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enero 2016

Canal Plus da paso a canal #0: adiós a una era

  • El fin del Canal Plus que nos enseñó lo que era la televisión de pago


Canal Plus nació en 1990 como una extraña frecuencia que había que pagar por ver. Y era necesario explicar eso de la televisión de pago a la sociedad española.

Con tal fin, se decidió componer un curioso rap para un spot protagonizado por un impresionante elenco de personalidades de la vida pública. Casi no faltaba nadie: desde Rocío Jurado a Fernando Savater, pasando por Leticia Sabater, Las Virtudes, Antonio Resines, Nacho Duato, Ramón Mendoza, Alfredo Kraus, Concha García Campoy o Miguel Bosé. El resultado fue una promoción tan eficaz como rompedora y vanguardista.

Se habían sentado las bases de la identidad de Canal Plus, que, a partir del modelo francés, buscaba marcar la diferencia como cadena de calidad que no quería ser apta para todos los públicos. Convertirse en abonado al Plus te distinguía del resto de la masa. Esa era la gracia.

Y en esos principios, todo lo que contenía la marca Canal Plus brillaba de una forma especial: las cortinillas de paso a publi, los programas… Incluso Maribel Verdú y Fernando Guillén Cuervo comandaban un programa de cine, Primer plano, que no era un simple programa de cine. Desprendían complicidad, acidez y magnetismo, y el resultado era modernísimo para aquellos años. Después vendrían formatos como el recordado Lo más plus o Magacine. Siempre derrochando una personalidad consciente de su tiempo, y de su audiencia.

Con Canal Plus descubrimos que desde la televisión privada se podían hacer contenidos contracorrientes, con una marcada personalidad propia. Todo tenía un definido carácter Canal Plus: el grafismo, las escenografías (aquel plató completamente blanco de Lo+Plus), la realización, los comunicadores…

Una existencia que termina hoy, pues mañana la marca generalista de Canal Plus da paso al inicio de emisiones del canal #0. Si hace 10 años Canal Plus dejaba su frecuencia en abierto a Cuatro, ahora hace lo mismo en la plataforma Movistar Plus para el lanzamiento de una nueva identidad de marca.

Se trata de una cadena que hereda lo mejor de la producción propia de Canal Plus (Ilustres Ignorantes, las entrevistas de Iñaki Gabilondo, los monográficos -Cómicos, llega ahora-)… y, además, pretende invertir en otro tipo de programas de entretenimiento. Como el magazine Like de Raquel Sánchez Silva (que remite a Channel nº 4 de los inicios de Cuatro) o el retorno al late clásico de Buenafuente, late motiv.

De momento, continuarán las marcas temáticas de Canal Plus (de series, deporte, cine…), pero desaparece aquel canal generalista que fue símbolo de modernidad. Para algunos tal vez la marca estaba agotada, aunque la esencia de aquel Canal Plus es hoy más necesaria que nunca: ese Plus de los noventa era más imaginativo y transgresor que las televisiones que tenemos en la España actual, atadas a la versión de formatos internacionales, las series de época y a cierta obsesión por exprimir (tarde) la viralidad. #0 tiene el listón muy alto.

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Ruth Lorenzo gana ‘Tu cara me suena 4’: nos infiltramos en la final con móvil (y filtros de Instagram)

  • Lo que no se vio por la tele de la final de ‘Tu cara me suena’, que lideró con récord absoluto de audiencia  (25.7 por ciento de share y 3,8 millones de espectadores).

La cuarta edición de Tu cara me suena ya es historia. Y Ruth Lorenzo se ha proclamado vencedora, con su emocionante versión de Jennifer Hudson. Una actuación que ejemplifica el éxito televisivo del formato de Gestmusic y Antena 3: el regreso a la esencia de la televisión. La televisión que sorprende a través de la experiencia de la creatividad visual, donde se cuida tanto el fondo como la forma. No se improvisa. Se crea.

Porque Tu cara me suena no sólo se ha conformado con realizar imitaciones y gags de humor, sus motivos del éxito van más allá (análisis claves del éxito), pues el talent show se ha esforzado por contar una historia que no se queda en lo obvio.

Y para sentirlo en primera persona, nos hemos infiltrado en la gala final del programa, móvil en mano, para fotografiar lo que no se emite por la tele.

Así se ve la trastienda de Tu cara me suena con filtros de Instagram.

