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marzo 2016

TVE estudia demandar a Bertín: verdades y mentiras de una batalla (más allá de las audiencias)

Las rupturas siempre son complicadas. La marcha de Bertín a la competencia ha acelerado una rescisión del contrato por parte de la cadena pública, que ha advertido en un comunicado que se reserva “el derecho a exigir la oportuna indemnización por los daños y perjuicios” causados por incumplimiento de las condiciones. Según informa la cadena pública, este contrato obligaba a la productora a entregar cada capítulo con “al menos 7 días antes de la fecha prevista de emisión”. Y la productora, Proamagna, aún no ha enviado el material que Televisión Española debía emitir el próximo miércoles.

TVE se agarra a esta clausula para arremeter contra la empresa responsable de En la tuya o en la mía. Tal vez por despecho, tal vez por táctica de marketing. Es lo que tienen las rupturas. Aunque, en realidad, el tiempo de entrega de series y programas no siempre se suele cumplir con minuciosidad. Menos aún si los formatos han sido encargados con poco margen de maniobra para la compañía que produce. Esto suele suceder sobre todo con éxitos, en los que se intenta estirar la duración de la temporada y se flexibilizan este tipo de cláusulas (algunos capítulos de Aquí no hay quien viva entraban a Antena 3 sólo minutos antes de su emisión). Lo importante es que llegue el programa a tiempo, una vez acordados los plazos por ambas partes con una versatilidad mayor que la que suele venir en los largos y tediosos contratos.

Así que el culebrón de la ruptura continúa. Y ahora comienza el tiempo de la estrategia para minimizar al rival. Con la rescisión del contrato de TVE, la cadena ya ha anunciado que La 1 no emitirá por ahora ninguna de las dos entregas, grabadas, que faltan por emitir: las ediciones con Martes y 13 (último programa rodado) y el episodio con Pedro J. Ramírez y su mujer, Ágatha Ruiz de la Prada.

TVE apuesta por la tradicional táctica de silenciar al rostro perdido nada más finiquitar su contrato. De esta forma, se intenta no dar más publicidad a Bertín Osborne y, de paso, guardarse los programas para el futuro. Incluso TVE podría contraprogramar, si quisiera, el estreno de Bertín en Telecinco con los programas ya grabados pero no emitidos.

No obstante, esta estrategia también va a hacer saltar las alarmas de la susceptibilidad, pues este movimiento de programación puede parecer que oculta cierta censura contra Pedro J Ramírez. Desde hace días, se ha venido especulando con que la participación en el programa del famoso periodista había molestado a determinados directivos de RTVE. Bertín y TVE lo han negado rotundamente.  Pero la cadena no lo emite, se lo guarda en un cajón y el comunicado de prensa explicando el “incumplimiento del contrato” da la sensación de que es una buena coartada de marketing para frenar cualquier crítica por esta decisión. Sin embargo, como programas pagados, Televisión Española debería emitirlos. La fecha de su estreno ya es otra historia.

De hecho, TVE podría esperar a lanzar estos dos programas restantes justo cuando ya tenga grabadas varias ediciones de la nueva temporada de En la tuya o en la mía, que parece continuará con otro rostro ¿Juan y Medio?. Así podría arrastrar público de Bertín al nuevo show.

La sorpresa televisiva del año, también protagoniza la ruptura televisiva del año. Y la historia parece que aún guarda más giros dramáticos. Así son las batallas en busca de mantener la cuota de pantalla. Una guerra sobredimensionada, que se quedará en nada. Porque el efecto Bertín Osbórnico es más un culebrón del patio de vecinos nacional que un fenómeno televisivo real.

+LAS CLAVES DEL BERTINAZO

> ¿Qué estrategia debe seguir TVE tras la marcha de Bertín? Analizamos opciones

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¿Qué estrategia debe seguir TVE tras no renovar a Bertín Osborne?

Cuando Arguiñano se fue de TVE y fichó por Telecinco, los responsables de Televisión Española apostaron por una estrategia peculiar: decidieron contraprogramar el estreno de Karlos Arguiñano en la emisora rival con reposiciones de Karlos Arguiñano.

En las primeras semanas, la táctica triunfó: las recetas repetidas en La 1 reunían más público que las nuevas en Telecinco. Entonces, TVE contaba con una audiencia muy fiel que no se había ni percatado de la marcha del chef del perejil.

Ahora se repite la historia con Bertín Osborne. Ya es oficial. El cantante se marcha a una privada. Aún no sabemos cuál, pero se especula con Telecinco. En estos nuevos tiempos, TVE no podrá seguir aquella particular estrategia con Arguiñano. Los entrevistados no son recetas intercambiables de cocina, pero Televisión Española sí que parece que está dando vueltas para continuar con la fórmula ‘osbórnica’ con un personaje relevante. Incluso se especula con Juan y Medio, como maestro de ceremonias. ¿Se equivocan con esta decisión?

