo.

Si te importa el periodismo y el universo mediático, tienes que ver esta entrevista de 2009

Me habré visto esta charla entre Julia Otero y Andreu Buenafuente unas 765 veces. Aunque intente disimular mi fanatismo oterílico, al final, siempre me sale a flote, pues me identifico con su forma de entender este oficio. Una entrevista de Buenafuente a Otero que es todo un retrato de su momento (año 2009) pero, también, de la situación actual del universo mediático (2017…).

Un retrato de las trincheras, del periodismo, del jugar sin demasiadas corazas en un plató, de la influencia o no de los “confidenciales”, de que en la tele se va a toda hostia no se sabe a dónde, de perder el respeto, de ser light y aburrir a tu propia familia, de la prensa basura, de enseñar la patita pero, al mismo tiempo, hacer el ejercicio hacia la ecuanimidad que conecta con la inteligencia cómplice del espectador.

Por cierto, yo sí tengo chandal. Otra cosa es que lo utilice.

Ya no somos la generación ‘Friends’

34 pegajosos grados centígrados en la calle. Llego a casa. Me tiro debajo de un chorretón de aire acondicionado y enciendo el televisor. Busco ansiosamente Friends. Me quedo pegado a Friends.

No hay plan mejor, como en los días de tormenta, como los días de asfixia. Aunque haya visto sus capítulos tropeciantes veces y me sepa los diálogos de memoria, gozo como la primera vez con los vínculos de Ross Geller, Rachel Green, Monica Geller, Chandler Bing, Joey Tribbiani y Phoebe Buffay Princess Consuela Banana Hammock.

Me río con ellos. Me emociono con ellos. Me identifico con ellos. Incluso ansío ser como ellos, con sus defectos, con sus miedos, con sus ilusiones, con sus frustraciones, con su Nueva York.

Supongo que ahí radica el éxito de Friends: es el fiel retrato de una, dos o tres generaciones que pensaron que se iba a comer el mundo pero, al final, se empacharon con la digestión de tanta aspiración.

Veinte años después del boom de Friends, los vaivenes emocionales de las relaciones y objetivos de sus personajes siguen vigentes. La esencia de sus tramas no caducará nunca, pero quizá sí nuestra relación con la serie.

Porque, ahora, ver y re-ver episodios de Friends me termina despertando un particular sentimiento de nostalgia desconcertante con un tiempo que vivimos sin darnos demasiada cuenta y ya pasó sin darnos, una vez más, demasiada cuenta.

Es difícil imaginar qué hará en 2017 esa pandilla de amigos, cómo serán sus vidas maduras, qué vuelcos de guion han sufrido estos años.

Al final, lo bueno de ver y re-ver Friends es que las existencias de estos personajes están a salvo en su eterno bucle en estado de gracia, tan guapos, tan genuinos y tan brillantes como siempre por obra y gracia de la constante repetición.

Pero nosotros seguimos creciendo, avanzando… y ya no somos tan ingenuos como en aquellos refulgentes noventa que ya no existen, excepto para esa eterna reposición. Ha llegado el momento de aceptarlo, ya no somos la generación Friends.

> 11 cosas que aprendimos con Friends

> Las 9 razones por las que amamos tanto Friends

> El adiós a Friends

Caída libre, Zahara, Likes de Cero y el noctambulismo

He llegado 12 meses tarde a esta actuación. Aquel 11 de julio de 2016 estaría yo, probablemente, abstraído pensando en planes vacacionales que nunca llegaron. Pero ha sido ahora cuando he visto esta interpretación de Zahara y su Caída Libre en Likes de Cero.

Yo soy muy fan de Zahara. El otro día, de hecho, compartí un intenso vídeo suyo en mi perfil de Facebook. Lo hice a altas horas de la madrugada (Muerdo el agua por ti / Te deslizas por mí /  Y jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir) y hasta me escribió gente pensando que me iba a cortar las venas. Incluso me llegó un guasap de un terapeuta sexual para ver cómo estaba. Oye, y lo agradecí, que en estos tiempos no es muy habitual que se preocupen por uno.

Pero no, no estaba en drama, sólo estaba escuchando música en plan nostálgico-noctámbulo. Y así llegué por culpa de un vídeo relacionado de Youtube a la actuación de Caída Libre en el plató del programa de Raquel Sánchez Silva, donde Zahara colabora y que sirvió como chimpún final de un episodio cualquiera de este show de tarde-noche, producido por 7 y Acción, que no termina de encontrar su sitio visible, tal vez porque necesita un chute de calle.

Y ahí estoy, viendo y reviendo esta actuación. No sólo porque el tema sea adictivo, también por la forma en la que se cuenta una historia a través de la puesta en escena y la realización, marcando la aparición de cada extra-pseudobailarín. Primero con la entrada de guionistas y colaboradores -que el espectador fiel reconoce- y, después, como presencia estelar final, con la llegada inesperada de la propia Raquel Sánchez Silva, haciendo sus pasitos también.