Pantallas, y más pantallas. Es el alma de Tu cara me suena, donde están los directores del programa, Laia Vidal y Tinet Rubira. Desde aquí trabajan durante cada programa. Son los artífices del formato de entretenimiento español más vendido fuera de nuestras fronteras.

– El público lo vive. Uno de los grandes aciertos de Tu cara me suena está en que el público es de verdad. No son figurantes contratados (y pagados) para aplaudir como autómatas. Obligados, la desgana se termina transmitiendo en pantalla. En Tu cara me suena, en cambio, existe un departamento de público, liderado por Víctor Sanz (en la foto de abajo), que cuida a una audiencia real, que va al plató, como antaño, para vivir la experiencia. Y lo disfrutan, lo viven y lo celebran. Participan, como una gran fiesta. Y el programa incluso cuando es grabado se rueda del tirón, para que la grada lo sienta como si fuera directo. Su murmullo, su risa, su emoción se contagia a través del televisor.

-WC. Pero, eso sí, como bien se recuerda al entrar al plató… antes ir al servicio, por favor, que luego es complicado escaparse al baño…

– El showman en la sombra. También con el público está Mateo Vergara, el animador que se encarga de que los convidados de la grada aguanten la gala con la ilusión que merece. Su humor convierten en otro show paralelo los previos de la emisión y las pausas para publicidad.

-Los trapitos. La transformación de los concursantes es uno de los ases en la manga más evidentes de Tu cara me suena. El almacén de vestuario del programa está plagado de zapatos, vestidos y, por supuesto, tampoco faltan los trajes con relleno. Mucho relleno.

– El verdadero ‘clonador’. Una planta más arriba, la responsable de caracterización de Tu cara me suena dibuja a Jennifer Hudson en el cuerpo de Ruth Lorenzo. No es un trabajo sencillo, se prolonga durante largas y esmeradas horas. Al fondo, Arturo Valls mutándose en la piel del particular Aless Gibaja, uno de los números más celebrados de la noche. Nos gusta lo delirante. Está claro.

– Ballet azucarado. Mientras tanto, en la sala de ensayo de los bailarines, los fans han traído unos dulces con las caras pintadas de los miembros del ballet. Y es que esta edición de Tu cara me suena ha sido muy azucarada. Sólo hay que ver el índice de tartazos de Silvia Abril. Imprescindibles ya en el show, porque el humor infantiloide siempre es un buen aliado si es travieso y se ríe de sí mismo. Abril lo ha hecho con su imparable instinto del espectáculo, sin tregua, durante toda la duración de cada gala.

Silvia Abril brilla, dentro y fuera del plató. No es de esos cómicos que se apaga al bajarse del escenario, también derrocha una energética espontaneidad entre bambalinas. Allí por donde pasa, fluye la naturalidad. Su comedia inteligente entiende las necesidades del medio y, no menos importante, del propio espectador. Aquí, Abril en pleno proceso de plantarse la peluca azul de Shakira:

 

– Contró. El control de realización es el corazón escondido del estudio. Desde la Unidad Móvil, y a los mandos del realizador Ferran Armengol, se maneja la coreografía de imágenes y planos de cámara del programa. Un engrasado trabajo en equipo que logra una factura visual limpia, fluida y armónica.  Fruto de horas de ensayo en las que se mide bien la coreografía de planos para que el espectador no se pierda (casi) nada. Porque la mejor improvisación surge del ensayo.

-El gallinero. En lo más alto del plató, se esconde sonido, pantallas (proyecciones) e iluminación, dirigida por Germinal Torremocha. Su diseño de luces es vital para crear un envoltorio especial a cada actuación.

-Se cierra el televoto. Y Ruth Lorenzo ganó. Y cantó. Y Silvia Abril lanzó tartazo a Carlos Latre. Y se terminó la emisión, pero en plató ya sin cámaras continuó la emoción:

-El corrillo. La ganadora respondiendo preguntas de la prensa. Un clásico.

-El desierto. Rápidamente el plató se vacía. Son más de las dos de la mañana. La limpiadora barre el confeti. El silencio se apodera del decorado, que hasta sólo unos minutos acogía una gran celebración. Así es la televisión. La adrenalina se esfuma en el mismo instante en el que se apagan las focos. Pero la magia continúa.

