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La televisión que hace flipar al propio protagonista del playback

En más de una clase con futuros creadores de televisión he terminado poniendo esta actuación de un especial navideño de Un, dos, tres. Son Carmen y Antonio Morales, hijos de Rocío Dúrcal y Junior, que formaron un dúo cantarín en los ochenta con canciones de más calado de lo que se aparentaba a primera vista. Como este Sopa de Amor.

Una vez más, Chicho Ibáñez Serrador huyó de gastar tiempo de su programa en una canción de promoción sin más, así que quitó los pies de micro y apostó por una delirante historia con un patoso camarero como protagonista. Consecuencia directa: la canción se convertía en un magnético sketche que atrapaba el interés del espectador pero, también, de los dos propios críos que estaban interpretando su hit.

Ellos mismos miraban de reojo el delirio al que estaban asistiendo. Lo hacían con una ingenuidad que traspasaba la pantalla hasta acariciar la emoción de un televidente que vivía ese momento con su particular inocencia.

Ese es el entretenimiento televisivo más brillante, el que invierte tiempo en un creativo guion que devuelve al espectador a esa ingenuidad que creía haber perdido. Y si, encima, los propios protagonistas también lo están disfrutando in situ y con cara de flipe, entonces, el resultado es supercalifragilisticoespialidoso:

Periodista. Explorando la TV, la radio y las redes. Aquí, lo que no quiero que se me quede en el tintero.

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