El éxito del programa de Bertín no está sólo en Bertín. La buena acogida está en que el formato de La 1 ha contado con un buen equipo, que ha dibujado con inteligencia los contenidos de los programas. En la tuya o en la mía es el resultado del trabajo en equipo que ha dado en la diana de una mirada propia y que rompe, en muchas ocasiones, hasta con el tono que desprende el estereotipo de Bertín. Lo logra con una mimada selección musical, una realización brillante y un guion que no se queda en lo obvio y da la vuelta de tuerca que merece cada invitado, sobre todo cuando han tenido tiempo suficiente para planificarlo.

Pero, claro, Bertín se lleva con él a su equipo. Así que no tiene sentido intentar hacer el mismo programa sin aquellos que han hecho posible el concepto global del programa. Con nuevo rostro, lo mejor sería inventarse otro formato, completamente diferente y que case con el presentador o presentadora de turno. Incluso, ¿por qué tiene que ser sólo un presentador?

TVE ha registrado la marca En la tuya o en la mía en TVE para estirar esta gallina de los huevos de oro. Pero, como cadena pública, no debe ir a rebufo ni de sí misma. La audiencia ya ha conocido este formato, ahora puede ser un buen momento para explorar y evolucionar el género de docushow o programa de entrevistas. Las comparaciones siempre existirán, son odiosas, pero se pueden encauzar nuevos proyectos.

Porque, más allá de marcas y nombres, la baza de TVE está en intentar seguir seduciendo a ese público que ha recuperado en la noche de los miércoles. ¿Cómo lograrlo? Para empezar, con rapidez de reflejos (probablemente lo más difícil ahora mismo). La 1 debe estrenar otro formato que interese a la audiencia de Bertín justo a la semana siguiente del final de la etapa de Bertín. Así no dará tregua al espectador y mantendrá a esa base de espectadores fidelizados.

TVE tiene a su favor la ausencia de publicidad, la posibilidad de jugar con su histórico archivo de imágenes y que el tono campechano de la entrevista de Bertín en su sofá cambiante ya está visto. Hay muchos nombres del artisteo que pueden sorprender como maestros de ceremonias y revolucionar este género del docushow de entrevista hasta hacernos olvidar a Bertín. Porque así es la televisión de injusta y la audiencia de infiel. Eso sí, siempre que el formato que entronque con la personalidad del conductor y que no sea fruto de la herencia recibida de nadie.

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Bertín Osborne no seguirá en TVE: el Consejo de Administración no renueva ‘En la tuya o en la mía’

Crónica de una cancelación anunciada: Bertín Osborne y el programa En la tuya o en la mía no continuarán en TVE. Así lo ha decidido el Consejo de Administración de RTVE en sesión extraordinaria.

La cadena pública no ha ejercido su derecho a tanteo. Es decir, contaba con la posibilidad de igualar la oferta de la competencia y quedarse con el presentador. Según apuntan diversas fuentes y ha publicado El Español, la puja por Bertín está en 240.000 euros por entrega y dos años de contrato, que ofrecen los propietarios de Telecinco, Mediaset. Aunque, hasta finales de mes, pueden proponer más ofertas otros operadores privados.

El programa de Bertín Osborne estaba muy ajustado en presupuesto, costando a TVE una tercera parte de una ficción como Cuéntame. El formato sólo necesita la casa y un buen equipo humano y técnico (guion, redacción, realización, documentación… Porque la televisión se hace con más gente que el presentador y ese coste va a todos los puestos de trabajo).

Un producto barato para TVE que ha alcanzado buenos réditos también de audiencia. Osborne se va porque pedía más estabilidad y afirma que no lo hace por dinero. Si bien, al final, el aumento de caché va a ser decisivo en este movimiento de cadena. De hecho, desde La 1, ya habían recuperado la propuesta de 18 programas y con mejores condiciones, subiendo la inversión a 125.000 euros/programa: casi duplicando el presupuesto de la primera tanda de En la tuya o en la mía.

Pero Telecinco ofrece más. De mantener los datos de audiencia en su nuevo canal, 240.000 euros por programa es un coste muy competitivo para Telecinco. Un prime time barato que, además, puede encajar con el público fiel del canal, especialmente los targets más mayores.

Bertín ha ganado caché con el movimiento y, en este caso, TVE ha acertado en su decisión, pues En la tuya o en la mía es un buen formato pero tampoco es crucial en el porvenir que debe potenciar y explorar la televisión pública.

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3 locuras de ‘El Hormiguero’ que son clave en su éxito (y puede que no sonaran tan bien al principio)

¿Muñecos de trapo en un programa para adultos? ¿Qué invento es este? En este 2016, El Hormiguero cumple diez años de éxito. Un programa que es el triunfo de la personalidad propia pero, también, del atrevimiento de unos directivos televisivos por creer en elementos que, a priori, eran “arriesgados” para alcanzar competitivas cuotas de audiencia en televisión. En cambio, demolidos los prejuicios, estos ingredientes del show de Pablo Motos son claves para el desarrollo del programa. ¿Por qué? Lo explicamos.

