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octubre 2015

IKEA se hace reality

La ensoñación. La aspiración es uno de los viejos trucos del almendruco de la tele, formatos que despiertan en el espectador el anhelo de imaginar que puede poseer aquello que está viendo: un viaje de lujo, una glamourosa mansión, un ático con vistas al skyline de Nueva York, una diáfana redecoración de un adosado a las afueras de Canadá o un manjar en un restaurante en Laponia.

Los programas de viajes, voyeurismo en casas ajenas o redecoración son un clásico. Funcionan, pues conectan con esa ambición soñadora que todos llevamos dentro. El problema es que el contenido de estos espacios es, en bastantes casos, inalcanzable para la mayoría de los mortales. Aunque esta tendencia está cambiando.

Desde hace unas semanas, se ha instalado en La Sexta La Escuela de Decoración (sábados a las 13 horas), que pone el foco en situaciones más identificables y prácticas para el espectador.

Y ese es el valor de este nuevo formato: cada edición cuenta dos historias próximas. Historias literalmente: porque el programa dibuja con rapidez, claridad y cierta emoción las circunstancias de cada familia que asesora. A través de los dilemas de cada participante, los expertos de La Escuela de Decoración asesoran una redecoración del lugar. Pero una rehabilitación de andar por casa. El público de La Sexta se puede sentir reconocido en lo que ven.

No hay grandes obras, ni presupuestos millonarios pagados por el canal: sólo basta Ikea (aunque ni se nombra la marca del gran almacén. No hace falta, la tienda es muy reconocible visualmente).

El espectador se queda pegado de principio a fin del programa: necesita ver el desenlace (como en todos los formatos de estas características) con el añadido de que este espacio relata historias personales de los protagonistas (y las refresca con diferentes atajos de guion para que nadie se pierda si llega tarde).

Pero, además, La Escuela de Decoración cuenta con otro as en la manga: aporta trucos e ideas que te puedes apropiar y aplicar a tu propia casa, pues ya no es que los muebles o accesorios sean asequibles, es que el público ya los conoce de primera mano cuando los ve en el programa: son de Ikea.

Porque La Escuela de Decoración es Ikea hecho reality: personas con sus emociones, problemas, necesidades y sueños en busca de redecorar su vida a través de los consejos de un programa de televisión. Y todo con ayuda de unos interioristas que tampoco crean indiferencia en la audiencia, porque se puede estar de acuerdo o no con el resultado, gustar más o menos su trabajo, aunque siempre descubren planteamientos que el espectador puede recoger y aplicar para mejorar su día a día. Porque la gente tiene más maña con la decoración de lo que cree.

@borjateran

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José Manuel Parada vuelve a TVE para celebrar los 20 años de ‘Cine de Barrio’: así construyó su éxito

José Manuel Parada vuelve hoy de forma puntual a Cine de Barrio. Estará junto a Concha Velasco, la actual presentadora y madrina del programa en su etapa. Un reencuentro para celebrar que, esta semana, el formato cumple dos décadas ininterrumpidas en La 1 de TVE.

Un éxito incontestable que, con motivo de su aniversario, proyectará la película más vista de la historia del programa. No podía ser otra que Abuelo Made in Spain, con Paco Martínez Soria, que, el 8 de enero de 2000, congregó a más de cinco millones de espectadores y un vertiginoso 44,6 por ciento de cuota de pantalla.

El violinista Ara Malikian pondrá la música a la conmemoración de un espacio que llegó de casualidad a la parrilla, cuando los responsables del viejo ente quisieron aprovechar que caducaban los derechos de emisión de varias películas adquiridas a precio de saldo.

Acudieron a José Manuel Parada, enciclopedia andante del género, para que realizara unas presentaciones que aderezaran cada proyección. Pero el comunicador dijo que sólo lo haría si le dejaban crear un formato televisivo más complejo, a su medida. Y así fue.

El programa se estrenó en La 2 y, el 21 de octubre de 1995, dio el salto a La Primera. Había sido un triunfo inesperado de audiencias. Aunque el éxito de este formato no ha sido casual: José Manuel Parada, junto con el mítico realizador de TVE Luis de Galinsoga, supieron construir un programa con gancho, carisma y, sobre todo, mucho sentido de la televisión. Un programa que conectó con astucia con varias generaciones de españoles.

