‘Las bicicletas son para el verano’, 35 años después

Tal día como hoy, 24 de abril, pero de hace 35 años, se estrenaba en Madrid Las bicicletas son para el verano, la brillante obra de Fernando Fernán Gómez. De hecho, fue tal éxito que se estiró su tiempo en cartel, llevando la función del Teatro Español al Centro Cultural de la Villa, donde triunfó durante tres largos meses.

Y, ahora, tres (también largas) décadas después, ha vuelto a este mismo teatro de cómodas butacas -escondido debajo de la Plaza de Colón- y que, en la actualidad, lleva el nombre del propio Fernán Gómez. La función ha regresado renovada, con dirección de César Oliva, pero manteniendo la esencia de esa España divida entre miedos, frustraciones e ingenuidades cocinadas sin demasiados víveres durante una cruenta Guerra Civil que no terminó en Paz, acabó en Victoria.

Un día antes de este 35 aniversario de su estreno en 1982, he acudido al Centro de la Villa, al Fernán Gómez, para ver, por primera vez, este texto tan emblemático. Había llegado el momento de descubrir Las Bicicletas son para el verano sobre las mismas tablas en las que brilló en plena resaca de la dictadura, cuando yo sólo acababa de nacer. Y la adaptación no defrauda.

Llum Barrera, Patxi Freytez, Esperanza Elipe, Alvaro Fontalba, Teresa Ases. Agustín Otón, María Beresaluze. Adrián Labrador, Ana Caso y Lola Escribano interpretan, con complicidad y sensibilidad, este viaje que es un emocionante acto de reivindicación de nuestra memoria histórica.

Interesante la apuesta de mantener a todos los personajes en escena en el fondo del escenario. Aunque no sea su turno. Ellos son los que montan y desmontan los diferentes sets de un texto con una fuerza que en 2017 ya no necesita grandes alardes de decorados o atrezzo. Ellos son los que dan forma con sentimiento, intensidad y cierta dosis de comedia a una obra que retrata la guerra sin mostrar la guerra: sólo con la resquebrajante potencia de la cotidianidad de una familia y sus vecinos en plena Guerra Civil.

Interesante redescubrir a Llum Barrera dando vida al dramático personaje principal de Doña Dolores con una energía cargada de realidad. Una todoterreno.

Interesante sentirse dentro de una irritante época que, a veces, parece que no existió. Pero existió. Y vamos que si existió. Un tiempo que Fernán Gómez inmortalizó a través del vigor del tangible e incluso identificable retrato costumbrista que traspasa generaciones aunque, ahora, las bicicletas ya no sean sólo para el verano.

‪Flipando con el trabajo actoral de #lasbicicletassonparaelverano Y brillante @_llumbarrera, actriz todoterreno‬.

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El Ecce Homo televisivo: el falso barco de Chanquete de Nerja

El puente de Semana Santa aparecí en Nerja de viaje improvisado. Y, claro, tuve que ir a ver el famoso barco de Chanquete. La réplica, vamos. Pero no imaginaba la decepción que me venía encima… Aquí abajo unas cuantas fotos que hablan por sí mismas, pero puedes ver el artículo explicando la “bajona” en Lainformacion.com (pinchando aquí).

ORIGINAL

el puente del barco lado contrario
ACTUAL
barco de chanquete en nerja falso

 

 

verano azul barcho la dorada real nerjaventana barco de chanquete

barco chanquete 1puerta falsa barco de chanquete

la dorada elice

El día que pisé el control de ‘Julia en la Onda’

Mi abuelo tenía un transistor. Un señor transistor de esos grandes, con unas rejillas plateadas y una antena telescópica, que se abría hasta el infinito. Él era de Radio Nacional de España y, probablemente, le fastidiaba que le zapeara en la onda modulada. Pero yo lo hacía, pues ya era de la generación que nació con un mando a distancia bajo el brazo.