– Titiriteros

¿Muñecos de trapo en un programa para adultos? ¿Cómo? ¿Y encima hablan a los famosos invitados, incluso a estrellas de Hollywood? Pues sí, la existencia de Trancas y Barrancas en un espacio de estas características podía parecer una marcianada dentro de los conservadores cánones preestablecidos en la televisión. Pero la mejor televisión es la que rompe con ciertos cánones, reinventando los géneros.

Y Trancas y Barrancas, además de convertirse en carismáticos protagonistas del show, también sirven para dinamizar el discurrir del formato de manera magistral. Juan Ibáñez y Damián Mollá, escondidos debajo de la mesa y moviendo estas marionetas, son los identificables y queribles Pepitos Grillo de Pablo Motos. Están al quite, cuentan con rapidez de reflejos, cierta corrosión y sus comentarios hacen más grande el programa. Son más que meros colaboradores, pues enriquecen y avivan la escaleta sin tregua. Su función no es gratuita: otorga al show una textura más especial, con más imprevisibilidad y más compás.

– Bailes imposibles

¿Un colaborador, llamado Marron, entrando al plató con una danza delirante? ¿Los invitados también bailan como si fueran frikis? La televisión es jugar y El Hormiguero no para de jugar. La entrada de los colaboradores, con una energía que roza lo delirante, otorga un inteligente plus de ritmo al formato. Porque El Hormiguero es ritmo. De ahí la importancia de las músicas de fondo, constantes, que dan fuerza a las pasiones del show y estimulan las emociones del espectador que ve un programa que no puede ser silencioso: es una especie de fiesta entre amigos. De amigos peculiares, claro. Por eso mismo, las salidas y entradas del programa derrochan un subidón escénico sin complejos, clave para romper la escaleta, mantener el ritmo del show y contagiar ímpetu al interés de un espectador sin tiempo a relajarse.

– Ideas naifs.

¿Culo o codo? ¿Efectos mariposas? ¿Cámaras ocultas con niños? ¡Experimentos? Menudo batiburrillo de infantilismos podrían pensar algunos, pero en realidad El Hormiguero es la televisión que hace espectáculo con la curiosidad más traviesa. Esa curiosidad que está por encima de la edad del público, esa curiosidad que traspasa generaciones.

Y ahí está la fórmula del longevo éxito del programa de Pablo Motos y de cualquier show: el entretenimiento imprevisible, el entretenimiento en el que todo puede pasar y, además, descubre y despierta inquietudes. Porque también se pueden despertar inquietudes a través del entretenimiento televisivo. En eso consiste. Y El Hormiguero lo empaqueta y da forma con una personalidad apabullante que se va dibujando con músicas, bailes, unas hormigas de trapo (que dan corrosión y vivacidad al discurrir del formato) y unas ideas sin demasiado miedo a las ideas. Porque el entretenimiento televisivo se resume en eso: no tener miedo a las ideas y saber plasmarlas con mirada propia. De ahí que El Hormiguero, ese programa que muchos directivos no hubieran dado jamás el visto bueno, ya está subrayado en fosforito en nuestra historia de la televisión.

@borjateran

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6 razones por las que ‘El Caso’ es una serie de calidad (y una debilidad a mejorar)

Los primeros capítulos siempre son complicados. Hay que seducir al espectador con garra y, al mismo tiempo, presentar un larga lista de personajes y sus vínculos. No todas las series logran salir airosas de esta tediosa puesta de largo, fundamental para sentar las bases del recorrido de cualquier buena ficción. Pero El Caso ha pasado la prueba con nota. Emocionante y vibrante, la historia que recrea el mítico diario de sucesos reúne 6 razones que dibujan la serie como un buen producto para TVE.

1. La luz de los protagonistas.

Fernando Guillén Cuervo y Verónica Sánchez son los principales protagonistas. Transmiten implicación máxima con la producción. De hecho, Guillén Cuervo es productor ejecutivo y alma de la propuesta. Llevaba tiempo peleando por sacar adelante El Caso.

La relación entre el periodista, ex policía veterano, y la periodista soñadora funciona a la perfección. Un aprendizaje continúo entre ambos personajes, que articulan una serie repleta además de grandes secundarios. Ellos reflejan bien los contrastes de una época cargada de obstáculos pero también de iconos, como la mismísima Margarita Landi, la mítica periodista, que trabajó más de dos décadas en El Caso y que es interpretada por la actriz Blanca Apilánez. Y Landi no suelta su característica pipa, claro. Guiños como este son un nostálgico aliado para el espectador, que se siente transportado de verdad a otra época.

Guillén Cuervo, por su parte, aporta una textura especial a su personaje (gran acierto mostrar al personaje ideando sus titulares magistrales y rimbombantes), y Verónica Sánchez desprende una luminosa frescura, que crece con sus caras de ingenuidad un tanto cómicas.

2. El glamour de una España gris.

De nuevo, la Gran Vía como epicentro de una producción, pues ahí se sitúa esta reproducción de la redacción de El Caso. La serie aprovecha los vaivenes de la España de los sesenta para pintar unos personajes que son un ir y venir de prejuicios, corrupciones y ruptura de tabúes.

