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febrero 2020

Contraguía turística en ‘Julia en la Onda’: el otro Madrid

La Cibeles, Neptuno, La Puerta de Alcalá ¿os habéis fijado que los grandes iconos turísticos de Madrid son una ROTONDA? Mi sueño es hacer una guía mundial de turismo que hacemos los RAROS. Y, aprovechando que hoy en ‘Julia en la Onda’ se ha dado la vuelta al programa por el día de la radio, me he escapado de mis quehaceres habituales para realizar un ranking de lugares que pasan desapercibidos cuando se habla de Madrid y, en cambio, llaman la atención de mis paseos…

1. La farola republicana dentro del Palacio Real

¿En qué se puede diferenciar del resto de farolas del paseo? Esta farola, en vez de estar rematada en lo alto por una corona monárquica está por una corona cívica o almenada. Data de la Segunda República (1931-1939) y ha sobrevivido a la dictadura, que se encargó de retirar todos los signos republicanos, pero se les quedó está junto al balcón que saludaba Franco a los fieles. Nadie se percató, por suerte, pues ojalá se preserve como icono curioso y fotografiable junto al Palacio Real que en la Segunda República pasó a llamarse Palacio Nacional. De hecho, fue residencia oficial de Manuel Azaña. Búscala en el noroeste del Palacio, muy visible a la altura del paseo peatonal de la calle Bailén.

2. Una pequeña Fontana de Trevi

En 1858, el escultor de la villa Sabino de Medina realizó la Fuente de Lozoya, en Bravo Murillo, 49. Se trata de una alegoría del río, adosada a los muros del Primer Depósito del Canal de Isabel II. Su clara inspiración a la fontana de Trevi es evidente. Pero que nadie intente emular a  Anita Ekberg bañándose en La Dolce Vita de Federico Fellini. La fuente está enrejada con vallas dignas de colegio y se tiene que ver de lejos. Tampoco cuenta con agua, pues cuando la encienden el archivo del Canal sufre filtraciones. Y parece que nadie encuentra dónde está la fuga.

La Fontana de Trevi se acabó en 1762 por Giovanni Pannini, que cogió el testigo de Nícola Salvi a quien se encargó este proyecto en unos tiempos del barroco en los que se primaban los concursos públicos y Salvi se lo ganó a Bernini.  Para que luego digan de los proyectos participativos de Manuela Carmena.

3. El patio donde vivió Lola Flores

En Castellana con María de Molina existe un patio que pudiera haber sido plató de ‘La ventana indiscreta’ de Hitchcock, rodada en 1953 con James Stewart, Grace Kelly, Wendell Corey, Raymond Burr y Thelma Ritter. Aunque ellos optaron por un plató hecho a medida para facilitar el rodaje. Aunque este silencioso oasis pegado a la Castellana respira toda la intriga de una pelí.  Esta manzana, contó con vecinos ilustres como Lola Flores o Pepa Flores, en sus años de Marisol. Los grandes ventanales de las viviendas miran a un jardín en el que este miércoles el portero pintaba en silencio algunos adoquines. De blanco, impoluto. El césped está perfecto, no se ve ni un rastro de niños jugando, pero estas colmenas arquitectónicas contagian el suspense de las vidas tras la ventana.

4. La firma de Sáenz de Oíza

El reputado arquitecto que diseñó las viviendas de la M30, las Torres Blancas o la reputada Torre del Banco Bilbao en Castellana 81, junto a El Corte Inglés. En esta última, Oíza dejó su firma escondida en la base del edificio, donde dejan el pipi los perros, decía. Es un buen juego buscar la rúbrica por cada esquina del rascacielos. Una pista: sobrevive escondida en la base de una puerta giratoria del edificio.

5. La estatua de la libertad de andar por casa.

Madrid tiene una estatua muy similar a la de la Libertad de Nueva York. Es más pequeña, pero su figura remite sin titubeos a la Dama de Hierro. El escultor Ponciano Ponzano la esculpió en 1853, veinte años antes que la neoyorquina. Se encuentra en el Pabellón de los Hombres Ilustres, en Atocha, coronando un mausoleo en el que están los restos de varios políticos como Mendizábal o Argüelles. De su cabeza, salen rayos de luz como la americana. Eso sí, en vez de antorcha tiene un cetro y no está sola: cuenta con un (lindo) gatito como compañero de viaje. Un desconocido parecido más que razonable.

Todas las fotos de este artículo las he tomado con mi móvil estos días paseando por Madrid.

Entrevista con Santiago Tabernero, el estímulo de la modernidad creativa

‘La Cabina’ nos está permitiendo el lujo de compartir tiempo, tan importante el tiempo, para charlar sin guion con referentes del universo audiovisual. El último: Santiago Tabernero, uno de los grandes autores de la televisión española que, ahora, ha regresado a La 2 de TVE con Sánchez y Carbonell‘. Se trata de un creativo show, realizado en directo desde el nuevo estudio 6 de Prado del Rey, que se atreve con la transgresión cultural de una sociedad en ebullición que no siempre se ve por la tele. Aprendemos de su obra con espacios tan estimulantes como ‘Carta Blanca’, ‘Versión Española’ o la antología de ‘La edad de oro’. Espacios que son patrimonio audiovisual. No sólo han entretenido, también atesoran valor documental sobre nuestro tiempo, sus creadores y sus referentes. Edición especial de ‘La Cabina’ en la que la conversación con Santiago Tabernero sufre la irrupción ‘inesperada’ de Lluis Mosquera. Qué guay este rato con profesionales tan estimulantes que incluso permiten que reinventemos el podcast:

 

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