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noviembre 2015

Ramón García vuelve a dar las campanadas: razones por las que esta decisión de TVE es un acierto

Hace justo 20 años que Ramón García dio por primera vez las campanadas en La 1 de TVE. Y, justo veinte años después, volverá a tomarse las doce uvas en el mismo balcón de la Puerta del Sol. De nuevo, Ramontxu y Anne Igartiburu serán los maestros del ceremonias del cambio de año de Televisión Española, el que reúne más espectadores frente al televisión por tradición.

Ramontxu cuenta con el récord al frente de las uvas, 13 ediciones en TVE más otras 2 en Antena 3. Es un referente en la Puerta del Sol, pero también en la historia de TVE. Él fue pionero, junto a profesionales de detrás de las cámaras, en revolucionar la presentación de las campanadas para que el espectador no se perdiera y simplemente con un golpe de vista entendiera los pasos a seguir para no atragantarse en el cambio del año. En su etapa, se terminó con una retransmisión caótica y se estructuraron los tipos de planos para diferenciar la bajada de carillón (con un plano descendente de la bola dorada), los cuartos (con un zoom que se acerca al reloj) y las campanadas (con un plano corto del reloj). Esta fórmula se sigue utilizando aún hoy: es la más efectiva y, desde entonces, ningún presentador se ha perdido.

Porque Ramón García nunca ha sido un busto parlante. Es un presentador todoterreno, que entiende las necesidades del espectador cada momento. Y siempre ha dotado a cada uno de sus espacios de una naturalidad apabullante en la que también está presente el humor, la ironía y, en definitiva, la complicidad que se construye con la dosis necesaria del intangible instinto del espectáculo, que se tiene o no se tiene. De ahí que Ramón esté en ese reducido grupo de comunicadores que sentimos como uno más de la familia.

Estas Navidades Ramón García vuelve un año más a TVE, vuelva a su casa. Y TVE debe aprender de su experiencia. En cualquier otro país de nuestro entorno, Ramón García seguiría siendo un presentador referencia de TVE. Por su icónica experiencia y control del plató. Pero España es diferente y no cuidamos la figura del presentador “institución”. Al contrario, nos solemos quedar en el prejuicio del artificio, sin valorar la perspectiva televisiva real y lo que se ha aportado al medio.

Los tiempos cambian, la televisión también. Pero nunca cambiará el valor de la gente que transmite, que despierta proximidad y que controla las necesidades en cada instante de un estudio de televisión. En ese sentido, es un acierto el regreso a TVE de un rostro tan representativo de la historia de la televisión. Ahora, falta que TVE se atreva más a jugar con las ideas, con la creatividad plural que va por delante y no teme en arriesgar, que, en definitiva, entiende la esencia de una cadena pública. O si no, dentro de cincuenta años, no podrán realizar formatos como Cachitos de hierro y cromo con las imágenes de nuestro tiempo. Porque ahora apenas se está gestando ese talentoso material creativo que marque la diferencia. Nadie se salta el miedoso guion preestablecido. Ya no es hora de imitar, ha llegado el momento de sorprender y creer en el vibrante espectador de hoy. Y eso mejor si se hace también con aquellos profesionales que entienden y modernizaron la televisión en España por fuera y por dentro. Como Ramón García.

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El polémico tuit del Telediario de TVE: ¿manipulación o error?

¿Manipulación o error? Sin entrecomillados, sin atribuir la declaración a nadie, como si fuera una verdad absoluta: <<El PP pide unidad frente al terrorismo yihadista, amenaza que exige un gobierno con experiencia como el de Rajoy>>, ha sentenciado la cuenta oficial del Telediario de TVE.

De nuevo, un error de manual que no se puede permitir Televisión Española. Como en la emisión catódica tradicional, la noticia que se comparte en Twitter debe estar escrupulosamente contextualizada. No es el caso de este tuit que, lanzado desde el perfil de los Telediarios, pasa la línea roja de confundir opinión con información.  ¿Quién dijo “amenaza que exige un gobierno con experiencia como el de Rajoy”? ¿Acaso es una argumentación oficial de la dirección de TVE?

