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diciembre 2015

Lo que nos enseñó la tele en 2015

De la televisión en 2015 aprendimos que los prejuicios están para derribarlos. Que el formato de Bertín Osborne no era mala idea: por guion, realización, intuición y emoción. Que la política funciona como espectáculo de horario de máxima audiencia. Que los políticos saben que los indecisos se captan a través de los programas, mejor si son de entretenimiento.

De la televisión en 2015 aprendimos que los niños ya no juegan con la tele, ahora es la tele la que juega con los niños. Que los programas musicales están en peligro de extinción y que sólo vuelven a casa por Navidad. Que el gorgorito en directo ha ganado la batalla al playback.

De la televisión en 2015 aprendimos que los espectadores ya no se tragan los decorados de cartón-piedra, prefieren las series rodadas en localizaciones reales. Que iluminar (mucho) es importante para que el programa o ficción entre por los ojos de la audiencia, pero que más importante es una buena historia. Que ya no es tan necesario centrarse en series pensadas para toda la familia. Que incluso la audiencia agradece riesgos narrativos, con personajes extremos y oscuros, con protagonistas que no siempre tienen que caer bien. Como en Vis a Vis.

De la televisión en 2015 aprendimos que la audiencia también consume entretenimiento a lo grande en los viernes. Tu cara me suena ha demostrado que cuando se hace un buen show, de forma global (plató, luces, guion, interpretación, implicación, buen rollo…), el público se reúne frente al televisor también en fin de semana. Que los Goya no tienen tanto que envidiar a los Oscars. Que Ibiza no quiere sufrir un Gandía Shore. Que los documentales cada vez son más show y menos periodismo.

De la televisión en 2015 aprendimos que las alfombras rojas tienen mucho ácaro. Que Eva Hache dejó muy alto el listón de El club de la Comedia. Y se nota. Que el humor es mejor si es corrosivo (y un poco malvado). Que las cadenas se acuerdan poco de los universitarios y se centran en los Ni-Ni. Incluso buscando sus referentes en personajes como Ylenia. Que la figura del esfuerzo para alcanzar el reconocimiento no está en alza. Que alguien tiene que enseñar a los figurantes de las series españolas a no sobreactuar tanto. Que las señoras de los fondos de los planos de El Secreto de Puente Viejo se vienen muy arriba…

De la televisión en 2015 aprendimos que, además de las audiencias tradicionales, se deben valorar los consumos que se producen después de la emisión a través de las nuevas plataformas. Que los anunciantes necesitan nuevas fórmulas para integrarse mejor en los contenidos, pues el espectador ya está inmune a las pausas para la publicidad. Que hay una crisis de ideas de nuevos formatos a nivel internacional. Y que los directivos españoles no se atreven a confiar en la creatividad autóctona. Sólo producen éxitos ‘probados’ en el exterior, aunque no tengan nada que ver con la idiosincrasia del interior.

De la televisión en 2015 aprendimos que Heidi en 3D no emociona tanto como la textura artesanal del dibujo original. Que la aplicación Vine, con sus vídeos en 6 segundos, es la nueva forma de zapear. Que las audiencias cada vez cuentan con menos paciencia. Que los programadores cada vez cuentan con menos paciencia. Que nadie cuenta con paciencia. Que existen buenos programas cancelados porque no se ha otorgado el tiempo suficiente para asentarse en la parrilla. Que los directivos están más pendientes de la media de share mesual que de mimar la fidelidad de su cliente, su público.

De la televisión en 2015 aprendimos que la televisión ya no se ve sólo por la televisión. Incluso te puedes ver grandes momentos de Friends en Instagram. Que Twitter se está convirtiendo en una peligrosa fuente informativa para las emisiones en directo. Que al jurado de MasterChef no le gustan los leones come gamba. Que los programas de gastronomía han tocado techo. Todos, menos las campechanía de Arguiñano.

De la televisión en 2015 aprendimos que los políticos aún no entienden la esencia de TVE. Que la televisión pública es crucial como motor social. Que el canal que mejor tenga ordenada su parrilla tendrá más posibilidades de dar a conocer sus programas. Que hemos agotado la cantera de talentos para talent shows.

De la televisión en 2015 aprendimos que la resintonización de la TDT no tiene fin. Que Belén Esteban sigue aupando la cuota de pantalla. Que, aunque lo parezca, el público de Telecinco no se traga cualquier contenido. Que un reality de famosos sin famosos de verdad no funciona. Que nos encanta el revival. Y a los norteamericanos también. De ahí que recuperen clásicos como Padres Forzosos o Expediente X. Que todo vuelve. Incluso los programas de sorpresas. Pero, ojo, no funcionarán si los realizas a medio gas: las sorpresas deben sorprender.

