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Borja Terán

La nueva era de los contenidos televisivos: problemas, retos y ventajas, a análisis en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla

Ahí estamos. Foto de equipo después de una intensa tarde en el auditorio de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Allí, en un lugar que antes fue todo Expo, fui invitado hace unas semanas para desarrollar una ponencia sobre la televisión que se van a encontrar los alumnos cuando acaben la carrera. La de verdad, vamos. Un encuentro muy interesante porque, entre todos, debatimos y aportamos análisis sobre periodismo, sobre estrategias de programación, sobre nuevos consumos de series, información y programas o sobre sigilosos detalles de la historia de la televisión que siempre serán cruciales en los medios -y que hacen más poderosa la experiencia en las nuevas narrativas audiovisuales-.

Sin olvidar, la importancia de definir bien los formatos catódicos que, ahora, son más versátiles que nunca. Los formatos ya no sólo pueden basarse en géneros estancos y cuadriculados. Cada género puede crecer aprendiendo de otro género. En este sentido, fue muy interesante la charla de Alberto del Pozo, con el que compartí jornada. Un profesional inspirador que, en la actualidad, está desarrollando un atractivo trabajo como director de Gente Maravillosa en Canal Sur. Nos puso ejemplos prácticos sobre la trastienda y resultado de este espacio de Toñi Moreno y con el que la autonómica andaluza ha logrado una visibilidad fuera de la comunidad que no acostumbra. Lo ha logrado gracias a la viralidad de unas cámaras ocultas de calado y compromiso social, que viene logrando este formato.

Con Alberto, profundizamos en el desarrollo de una idea contundente para crear un buen programa: pensando en tu público, en tu cadena pero, además, pensando en que esa cadena también pueda crecer a nuevos seguidores. Un encuentro muy enriquecedor porque se abrió a la tertulia sin red. De hecho, creo que conté algún que otro ejemplo real del trabajo detrás de cámaras que no debería. Pero, al final, de esas situaciones reales, que no se ven por la tele, es de las que mejor se aprende.También en la Universidad.

Lo que transmite la parte trasera de esta secuencia de ‘La ciudad no es para mí’ de Martínez Soria

73 millones de pesetas recaudó La ciudad no es para mí, la película más taquillera de la historia del cine español en 1966. Paco Martínez Soria sabía que triunfaría, pues era la versión en celuloide de su gran éxito teatral. De hecho, en su papel de Agustín Valverde es como se quedó el mítico actor grabado en el imaginario colectivo: el cateto de pueblo que llega a la gran urbe. Perdido, paleto, pero más avispado de lo que parece.

El público español de la época conectó con Martínez Soria porque esta historia de Fernando Ángel Lozano, seudónimo en el que se escondía Fernando Lázaro Carreter, palpaba la emoción de la España de mediados de siglo XX. Una España en blanco y negro. Perdida, paleta, pero más avispada de lo que parece.

Pedro Lazaga dirigió esta cinta, producida por Pedro Masó, que en su arranque plasma con fruición el estrés de las entrañas de una gigantesca Madrid. Y es en la Glorieta de Atocha donde se rueda el primer gran choque entre el personaje de Agustín Valverde y el bullicio de la capital. Un cruce de tráfico perfecto, justo delante de la rotonda con la luminosa fuente giratoria -sí, los chorros giraban-. Una espectacular fuente ornamental, demolida en los ochenta, que con tanto movimiento de surtidores móviles de agua, junto con el ir y venir de tráfico, era ideal para generar más angustia de jaleo de gran metrópoli en el fondo de la secuencia.

Una secuencia que esconde un detalle más. Si no nos quedamos sólo en el diálogo del personaje de Martínez Soria y un guardia de tráfico, y nos fijamos en lo que pasa en la parte trasera de la acción, veremos a esa cándida España de la época que mira, cautivada, a un famoso actor trabajando en plena calle.

La figuración de la película en esa rotonda era real. Eran coches y motos que pasaban por ahí. Copilotos y conductores, motoristas sin casco. Porque entonces no se llevaba casco. Todos, en el fondo de plano, desviando sus ojos a cámara. ¡Ahí estaba Paco Martínez Soria!

