Lo efímero

El próximo 4 de agosto cumplo 36 años.

Con 36 años, 36 señores años, la sociedad que me crió seguramente me esperaba con un trabajo fijo, con un amor fijo, con una vida fija.

Pero no, mis 35 años han sido la catarsis de descubrir que todo es más efímero de lo que creí. De hecho, mis 35 han consistido en patalear contra el vaivén de lo efímero.

Y he ganado la pataleta.

Justo ahora.

Tras seis años sin parar ni un solo mes de trabajar, por aquello de que siempre había artículos que escribir, radios de las que aprender y oportunidades “únicas” que aprovechar, por fin cojo vacaciones de verdad.

Para tomar aire. Para disfrutar más y mejor de lo efímero.

Porque, al final, me he dado cuenta de que, si te lo propones, hasta los abrazos efímeros, esos que te marcan, te siguen acompañando siempre.

Y este ha sido un luminoso año que abrazar, que me acompañará siempre: aprendiendo de los mejores, cogiendo trenes de largas y cortas distancias, haciendo mucho encuadre desencuadrado con un móvil, ilusionándome con lo cotidiano e incluso permitiéndome echar de menos. A veces, a momentos que ni he vivido. Pero, sobre todo, ha sido el año en el que he logrado disfrutar más de todo lo que no me quiero perder.

Ves, necesito vacaciones.

Gemma Nierga, la energía de la curiosidad transparente

Una vez escuché a Gemma Nierga decir que en sus comienzos radiofónicos tuvo que lidiar con recetas. Sí, recetas de cocina. Por suerte, estaba su madre, como todas las madres, para ayudar con los menús radiados.

De guisos tal vez Gemma no entendía demasiado, pero ella tenía el secreto de la receta para triunfar en esto del transistor: una apabullante curiosidad que iluminaba con ayuda de una voz que no era de manual. Sin necesidad de tonos artificiales ni impostaciones dramatizadas ni perfecciones tan solventes como olvidables.

Y, claro, Gemma rápidamente brilló en la SER. Y ejemplificó una característica que cada vez parece más complicada en la radio generalista y comercial española. Estoy hablando de prosperar, poco a poco, en tu propia empresa, crecer dentro de la radio que te dio la primera oportunidad. De hecho, Nierga prosperó hasta ser una voz imprescindible y símbolo de la SER.

Recuerdo que una vez, en La Ventana, entrevistó a Pepe Navarro. Allí mismo, Nierga, de repente, soltó al famoso presentador que él había cambiado su vida. Navarro se quedó sorprendido, no pilló que cuando se fue de Telecinco a Antena 3, Sardá presentaba las tardes de la Cadena Ser. Entonces, Sardá fichó por Telecinco para crear Crónicas Marcianas y la SER decidió promocionar a Gemma, que hasta ese momento susurraba en las noches de Hablar por Hablar.

La SER tiró de cantera. Una característica que es posible pero que, al mismo tiempo, parece cada vez más difícil en la radio de hoy. El recambio generacional se complica por la obsesión en contratar nombres con tirón mediático para que su cara se recuerde bien en el EGM. Como consecuencia, nos estamos perdiendo grandes maestros de la radio de primera división que, en cambio, siguen perpetuos en segunda B.

La tecnología cambia, el podcast ha llegado a nuestras vidas. Pero, al final, la radio en directo, esa que te acompaña, nos seguirá escuchando a diario. Como hace Gemma Nierga, maestra en eso de escuchar. Estos días su voz ha dejado de sonar en la SER, su casa de siempre. Esa emisora, en la que prosperó su trayectoria, ha decidido prescindir de su contrato para renovar la franja de magazine que presentaba en Hoy por Hoy.

Pero la voz de Nierga tiene mucho que seguir aportando a la radio, también a la televisión (donde ya trabajó). Porque no existe tanta gente en este negocio que sepa escuchar y, encima, lo haga con esa autenticidad que rompe con la dictadura de los convencionalismos para iluminarnos. Iluminarnos con una energía cómplice, natural, transparente que te deja atrapado en las historias de la radio. Eso lo tiene Gemma, Gemma Nierga.