En busca de ahorrar caracteres, tal vez se han extraviado las comillas por el camino. Pero es un fallo inadmisible para una cadena pública. Otra límite ético cruzado, que entronca de lleno con la susceptibilidad fomentada en la audiencia, que ha perdido esa confianza que tanto costó ganar a TVE.

Porque la credibilidad cuesta años alcanzarse y sólo basta unos minutos para perderse. Y, en los últimos 3 años, TVE ha vuelto a convertirse en una televisión que fomenta una imagen de ser de partido. Incluso es vista con preocupación desde el ámbito internacional. Tuits como este no ayudan, tampoco contratar periodistas externos por supuestos méritos ideológicos y relegar a la plantilla con independencia y perspectiva.

Por eso mismo, la audiencia de TVE ha descendido tanto en los últimos años: el público ya ha conocido unos informativos públicos plurales y no se conforman con las cocinas propagandísticas de antaño. Sin embargo, el derrumbe de la credibilidad no ha sido la única clave de la crisis de los Telediarios. También ha sufrido cambios otro de los pilares del éxito de los TD de la época de Fran Llorente: la forma de ordenar, presentar y explicar los contenidos. Y es que los responsables de TVE ha retomado métodos de contar la actualidad de hace veinte años. Pero ni la televisión, ni los espectadores funcionan como hace veinte años.

TVE ha resucitado un viejo y desfasado estilo a la hora de narrar las informaciones: se disminuye una cercana perspectiva social para dar paso a una voz institucional. Periodismo de ruedas de prensa por encima del periodismo que está en la calle, es consciente de su tiempo y crece al mismo ritmo que las narrativas audiovisuales.

Una TVE en la que se están reproduciendo errores que ya propiciaron la invisibilidad de una autonómica líder en la que sí se sentían reflejados los madrileños: Telemadrid, la televisión pública que enterró su esencia para ser un atrincherado altavoz gris desconectado de su sociedad.

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Los miedos del audímetro: ¿por qué Ana Rosa Quintana no calló en el minuto de silencio en París?

En esta última semana, las cadenas de televisión han desplazado a sus primeros espadas a París. Hemos visto a presentadores acostumbrados a plató, como Susanna Griso, Antonio García Ferreras o Ana Rosa Quintana, a pie de calle. De esta forma, los principales canales pretenden demostrar su compromiso con la información al trasladar a sus rostros más reconocibles al lugar de los hechos. Se trata más de marketing que de información, pues ese trabajo se puede realizar con enviados especiales y con los maestros de ceremonias en su plató de Madrid. Sin embargo, así se pretende demostrar la capacidad de reacción de las emisoras, que te informan desde el mismo epicentro de la noticia.

No obstante, esto ha traído consecuencias de indignación viral, que evidencian el difícil límite entre información y espectáculo en acontecimientos de este calado. Así ha sucedido con la actitud de Ana Rosa Quintana, en plena conexión en directo, justo cuando se rendía un minuto de silencio por las víctimas en los alrededores de uno de los restaurantes atacados,Le Petit Cambodge.

El minuto de silencio se produjo. La plaza transmitía una mudez emocionante, pero Ana Rosa Quintana no calló. “Vamos a respetar el minuto de silencio”, dijo. Pero no lo hizo. Con frases como “Cada vez llega más gente, cada vez el altar es mayor. Hemos visto a la madre de uno de los que murió aquí… es impresionante el momento que estamos viviendo”, quebró el silencio en el corazón de París. Lo que ha propiciado una lógica indignación en las redes sociales.

En las imágenes, incluso se ve a una persona en la concentración observando a la presentadora española con cara de perplejidad irritada. Hasta el actor español residente en la capital francesa, Agustín Galiana, al que iba a entrevistar Quintana (a su lado, de espaldas, en la foto de arriba), se giró e intentó desaparecer del encuadre, como avergonzado.

¿Por qué Ana Rosa Quintana no respetó el minuto de silencio que se estaba viviendo a su alrededor? El problema es cuando el periodismo deja de ser periodismo para estar más pendiente de aquello que se creen convenientes a la hora de atrapar a las audiencias y que no se te escape ningún espectador a la competencia. Es decir, a Espejo Público de Susana Griso en este caso.