Antonio Camacho (Antonio Garrido) es el poli malo, representante del régimen, con todo lo que eso conlleva, y se contrapone a Rodrigo Sánchez, el director de El Caso, siempre en busca de romper con la censura de la época. Vale, es cierto que la serie opta por idealizar un poco aquel diario sensacionalista. Olvida sus morbos, para centrarse en sus intentos de alcanzar la mejor portada, que también los había. Y, en ese sentido, El Caso sí que refleja muy bien como los redactores convivían con la policía con una relación más que estrecha, íntima.

La serie es un árbol genealógico de relaciones entre personajes que puede dar mucho juego de cara a próximos capítulos (por momentos, parece que todos tienen algo que ver con todos). Tampoco falta la gran diva del teatro, Laura Pontón (María Casal), o el viaje a los bajos fondos de aquella época con Germán Castro (Gorka Lasaosa), entre otros.

3. Los decorados reales, incluso cuando son de mentira.

La serie lleva a cabo un minucioso trabajo escenográfico. Con decorados que tienen profundidad y techo, más realistas, y por tanto ofrecen más posibilidades a la hora de mover las cámaras.

Es también una serie que arriesga y acierta al no mantener el mismo tono en su dirección de fotografía. Al contrario, perfila una textura más cálida o fría dependiendo de cada decorado o cada secuencia. Así se consigue que el público reconozca, en un golpe de vista, cada localización principal de la producción.

La producción no escatima ni en persecuciones, contagiando una emoción de primera línea y propia del mejor cine negro. Es una serie clásica pero con ritmo trepidante y actual (que no confunde con prisas que matan el clímax) y un tono que resulta insólito y poco visto en ficción nacional. Un CSI patrio y cañí inevitablemente seductor y con muchos apuntes fascinantes.

4. Las tramas autoconclusivas

El Caso es una serie de género precidemntal con un enfoque atinado. Y como estas ficciones, cuenta con el arma de narrar tramas autoconclusivas, a las que el espectador puede engancharse con facilidad sin tener que ver todos los capítulos. Además, esto enriquecerá el casting, con personajes episódicos que se entremezclarán con los fijos al tiempo que las tramas transversales de estos no paran de crecer.

5. Las dobles vidas.

El Caso se desarrolla en tiempos en los que era habitual llevar dobles vidas. Y va a jugar con esa tensión de lo que es verdad y lo que no. No falta la tensión sexual no resuelta en unos personajes que van en dobles parejas, profesionales (apunta a que los personajes van a ir emparejados en las tramas) y, por otro lado, de las sentimentales. No hay buena serie sin una buena historia de amor, y aquí pinta que no faltará el romanticismo. Mientras, se reflejarán las diferencias sociales de una tiempo con un machismo recalcitrante como protagonista constante. Margarita y Clara tienen mucho trabajo por delante. Los guionistas, también.

6. El humo de la redacción.

En los años sesenta se fumaba en el trabajo. Y la redacción de El Caso tiene humo por encima de las posibilidades. Una redacción que transmite esa pasión por el periodismo, mitificando su esencia y aprovechando las circunstancias de una profesión cuando no tenía la tecnología en sus manos. Maquetando a mano e investigando con la imaginación. Sin Google, sin móviles, El Caso el romanticismo del periodismo de sucesos sin red: cuando los periodistas eran casi criminólogos con unas agallas increíbles para resolver los crímenes de una España en la que la justicia era más que relativa.

0. Maldita cabecera.

Una serie con personalidad propia como esta debe contar con una cabecera con personalidad propia, fundamental para identificar una buena serie. En El Caso, la sintonía es elegante, pero se queda en el cliché de este tipo de ficciones. Falta carisma en el arranque para que el espectador recuerde más y mejor la nueva ficción de TVE. Sólo un punto flojo para un episodio piloto que, si bien fue demasiado largo por aquello de ser más competitivo en audiencia, ha mostrado que la apuesta de la productora Plano a Plano y Fernando Guillén Cuervo puede dar muchas alegrías y entretenimiento al público de Televisión Española. Porque es una serie que retrata el país de portada que fuimos con el morbo, tan humano, que siempre tendremos hacia los sucesos.

@borjateran

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  • ‘El Hormiguero’, en su versión nocturna con Bertín tras el partido de Champions, alcanzó un buen 17.3 por ciento de share con 2,1 millones de seguidores.

Televisión Española ha estrenado anoche su nueva serie El Caso (lee el análisis sobre su estreno) y Bertín Osborne ha decidido visitar a su amigo Pablo Motos para hablar, entre otras cosas, de su marcha de Televisión Española. Inaudito: Bertín en Antena 3 narrando los motivos del final de su exitoso programa en La 1  y, además, explicando la forma en la que está viviendo el cortejo por todas las cadenas.

