Cuando tener una escalera mecánica era ser cosmopolita

Las ciudades de ‘provincias’ no tocan la modernidad hasta que cuentan con una escalera mecánica. En Santander, la primera escalera (mecánica) estuvo en un centro comercial de cemento y piedra que se construyó, en 1965, junto a la Catedral. Eran los grandes almacenes Woolworth, que decía que te traían todo lo que necesitabas para tu familia, el hogar y, de paso, te abrían al universo de las efervescentes escaleras mecánicas. Ser cosmopolita era esto, quizá.

woolworth santander almacenes

Woolworth abrió tiendas en Madrid, Palma de Mallorca, Alicante, Málaga, Granada y Córdoba, y eligió también mi ciudad natal, Santander, porque aún no se había instalado en ella ni El Corte Inglés ni Galerías Preciados. Sólo Simago reinaba en la capital de La Montaña junto a otros almacenes de tinte local como eran los ya desaparecidos Ribalaygua y Lainz, que tenían ascensor pero no escaleras mecánicas.

ribalaygua lainz centro comercial

Pero, poco más de una década después de su llegada, Woolworth fracasó y cerró todos sus establecimientos españoles. Lo hizo en octubre de 1980. Yo ni había nacido, no me dio tiempo a conocer la experiencia Woolworth . Pero sí la tienda Zara que ocupó, poco después, dos plantas de ese edificio comercial, mientras que el resto del inmueble se decidió reutilizar como una sucursal bancaria y oficinas, abriendo unas ventanas en las paredes de piedra e incorporando varias plantas más encima, acristaladas, para apartamentos de viviendas.

zara

Ahora, las escaleras mecánicas han vuelto al edificio de Woolworth, ya que Inditex se quedado con todo el espacio que ocupaban aquellos olvidados grandes almacenes y ha reabierto su tienda principal en Santander, el Zara, con una reforma a fondo que ha devuelto a este bloque la función comercial para el que fue concebido.

nuevo zara

No obstante, los santanderinos ya no se fijan en las escaleras mecánicas. Están inmunes, tal vez porque en los últimos años las cuestas principales de la empinada ciudad se han llenado de rampas mecánicas para que nadie se canse. Pero ni con esas somos cosmopolitas.

Historia apoyada con imágenes del archivo de El Diario Montañés y El Tomavistas de Santander

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