Me gustaba jugar con la ruedilla de aquella radio para ir cazando programas, la mayoría engolados, algunos incluso con locutoras muy enfadadas, que me llamaban la atención por su indignación constante con el mundo y que hablaban desde púlpitos que parecían de una alcurnia marciana. Era magnético todo, sí, hasta que un día me paré en un dial en el que se miraba y escuchaba los grandes pero también pequeños detalles que construyen nuestra realidad. Allí me quedé. Aquel programa se llamaba La Radio de Julia y me enseñó que se podía conseguir un magazine interesante y, a la vez, inteligente en una época en la que mandaban otros contenidos mediáticos, más impostados y más atados a las vísceras ajenas. Me enganché a esa radio, que fluía de otra manera, sin necesidad de grandes intensidades musicales ni rimbombancias narrativas.

Ha pasado un tiempo, mucho tiempo, y hace unas semanas tuve la oportunidad de agazaparme en el control de la segunda vida de esa radio con el que tanto me identifiqué, me sigo identificando e hizo descubrir (y querer tanto) la radio a un abducido por la tele.

Y corroboré que Julia en la Onda, Jelo para los más fieles, es un formato que ejemplifica la esencia del porvenir hertziano, aprendiendo de su pasado pero con la intuición suficiente para tomar el pulso a los compases que vienen. Un programa que rompe con clichés y ha dado un impulso a las narrativas radiofónicas, con un lenguaje consciente de su tiempo (algo que es menos habitual de lo que parece en la radio española). Un magazine que escucha, se moja y consigue hacer al espectador partícipe sin medias tintas ni parafernalias.

He ahí el quid de la cuestión: la complicidad que desprende el equipo en emisión y que se mantiene intacta si te cuelas en el control. De hecho, yo llegué para un rato y me quedé todo el programa, ya que pocas veces he estado en un estudio de radio (y ya he pisado unos cuantos) en los que se respire tanta complicidad entre el periodista y el realizador de Jelo. Julia Otero y Joan Quintanilla son pura química. Entienden las necesidades del formato con una intuición abismal y no hay corte de audio (o guasap de oyente) que se les resista. Pero, sobre todo, lo más importante, Otero y Quintanilla en acción evidencian y contagian que están disfrutando de su trabajo. No es baladí, esa es la clave de todo. Y eso tampoco es tan habitual como parece. Y esa es la lección que me llevé.

Con esta visita casual a Onda Cero, cerraba una semana por trabajo en Barcelona que resultó llena de coincidencias mágicas. Y, al salir de la radio, como esa locutora impostada antigua que tanto repelé, me vi plantado en medio de Las Ramblas, con mi mochila a cuestas, cargada de inestabilidades, retos y miedos, pero con las mismas lágrimas de ilusión de aquel adolescente que descubría la radio y que no imaginaba que algún día trabajaría en ella.

La televisión y su reputación a análisis en la Carlos III

Este lunes, la Delegación de Estudiantes de la Universidad Carlos III me ha invitado a participar en una ponencia de sus terceras Jornadas sobre Periodismo.

El título de la charla: “La demonización de la información en televisión“. Está claro que estos futuros periodistas ya saben titular con la intensidad del momento que vivimos.

Y allí estuve, junto al veterano periodista Fermín Bocos y el profesor Iván Darias. Y allí hablamos de como la pequeña pantalla ha ganado reputación, tras años de superioridad moral de la prensa tradicional. Ejemplo de ello es el caso de los programas Salvados o El Objetivo (incorporando el periodismo de datos en un prime time de una cadena generalista privada). También programas como Tabú de Jon Sistiaga o Cuando ya no esté de Iñaki Gabilondo (ambos de Movistar+), que muestran hacia donde vuelven los programas informativos: la conexión en directo es importante, pero también lo es el programa-acontecimiento del género documental, elaborado con más tiempo para buscar enfoques y sumergirse en la historia.

Un nuevo escenario interactivo, en donde las diferencias entre radio, televisión y prensa tradicional se difuminan. Las ventanas y soportes tecnológicos cambian, pero no cambia lo más decisivo: contar una historia con mirada propia y honesta.