No es nada habitual que desde una televisión privada exista una entrevista sin tabúes sobre el mercado de fichajes de emisoras de la competencia. Menos aún si el protagonista puede terminar en el canal rival. Es decir, en Telecinco. Pues, entonces, la charla se convierte en una promoción para el “enemigo”.

Pablo Motos es uno de los pocos que puede derribar ese muro de autocensura de las cadenas privadas. El presentador cuenta con una libertad extra, ganada fruto de otro sonado fichaje (que llevó a El Hormiguero de Cuatro a Antena 3). Sin embargo, anoche, Motos no ha logrado sacar gran cosa a Bertín, que ha contado lo que ya sabíamos y hemos narrado en lainformacion.com en las últimas semanas.

Bertín se va de La 1 porque Televisión Española no puede contratar los programas que estaban comprometidos. Sólo cinco ediciones. “No he dejado mi programa por dinero, lo dejo porque necesito cierta estabilidad”, comenta. “No critico a TVE, estamos muy agradecidos, otra cosa es que ellos pueden hacer lo que pueden. Depende de un gobierno, que no se sabe si está o está. Entonces, entiendo que no se puedan comprometer a dar un muchos programas y este formato requiere una estabilidad que es fundamental para conseguir invitados”, explica.

Ahora el cantante está escuchando propuestas de otras cadenas “españolas y americanas”. No obstante, aún la pública puede realizar su derecho de tanteo. Si iguala la oferta del adversario, Osborne seguirá en TVE como si nada. Y él “encantado”, como ha comentado a Motos.

Osborne, que ha promocionado también su gira y embutidos en el programa de Antena 3, ha desvelado en El Hormiguero que, en menos de una semana, sabremos el desenlace de este particular culebrón. Hasta ha “prometido” que dará la exclusiva de su nuevo canal al propio Motos. ¿Bertín fichado en Telecinco y anunciándolo en Antena 3? Eso sí que sería surrealista.

Lo que tiene claro Bertín Osborne es que no pertenecerá “a nadie” fiche por quien fiche. En lo que respecta a su exclusividad es contundente, “tengo que contar con la posibilidad de hacer lo que me salga de las narices”, sentencia.

Y ahí está el cimiento de su éxito: Bertín nunca deja de ser Bertín. Su naturalidad te deja pegado frente al televisor porque suelta aquello que le pasa por la cabeza con un espontaneidad imparable que, además, maneja anécdotas casi para cada tema, ya sea un político o folclórico (se conoce a todo el artisteo de los últimos 30 años), Bertín maneja la información sin demasiados filtros. Bueno sí, con un filtro: el de la simpatía de la campechanía cañí.

+CULEBRÓN BERTÍN

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Las 7 cualidades del buen fan de ‘El Ministerio del Tiempo’

La televisión ya no sólo se consume por la televisión. La televisión ya no sólo se crea desde la televisión. Es el propio espectador el que pone la guinda al programa o la serie con su creatividad a través de las nuevas plataformas, que ya no son tan nuevas.

El Ministerio del Tiempo ha entendido el lenguaje transmedia, que integra televisión tradicional y porvenir audiovisual. Sus tramas son perfectas para ello, pues proponen un juego inteligente que va directo a la complicidad de ese espectador que se sentía huérfano de series españolas que rompieran con lo evidente. En guion, dirección, fotografía y riesgo.

En este sentido, El Ministerio del Tiempo innova (incluso riéndose de los estereotipos de la historia nacional) y, además, creyendo en la esencia participativa de las redes sociales, más que ninguna otra serie española hasta la fecha. Así se ha transformado en la primera ficción que ha integrado el contenido transmedia durante todo el proceso de rodaje. Sus responsables, Agustín Alonso (responsable de proyectos transmedia en rtve.es) y Pablo Lara (productor transmedia de la serie) no se han quedado sólo en el habitual spam en busca del efímero trending topic. Lo importante no es un número de comentarios, es escuchar lo que dicen esos usuarios. De ahí que los fieles de la ficción se hayan convertido en ministéricos. Porque El Ministerio del Tiempo representa a la televisión que va de la mano de la audiencia, la televisión en la que el espectador se siente, de verdad, valorado como arte y parte.

1. El ministérico interactúa.

Vale, como en todas las series. Pero el fiel de El Ministerio del Tiempo da un paso más allá: participa, juega con los retos que se le dispone desde las redes sociales e incluso rebate trazos del guion.

2. El ministérico viaja.

Conoce las localizaciones principales de la ficción, un fenómeno habitual en Estados Unidos pero que nadie lograba propiciar en España. Es más, la audiencia ministérica realiza rutas por los lugares en los que se rueda su serie favorita. Como si fuera un tour turístico. Quieren estar allí, donde la producción se ha transformado en realidad. La puerta de El Ministerio, cerca de la madrileña plaza de Tirso de Molina, es centro de peregrinación. A golpe de selfie en los decorados reales, los usuarios de las redes hacen más grande la serie.