De la televisión en 2015 aprendimos que la regeneración política empezó en el periodismo, con formatos contracorriente al convencional prime time como Salvados o El Objetivo. Que Justin Bieber va sin gorro (pero sólo fuera de los platós). Que la cuota andaluza es importante para formar parte como jurado de un concurso. Que las operaciones de cirugía estética de los colaboradores de Sálvame siempre suben el share.

De la televisión en 2015 aprendimos que Silvia Abril es un animal televisivo. Y que Lolita también. Que el espectador espera lo imprevisible. Que cada vez es más exigente. Que nada de excederse con el dorado en Eurovisión. Que Gran Hermano es capaz de seguir descolocando al espectador con relaciones imposibles (que desecharían los directivos de las cadenas por poco creíbles). Que la mejor improvisación es la que mejor preparada está. Que el patrimonio audiovisual no se protege lo suficiente. Que, al final, desaparecieron los míticos Estudios Buñuel.

De la televisión en 2015 aprendimos que la telegenia no sirve de mucho sin cierto carisma delante de la cámara. Que se puede cancelar un programa hasta dos veces (Hable con ellas). Que aún es pronto para vivir un tiempo nuevo. Que Youtube es una vía imprescindible para amplificar la imagen de marca de los contenidos de la televisión tradicional.

De la televisión en 2015 aprendimos que mejor no utilizar animales en un talent show. Que te pueden despedir por llevar un lazo en defensa de la televisión pública (véase Loles León). Que vivimos en una burbuja de series de época, desperdiciando la oportunidad de invertir en ficciones sobre el efervescente presente. Que ya no hay desayunos como los de Médico de Familia. Que los programas que arriesgan en concepto y cuidan el continente son los que se terminan quedando marcados en nuestra memoria. Que los finales son tan importantes como los comienzos. Que no siempre ganan los buenos. Pero que, a veces, triunfa la creatividad más valiente. Que la imaginación nos salvará.

@borjateran

| Foto José Irún

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Los 8 grandes fracasos de la TV en 2015 (explicados en emojis)

No gustaron. No funcionaron. O no tuvieron tiempo de cuajar. Son los grandes fracasos de la televisión en 2015. Analizamos algunas de las causas de sus malas audiencias (con ayuda de los emoticones de WhatsApp , claro)

1. ALFOMBRA ROJA PALACE

El regreso del show de varietés de José Luis Moreno a TVE fue un apoteósico desastre. No sólo por el horterismo que desprendía, ni por los la mala realización, ni por determinados clichés retrógrados del guion. Directamente nada salía bien en esa fugaz (por suerte) Alfombra Roja Palace. Moreno apostó por realizar el programa de estreno en directo, por aquello de contagiar mejor el nervio del espectáculo (como conseguía en los años dorados de Noche de Fiesta) pero, al final, todo fue en su contra sin los equipos técnicos de Televisión Española: presentaron a Juncal Rivero (estaba de invitada) y, en vez de ella, aparecieron unos hombres cargando unas sillas. Muy bonitas. Presentaron un ballet, y no bailó nadie. El regidor entraba, el regidor salía. Todos perdidos en ese escenario, voces colándose desde bambalinas, miradas de desconcierto entre presentadores e invitados. Vamos, terrible y apocalíptico, que diría Piqueras. Nada fluía. Y se nos quedó cara de susto del tamaño de un trending topic mundial.

2. CÁMBIAME PREMIUM

Se prometía como una de las grandes apuestas de Telecinco para la temporada. Sorpresas en directo con el maestro de ceremonias perfecto, Jorge Javier Vázquez. Además, jugaban con la ventaja de que aprovechaban un nombre reconocible para el público, Cámbiame, como marca asentada en el mediodía. Así, el programa no arrancaba de cero en el prime time. Sin embargo, origina y premium no se parecían demasiado. De hecho, el problema de Cámbiame Premium es que no tenía definido un formato claro. Las sorpresas no sorprendían lo suficiente, el plató transmitía claustrobia y el show evidenciaba caos. Mucho caos. El nervio de la desorientación pudo con los presentadores. Y, claro, a Pelayo se le quedó cara del emoticón tenso.

