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Docencia

La extraña sensación de regresar a tu facultad

Lo primero que hice antes de dormir fue dejar el portátil enchufado para que su batería se cargara bien. Al día siguiente, un madrugador tren me esperaba para ir a Salamanca y quería ir adelantando trabajo en el trayecto. Allí, por la tarde, iba a presentar mi libro y a dar una charla sobre la catarsis de los nuevos consumos audiovisuales en la misma facultad de Comunicación en la que justo hace veinte años empezaba a estudiar Periodismo. El shock emocional prometía.

A las 6 de la mañana sonó el despertador. Me levanté ansioso. Quería corregir un artículo antes de coger ese Alvia que me regresaría a una ciudad que me marcó. Pero abrí el ordenador y ya nunca más encendió. Lo metí en la mochila, pensé que tal vez resucitara por el camino. De hecho, fui todo el viaje apretando el botón de reinicio. Sin éxito. La presentación de clase, con mis greatest videohits, que acababa de actualizar unas horas antes, se había volatilizado para siempre.

“Mejor, improvisaré y me adaptaré a lo que intuya que necesite el alumnado”, retumbó en mi cabeza. Pero antes, con el ordenador inservible a la espalda, necesitaba reencontrarme con la ciudad en la que viví los cruciales años de universitario. Me apeé del tren y me puse a caminar eligiendo calles con el máximo desorden posible. Bien de rodeos. Como esos abuelos que buscan descubrir la evolución de las obras. De aquella plaza que me recordaba a los sábados por la tarde hasta esa croissantería de olor a chocolate blanco. Así, hasta llegar al campus. Así, hasta hacer el camino que tantas veces repetí para ir o para escaparme de clase.

La facultad estaba aparentemente como la dejé. La ciudad también. Todo parecía que seguía igual, pero en realidad no se parecía a entonces. Porque ninguna de las personas que fueron mi familia en Salamanca seguían allí. Y la sensación, claro, era rara. Como en la ficción, un decorado puede sentirse completamente diferente según los actores que lo habitan.

Pero hice un cameo, de nuevo, en ese decorado. Y la clase fue muy interesante. Intercambiamos conocimientos, experiencias, análisis y hasta nos implicamos con pronósticos de futuro. Me sentí arropado, especialmente por los profesores que acudieron a ver qué contaba. Esta vez, sin sentirme examinado. También me vi retratado en los alumnos y sus expectativas. En Óscar, en Esmeralda, en Lorena, en Javi, en Paula… En eso quizá no he cambiado tanto, sigo sintiéndome uno de ellos. A pesar de los desencantos, sigo aprendiendo casi con la misma ingenua curiosidad de los años de la facultad. Casi.

La nueva era de los contenidos televisivos: problemas, retos y ventajas, a análisis en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla

Ahí estamos. Foto de equipo después de una intensa tarde en el auditorio de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Allí, en un lugar que antes fue todo Expo, fui invitado hace unas semanas para desarrollar una ponencia sobre la televisión que se van a encontrar los alumnos cuando acaben la carrera. La de verdad, vamos. Un encuentro muy interesante porque, entre todos, debatimos y aportamos análisis sobre periodismo, sobre estrategias de programación, sobre nuevos consumos de series, información y programas o sobre sigilosos detalles de la historia de la televisión que siempre serán cruciales en los medios -y que hacen más poderosa la experiencia en las nuevas narrativas audiovisuales-.

Sin olvidar, la importancia de definir bien los formatos catódicos que, ahora, son más versátiles que nunca. Los formatos ya no sólo pueden basarse en géneros estancos y cuadriculados. Cada género puede crecer aprendiendo de otro género. En este sentido, fue muy interesante la charla de Alberto del Pozo, con el que compartí jornada. Un profesional inspirador que, en la actualidad, está desarrollando un atractivo trabajo como director de Gente Maravillosa en Canal Sur. Nos puso ejemplos prácticos sobre la trastienda y resultado de este espacio de Toñi Moreno y con el que la autonómica andaluza ha logrado una visibilidad fuera de la comunidad que no acostumbra. Lo ha logrado gracias a la viralidad de unas cámaras ocultas de calado y compromiso social, que viene logrando este formato.

Con Alberto, profundizamos en el desarrollo de una idea contundente para crear un buen programa: pensando en tu público, en tu cadena pero, además, pensando en que esa cadena también pueda crecer a nuevos seguidores. Un encuentro muy enriquecedor porque se abrió a la tertulia sin red. De hecho, creo que conté algún que otro ejemplo real del trabajo detrás de cámaras que no debería. Pero, al final, de esas situaciones reales, que no se ven por la tele, es de las que mejor se aprende.También en la Universidad.

‘El éxito del contenido televisivo en la era de Netflix, HBO y Amazon’, a debate

“El éxito del contenido televisivo en la era de Netflix, HBO y Amazon”. Así es el título de la ponencia sobre el impacto de los nuevos modelos de distribución digital, y su influencia en los formatos, la audiencia, las cadenas tradicionales y la exportabilidad de la producción, en la que he participado dentro del Foro de la Innovación Audiovisual, que ha acogido el aula 1 del Máster en Gestión de Empresas de Comunicación (MEGEC) de la Universidad de Navarra.

¿Qué mide el buen rendimiento de un producto en la era de la televisión bajo demanda? ¿Se ha superado el modelo del contenido de proximidad? ¿Cuáles son los retos de producir para una audiencia cada vez más fragmentada y a la vez globalizada? ¿Hasta que punto afectan los algoritmos y el denominado BIG DATA que analiza cada rastro que dejan los usuarios a la hora de definir un guion? Son algunos de los temas que hemos analizado en este encuentro que he tenido la oportunidad de compartir con Gonzalo Sagardía (CEO en Onza Entertainment y profesor del MEGEC), Alejandro Rojas (Parrot Analytics), Cristina Merino (Movistar), Darío Madrona (creador y productor ejecutivo de ÉLITE de Netflix) y Nacho Manubens (subdirector de ficción de Atresmedia).

Un encuentro, cargado de ejemplos prácticos, en el que sobresalió la conclusión de que las cadenas tradicionales ya no quieren limitarse a ser las emisoras de sus propias inversiones y se están convirtiendo en productoras que, ahora, también ponen su experiencia y reputación al servicio de la creación para terceros. Véase el caso de Atresmedia con la fundación de Atresmedia Studios. Se expande una nueva y más compleja dimensión para la industria audiovisual, donde ya no hay una única forma de medir la rentabilidad de los contenidos: el éxito real importa, pero importa más aún la percepción de éxito de la producción o compañía que está detrás. Aunque, en realidad, sea un fiasco.

En la Rey Juan Carlos

Estos últimos días he sido invitado a un maratón de radio organizado por los alumnos de la Universidad Rey Juan Carlos. El motivo: una mesa (casi) redonda para analizar la televisión junto a Carmen Caffarel y José Miguel Contreras. Un honor, pues admiro a estos dos profesionales de larga trayectoria.

Con Caffarel -que dirigió la etapa de la renovación de RTVE, del salto del viejo ‘ente’ a la corporación pública- y con Contreras -que ha hecho de todo en el medio, incluso ser uno de los impulsores de La Sexta- intercambiamos ideas sobre el modelo de televisión pública, las dificultades que afronta el sector, la situación de las privadas y, por supuesto, reflexionamos sobre la evolución y porvenir de esos medios en los que tendrán que trabajar los alumnos de la Facultad de Comunicación de la Rey Juan Carlos.

Pero, mientras radiografiábamos la tele ante la atenta mirada de los estudiantes -y de mi madre y mi abuela que estaban viéndolo en Youtube-, personalmente, también me percaté de la oportunidad que estoy teniendo en estos años de aprender junto a los mejores profesionales de los medios. Porque, quizá, de lo mejor que está teniendo mi desarrollo profesional, ya sea en los artículos diarios en Lainformacion.com, en mis participaciones semanales en radio o en las clases, talleres o conferencias que imparto en la Universidad, es que sigo aprendiendo. Todo el rato. De los compañeros, de los alumnos, de los lectores, de los oyentes, de los espectadores y de los grandes profesionales que han creado la televisión en España.  Como Caffarel, como Contreras, como tantos que me están haciendo mejor profesional gracias a su experiencia y me están enseñando (casi) todo lo que, desde niño, quería entender. Porque enseñar es incompatible con dejar de aprender.

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