No se quedaron en un debate cinematográfico gris con batallitas de viejas glorias: crearon un magazine con ingredientes propios. Es más, Parada entendió que debía rodearse de un equipo de personajes-colaboradores. Como si fuera una telecomedia, cada uno tenía un rol definido.  Iban y venían, y servían para dinamizar el ritmo del show: el pianista repeinado, Pablo Sebastian (que acabó transformado en enemigo íntimo del propio Parada, al estilo de un culebrón de sobremesa), la vecina cotilla o la chispa de Miguel Caiceo, son algunos de los más recordados.

Y los actores y actrices acudían a este particular cortijo sin miedo a dejarse llevar destripando secretos, realizando confesiones, narrando anécdotas y, por supuesto, cantando alrededor del piano. Porque el programa acababa con un final musical apoteósico (y a veces desafinado), que la audiencia esperaba con interés después de cada película. Era la guinda a una reunión folclórica en la que el espectador se sentía partícipe (y en el que las nuevas generaciones descubrían una historia española que no vivieron).

Aunque, sobre todo, el pilar fundamental que sostiene el programa, aún hoy, es que logra aderezar las entrevistas en el plató con una posproducción de imágenes, que incorpora momentos claves de la historia de cine. La edición enriquece y contextualiza cada palo que toca la conversación.

Una trabajada realización, de principio a fin, que se ha mantenido después del polémico cese del alma del programa, José Manuel Parada, allá por 2003. En los años de Carmen Sevilla, que también será homenajeada hoy, (primero acompañada de Juan Carlos Cerezo y después ayudada de Inés Ballester) el programa perdió parte de su esencia, que recuperaría con su actual maestra de ceremonias Concha Velasco.

La Velasco aporta el plus de ser una de las protagonistas claves de toda la historia del cine español. Si Parada era un entusiasta del género, la actriz es protagonista en primera persona, aportando un torbellino de información y vivencias en la mayoría de las emisiones. Además, su carismática capacidad como presentadora llena el plató incluso cuando está vacío gracias a su poder para la comunicación cómplice con el espectador.

Porque, tanto con Parada al frente como con Velasco, que hoy vuelven a estar juntos en el mítico Estudio 3 de Prado del Rey, han sabido dotar a Cine de Barrio de las mejores armas del show de entretenimiento que, además, divulga la historia de nuestro país. Porque el cine de los 50, 60 y 70 también es historia. Es más, era una industria de taquillazos que reflejan la evolución de nuestra España.

Y Cine de Barrio, ahora bajo la dirección de Fernando Quintanar, consigue recopilar testimonios y rescatar imágenes que son una valiosa radiografía documental del cine que entretuvo a un país durante décadas. Ya no es aquel programa con presupuesto, pero sigue enriqueciendo a través de la vibrante, emocionante y comprometida mirada propia de Concha Velasco.

@borjateran

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‘Isabel’ y ‘El Intermedio’ triunfan en una gala de los Premios Iris que ya hemos olvidado

Este jueves, en un casino situado en una colina cercana a Aranjuez, se han celebrado los Premios Iris, los galardones más importantes de nuestra televisión actual.

Ha triunfado Isabel (con 8 galardones) y La Sexta (reconociendo la labor de El Intermedio -3 estatuillas-, Jordi Évole y La Sexta Noticias).

Los académicos han sido contundentes en esta edición, dando el protagonismo a la serie histórica de TVE y al canal verde, grandes ganadores de una noche en la que, en cambio, ha perdido la televisión en España. Porque la televisión en España en 2015 no se puede permitir una gala sobre la televisión que causa rechazo por la televisión.

La Academia de la TV desarrolla un interesante trabajo de divulgación del medio con proyectos como los ‘tesoros vivos’. También con la organización de los debates electorales, el impulso del premio de periodismo científico Concha García Campoy o los Premios Talento, que reconocen la labor de los profesionales detrás de cámara.

Pero la Academia aún no ha logrado dar la relevancia que merecen los únicos grandes premios de televisión que existen en España.

A pesar de que la pequeña pantalla es el gran medio de comunicación de masas, aún no se ha conseguido realizar una gran ceremonia que valore la televisión a través de un espectáculo global, que congregue cuotas de pantalla equivalentes a los exitosos Goya.

El problema está en que en los Premios Iris se cae en un lenguaje institucional, de los vicios catódicos de antaño, cuando ya estamos en una era en la que las narrativas fluyen desde la complicidad con el espectador y no desde el parlamento oficialista de despacho antiguo.