Tal vez, habituada a los engranajes televisivos para que no cambie de canal el público, Quintana pensó que si respetaba el minuto de silencio sus espectadores, impacientes, podían desconectar. Así que optó por rellenar ese minuto de frases sin percatarse del error. Porque en televisión un silencio puede hundir el share. O eso dicen.

Con este gesto en busca de aguantar a los televidentes en su programa, Ana Rosa Quintana no se percató de que lo más poderoso a nivel televisivo era el emocionante silencio que se respiraba en el lugar en el que estaba. Ese silencio conmovedor decía mucho más que cualquier comentario. Ese silencio, que su voz contaminó, era lo noticioso, era lo que quería sentir su audiencia. Y es que, en televisión, es mejor sentir que atarse a los miedos de las tácticas para mantener la audiencia. Aunque la batalla de las cuotas de pantalla no siempre lo permita.

@borjateran

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Las 3 (rápidas) razones por las que no te puedes perder ‘Cabaret’

1. Los protagonistas perfectamente imperfectos.

Cristina Castaño (Sally Bowles), Edu Soto (Emcee) y Daniel Muriel (Clifford) son los cabezas de cartel de una temperamental versión de Cabaret, que va más allá de la interpretación solvente de perfectos cantantes de musical para  abrirse a los actores de carácter. Los intérpretes que enriquecen el personaje con un torbellino de texturas, con fondo y trasfondo, lo que se traduce en un plus de emoción para el espectador.

cabaret madrid

2. La imaginación hecha realidad

Esas texturas con fondo, trasfondo y carácter de los personajes impregnan de realidad el viaje que supone la historia de Cabaret. Y esa realidad también ayuda el otro protagonista de la adaptación, el Teatro Rialto, que acoge el Kit Kat Club. El antiguo cine madrileño traslada al espectador al propio universo cabaretero gracias a sus propias paredes y a una escenografía que las aprovecha, descubriendo, por momentos, los ladrillos reales del fondo del escenario. Más realidad. Y es que el escenario no es muy grande, pero la puesta en escena lo estruja con una soltura pasmosa, que juega sin dar tregua a la imaginación del espectador hasta el mismo final, cuando el decorado sufre un giro dramático espectacularmente conmovedor.

cabaret cristina

3. El sello Azpilicueta

Azpilicueta lo ha vuelto a conseguir. En Cabaret, hace compatible lo elegante con lo rimbomante, pues abraza con naturalidad la esencia de las escenas dramáticas con las coreografías del show cabaretero. Una combinación sin medias tintas: en vestuario, en coreografía, en iluminación, en versiones de los icónicos temas musicales y en vibrantes interpretaciones (Castaño y Muriel, especialmente) que convierten a este Cabaret en más que un musical: una historia comprometida con la historia.

12 programas actuales que pasarán a la historia de la televisión

Un, dos, tres…, El Juego de la Oca, La bola de Cristal… La historia de la televisión nos ha dejado programas que han marcado a generaciones. Son inolvidables por sus ideas y su carisma. Pero ¿qué formatos dejarán huella de los que se emiten actualmente? En este 21 de noviembre, día mundial de la televisión, subrayamos 12 programas de la tele de hoy. Aún no podemos sentir nostalgia por ellos, porque se siguen emitiendo, pero ya nos permiten afirmar que se encuentran en los anales de nuestra tele.

1. SALVADOS

Salvados ha ido por delante del resto de los programas informativos de su tiempo. Incluso adelantando a la compañía que fue pionera en este ámbito, TVE. Ha sabido sumar lo mejor de los docushows temáticos a la información seria y creíble. Porque la televisión debe ser atractiva y entretenida siempre, trate el contenido que trate. También en actualidad social y política.  Y el resultado ha sido un formato consciente de su momento que, dure lo que dure, ya quedará tatuado en la historia. No sólo en la historia de la televisión, también como valiosísima radiografía de un tiempo. De nuestro tiempo. Y es que Jordi Évole ha sacado el periodismo de los despachos políticos para devolverlo al lugar del que nunca debió irse: la calle.

2. EL HORMIGUERO

Espinete, la Gallina Caponata, La Bruja AveríaEl Hormiguero ha continuado esa tradición de “mascotas” cómplices descubriéndonos a Trancas y Barrancas. Pocos entendían que un formato adulto contara con unos peluches como co-presentadores. Se equivocaban, claro. Y ese el secreto de los programas que pasan a la historia, que no sólo buscan sorprender al espectador, también a sus invitados, sus jefes y a sí mismos. Y esto sólo se consigue de una manera, tan fácil y tan complicada a la vez: con ideas. Siempre con ideas. De esta forma, El Hormiguero de Pablo Motos logra el más difícil todavía: inventar a diario (sí, a diario) momentos que no se parecen a los vistos en otros programas. Y, encima, atreverse a intentar superarse.

3. TU CARA ME SUENA

Tu cara me suena es el formato de entretenimiento español más vendido fuera de nuestras fronteras. Su éxito se sustenta en la comedia que desprende, pero también al hecho incontestable de que se trata de un programa que cuida la forma y el fondo al milímetro: un espectáculo televisivo mimado, con una puesta en escena brillante que se renueva constantemente y un guion que apuesta por el buen rollo del instinto del espectáculo sin miedo a jugar con la risa y la emoción en positivo. Y es que, más allá de rimbombantes transformaciones físicas o de las canciones reconocibles para el público masivo, el ingrediente que ha coronado el éxito de Tu cara me suena es que, por encima de todo, no es un formato obvio (ni en selección músical, ni en presentación de los temas -recordando o descubriendo a las nuevas canciones de otro tiempo-, ni en aquello que sucede en los ‘entreactos’). Al contrario, sorprende con maquinaciones creativas que nadie se espera, despertando en la audiencia una ilusión genuina que está en peligro de extinción.

4. GRAN HERMANO

El superformato que revolucionó la televisión en el año 2000, pues incorporaba casi todos los géneros en sólo un programa: culebrón, talk show, concurso, debate, espectáculo, cotilleo, sorpresa, documental y, sobre todo, realidad. Y la realidad siempre es un valor añadido en la pequeña pantalla. Quince años después, en España sigue vigente con un éxito sin fecha real de caducidad. Ha sabido evolucionar y reinventarse sin bajar nunca la guardia. Aunque, en nuestro país, pasará a los anales de la televisión como sinónimo de la personalidad arrolladora de Mercedes Milá. Ella y Gran Hermano son ya inseparables.

5. CUARTO MILENIO

Cuando Iker Jiménez adaptó a la televisión su programa de la Cadena Ser, Milenio 3, se podía haber quedado en el tópico de tertulia estática y gris. Pero supo utilizar las herramientas del periodismo televisivo para enriquecer su formato, hacerlo más divulgativo, incluso cuando se trata de hablar de temas paranormales y con escaso vínculo con la realidad. Por eso el programa también aprovecha los superpoderes de la ficción, dando luz verde a recreaciones, con una realización esforzada (que no olvida la importancia de la iluminación, las músicas y la fotografía) y, sobre todo, al igual que hacían los grandes como Chicho Ibáñez Serrador, creyendo en la imaginación. Esa imaginación que no teme hacerse preguntas sin respuesta sencilla y enriquece cualquier proyecto.

6. MASTERCHEF

Sabíamos que España era un país con un vínculo especial con la gastronomía. Sin embargo, MasterChef ha demostrado que se puede hacer un gran show entre fogones más allá de las recetas. Un programa en el que hablan tanto los diálogos como los silencios, que cuenta una historia apasionada y espectacular a partes iguales. Hasta cuando surgen recetas inauditas como un tal ‘León Come Gamba’.

7. PASAPALABRA

Pasapalabra ha evitado el desgaste y ha conseguido no resultar repetitivo tantos años después, con cambio de cadena incluido. Lo logra porque el formato va creciendo con el tiempo a través de un presentador cómplice, Christian Gálvez. unos concursantes tan imprevisibles como próximos para la audiencia y unas preguntas que son fáciles de responder desde casa, donde existe además un gran pilar reconocible crucial: el rosco, la prueba que quisieran tener todos los juegos culturales: identificable, emocionante, rápida y magnética.