3. ALATRISTE

Telecinco se fue hasta Budapest para rodar las aventuras del Capitán Alatriste. Allí ya había decorados de época montados, así que se trataba de ahorrar. Pero la apuesta visual de Alatriste llegó tarde a nuestra televisión. Las novelas de Pérez Reverte son complejas de adaptar (tampoco la película estrenada en 2006 acertó) y la serie quizá se debería haber centrado en una trama más lineal y focalizada. Incluso hubo que recurrir a rótulos para presentar a los personajes. No quedaba otra para guiar un poco mejor al espectador entre tanto lío. Pero la producción no logró un ambiente creíble: demasiado cartónpiedra y un resultado también acartonado, rancio. Todo estaba impostado. Y no ayudó, nada, la apuesta por una gran iluminación artificial, que evidenciaba unos decorados de Parque Temático. Y es que existe una cierta percepción entre los directivos de las cadenas de que, para que el espectador se quede enganchado a una ficción, se debe desprender mucha luminosidad. Así que todos a invertir en bombillas. En Alatriste se pasaron.

4.  AQUÍ PAZ Y DESPUÉS GLORIA (LA DE RESINES)

Aquí Paz y después Gloria arrancó con éxito el pasado 24 de marzo en Telecinco: 3,7 millones de espectadores siguieron el estreno, que aupó la cuota de pantalla del canal a un excelente 20,7 por ciento de share. Pero rápidamente el interés se desvaneció. La audiencia no se enganchó. Se esfumó. Para algunos parecía un retorno a los noventa, cuando la gran Lina Morgan protagonizó (también sin éxito) una rancia versión de Vaya par de gemelas en TVE, Una de dos se llamaba. Para otros parecía una secuela de aquel Ay, señor señor de Pajares en Antena 3. Todos tenían parte de razón. Y es que esta Aquí Paz y después Gloria ha seguido la estela de ese tipo de comedias que apuestan por una historia de corte clásico y cero innovador, como la de los dos hermanos gemelos contrapuestos (el corrupto malo y el párroco bueno), que intercambian personalidad, con las ‘absurdas’ situaciones que eso conlleva. Y ese fue el gran problema de la comedia: todo se parecía a algo ya visto. Incluso Antonio Molero, que interpretaba a un cura novato, se parecía demasiado a Fiti, su personaje en Los Serrano. Y es que sólo faltaba la taberna con su jamoncito serrano, claro. Pobre cerdito.

5. HIT LA CANCIÓN

Hit la canción fue el primer fiasco del año. Un show que llegó muy tarde a La 1 de TVE. Con una escenografía monotemática con elementos que eran novedosos en el primer Operación Triunfo (las luces cegadoras, por ejemplo, de encima de la escalera…), un escenario sin profundidad, que daba un toque claustrofóbico, una sintonía noventera y una dinámica difícil de entender: pues la emoción se construía para el público del plató, no para el espectador desde casa. Pero, sobre todo, Hit no funcionó porque no tenía entidad. Al final, se trataba de un show que pretendía hacer espectáculo con una sucesión de compositores, que compondrán temas maravillosos, pero que cantan tirando a mal. Y un talent show musical debe sonar bien. Muy bien. Todo el rato. O la audiencia hará como el emoji del monete

6. REFUGIADOS

La mayor decepción de ficción tiene nombre de Refugiados, pues su premisa se terminó tambaleando como un flan. De ahí el emoticón. No se puede proponer una idea de arranque tan emocionante para que luego la historia se quede en una telenovela sin más. El público se fue esfumando con el paso de las semanas y la serie de La Sexta nunca respondió a las expectativas. No crees un hype tan inmenso si no lo puedes resolver.

7. JUGAMOS EN CASA

La escaleta de Jugamos en casa contagiaba la sensación de que te estabas colando en la fiesta privada de unos amigos. Con cierta aureola de aquella puesta en escena del genuino salón del ‘Si fuera’ de Raffaella Carrá, el nuevo concurso de TVE era aire fresco y rejuvenecido para la parrilla de La 1. Pero pinchó en audiencias, el público no llegó a conocerlo. El motivo: en televisión casi tan importante como el contenido es el lugar en el que se ubica y que la cadena otorgue el tiempo suficiente para que el formato se asiente. Con el show de Los Morancos el reloj de arena no dio tregua: jugó en su contra.