Madrid ya era una gran ciudad pero, todavía, no estaba inmune a esa inocencia de pararse a ver un rodaje. Y hacerlo sin ningún disimulo. Con menos disimulo aún si el protagonista era el mismísimo Paco Martínez Soria. Había que verlo bien, aunque fuera sólo un segundo. Porque España estaba en blanco y negro, perdida, paleta, pero más avispada de lo que parecía.

‘El éxito del contenido televisivo en la era de Netflix, HBO y Amazon’, a debate

“El éxito del contenido televisivo en la era de Netflix, HBO y Amazon”. Así es el título de la ponencia sobre el impacto de los nuevos modelos de distribución digital, y su influencia en los formatos, la audiencia, las cadenas tradicionales y la exportabilidad de la producción, en la que he participado dentro del Foro de la Innovación Audiovisual, que ha acogido el aula 1 del Máster en Gestión de Empresas de Comunicación (MEGEC) de la Universidad de Navarra.

¿Qué mide el buen rendimiento de un producto en la era de la televisión bajo demanda? ¿Se ha superado el modelo del contenido de proximidad? ¿Cuáles son los retos de producir para una audiencia cada vez más fragmentada y a la vez globalizada? ¿Hasta que punto afectan los algoritmos y el denominado BIG DATA que analiza cada rastro que dejan los usuarios a la hora de definir un guion? Son algunos de los temas que hemos analizado en este encuentro que he tenido la oportunidad de compartir con Gonzalo Sagardía (CEO en Onza Entertainment y profesor del MEGEC), Alejandro Rojas (Parrot Analytics), Cristina Merino (Movistar), Darío Madrona (creador y productor ejecutivo de ÉLITE de Netflix) y Nacho Manubens (subdirector de ficción de Atresmedia).

Un encuentro, cargado de ejemplos prácticos, en el que sobresalió la conclusión de que las cadenas tradicionales ya no quieren limitarse a ser las emisoras de sus propias inversiones y se están convirtiendo en productoras que, ahora, también ponen su experiencia y reputación al servicio de la creación para terceros. Véase el caso de Atresmedia con la fundación de Atresmedia Studios. Se expande una nueva y más compleja dimensión para la industria audiovisual, donde ya no hay una única forma de medir la rentabilidad de los contenidos: el éxito real importa, pero importa más aún la percepción de éxito de la producción o compañía que está detrás. Aunque, en realidad, sea un fiasco.

Fotolog

He superado la experiencia de volver a Fotolog (por ahora)

Haciéndome el chico malo. Así, con esta foto, he vuelto a salir en mi Fotolog. Si Pedro Sánchez no se veía de Presidente del Gobierno hace dos semanas, yo ni imaginaba que reabriría mi Fotolog hace cuatro días. Desde 2010 no actualizaba la que fue la primera gran red social de fotografías. Una plataforma pionera que, sin embargo, no supo adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas Apps móviles. Sí, porque en Fotolog había que esperar a llegar a casa para subir la foto desde tu ordenador. Aún los smarthphones eran una cosa de futuro.

En tu habitación, abrías el PC, subías tu foto diaria, comentabas otras imágenes de tus contactos y, de paso, hacías amigos. Sin ansiedad por sumar ‘likes’ o ‘me gustas’ porque aquel Fotolog no tenía ni ‘likes’ ni ‘me gustas’.

En Fotolog no importaba tanto sumar corazones rojos como compartir vivencias con una comunidad que no paraba de crecer. En Fotolog nacieron amistades y vínculos. Los primeros influencers se curtieron en Fotolog, donde simplemente bastaba una foto por día, que se iba colocando en un perfil visibilizado como un calendario de recuerdos. Sólo los usuarios Gold, aquellos que pagaban una cuota, podían colgar más de una foto al día. El resto nos teníamos que conformar con seleccionar una instantánea favorita y esperar 24 horas sin postear.

Ahora Fotolog ha resucitado cuando todos lo daban por muerto. Esta red ha retornado manteniendo su tradicional dinámica de una única publicación a diario. Así se diferencia de aquellas Apps que consiguieron que no echáramos de menos al propio Fotolog. Instagram, vamos.

