Odio la pirámide invertida del periodismo

Marzo de 2017. Acudo a Barcelona con motivo de varias Masterclass y aprovecho para entrevistar a Tinet Rubira en la sede de su productora, Gestmusic. Javi Gómez, que por entonces era director del dominical de El Mundo, PAPEL, me había encargado un artículo sobre el nuevo boom de los programas musicales en prime time, los denominados talents shows.

Y allí fui. Subí Grand de Gracia rumbo a las faldas de Park Güell, donde se encuentran los caserones que cobijan Gestmusic. Unas casas amarillas que están unidas por escaleras imposibles. Yo, que odio el Metro, fui caminando, claro. Hacía Sol. Un caluroso Sol. “Voy a llegar chorreando de sudor a Gestmusic. Bien”, pensé.

La entrevista fue muy interesante. Tinet sabe explicar con destreza y naturalidad la televisión. No sólo es uno de los responsables más prolíficos de nuestra historia televisiva reciente, también es un buen divulgador de su trabajo.

Conversamos sobre motivos del éxito y fracaso de la música en televisión, de tendencias televisivas, cambios de consumos y, al final, pregunté a Tinet sobre una posible resurrección de Operación Triunfo cuando aún no se conocía su retorno. Tinet respondió sin titubear y no se equivocó en su meridiana afirmación. Aunque él es tan claro que, también, fue realista.

Semanas más tarde, ya en Madrid, al terminar de escribir el reportaje, pensé en cerrar el artículo con la declaración de Rubira sobre una posible vuelta de OT. Sin más. Pero, justo antes de enviar el texto, me pareció un cierre agridulce para un formato que tenía aún mucho ADN por re-exprimir. Así que añadí un chimpún, de esos que me gustan para que el lector siempre llegue al final. Porque yo nunca creí en la pirámide invertida. Esa pirámide que explican las facultades de periodismo y que considera que el contenido de los textos debe avanzar hacia lo residual. Cuando en cualquier historia interesante tan importe es el comienzo como, también, saber crecer hasta el cierre final. O, al menos, intentarlo.

Ahora, 13 meses después, me percato que esa frase que añadí no sólo definió el momento en el que yo mismo estaba anímicamente al escribir este análisis para El Mundo, también evidencia una de las esencias históricas del éxito de la mejor televisión.

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