Ahí está el reto del periodismo, y de eso reflexionamos, sobre la importancia de la honestidad crítica como válvula para explicar lo que ha pasado, lo que pasa y lo que va a pasar sin caer en la trampa constante del maquillaje informativo. Porque trabajamos con informaciones interesadas que intentan reinventar la realidad constantemente. No es nada nuevo, siempre ha sucedido. O que se lo pregunten a Napoleón.

También ha existido tiempo para analizar la televisión pública, observar a sus homólogas europeas y explicar la situación de los operadores privados de televisión en España. Una industria audiovisual, muy concentrada, que necesita movilizarse y serán las nuevas generaciones, que estaban en este aula, las que vivirán la regeneración real de la televisión de primera mano. Porque la radio no mató la prensa, la televisión no mató a la radio, pero Internet y las redes han engullido todo el universo mediático.

Pestañas Asesinas, el librojuego de Fidel Lorite

“Fidel Lorite was born on March 30, 1978 in Granada, Andalucía, Spain as Fidel Martínez Lorite. He is a writer and director, known for Mrs. Carrington (2009), Pestañas Asesinas (2008) and Dulces Pesadillas (2015)”. Esto es lo que dice de Fidel Lorite la IMDB, esa enciclopedia del mundo audiovisual que rastrea todas las trayectorias profesionales con una precisión perturbadora.

Pero de lo que aún no es capaz de narrar la IMDB es la mirada propia. Esa mirada propia que no todo el mundo contagia y que Lorite transmite en sus trabajos con una personalidad e intuición especial, que aprende de la mejor historia del cine y la televisión y que, al mismo tiempo, experimenta con las nuevas plataformas de la comunicación.

Porque en los tiempos que vivimos el talento en efervescencia se encuentra en las redes, con Youtube a la cabeza. Estas redes que permiten explorar en la creatividad sin cortapisas y que, además, sirven de plataforma para recuperar los universos analógicos con los que crecimos. Como los librojuegos, porque lo “transmedia” no es nuevo. La imaginación también se puede tocar en papel.

Y eso hace ahora Fidel Lorite, que tras dirigir videoclips y dirigir sus Dulces Pesadillas con Kika Lorace, ha editado un librojuego, Pestañas Asesinas, basado en el corto que dirigió él mismo. Está editado por Libros de Autoengaño y cuenta con una portada ilustrada por David Kohlver y con lettering de Efe Suárez.

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Sale a la venta este próximo lunes 7 de noviembre. Antes Fidel se pasó por nuestro programa de radio, Historias de la tele, y hablamos de nuestras cosas. También, al final, de Pestañas Asesinas. Aunque poco, vale.

‘Top of the pops’, The Pretenders, Esther Arroyo y la TV que te hace levantarte del sofá

Tu cara me suena es un viaje, desde la televisión de hoy, a la evolución de las narrativas del entretenimiento televisivo, pues Tu cara me suena sabe recoger la esencia de esas icónicas actuaciones que reproduce.

Esta semana, sin ir más lejos, hemos visto a Esther Arroyo metiéndose en la Chrissie Hynde de The Pretenders. Y Arroyo, al ritmo de Don´t Get Me Wrong, nos ha llevado al ochentero plató de Top of the Pops, el longevo y más mítico programa musical de la BBC, que en España inspiró a formatos como Tocata e incluso Música sí.

Los ochenta eran tiempos de decorados sencillos que sólo necesitaban mucho neón, mucho humo y, lo más importante, focos, focos y más focos: el techo de los platós se incorporaba con inteligencia a la escenografía. La iluminación analógica era la gran protagonista, junto a la gente que abarrotaba el estudio para dar dinamismo a la profundidad de plano y, sobre todo, impregnar el show de esa esencia de discoteca de una época.