Cuando tener una escalera mecánica era ser cosmopolita

Las ciudades de provincia no tocan la modernidad hasta que cuentan con una escalera mecánica. En Santander, la primera escalera estuvo en un mini centro comercial que se construyó, en 1965, junto a la Catedral. Eran los grandes almacenes Woolworth, que te traían todo lo que necesitabas para tu familia, el hogar y te abrían al universo de las escaleras mecánicas. Ser cosmopolita era esto.

woolworth santander almacenes

Woolworth estaba en Madrid, Palma de Mallorca, Alicante, Málaga, Granada y Córdoba, y eligió también mi ciudad natal, Santander, porque aún no se había instalado en ella ni El Corte Inglés ni Galerías Preciados. Sólo Simago reinaba en la capital de La Montaña junto a otros almacenes de tinte local. Como eran los ya desaparecidos Ribalaygua y Lainz, que tenían ascensor pero no escaleras mecánicas.

ribalaygua lainz centro comercial

Con Woolworth  llegó a Santander la escalera mecánica. Pero la evolución se frenó rápido, pues, poco más de una década después, Woolworth fracasó y cerró todos sus establecimientos españoles. Lo hizo en octubre de 1980. Yo ni había nacido, no me dio tiempo a conocer la experiencia Woolworth . Pero sí la tienda Zara, que ocupó después prácticamente dos plantas de ese edificio comercial, mientras que el resto del inmueble se decidió reutilizar como una sucursal bancaria y oficinas, abriendo unas ventanas en las paredes de piedra e incorporando varias plantas más encima, acristaladas, para viviendas.

zara

Pero, ahora, las escaleras mecánicas han vuelto al edificio de Woolworth, ya que Inditex se quedado con todo el espacio del ocupaban aquellos olvidados grandes almacenes y ha reabierto su tienda principal en Santander, el Zara, con una reforma a fondo que ha devuelto a este bloque la función comercial para el que fue concebido.

nuevo zara

No obstante, ahora los santanderinos ya no se fijan en las escaleras mecánicas. Están inmunes, pues en los últimos años las cuestas principales de la empinada ciudad se han llenado de rampas mecánicas para que nadie se canse. Pero ni con esas somos cosmopolitas.

Historia apoyada con imágenes del archivo de El Diario Montañés y El Tomavistas de Santander

Deconstruyendo el paso de Grace Jones por TVE

Salvados me recordó esta actuación y, desde entonces, no puedo dejar de mirarla. En bucle. Todo el rato. Es Grace Jones en Esta noche de TVE. Ahí, en el Estudio 1 de Prado del Rey, Jones está interpretando su brutal Pull up to the bumper.

El programa de Jordi Évole rescató el instante en el que Jones se acerca a la mesa y se contonea, aprovechando este poderoso momento como punto de partida de la contextualización de la figura del controvertido excomisario Villarejo, que pisó en 1981 la tele pública para, después, escaparse por las cloacas del Estado.

Pero, allí, en aquel plató, sobre todo estaba Grace Jones. Ver hoy esta actuación, como tantas otras de la cantante, define el significado del arte en escena. Ya lo dijo la presentadora de Esta Noche, Carmen Maura: “una mujer que canta como un ángel y baila como un diablo”.

Y el programa muestra al ángel y diablo muy bien. Primero, Jones aparece abrazando una columna, casi como si fuera una barra de pole dance. No sólo achucha el cilindro de cartón-pierda, pues ella sabe la importancia de mirar a cámara. De hecho, está comunicándose con el espectador con una sonrisa tan traviesa como cómplice. Vamos que parece que se está riendo de todo. Y el realizador tiene bien planificado el juego de cámaras para que el espectador no se pierda.

Jones des-abraza la columna, gira y un plano general sigue a la artista hacia un lugar impredecible. Jones está disfrutando tanto del rimo de su tema que olvida que va a arrancar la letra de playback y aún tiene el micrófono situado a dos metros de distancia. Da igual. Es playback. Así que empieza a cantar sin micro. Pasa desapercibido, ya que su apabullante carisma puede con todo. Hasta en la tarea de coger el micrófono de su pie cuando ya lleva un rato cantando sin utilizarlo.

Jones va y viene, no sé sabe muy bien hacia dónde. De repente, decide acercase a la mesa central del programa para seducir a los convidados. Porque Esta noche, a pesar de ser un programa grabado, sabía dejar presentes a sus convidados. Un detalle clave para dar más brío al show. Y, claro, Jones fue directa a por esos invitados: el mítico Simón Cabido, travestido en su atinado personaje de Doña Croqueta, lo sufrió. También el Señor (ex)Comisario. Y la propia mesa, porque Jones se subió a la mesa de metacrilato como si tal cosa. E hizo unas cuantas sentadillas. Mucho antes de que Madonna hiciera sentadillas. