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junio 2018

La nueva era de los contenidos televisivos: problemas, retos y ventajas, a análisis en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla

Ahí estamos. Foto de equipo después de una intensa tarde en el auditorio de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Allí, en un lugar que antes fue todo Expo, fui invitado hace unas semanas para desarrollar una ponencia sobre la televisión que se van a encontrar los alumnos cuando acaben la carrera. La de verdad, vamos. Un encuentro muy interesante porque, entre todos, debatimos y aportamos análisis sobre periodismo, sobre estrategias de programación, sobre nuevos consumos de series, información y programas o sobre sigilosos detalles de la historia de la televisión que siempre serán cruciales en los medios -y que hacen más poderosa la experiencia en las nuevas narrativas audiovisuales-.

Sin olvidar, la importancia de definir bien los formatos catódicos que, ahora, son más versátiles que nunca. Los formatos ya no sólo pueden basarse en géneros estancos y cuadriculados. Cada género puede crecer aprendiendo de otro género. En este sentido, fue muy interesante la charla de Alberto del Pozo, con el que compartí jornada. Un profesional inspirador que, en la actualidad, está desarrollando un atractivo trabajo como director de Gente Maravillosa en Canal Sur. Nos puso ejemplos prácticos sobre la trastienda y resultado de este espacio de Toñi Moreno y con el que la autonómica andaluza ha logrado una visibilidad fuera de la comunidad que no acostumbra. Lo ha logrado gracias a la viralidad de unas cámaras ocultas de calado y compromiso social, que viene logrando este formato.

Con Alberto, profundizamos en el desarrollo de una idea contundente para crear un buen programa: pensando en tu público, en tu cadena pero, además, pensando en que esa cadena también pueda crecer a nuevos seguidores. Un encuentro muy enriquecedor porque se abrió a la tertulia sin red. De hecho, creo que conté algún que otro ejemplo real del trabajo detrás de cámaras que no debería. Pero, al final, de esas situaciones reales, que no se ven por la tele, es de las que mejor se aprende.También en la Universidad.

‘El éxito del contenido televisivo en la era de Netflix, HBO y Amazon’, a debate

“El éxito del contenido televisivo en la era de Netflix, HBO y Amazon”. Así es el título de la ponencia sobre el impacto de los nuevos modelos de distribución digital, y su influencia en los formatos, la audiencia, las cadenas tradicionales y la exportabilidad de la producción, en la que he participado dentro del Foro de la Innovación Audiovisual, que ha acogido el aula 1 del Máster en Gestión de Empresas de Comunicación (MEGEC) de la Universidad de Navarra.

¿Qué mide el buen rendimiento de un producto en la era de la televisión bajo demanda? ¿Se ha superado el modelo del contenido de proximidad? ¿Cuáles son los retos de producir para una audiencia cada vez más fragmentada y a la vez globalizada? ¿Hasta que punto afectan los algoritmos y el denominado BIG DATA que analiza cada rastro que dejan los usuarios a la hora de definir un guion? Son algunos de los temas que hemos analizado en este encuentro que he tenido la oportunidad de compartir con Gonzalo Sagardía (CEO en Onza Entertainment y profesor del MEGEC), Alejandro Rojas (Parrot Analytics), Cristina Merino (Movistar), Darío Madrona (creador y productor ejecutivo de ÉLITE de Netflix) y Nacho Manubens (subdirector de ficción de Atresmedia).

Un encuentro, cargado de ejemplos prácticos, en el que sobresalió la conclusión de que las cadenas tradicionales ya no quieren limitarse a ser las emisoras de sus propias inversiones y se están convirtiendo en productoras que, ahora, también ponen su experiencia y reputación al servicio de la creación para terceros. Véase el caso de Atresmedia con la fundación de Atresmedia Studios. Se expande una nueva y más compleja dimensión para la industria audiovisual, donde ya no hay una única forma de medir la rentabilidad de los contenidos: el éxito real importa, pero importa más aún la percepción de éxito de la producción o compañía que está detrás. Aunque, en realidad, sea un fiasco.

Fotolog

He superado la experiencia de volver a Fotolog (por ahora)

Haciéndome el chico malo. Así, con esta foto, he vuelto a salir en mi Fotolog. Si Pedro Sánchez no se veía de Presidente del Gobierno hace dos semanas, yo ni imaginaba que reabriría mi Fotolog hace cuatro días. Desde 2010 no actualizaba la que fue la primera gran red social de fotografías. Una plataforma pionera que, sin embargo, no supo adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas Apps móviles. Sí, porque en Fotolog había que esperar a llegar a casa para subir la foto desde tu ordenador. Aún los smarthphones eran una cosa de futuro.

En tu habitación, abrías el PC, subías tu foto diaria, comentabas otras imágenes de tus contactos y, de paso, hacías amigos. Sin ansiedad por sumar ‘likes’ o ‘me gustas’ porque aquel Fotolog no tenía ni ‘likes’ ni ‘me gustas’.

En Fotolog no importaba tanto sumar corazones rojos como compartir vivencias con una comunidad que no paraba de crecer. En Fotolog nacieron amistades y vínculos. Los primeros influencers se curtieron en Fotolog, donde simplemente bastaba una foto por día, que se iba colocando en un perfil visibilizado como un calendario de recuerdos. Sólo los usuarios Gold, aquellos que pagaban una cuota, podían colgar más de una foto al día. El resto nos teníamos que conformar con seleccionar una instantánea favorita y esperar 24 horas sin postear.

Ahora Fotolog ha resucitado cuando todos lo daban por muerto. Esta red ha retornado manteniendo su tradicional dinámica de una única publicación a diario. Así se diferencia de aquellas Apps que consiguieron que no echáramos de menos al propio Fotolog. Instagram, vamos.

Aunque, en este regreso, Fotolog sí que ha incorporado un botón ‘corazón’ para que los usuarios den a cada imagen el ‘me gusta’ de rigor. Quizá se tenía que haber evitado la implantación del ‘like’ como aliciente distintivo y, de esta forma, recuperar a un público que, sin saberlo, añora la experiencia de colgar imágenes sin necesidad de ansiedades por la aceptación de ‘me gustas’.

Esa ingenua experiencia de entrar a compartir, conocer, comentar y descubrir sin delirios por sumar número de ‘likes’ es lo que he sentido al introducirme de nuevo en mi perfil de Fotolog. Y he vuelto a publicar. Y me he reencontrado con viejos contactos. Y he sentido una bofetada de recuerdos al ver mis paseos, mis encuadres y mi vida más de diez años atrás. Y, entonces, he pensado que, en lo esencial, no he cambiado tanto. Fotolog tampoco. De hecho, no parece ni siquiera que tenga implantado un minucioso algoritmo de esos que esconde las fotos si no tienen la suficiente relevancia, como sucede en el actual Instagram. Todo fluye con la artesanía del encuentro casual.

Decidido, voy a dar una nueva oportunidad a Fotolog. Cada día, como dicen sus mandamientos, subiré una foto. No sé lo que aguantaré. Y tampoco sé lo que aguantará el propio Fotolog. Menos aún, sin filtros y sin posibilidad de saciar las ansias de publicar mucha cosa al día desde el móvil, que es lo que demandan los activos usuarios de las redes sociales que suelen castigar las restricciones.

Pero probemos. Soy mucho de segundas oportunidades. Y, un poquito, sólo un poquito, echaba de menos eso de leer aquello de ‘me sigues y te sigo’ o ‘linda pic’. Hay cosas que no cambian. ¿Me sigues y te sigo? -> fotolog.com/BorjaTerán

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