Una época en la que la realización televisiva bailaba al compás de la música de forma literal. Viva el corte rotundo, directo y milimetrado. Viva las actuaciones que cuentan una historia a través de la coreografía de cámaras, luces y miradas. Porque no sólo es importante mostrar una historia, también es crucial transmitir sensaciones a la hora de retratar esa historia.

Top of the Pops te hacía levantarte del sofá:

Alizee, el éxito efímero y el realizador atacado

¿Alguien recuerda Alizee? Esa jovencita francesa que alcanzó la popularidad sintiéndose literalmente una lolita. Calentó al personal por las televisiones europeas y extrarradios con su sensual candidez de falda corta. Y, después, continuó su carrera con J’en Ai Marre (no confundir con “Ay, madre”). La disquetera o discográfica dio en la diana con la puesta en escena. Una coreografía incontrolable para ella y para el espectador…

Las teles aprovecharon, de nuevo, el show de la sugerente Alizee. Pero especialmente este programa francés del que recuperamos su actuación. Abrimos ya desde falsodirecto.com el club de fans de el realizador de este formato por su capacidad de bailar con la música en cada fugaz plano. Cámaras pinchadas con el tiempo exacto. A corte. Sin miedo a la velocidad. Al ritmo. Al compás. Al sonido del público (incluso a los silbidos). Trasmitiendo la fuerza del tema y con Alizee sabiendo mirar a una cámara de referencia. Tele que te deja pegado. Levantando a los franceses del sofá. Y a mi mismo.

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El primer videoclip de la historia: Nancy Sinatra, ¡scopitone!

No está muy claro cuál fue el primer videoclip. Desde que existen las imágenes, la música se ha complementado como un guante a los encuadres, a los movimientos de cámara, al zoom. Primero como un arte, después como una creativa manera de promoción. Así nació el videoclip, género que ha traspasado la pantalla hasta viralizarse en Internet. Casi siempre vivo, casi siempre imaginativo, casi siempre contando una historia. Porque los mejores videoclips son los que narran. Son los que crean sensaciones. Son los que arriesgan. Son los que creen en la música, la realización y la puesta en escena que no entiende de fronteras, que crece en el lenguaje universal.

‘La Soga’ de Alfred Hitchcock: el poder de los decorados analógicos

Si hay una escenografía que me ha impactado desde niño es la de La Soga, donde Alfred Hitchcock propone el reto de rodar el filme en un plano secuencia. Pero, claro, el metraje no daba para tanto (sólo unos 10 minutos), así que, en realidad, el director planificó ocho planos “pegados”, con siete cortes, que se intentaban integrar en la coreografía de los actores, para no entorpecer la continuidad narrativa.

LA SOGA

La esencia del teatro llevada al cine con una brillantez visual, jugando con el ritmo interno del plano. Un plano secuencia magistral pero difícil en la época, pues la cámara debía realizar un recorrido tan sigiloso como complejo. Y la cámara, Technicolor, era pesada y grande. De hecho, incluso había que mover los decorados “en directo” para posibilitar la grabación. Lo hacían mediante ruedas tiradas de poleas. Con mucha vaselina, eso sí, para que no se hiciera ruido.

rope-set

No había posibilidad de error por parte de los actores, pero tampoco de los técnicos. Todos tenían cada paso minuciosamente coreografiado y marcado. Como la propia cámara. Como los propios decorados.

plano la soga

Porque en La Soga Hitchcock se ató a una poderosa interpretación de los actores, una planificación de movimientos de cámara perfecta y, además, un decorado espectacular  y crucial para transmitir el paso de las horas y dotar a la historia de más fuerza.

Así que Alfred Hitchcocok mandó construir uno de los cicloramas más interesantes de la historia del cine. Un fondo que emulaba casi 35 kilómetros del Nueva York de la época y que enriquecía la sugestión del espectador.

set la soga

Porque ese skyline era un envoltorio perfecto como aliado de la trama. Tanto en el gran ventanal con la vertiginosa ciudad al fondo, como las ventanas, más pequeñas, de la derecha del salón: con unos imponentes neones, supuestamente de un cartel publicitario de la azotea del edificio, que iban amplificando la tensión de la trama, en cada brusco y constante encendido y apagado.

la soga fondo

El ciclorama estaba iluminado por 8.000 bombillas incandescentes, 200 tubos de neón e incluso tenía un sistema para desprender humo de determinadas chimeneas. También se realizaron unas nubes de fibra de vidrio, que se iban cambiando a lo largo del paso del día, para contagiar más veracidad. Realismo de cartón-piedra que daba el pego mejor que muchos efectos digitales. Era el cine que creaba maquetas que transmitían una mágica verdad.

Por cierto, Alfred Hitchcock se reservaba su tradicional cameo también en esa silueta neoyorquina. Esta vez, en forma de neón en una azotea. ¿Lo encuentras?

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> Las maquetas de ‘El Coloso en Llamas’ (que ardieron de verdad)

Eurodrama: las influencias de Chikilicuatre en los ensayos de Barei en Eurovisión

Eurodrama. Ya está aquí Eurovisión 2016. La gran competición entre las televisiones públicas europeas (y algunos países del extrarradio) es uno de los más importantes acontecimientos musicales, mediáticos y también virales, pues el eurofestival ha entendido la esencia de las redes sociales, abriendo los ensayos a los eurofans. De esta forma, el programa se convierte en una especie de reality para los propios artistas que ven como son examinados por su público durante cada pase previo de su número.

El efecto sorpresa no es tan importante como ver las tripas del festival. Así Eurovisión logra su objetivo de que se comenten intríngulis, se genere debate y, sobre todo, se amplifique la expectación por la gran gala final del sábado 14.

Y Barei ya está sufriendo esta particular contraindicación de este gigante talent show internacional. Los espectadores pueden ver a través de Internet los primeros ensayos, especialmente gracias a las propias grabaciones de eurofans acreditados en el pabellón y, como consecuencia, opinan. De hecho, opinan mucho.

Los vídeos del segundo ensayo de Barei, celebrado este domingo, nos han remitido a otro clásico de España en Eurovisión: al mismísimo (y recordado) Rodolfo Chililicuatre. ¿Por qué? Lo diseccionamos a continuación.

1. En estos ensayos previos, las coristas del Say Yay!, que así se llama el tema, guardan la espalda de Barei con coreografía incluida. Unos pasos de baile muy al estilo del ‘robocop’. Y ya se sabe que el robocop fue una de las reivindicaciones de Chikilicuatre en su propuesta eurovisiva.

coristas robocop

2. Además, en el segundo ensayo, Barei ha acudido con un peinado con una cierta reminiscencia al tupé de Chikilicuatre. Rodolfo fue un adelantado a su tiempo, está claro.

barei y chikilicuatre

3. Y, sobre todo, Barei propone una caída en plena actuación, como giro dramático sorpresa. Se cae, para luego levantarse. Será una metáfora de la letra en inglés pero inevitablemente recuerda a otro tropezón clásico, que también fue el gran momento del ‘Chiki Chiki‘ : el trompazo de Silvia Abril como bailarina oficial de Rodolfo. Inolvidable y desternillante instante para la historia de la televisión.

-Caída Barei

barei caida

– Caída Silvia Abril

caida silvia abril

La única diferencia es que la caída de Silvia Abril era pura comedia. España se reía de Eurovisión y de sí misma, sin complejos y con sano sentido del humor. Con Barei el traspiés pretende llamar la atención del público europeo, como seña de identidad para que el espectador europeo recuerde la actuación a la hora del televoto. ¿Lo conseguirá? ¿O parecerá que tenemos mala pata? Lo que está claro es que Barei cuenta con una excelente calidad vocal y ese es su valor añadido para triunfar en Eurovisión 2016.


> CHIKILICUATRE: LOS MOTIVOS QUE DEMUESTRAN QUE HA SIDO LA MEJOR PROPUESTA DE ESPAÑA EN EUROVISIÓN