8. ESO LO HAGO YO

Cierra el ránking el descalabro revelación de la temporada, pues fracasó incluso antes de estrenarse. Se trata de ‘Eso lo hago’: un supuestamente espectacular concurso, a cargo de Carlos Sobera, que se iba a estrenar en Antena 3, pero nunca se estrenó. Después iba a ver la luz en La Sexta, pero nunca vio la luz. Suponemos que en Atresmedia se dieron cuenta de que se habían equivocado al modificar el formato original: famosos intentando emular números de artistas con talentos asombrosos. Sin embargo, aquí se cargaron a los famosos y lo hacían otros anónimos. Por tanto, anularon el interés del show. Eso lo hago yo es el concurso fantasma de 2015. ¿Veremos los cuatro programas grabados en 2016?

@borjateran

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La evolución de las campanadas de fin de año en televisión (VÍDEOS)

TVE lleva más de cinco décadas retransmitiendo las tradicionales campanadas de fin de año desde la Puerta del Sol. En todo este tiempo, han pasado muchos profesionales de la televisión por esta emisión que reúne frente al televisor a toda la familia.  Martes y Trece, Cruz y Raya, Marisa Naranjo, Javier Sardá, Ana Obregón, Carmen Sevilla, Joaquín Prat, Paloma Lago, Raffaella Carrá, Carmen Maura, Anne Igartiburu… la lista de presentadores es larga, aunque hay uno que se lleva la palma: Ramón García, que nos ha dado las uvas 15 veces y que esta Nochevieja celebra su veinte aniversario desde su primera vez en Sol.

Pero las Campanadas por la tele no siempre han sido igual. Ha pasado por tres etapas diferenciadas, ¿cuál será su próxima evolución?

PRIMERA ETAPA. La voz… y el reloj

En los primeros tiempos, el despliegue técnico de TVE se limitaba a la señal del reloj de Sol. De hecho, el presentador no salía en cámara. Simplemente se escuchaba su locución. Era una mera voz en off que describía aquello que se veía en la Puerta del Sol. Aunque pasaron voces con mucho carisma, a las que esperaba una larga trayectoria televisiva de éxito, como Javier Sardá y el Señor Casamajó. El show entrañable empezaba a contagiarse en las uvas:

SEGUNDA ETAPA.  El caos… desternillante

Y por fin, los presentadores salieron al balcón con sus mejores galas. La emisión ganaba calado televisivo, aunque era un cierto caos, pues el jolgorio de la plaza impedía escuchar los cuartos y las campanadas. De ahí el lío de Marisa Naranjo. Por suerte, llegaron Martes y Trece para revolucionar la emisión con su magistral instinto del show. Sus campanadas fueron las más imprevisiblemente locas, aquellas que se olvidaron de las solemnes presentaciones institucionales, esas que caen en todos los tópicos, y se atrevieron a reírse de todo. Incluso de la estampa del cambio del año. No podía ser de otra manera. La emisión más desternillante de la historia de las uvas:

TERCERA ETAPA. Complicidad institucional

Y luego llegó Ramón García: el presentador de referencia de las campanadas. Él fue pionero, junto a profesionales de TVE, en revolucionar la presentación de las campanadas para que el espectador no se perdiera y simplemente con un golpe de vista entendiera los pasos a seguir para no atragantarse en el cambio del año. En su etapa, se terminó con una retransmisión caótica y se estructuraron los tipos de planos para diferenciar la bajada de carillón (con un plano descendente de la bola dorada), los cuartos (con un zoom que se acerca al reloj) y las campanadas (con un plano corto del reloj). Esta fórmula se sigue utilizando aún hoy: es la más efectiva a nivel visual y, desde entonces, ningún presentador se ha perdido. Recordamos la primera vez de Ramontxu, que cumple este jueves 20 años:

¿Y el futuro?

El porvenir de la emisión del cambio de año de TVE pasa por otorgar más movilidad a la realización de la emisión. Pasar de los tradicionales planos fijos (con zoom) para incorporar más movimientos de cámara: desde el balcón pero, también, desde el interior de la plaza. A pie de calle, con la gente, un ámbito que aún no se ha explorado. Porque toda la Puerta del Sol es el plató de la gran emisión del año, no sólo la azotea donde se sitúan los presentadores. Además, aún se puede integrar más y mejor el histórico reloj con propuestas tecnológicas. Así se logrará realizar un programa más integral, que genere un acontecimiento más visual con el que contagiar mejor el fervor de la fiesta del cambio de año gracias a la ayuda de las artimañas de la tele. Esas artimañas donde (casi) todo es posible.

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@borjateran

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Bertín Osborne entra en la carrera para representar a TVE en ‘Eurovisión 2016’

Mariano Rajoy ya lanzó la propuesta en su visita al programa En la tuya o en la mía. Y se ve que Bertín Osborne ha aceptado la propuesta, pues participará en la preselección que prepara TVE para elegir a su representante en Eurovisión 2016. Así lo acaba de confirmar Televisión Española.