Ese es el principal defecto para que estos premios no conecten con las grandes audiencias. Da la sensación de que es una fiesta privada entre una élite lejana que incluso se aburre en su propio sarao. De hecho, anoche, los aplausos faltaban (hubo diversos comentarios sobre la ausencia de los mismos) y los huecos en el patio de butacas eran demasiado evidentes. Jamás se produciría ese vacío en la televisión norteamericana, donde los profesionales de la televisión saben que deben ser los mejores figurantes: viviendo la gala con pasión, aunque sea un sopor.

Porque el gran éxito de una gala de estas características pasa por la pasión. Sólo basta un presentador-acontecimiento que sea irónico, muestre seguridad en el escenario y sepa improvisar ante la adversidad. No se necesita más, ni millones de presupuesto, ni largas colas de invitados en escena. La sencillez de la proximidad es la clave.

Como consigue Anabel Alonso en los Fotogramas de Plata (con menos presupuesto y mucha más dosis de instinto de espectáculo), el éxito pasa por hacer a la gente partícipe del show. Una identificación popular que se acaricia con mayor dosis de autocrítica y corrosión. En cambio, en los Iris, el guion es políticamente correcto en exceso, para no molestar a ningún directivo.

Pero la industria televisiva en España será más fuerte y más plural cuando se logre unos premios que jueguen en la batalla de la televisión de hoy, que sean un acontecimiento real de celebración de la televisión. Y, para ello, claro, la gala deberá ser un buen formato televisivo y no un evento endogámico.

La ceremonia de anoche, aunque con más ritmo que otros años, fue la antitelevisión. Por eso mismo, ninguna cadena quiere emitir este programa en un prime time decente. Como sí sucedía antaño, con unos TP de Oro que congregaban buenas audiencias, con golpes de efecto que generaban momentazos televisivos dignos de trending topic antes de los trendig topics (véase Ana Obregón destruyendo el TP de Oro a La 2 Noticias).

Paradojas de esta querida televisión nuestra, que es la mayor factoría de celebrities, que es la plataforma de las grandes producciones (las que emocionan a las audiencias masivas) y que, por tanto, podría crear un gran acontecimiento para aplaudir sus logros, divulgar su historia y reírse de sí misma. Para celebrar con la audiencia, no sin la audiencia.

> Las 7 diferencias entre los EMMY y los premios de televisión en España

@borjateran

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Jordi Évole denuncia la censura en TVE en plena gala de los ‘Premios Iris’ en La 2

Es la tercera vez.  Jordi Évole ha vuelto a lograr el título de mejor reportero en los Premios Iris, que votan los profesionales de la pequeña pantalla.

El presentador de Salvados, que no pudo acudir a la ceremonia, mandó un vídeo con su agradecimiento. Un vídeo con mensaje, pues Évole decidió aprovechar la oportunidad para valorar el trabajo de los compañeros de La 2 Noticias y denunciar la censura que han sufrido hace unos días, cuando no se permitió informar en el espacio de la segunda cadena del compromiso de diferentes partidos políticos con el manifiesto que defiende la independencia de TVE.

“Las privadas, que son más necesarias que nunca, no deben dejar de preocuparse del servicio público, y la televisión pública no debe olvidarse nunca de su verdadera vocación, el servicio público”, ha sentenciado Évole desde la misma cadena en la que no se pudo emitir la información, dejando en evidencia de nuevo a la dirección de informativos de TVE. Un mensaje que continuó el periodista a través de su perfil de Twitter.

 

La imagen social de la televisión pública como cadena atada al control de la trinchera política es una realidad desde hace cuatro años. Al contrario de lo que sucedió durante la etapa de Fran Llorente como director de informativos, tiempo en el que se logró un avance objetivo en la independencia de Televisión Española (reconocido internacionalmente).

Pero poco ha durado esa confianza ciudadana en los informativos de TVE, que se tradujo en cinco años de holgado liderazgo sin rival en audiencias. El goteo de decisiones polémicas de la dirección de la corporación pública ha menoscabado todos los avances de la cadena en el ámbito de la pluralidad y deteriorando las cuotas de pantalla de los Telediarios y, en consecuencia, de la imagen de marca del resto de la programación.

La sombra del control político planea sobre TVE. Sin embargo, estas caducas decisiones de intentar controlar contenidos sensibles para el partido en el poder, en muchos casos, terminan otorgando más importancia a la noticia que se quiere silenciar.

Esta consecuencia viral podría parecerse en rasgos generales al concepto del denominado Efecto Streisand, un fenómeno de Internet que se produce si un intento de censura, manipulación u ocultamiento en la red se transforma en contraproducente para el censor, pues el contenido silenciado acaba siendo masivamente divulgado por los usuarios hasta alcanzar una mayor difusión de la que se habría conseguido sin ningún tipo de censura.