3. El ministérico reivindica.

Los seguidores de la serie tiene capacidad de movilización para que la producción perdure. El público ha interiorizado que en España, en cualquier momento, las cadenas pueden finiquitar su producción favorita. Temen que el resultado de share determine inexorablemente y sin piedad el futuro de una gran serie. La pasada temporada, los ministéricos se aplicaron el refrán ese de más vale prevenir que no lamentar y se pusieron manos a la obra para que la serie no fuera cancelada antes de que TVE dictara sentencia. Lo hicieron argumentando a golpe de trending topic, hashtag y petición en change.org los motivos por los que debe seguir abierto este particular Ministerio. Hasta se realizaron vídeos, con el mismísimo Hitler defendiendo la renovación. Lo consiguieron.

4. El ministérico presume.

La serie se sigue con pasión. Y los ministéricos fardan de su particular adición. Tienen su propio carné (que inventaron los responsables de redes de la serie), pero también crean sus propias acciones virales que surgen espontáneas. Por ejemplo, la gente empezó a vestirse de época y subir a las redes sociales su ‘posado’ con la etiqueta #YotambiénveoelMinisteriodelTiempo. No era una estrategia de marketing prefabricada, nació de la entrega absoluta de los seguidores de la serie.

5. El ministérico construye.

Fanzines, retratos, podcast, ideas. De hecho, son los propios fans de la serie los que han sido elegidos para poner en pie la tienda de merchandising de El Ministerio, en la que se puede adquirir, bajo demanda, productos como camisetas, posters, imanes, tazas, libretas, sudaderas, cuadernos, bolsas… Diseños relacionados con el universo de la serie y sus personajes más emblemáticos. Los creadores elegidos, para esta primera tanda de ‘souvenirs’, son Elena Mellado, Conrado Martín, Diego Cobos, Kiko Sánchez, Álex Muñoz, Jae Tanaka, Jessica Gómez, Ittai Manero, Juanfran Cabrera, Mikel Navarro y Sergio Iniesta. Por primera vez, los propios fans de una serie de televisión conciben sus productos oficiales. Y los autores participan de los ingresos generados. Un hito de la televisión.

6. El ministérico curiosea.

No se conforma sólo con el capítulo, busca contenidos extras. Esta temporada, la serie está aportando un podcast que pulveriza audiencias (alzándose en tiempo récord como lo más escuchado de rtve.es/rne) y, además, los usuarios adivinan las claves para acceder a los contenidos exclusivos que esconde la intranet del Ministerio dentro de rtve.es. En las próximas semanas, la ficción también innova y estrena el primer episodio en realidad virtual de una serie. Otro atrevimiento. Porque El Ministerio del Tiempo ejemplifica la televisión que ya no se queda en sólo la emisión tradicional de un capítulo: es una experiencia que va más allá.

7. El ministérico imagina.

El Ministerio del Tiempo ha recuperado el consumo televisivo de ficción desde la ilusión colectiva. Lo logran unos guiones sin complejos, cargados de referencias y guiños cómplices, directos al imaginario colectivo de varias generaciones. Incluso atreviéndose con agradecidos golpes de frikismo como cuando Ramón Langa emula a Bruce Willis en pleno episodio. Porque El Ministerio ha regenerado esa ingenua complicidad, participativa y creativa, que se estaba perdiendo y que siempre ha sido intrínseca a la mejor televisión.

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Jesús Cintora regresa a Cuatro a medio camino entre Jordi Évole y Gloria Serra

Triunfaba en audiencias en Las Mañanas de Cuatro. Pero, a pesar de su éxito, la dirección de la cadena decidió fulminarlo. Ahora, Jesús Cintora ha regresado. Mismo canal, diferente formato. Cintora a pie de calle es la nueva apuesta, otra vuelta de tuerca al género del reporterismo ilustrado. Aunque da la sensación de que este espacio llega tarde a nuestra televisión. Parece ya visto antes. Y con mejor producción visual.

Porque el nuevo programa de Cuatro es una especie de mezcla de Salvados de Jordi Évole y Equipo de Investigación de Gloria Serra (en la manera de colarse en sitios y preguntar), pero con una realización más guerrillera. El programa, por momentos, parece un reality que incluso descubre al equipo que graba al programa, al estilo del concurso Lo sabe no lo sabe. Vemos a los cámaras, la pértiga con el micrófono en lo alto… Esa es la principal diferencia, Cintora a pie de calle intenta enseñar las parafernalias de un rodaje para dar un toque de televisión más viva. Está pasando lo estás viendo.

Y en eso consiste: Cintora en busca de la noticia sin intermediarios y en contacto con la gente de la calle, con la que realiza corrillos participativos. ¿Alguien ha cobrado en dinero B? ¿Cuántos años has cotizado? Son algunas de las preguntas que suelta a los peatones, pero también a representantes de la prensa o política. El espacio tiene la habilidad de saltar, con una agilidad encomiable, del género del reporterismo a la mesa convencional de debate (ya sea rodada en un bar o en un loft, con Madrid atardeciendo al fondo).