Así son los buenos colofones en televisión. Aunque el programa sea pequeñito, es clave intentar transmitir una historia organizando bien los elementos de los que se disponga. Aunque sean tres. Aquí había una canción de promoción y, en vez de atarse a un pie de micro, se incorpora el equipo con una narrativa que termina en alto, con la entrada estelar de la presentadora siguiendo la coreografía, sabiendo contagiar sonrisa a una cámara que no deja de mirar gracias a una realización que tiene las ideas claras y la intuición en su punto.

Eso es la tele, la que entiende que también los finales deben tener intención para que de ahí fluya esa particular emoción que produce en el espectador implicación.

El señor X que difamó al señor Y: cuando el periodismo se olvida del periodismo

Un señor X difama sobre otro señor Y en un programa de radio. Los medios se hacen eco de lo que difama este señor X. Lo comparten en sus redes, en sus portadas, en sus post. La audiencia de sus webs se dispara. La polémica está servida. Pero nadie llama al otro señor Y, que protagoniza las declaraciones (falsas), para completar la información con su versión Y.

Días más tarde, hay una gran rueda de prensa donde está el señor Y. Entonces, los periodistas que publicaron esas declaraciones, realizadas para intoxicar, preguntan por las acusaciones del señor X al señor Y. El señor Y no contesta. Pero, cuando termina el corrillo de preguntas y las grabadoras están apagadas, el señor Y explica que no ha contestado porque no entiende que nadie llamara a su productora, a su cadena de televisión o a él mismo para completar las “noticias” que se realizaron con los bulos del señor X con la otra versión, la versión Y.

Y el señor Y se fue y hubo periodistas que se quedaron con cara de qué nos está contando el señor Y. Pero el señor Y estaba dando en la diana de la crisis del velocímetro con el que se escribe en los medios de comunicación en la actualidad. Las prisas de Interné relegan una de las funciones claves del periodismo: dar al espectador, oyente o lector los contextos necesarios para entender y digerir bien la noticia.

No tiene sentido propagar una declaración X si el artesano de la información no contextualiza, contrasta, documenta y explica para que el receptor tenga las herramientas con las que sacar sus propias conclusiones. Es un concepto muy básico, pero no son buenos tiempos en los que se mime a los profesionales que trabajan desde y con la perspectiva de querer contar una historia con el tiempo suficiente para masticar la historia. Y lo que es peor, a veces, parece que se nos está olvidando contar historias para pasar a ser sólo difusores de dimes y diretes de usar y tirar. Por suerte, sólo a veces.

La televisión y su reputación a análisis en la Carlos III

Este lunes, la Delegación de Estudiantes de la Universidad Carlos III me ha invitado a participar en una ponencia de sus terceras Jornadas sobre Periodismo.

El título de la charla: “La demonización de la información en televisión“. Está claro que estos futuros periodistas ya saben titular con la intensidad del momento que vivimos.

Y allí estuve, junto al veterano periodista Fermín Bocos y el profesor Iván Darias. Y allí hablamos de como la pequeña pantalla ha ganado reputación, tras años de superioridad moral de la prensa tradicional. Ejemplo de ello es el caso de los programas Salvados o El Objetivo (incorporando el periodismo de datos en un prime time de una cadena generalista privada). También programas como Tabú de Jon Sistiaga o Cuando ya no esté de Iñaki Gabilondo (ambos de Movistar+), que muestran hacia donde vuelven los programas informativos: la conexión en directo es importante, pero también lo es el programa-acontecimiento del género documental, elaborado con más tiempo para buscar enfoques y sumergirse en la historia.

Un nuevo escenario interactivo, en donde las diferencias entre radio, televisión y prensa tradicional se difuminan. Las ventanas y soportes tecnológicos cambian, pero no cambia lo más decisivo: contar una historia con mirada propia y honesta.

Ahí está el reto del periodismo, y de eso reflexionamos, sobre la importancia de la honestidad crítica como válvula para explicar lo que ha pasado, lo que pasa y lo que va a pasar sin caer en la trampa constante del maquillaje informativo. Porque trabajamos con informaciones interesadas que intentan reinventar la realidad constantemente. No es nada nuevo, siempre ha sucedido. O que se lo pregunten a Napoleón.

También ha existido tiempo para analizar la televisión pública, observar a sus homólogas europeas y explicar la situación de los operadores privados de televisión en España. Una industria audiovisual, muy concentrada, que necesita movilizarse y serán las nuevas generaciones, que estaban en este aula, las que vivirán la regeneración real de la televisión de primera mano. Porque la radio no mató la prensa, la televisión no mató a la radio, pero Internet y las redes han engullido todo el universo mediático.