Y, aunque hablamos de televisión y no sólo de Internet, prácticamente el Efecto Streisand se ha reproducido en el caso de La 2 Noticias (como en otros tantos). Porque La 2 Noticias no logra millonarias audiencias. En cambio, censurar la información sobre el manifiesto por una televisión pública independiente ha dado mayor difusión y relevancia al acontecimiento en sí, potenciado aún más la pérdida de credibilidad que sufren los actuales responsables de la cadena pública. Como anoche, cuando el propio Jordi Évole dejó en evidencia a los directivos políticos de la cadena desde la emisión del mismo canal donde se apagó la información.

¿Por qué se llama Efecto Streisand?

En efecto, tiene este nombre por la famosa Barbra Streisand. Todo empezó en 2003 cuando la actriz y cantante demandó, por la módica cantidad de 50.000.0000 dólares, al fotógrafo Kenneth Adelman que investigaba la degradación de la costa de Malibú y publicó imágenes de su espectacular mansión al borde del mar. Con su intento de retirar estas fotografías, Barbra Streisand consiguió justo lo contrario: que las instantáneas de su lujosa casa se difundieran velozmente a través de Internet. Ya era imparable.

@borjateran

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‘El secreto de Puente Viejo’: la crisis de vivir en horario infantil

Como ya sucediera con Sálvame, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha puesto el foco, ahora, en la serie estrella de las tardes de Antena 3, El secreto de Puente Viejo.

En determinados capítulos de esta exitosa ficción, según la CNMC, hay tramas que”incurren en supuestos de violencia física, psicológica o doméstica o de graves conflictos emocionales o situaciones que generan angustia”. Vamos, el culebrón de toda la vida.

Porque El secreto de Puente Viejo es un culebrón. Como los que emitió durante décadas TVE en sus tardes, en la misma franja. Y ahí reside el problema: se emite a partir de las cinco de la tarde. Un horario que, como sucede con Sálvame, está protegido para la infancia. No se pueden, por tanto, emitir contenidos no aptos para menores de 12 años.

Entonces, ¿qué sucederá con la serie?, ¿desaparecerá?

No desaparecerá. Sólo deberá rebajar sus tramas y conseguir el equilibrio justo -entre obligación y emoción- para mantener su elevada cuota de audiencia fiel. Por tanto, nada de secuestros o violencia física, psicológica o doméstica. El competidor directo de Puente Viejo, Sálvame, también ha tenido que adecuar temáticas, aunque con la diferencia de que la producción de Antena 3 es una ficción. Para solventar la crisis, el programa de Telecinco se inventó dos versiones de Sálvame: Naranja y Limón. Diferenciando, así, el tramo más agresivo del más dulce. El espectador casi ni nota el cambio, sólo se modifica la calificación de edades.

La protección a la infancia en televisión es fundamental. Hay contenidos televisivos nocivos para los más pequeños y que se han emitido en horario infantil. Pero ¿cuál es el límite? ¿Una serie con decorados de cartón-piedra y unos actores peripuestos hablando en tono de época afecta a algún niño?  Si los chavales de hoy son maestros de la televisión online donde se puede ver todo a la carta en cualquier momento, ¿por qué existen franjas de superprotección en la actualidad?

La franja de superprotección de la infancia ha quedado obsoleta y estancada en clichés que no van al fondo del asunto: promueven la prohibición creativa en vez de la educación para que no se reproduzcan roles perversos. Por suerte, los niños de hoy saben diferenciar cuando es una serie y cuando es la realidad. Es más, van directos a los canales hechos por y para ellos. Como Clan TVE. No les interesan los contenidos adultos.

Los límites deben de estar en la honestidad y no en poner trabas encorsetadas a la creatividad. Porque de poco sirven ya los horarios protegidos en estos tiempos de móviles, tablets y ordenadores. La superprotección a la infancia tiene mucho de hipocresía en un mundo cargado de impactos visuales donde los padres son los que tienen la última y verdadera responsabilidad sobre lo que ven sus hijos, más ahora que existen numerosos canales, plataformas y webs entre los que elegir.

Pero es más fácil culpabilizar a la televisión, mientras nos olvidamos de lo más esencial en esta cuestión: la importancia de la educación, la importancia de fomentar valores desde la familia y dotar de herramientas a los niños para consumir los medios de comunicación de forma crítica. La importancia de enseñarles, incluso, que se puede apagar la tele.

> Así engancha al público ‘El Secreto de Puente Viejo’

@borjateran

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