Cuatro sigue en su obsesión de impulsar su imagen de canal como la emisora de los reporteros por excelencia. No obstante, fue la cadena pionera a nivel nacional con Callejeros. Si bien, en factura visual incluso el reporterismo de este tipo ya ha evolucionado hacia otras narrativas audiovisuales que no demuestran estas producciones de Mediaset, más estancadas. Al menos, visualmente.

Tampoco ayuda el retorno de Cintora en otro registro. Con su personalidad de siempre, pero menos venido arriba que en las matinés de Cuatro. Su habitual nervio no se contagia en este formato, tal vez por ser un espacio grabado y editado que no da tiempo a pasiones desorbitadas. Un programa en el que seguramente sucedan las cosas de forma más espontánea de lo que parece, pero que en su primera edición todo se ha sentido demasiado prefabricado y preproducido.

¿Periodismo o show? ¿O las dos cosas juntas? La principal baza de Cintora a pie de calle: su presentador, que moviliza a fieles y redes. La primera emisión ha aprobado con un 8.6 por ciento de cuota de pantalla y 1.564.000 espectadores, aunque sin lograr traspasar la barrera del diez por ciento de share, que tan holgadamente superaba Cintora en la mañana. Esto es otra franja con otro tipo de competencia, esto es un programa con menos pasiones que un debate matinal pegado a la frenética actualidad en vivo y en directo.

@borjateran

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Se ha creado cierta hostilidad contra la televisión pública. La inestable gestión política de la última legislatura, la pérdida de la independencia de los informativos y el poco riesgo en la producción creativa y de servicio público han propiciado una expansión de la idea de que TVE sirve de poco. En este clima de indignación, los titulares mediáticos contra TVE venden cada vez más y crece el prejuicio de que una televisión pública es un gasto y no una inversión.

No ayuda en esta interpretación social que el análisis de los cuentas de la televisión pública se suele realizar de una forma superficial, sin ir al fondo, sin medir las circunstancias y sin reflejar la rentabilidad social de TVE, que es intangible, aunque no por ello menos valiosa que un frío número económico.

De hecho, las informaciones de los gastos de TVE que se suceden (estos días, sin ir más lejos, hemos leído un informe sobre gastos de una auditoría de la cadena publicada en diferentes medios como Eldiario.es) a menudo se quedan en el peligroso estereotipo, que mide por el mismo rasero programas fallidos e inteligentes apuestas de Televisión Española, que generan más y mejor industria audiovisual, fomentando miles de puestos de trabajo y, aún más importante, una riqueza social más allá de los números.

Al mismo tiempo, en estos informes, se determina el éxito o fracaso de la rentabilidad de los programas o series a través del resultado de la audiencia tradicional que reúnen, cuando, al ser ya una cadena sin publicidad, debería medirse el beneficio a través de la calidad, el reconocimiento, los targets, la innovación y, sobre todo, el servicio social que crea su producción.

Por eso mismo, no se pueden poner al mismo nivel programas fracasados, desfasados o que van a rebufo de las cadenas privadas (como el magazine de tarde improvisado T con T de Toñi Moreno) y series que realizan un retrato inteligente de nuestra historia, como Cuéntame o El Ministerio del Tiempo, fundamentales ahora mismo para la cultura española.

Incluso se fomenta la percepción de que toda producción que se realiza desde TVE es una especie de desfalco para las arcas públicas. ¿Se tacharía alguna vez el coste de la educación pública de derroche? No, pero con TVE aún existe ese prejuicio de que la televisión es algo inferior, como dijo un ministro, “para pasar el rato”. Porque, en los últimos años, ni desde las instituciones ni desde los grandes estamentos sociales se ha tratado la televisión pública con la amplitud de miras necesaria, sólo se ha mirado como altavoz de propaganda que conviene agarrar.

Mientras tanto, las cadenas privadas están cómodas con una TVE fuera de juego, casi en peligro de extinción y en el ojo del huracán, que ha desvirtuado su esencia para sumirse en un descrédito en expansión que, además, no permite el dinamismo para dar luz verde a nuevos formatos con la rapidez que precisan los ritmos de los actuales medios audiovisuales.

Con TVE, todo va más lento. La susceptibilidad generalizada hacia la cadena no ayuda, los vaivenes de la gestión tampoco. A las emisoras privadas les beneficia que TVE no tenga la capacidad y autonomía suficientes para innovar, para remover la industria, para apostar por esas ideas que se salen del guion preestablecido y que movilizan todo el sistema televisivo, donde en la actualidad no hay excesiva cabida para el riesgo y la visibilidad de creadores y creaciones fuera de los cánones del cliché comercial dominante.

Son las consecuencias de una TVE que, en la última legislatura, se ha visibilizado como brazo articulado del gobierno, con una programación caótica y con extrañas decisiones de contratación de largas tandas de programas de dudoso interés (como ocurrió con aquel El Pueblo más divertido de Mariló Montero) o la trágica venta de los Estudios Buñuel, demolidos para hacer pisos. La constructora que se ha hecho con los platós históricos, de 11.000 metros, los ha conseguido por 35,2 millones de euros, la mitad del valor de tasación del inmueble en 2012.