8. SÁLVAME

Sálvame mató el corazoneo en televisión para dar paso a un surrealismo de patio de vecinos. Sus colaboradores convertidos en personajes (algo desquiciados) han marcado tendencia, hasta contagiar toda la parrilla de entretenimiento de Telecinco. Incluso los realities de supervivencia han terminado por parecerse a Sálvame. Una factoría de celebrities de barrio (y polígono) en la que todo el mundo es susceptible de ser sometido a una sesión de polígrafo. Es el triunfo de la gente no-perfecta. Con sus miserias, con sus traumas, con sus emociones, con sus delirios. Comen en plató, miran el móvil, se aburren de su propio programa en directo (y se nota), pero no pasa nada: entretienen a su público, que es tremendamente fiel. En definitiva, el culebrón del propio plató hecho programa y comandando con un presentador principal que sabe no tomarse el chiringuito demasiado en serio cuando toca.

9. SABER Y GANAR

Es obvio: Jordi Hurtado ya está en la historia de la televisión. Y de los memes. Casi dos décadas después de su estreno, Saber y Ganar se mantiene como el programa más visto de La 2. Su sintonía es ya una reconocible banda sonora de la sobremesa. Paradojas de nuestra pequeña pantalla: el concurso con preguntas más difíciles de la tele que, en cambio, entrega los premios más ajustados. Pero no pasa nada, porque aquí lo importante sí que es participar. Y lo demuestran los propios concursantes, que el formato exprime durante largas temporadas (con repescas) y terminan siendo casi uno más de la familia.

10. ¿QUIÉN QUIERE CASARSE CON MI HIJO?

No es un programa de buscar pareja, no es un reality de convivencia: es una telecomedia del absurdo que se construye a través de un casting delirante que conecta con la complicidad de la audiencia más joven y activa en las redes sociales. Lo consigue gracias a un constante flujo de guiños (malvados) con el espectador, que es el último que participa en el programa al crear su propio chascarrillo, meme o gag en sus redes sociales personales. ¿Quién quiere casarse con mi hijo? ya está en el olimpo de los formatos que perduran en la memoria porque ha innovado en una reconocible manera de realizar humor a través de la manipulación de los vídeos. La tele-realidad que se da la vuelta a sí misma para alcanzar el sketche apoteósico que arrasa en comentarios del universo viral.

11. LA VOZ

La Voz no tiene grandes alardes escénicos, ni espectaculares juegos de luces, ni piruetas de atractivos cuerpos de baile. El combate amable entre el jurado, los cantantes y sus familiares o amigos ha bastado para crear historias que despiertan el interés en la audiencia masiva. Aunque, de nuevo, el gran éxito del formato surge a partir de su elemento más reconocible: las rojas sillas giratorias. La poderosa premisa del talent show: ¿se girarán los coaches o no se girarán? Y así toda la noche, porque ver si pulsan o no el botón con cada candidato te deja pegado. Tanto, que esas sillas, en determinados países, ya se colocan en tours turísticos televisivos. Para realizarse la autofoto correspondiente, claro.

12. PESADILLA EN LA COCINA
En un país de bares, Alberto Chicote ha contado con la dosis perfecta de la mala leche del Doctor House y la cercanía cómplice de Karlos Arguiñano. Dice verdades como puños, suelta aquello que el espectador se pregunta en su casa y no se queda sólo en el conflicto: también (para enternecer al share) procura entender los problemas y sentimientos de sus víctimas. Severo, pero tierno. El guía perfecto para conducirnos por esas cocinas del infierno que van a ser difíciles de olvidar. Como las frases del propio Chicote, que ya se han convertido en populares: “eres más guarro que la Potitos”, “esto no es gastronomía, es balística“… Las hemos hecho nuestras.

RETRATO DE LO QUE SOMOS

12 formatos para la memoria de la televisión de hoy, una televisión que realiza una radiografía de lo que somos pero también define las carencias: España cuenta con una tele que necesita ser más valiente y generar más industria. El camino de TVE hacia una preocupante fragilidad y la comodidad de las privadas, relajadas en un modelo de negocio sustentando en sólo dos grupos de comunicación, está impidiendo contar con una factoría de contenidos más plural. Hay aparentemente casi de todo, pero falta invertir más en talento diferenciado y, de paso, creer en la inteligencia del espectador. Sobra mucha televisión de usar y tirar. España se merece más alternativas de contenidos de calidad por fuera y por dentro.

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@borjateran

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