‘Toma Partido’: por qué no ha funcionado el nuevo y exaltado debate político de Cuatro

Mediaset ha arrancado esta semana la emisión de Toma Partido, un nuevo formato de actualidad política para competir frontalmente, desde Cuatro, contra El Intermedio y El Hormiguero. Pero la táctica ha fallado por completo. El programa de actualidad ha empeorado los datos de la serie Gym Tony, que ahora se emite a la hora de la siesta, también sin demasiado éxito.

Pero parece que Toma Partido va a desaparecer de la programación tan rápido como ha llegado. Con datos de cuota de pantalla muy negativos, incluso cayendo a un fatal 2,5 por ciento de cuota de pantalla este martes o un 2,9 por ciento ayer. Datos inadmisibles para Cuatro. Pero, ¿por qué este estreno ha causado un rechazo tan pronunciado? El espacio ha intentado dar un paso más allá en el espectáculo de la política, acercándose a la fórmula de los shows de actualidad de la televisión italiana, donde el bullicio pesa más que los argumentos.

Si La Sexta Noche cuenta con ciertos mimbres de Sálvame, a Toma Partido sólo le ha faltado un polígrafo. En este caso, el periodismo pasa a segundo plano total para que prime una efectista tertulia basada en argumentos superficiales y previsibles, aderezada con aplausos y otras fanfarrias que apoyan la vehemencia de los tertulianos (especialmente bochornosa fue la participación en el estreno de Miguel Ángel Rodríguez, el pasado lunes). Todo con tal de intentar engatusar al espectador.

Sin embargo, a pesar de que ha bajado cierto tono en su histerismo, el programa ha sido estrangulado por los rivales, que ofrecen una radiografía con más trasfondo inteligente de la realidad social, especialmente El Intermedio. Y ahí ha estribado el grave problema de base de Toma Partido, que ha sobrepasado el límite de la banalización de la política. Porque, aunque los políticos jueguen cada vez más al show business de varietés, los espectadores comprometidos con la actualidad prefieren miradas periodísticas y contrastadas antes que las tertulias reconvertidas en gritones rings de boxeo entre las más previsibles de las trincheras.

La política es un espectáculo televisivo por sí misma. Pero el periodismo necesita visiones y tratamientos rigurosos, más allá de los aplausos, los pulsadores que cambian el color del atril (verde a favor, rojo en contra) y las músicas intensas de tensión. Toma Partido no ayuda a entender la compleja actual situación política. Al contrario, sólo aporta caos, prejuicios, maniqueísmo y cierta chabacanería.

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@borjateran

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