 

Aún no se conocen al resto de los contrincantes de Osborne, ni el tema elegido. No sabemos sí optará por sus rancheras, pop o lírico. Aunque el presentador juega con la ventaja de que habla inglés a la perfección. Ideal para realizar una buena campaña de promoción en los meses previos de Eurovisión.

Si Bertín Osborne gana la gala de preselección, TVE se asegura subir la audiencia del eurofestival con la expectación que genera llevar a un rostro tan popular, referente del “cuñadismo” español, que cae bien o mal, pero no crea indiferencia.

Además, Osborne podrá realizar una cata de sus productos autóctonos (jamoncito, gazpachito y demás) en la greenroom. Y de paso hacemos publicidad (gratis y encubierta) de la buena mesa española. No sólo eso, también será más sencillo diseñar una puesta en escena que asombre a las millonarias audiencias eurovisivas: unos caballos bailongos junto a Bertín. Y olé.

Una apoteósica propuesta televisiva. Lástima que estemos en 28 de diciembre y esto pinte a una inocentada viral con mucho arte del equipo de RTVE, que entienden la esencia cómplice y juguetona de las redes sociales. Así están convirtiendo al público en arte y parte, en aliado, en partícipe, de los prolegómenos de un festival que es mucho más que un festival: es un fenómeno televisivo transmedia global. Eso sí, muy global, pero al que no va Bertín ni loco.

> Las 7 razones del inesperado éxito del programa de Bertín Osborne

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@borjateran

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‘Y tú qué sabes’: así ha sido el estreno del ‘Saber y Ganar’ de La Sexta (sin Jordi Hurtado)

El género de los concursos ha regresado anoche a La Sexta con Y tú qué sabes. Un formato de éxito internacional, de la misma factoría de Gran Hermano, que la cadena verde prueba esta Navidad con Óscar Terol (Vaya semanita, Allí Abajo) al frente.

La primera emisión ha pasado el examen de las audiencias con un aprobado con 8.1 por ciento de share y 1.563.000 espectadores. Dato correcto, para una propuesta que pone a jugar a tres famosos y un total de 200 estudiantes en un amplio plató, que recuerda a un circo romano. Eso sí, un circo romano sin fieras y con muchas luces y pantallas de Led emitiendo señales de color verdoso, como mandan los cánones de la cadena de Atresmedia. Incluso la puesta en escena del programa recuerda a los inicios de La Sexta, recuperando en grafismos y decorado el protagonismo del hexágono que forma el reconocible logotipo del canal.

Jorge Blass, Santiago Segura e Irene Junqueras han sido los primeros rostros populares en responder a las preguntas de cultura general y competir con la grada repleta de universitarios. Una oportunidad para rejuvenecer la audiencia de la emisora, con una línea editorial marcadamente política, a través de un concurso que no se pasa de erudito, con pruebas sencillas y, por tanto, que favorece que el espectador pueda jugar desde casa. En este sentido, también cuenta con una aplicación que ya más que una innovación, debe ser una obligación: para que la audiencia pueda participar activamente desde su tablet o el móvil.

Del programa funciona que la escaleta consigue romper el ritmo con vídeos virales que hace más ameno el discurrir del show. También con los piques entre los invitados y del propio público. De hecho, Terrol va interactuando con su particular ironía con la grada. Con los que más aciertan… y con los que más fallan. Es la seña de identidad de un formato que llega a una parrilla con cierta necesidad de ampliar sus contenidos de entretenimiento para fortalecer su esencia de cadena generalista.

El último concurso de La Sexta fue Taxi en 2013, con Miki Nadal y Manolo Sarriá. No cuajó. Antes, en 2012, la cadena probó suerte con El Millonario en versión Nuria Roca. Tampoco despuntó. En 2011, Anabel Alonso, sólo aguantó en la sobremesa un mes con una especie de juego de mesa televisivo entre famosos. Se llamaba Mucho que perder, nada que ganar. 

Así que podemos decir que el nombre de este último concurso daba en la diana: las grandes compañías televisivas temen arriesgar en este tipo género, sobre todo si se trata de una emisora de las dimensiones de La Sexta o Cuatro. Creen que tienen mucho que perder, poco que ganar. ¿Cambiará esta tendencia? En vista de los resultados del primer ¿Y tú qué sabes? aún es pronto para saberlo.

@borjateran

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