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@borjateran

Fotos Borja Terán

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La actuación que no permitirían los temerosos directivos de la TV en España

Una actuación brillante. Con un planteamiento televisivo brillante. Sin embargo, probablemente, si se le ocurriera a los responsables de un programa de televisión español, saltarían las alarmas de los directivos de las cadenas. ¡No se puede hacer!

Es muy oscuro, dirían. Nada de fondos negros, que bajan la audiencia. Nada de oscuridad, que el espectador cambia de canal.

Es muy surrealista, añadirían. La audiencia no lo entendería, sentenciarían. Nada de cantar disfrazados de pollo, y encima en el lenguaje de los pollos.

Es muy lenta, apostillarían. Nada de descubrir a Alanis Morrissette al final, por sorpresa. Al espectador hay que cebarle con todos los ases en la manga posibles de la actuación antes de que se produzca la emisión, para que ya intuya lo que va a pasar y se quede.

Pero esos directivos que podrían defender estas decisiones, por suerte no son todos en nuestra televisión, se equivocarían.

Porque existen oscuridades que son más luminosas que un plató multicolor: un fondo negro bien iluminado puede transmitir una elegante emoción.

Porque el surrealismo no es malo. De hecho, es el mejor aliado de la pequeña pantalla. Como sucede en esta particular versión (con plumas) de Ironic, cómica por también asombrosa: los pollos dejan pegado al espectador a la pantalla en cada reconocible entonación del tema.

Porque al espectador no hay que cebarle todo. En los últimos tiempos, da la sensación de que había que masticar y adelantar cada contenido. Pero uno de los grandes golpes de efecto de esta actuación es que la realización va medida, para ir presentándote a los personajes a su debido tiempo. Sin spoilers, sin prisas. Creando un clima en el espectador para hacer más disfrutable y emocionante la versión.

Y, por eso mismo, este particular Ironic de disfraces, plumas y cocouá de Jimmy Fallon, Alanis Morissette y Meghan Trainor es una versión tan sublime. Es la televisión sin miedo a tirarse a la piscina de las ideas, porque cuando la imaginación da en la diana se derrumban todos los cánones de gurú para camelar al audímetro y el interés del espectador fluye con la mayor de las potencias.

Porque, en realidad, el público premia una buena historia más allá de elementos prefabricados desde la premisas que infravaloran la curiosidad del espectador. Y anestesian la capacidad de saltarse el guion a través de la creatividad que no teme la creatividad.

@borjateran

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El error de la gala de elección del representante español de Eurovisión

Primer gran eurodrama de la gala donde se elegirá al representante de TVE en Eurovisión, que se emitirá este lunes (22:30h): el jurado en plató estará compuesto sólo por cantantes. Se repite el error de ediciones anteriores.

Edurne, Loreen y un integrante de Il Divo, de nombre Carlos Marín, son los jueces que tendrán peso a la hora de decidir y opinar frente a las actuaciones de los eurocandidatos españoles. Se podría entender la elección de estos miembros del jurado como gancho para los audímetros. Aunque, en este caso, estos tres artistas no generan ningún tipo de expectación a efectos televisivos para un prime time de estas características.

Los eurofans, fieles seguidores del festival, pensarán que Loreen puede arrastrar muchos seguidores. Sin embargo, en realidad, el perfil de público de la euroganadora de 2012 es limitado y cuenta con la dificultad añadida del idioma.

Por tanto, se repite la historia y se cae, de nuevo, en un fallo que va directo a la credibilidad de la selección española. Tres cantantes que están, además, viciados a la hora de decidir. Loreen comparte compositor con Xuso. Edurne tiene vínculos directos con Xuso (participaron en la misma edición de Tu cara me suena) y con Barei, que ha sido la compositora de su tema La última Superviviente, incluido en el álbum Adrenalina. Como consecuencia, la opinión de Edurne y Loreen está en el punto de mira de lógicas suspicacias.

Pero ese no es el único problema. Eurovisión es un gran espectáculo de televisión. Un show global que necesita un jurado con diferentes visiones. Esto se paliará con un jurado internacional, que como una asesoría externa, valorará también este año a los candidatos. Eso sí, desde fuera del plató.

Y es que Eurovisión no sólo es voz, también en espectáculo y puesta en escena. De ahí que, entre los jueces, es importante que participen y aporten su crítica constructiva personas con mayor perspectiva del festival, como productores musicales, realizadores televisivos u otro tipo de profesionales especializados y diferenciados, que se complementen entre sí. Como realizaba tradicionalmente TVE. Y esa experiencia histórica de TVE es una buena referencia.