Esa desprotección del patrimonio público ha calado con razón entre los españoles, que parecen haber perdido, en gran parte, la ilusión por la tele que es de todos. Mientras, esta mala gestión se ha convertido para muchos en la justificación que necesitan para argumentar que la televisión pública solo es un derroche que no procede hoy en día y que sólo es negocio “para algunos”.

Lo que quieren que olvidemos es que, bien gestionada, con un proyecto profesional de largo recorrido, TVE es un beneficio social que está por encima de muchas de las cifras cuadriculadas que se manejan. Por eso no hay que mezclar contenidos dispares en la misma batidora del descrédito. Series como Cuéntame (entre 650.000 y los 874.000 euros por capítulo) o El Ministerio del Tiempo (580.000 euros capítulo) son ese lado del patrimonio positivo de TVE, como tantos otros programas, de entretenimiento o información. Cuestan dinero, claro, porque la televisión cuesta dinero (un buen formato de prime time está en unos 600.000 euros) pero también hay que explicar que este tipo de ficciones de TVE están dentro de los costes normales del mercado cuando se trata de productos de calidad notable, generan cientos de puestos de trabajo (a los que hay que pagar) y sin duda movilizan la cultura social. En la BBC, por ejemplo, el capítulo piloto de Sherlock costó 800,000 libras. Ya va por la tercera temporada y no se pone en duda sus abundantes cualidades para la televisión pública británica. Tampoco cuando producen otro tipo de contenidos de entretenimiento de calidad.

Porque la televisión es la ventana cultural a la que más gente se asoma. Sus programas, informativos y series son un trampolín con un beneficio intangible para un país más culto, un país mejor. Ese es el mejor patrimonio de TVE. Pocos lo ven, pero si se recupera su esencia al máximo, todos lo disfrutarán. Y para eso no se pueden sacar cifras de contexto: hay que medirlas con la perspectiva y la complejidad que merece una cadena pública, donde los formatos deben tener tiempo para respirar y darse a conocer, donde las audiencias deben de ser importantes pero no decisivas, donde la prioridad también debe estar en la calidad de los programas y el atrevimiento en las ideas.

@borjateran

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‘Érase una vez… la vida’: cuando aprender era divertido gracias a los dibujos animados de TVE

El lacrimógeno Marco. Las canciones de Espinete. Los monstruos gigantes japoneses. En un tiempo en el que la programación infantil era un contraste de emociones, una serie decidió divulgar el interior del cuerpo humano y puso el entretenimiento televisivo al servicio de la educación.

Así nació Érase una vez… la vida, comprometida con su tiempo y las nuevas generaciones. Más que unos dibujos animados, un viaje por el interior del cuerpo humano gracias a unos personajes de tebeo que lograban convertir lo complejo en una sencilla y divertida aventura.

De hecho, los protagonistas de la serie eran muy fáciles de reconocer por los propios niños. Por ejemplo, las células del ojo llevaban gafas, los anticuerpos eran feos insectos amargados o los glóbulos rojos correteaban con sus inolvidables bolas de oxígeno. Un puzle de tramas de cómic para explicar el funcionamiento de cada elemento del cuerpo humano en episodios temáticos (los músculos, la piel, la respiración, la digestión, la sangre, el corazón, el cerebro, el esqueleto, el hígado, la médula ósea, los riñones, el oído, los dientes, las plaquetas…).

Tres décadas después de su estreno (1987), varias generaciones aún se imaginan a los glóbulos rojos o a los virus como los ideó el francés Albert Barillé, creador e impulsor de esta ficción en la que participó activamente TVE como cadena coproductora. Un reto que ya antes Barillé también abordó con su particular repaso de la historia de la humanidad (Érase una vez… el hombre -1978-) o recreando una posible futuro en el que aprender de los errores avariciosos del pasado (Èrase una vez… el espacio -1982-).

Ya no existen dibujos animados divulgativos que generen un acontecimiento social como Érase una vez… la vida. De ahí que aún, en 2016, mamás y papás sigan proyectando a sus hijos esta ficción, aunque determinados temas se hayan quedado desactualizados 29 años después. Una inversión de una TVE a la que no le temblaba el pulso a la hora de participar en producciones de este calado, pues Érase una vez… la vida fue televisión pública en su máxima expresión.

En total, 26 capítulos que reunieron a la familia frente al televisión y dispararon las audiencias enseñando los órganos y procesos del cuerpo humano.

Y esa era (y es) una de las misiones prioritarias de la televisión pública, que se ha ido desdibujando en los últimos tiempos, por la mediocridad de la gestión política del viejo ‘ente’ e intereses privados. Un cometido que no se puede olvidar: enseñar y despertar inquietudes para una sociedad mejor desde el entretenimiento cercano e integrador.

La vida es así, llena de cantos y de emoción, es un bosque, un río, lluvia, viento y sol. Es el vuelo de una paloma, es el canto de un ruiseñor. Una flor que se abre en el centro de tu corazón…

@borjateran

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