Alizee, el éxito efímero y el realizador atacado

¿Alguien recuerda Alizee? Esa jovencita francesa que alcanzó la popularidad sintiéndose literalmente una lolita. Calentó al personal por las televisiones europeas y extrarradios con su sensual candidez de falda corta. Y, después, continuó su carrera con J’en Ai Marre (no confundir con “Ay, madre”). La disquetera o discográfica dio en la diana con la puesta en escena. Una coreografía incontrolable para ella y para el espectador…

Las teles aprovecharon, de nuevo, el show de la sugerente Alizee. Pero especialmente este programa francés del que recuperamos su actuación. Abrimos ya desde falsodirecto.com el club de fans de el realizador de este formato por su capacidad de bailar con la música en cada fugaz plano. Cámaras pinchadas con el tiempo exacto. A corte. Sin miedo a la velocidad. Al ritmo. Al compás. Al sonido del público (incluso a los silbidos). Trasmitiendo la fuerza del tema y con Alizee sabiendo mirar a una cámara de referencia. Tele que te deja pegado. Levantando a los franceses del sofá. Y a mi mismo.

Alizee-actuacion

El primer videoclip de la historia: Nancy Sinatra, ¡scopitone!

No está muy claro cuál fue el primer videoclip. Desde que existen las imágenes, la música se ha complementado como un guante a los encuadres, a los movimientos de cámara, al zoom. Primero como un arte, después como una creativa manera de promoción. Así nació el videoclip, género que ha traspasado la pantalla hasta viralizarse en Internet. Casi siempre vivo, casi siempre imaginativo, casi siempre contando una historia. Porque los mejores videoclips son los que narran. Son los que crean sensaciones. Son los que arriesgan. Son los que creen en la música, la realización y la puesta en escena que no entiende de fronteras, que crece en el lenguaje universal.

Eurodrama: las influencias de Chikilicuatre en los ensayos de Barei en Eurovisión

Eurodrama. Ya está aquí Eurovisión 2016. La gran competición entre las televisiones públicas europeas (y algunos países del extrarradio) es uno de los más importantes acontecimientos musicales, mediáticos y también virales, pues el eurofestival ha entendido la esencia de las redes sociales, abriendo los ensayos a los eurofans. De esta forma, el programa se convierte en una especie de reality para los propios artistas que ven como son examinados por su público durante cada pase previo de su número.

El efecto sorpresa no es tan importante como ver las tripas del festival. Así Eurovisión logra su objetivo de que se comenten intríngulis, se genere debate y, sobre todo, se amplifique la expectación por la gran gala final del sábado 14.

Y Barei ya está sufriendo esta particular contraindicación de este gigante talent show internacional. Los espectadores pueden ver a través de Internet los primeros ensayos, especialmente gracias a las propias grabaciones de eurofans acreditados en el pabellón y, como consecuencia, opinan. De hecho, opinan mucho.

Los vídeos del segundo ensayo de Barei, celebrado este domingo, nos han remitido a otro clásico de España en Eurovisión: al mismísimo (y recordado) Rodolfo Chililicuatre. ¿Por qué? Lo diseccionamos a continuación.

1. En estos ensayos previos, las coristas del Say Yay!, que así se llama el tema, guardan la espalda de Barei con coreografía incluida. Unos pasos de baile muy al estilo del ‘robocop’. Y ya se sabe que el robocop fue una de las reivindicaciones de Chikilicuatre en su propuesta eurovisiva.

coristas robocop

2. Además, en el segundo ensayo, Barei ha acudido con un peinado con una cierta reminiscencia al tupé de Chikilicuatre. Rodolfo fue un adelantado a su tiempo, está claro.

barei y chikilicuatre

3. Y, sobre todo, Barei propone una caída en plena actuación, como giro dramático sorpresa. Se cae, para luego levantarse. Será una metáfora de la letra en inglés pero inevitablemente recuerda a otro tropezón clásico, que también fue el gran momento del ‘Chiki Chiki‘ : el trompazo de Silvia Abril como bailarina oficial de Rodolfo. Inolvidable y desternillante instante para la historia de la televisión.

-Caída Barei

barei caida

– Caída Silvia Abril

caida silvia abril

La única diferencia es que la caída de Silvia Abril era pura comedia. España se reía de Eurovisión y de sí misma, sin complejos y con sano sentido del humor. Con Barei el traspiés pretende llamar la atención del público europeo, como seña de identidad para que el espectador europeo recuerde la actuación a la hora del televoto. ¿Lo conseguirá? ¿O parecerá que tenemos mala pata? Lo que está claro es que Barei cuenta con una excelente calidad vocal y ese es su valor añadido para triunfar en Eurovisión 2016.


> CHIKILICUATRE: LOS MOTIVOS QUE DEMUESTRAN QUE HA SIDO LA MEJOR PROPUESTA DE ESPAÑA EN EUROVISIÓN