De hecho, es bueno para potenciar el interés televisivo contar con otros personajes con carisma, más allá del cantante que suele querer quedar bien con otros cantantes (a no ser que sea Massiel).

La gala de selección de Eurovisión apunta maneras de nuevo trámite, que se olvida del principal cometido de un prime time: realizar un espectáculo con personalidad propia, que emocione, ilusione, sorprenda, despierte la curiosidad y no cree indiferencia.

Lejos queda el apasionante camino que se emprendió en 2008, año en el que TVE aprovechó la plataforma de MySpace para hacer el proceso participativo y próximo.

No se ha vuelto a repetir, a pesar de que abrir democraticamente el concurso también supone un acercamiento de la televisión pública a la gente y, especialmente, a los jóvenes, una estrategia de marketing que TVE necesita ahora más que nunca, con unas nuevas generaciones que no han conocido sus épocas más creativas.

En este sentido, sería una buena herramienta recuperar los procesos de selección a través de las plataformas online. Con este sistema, la audiencia se siente arte y parte y, de esta forma, la compañía alimenta una valiosa percepción de cadena más cercana. Más en la actualidad, con las posibilidades que otorga Youtube. La red social de vídeos es la mejor aliada para acercar a las nuevas generaciones la televisión tradicional (aunque en las televisiones no lo saben).

No hay riesgo, y desde la apuesta por la selección abierta por MySpace, en 2008, tampoco ha existido un recambio en las ideas que mueven Eurovisión. Pero el futuro de Eurovisión, como el de la propia televisión pública, pasa por el riesgo.

Y ahí es donde queda todo el camino por recorrer. Y ahí está la causa de los malos resultados de la candidatura española en Eurovisión y, no menos importante, los bajos datos de audiencia que cosechan los programas previos. No se entiende que un festival con tanta potencia mediática no sea aprovechado con más visión por parte de TVE. Porque Televisión Española y Eurovisión es una vibrante, vanguardista e inseparable pareja por exprimir.

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@borjateran

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Así conviertes tus redes sociales en un rentable anuncio (y ni te das cuenta)

Un platillo volante en plena Gran Vía. Con este efectista despliegue en el centro de Madrid, FOX ha promocionado el retorno de Expediente X en España. Una acción publicitaria que, a simple vista, puede parecer un guiño localista. Pero que, gracias a las redes sociales, se transforma en una poderosa campaña de marketing viral.

Porque “plantar” un platillo volante en el corazón de la capital no sólo se trata de una acción callejera para recordar a los numerosos peatones que la mítica serie ha regresado. Es mucho más que eso: es un anzuelo para que el transeúnte se realice su foto o selfie con el Objetivo Volante No Identificado de marras y automáticamente cuelgue la instantánea en sus redes sociales.

De esta forma, el golpe de efecto de un platillo volante en plena Gran Vía se transforma en una rentable imagen multicompartida en muros de Facebook, perfiles de Instagram y timelines de Twitter. La gente entra al juego. Hace suyo el decorado. Quiere su posado con el Expediente X de cartón-piedra que se ha “aparcado” en uno de los lugares más concurridos de Madrid.

Así se construye una campaña participativa y en la que, al mismo tiempo, también se convierte a ese propio espectador en un soporte de publicidad: en un sujeto que, de manera altruista, cede sus redes a la causa del nuevo Expediente X. Incluso aportando su creatividad (con posados divertidos, fotos curiosas de la acción…).

Porque la fuerza del platillo volante en Gran Vía no está solo en la gente que lo descubre in situ, está en los usuarios que recuerdan el retorno de la mítica serie en el momento en el que se encuentran con las fotos en las redes sociales.

Así las marcas intentan invertir en imaginativos “performances callejeros” o acciones artísticas en busca del selfie perfecto. El OVNI de Fox no es el primero ni último. La gente está ansiosa de fotografiarse. Y las marcas quieren seducir al personal con ideas hechas a medida de cada producto.

Porque las marcas ven en tus perfiles sociales, en tu foto, un buen escaparate publicitario y quieren aprovecharlo al máximo, pues es gratis y cuenta con un superpoder: no parece publicidad y el mensaje se expande sigiloso a golpe de ‘like’.

@borjateran

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