Aunque, en este regreso, Fotolog sí que ha incorporado un botón ‘corazón’ para que los usuarios den a cada imagen el ‘me gusta’ de rigor. Quizá se tenía que haber evitado la implantación del ‘like’ como aliciente distintivo y, de esta forma, recuperar a un público que, sin saberlo, añora la experiencia de colgar imágenes sin necesidad de ansiedades por la aceptación de ‘me gustas’.

Esa ingenua experiencia de entrar a compartir, conocer, comentar y descubrir sin delirios por sumar número de ‘likes’ es lo que he sentido al introducirme de nuevo en mi perfil de Fotolog. Y he vuelto a publicar. Y me he reencontrado con viejos contactos. Y he sentido una bofetada de recuerdos al ver mis paseos, mis encuadres y mi vida más de diez años atrás. Y, entonces, he pensado que, en lo esencial, no he cambiado tanto. Fotolog tampoco. De hecho, no parece ni siquiera que tenga implantado un minucioso algoritmo de esos que esconde las fotos si no tienen la suficiente relevancia, como sucede en el actual Instagram. Todo fluye con la artesanía del encuentro casual.

Decidido, voy a dar una nueva oportunidad a Fotolog. Cada día, como dicen sus mandamientos, subiré una foto. No sé lo que aguantaré. Y tampoco sé lo que aguantará el propio Fotolog. Menos aún, sin filtros y sin posibilidad de saciar las ansias de publicar mucha cosa al día desde el móvil, que es lo que demandan los activos usuarios de las redes sociales que suelen castigar las restricciones.

Pero probemos. Soy mucho de segundas oportunidades. Y, un poquito, sólo un poquito, echaba de menos eso de leer aquello de ‘me sigues y te sigo’ o ‘linda pic’. Hay cosas que no cambian. ¿Me sigues y te sigo? -> fotolog.com/BorjaTerán

Una de telones

Los telones de plató de televisión están en peligro de extinción. Ya no se llevan. Mejor si hay una buena pantalla led que se abra y cierre con fruición. Aunque todos los programas parezcan el mismo. Lejos quedan ya aquellos grandes telones de gala de guardar que lo mismo servían para tapar a la orquesta Alcatraz en Hola Raffaella que para ocultar el desmontaje de un teatrillo en las noches de fiesta de José Luis Moreno. Había telones de todo tipo: que si venecianos, que si con (mucha) brillantina, que si semitransparentes. Cada uno con su función. Aunque probablemente el telón más mítico es el multicolor de Johnny Carson, el maestro del late night (mundial)

El telón que se abría cada noche al paso de Carson y que guardaba su espalda en pleno monólogo tenía cinco colores. Naranja, amarillo, azul, verde y rosa. Vestía un punto hortera, pero también atesoraba una elegancia de postín. Como Carson, que primero hizo el programa en Rockefeller Center y, más tarde, en los antiguos estudios de la NBC en Burbank, Los Ángeles, platós que ya no pertenecen a la histórica compañía televisiva.

En España ha sido Andreu Buenafuente el que ha recuperado la distinción de contar con un buen telón resguardando su plató. En este caso, un telón bicolor. Que también da caché, siguiendo la estela de los maestros de la comedia televisiva clásica.

El telón de Late Motiv de Buenafuente ya es un icono sigiloso. Es un protagonista más del show. Está vivo, respira, se mueve y el espectador puede jugar a imaginar a pensar lo que está pasando detrás de él. De hecho, el telón de Buenafuente da pistas de que algo puede ocurrir en el ojo curioso del espectador más avispado. Así ha sucedido este pasado miércoles que, antes de que se saliera Mercedes Milá para anunciar su fichaje por Movistar Plus, el telón sutilmente ya anunciaba que alguien caminaba por detrás.

La sombra de unas discretas pisadas iban marcándose tras el telón. Dos pies que se plantaron, bien colocados, en el punto exacto de la apertura central de la cortina. Ahí estaba Mercedes Milá, detrás del cortinaje, esperando obediente. Porque Milá es impredecible pero también disciplinada. No es incompatible. Y yo, como un niño, no podía dejar de estar fijándome en las pisadas que se marcaban debajo del telón. Hay cosas que no cambian con el paso de los años… tampoco la magia de un imperfectamente elegante buen telón. Mejor si es bicolor o multicolor.

 

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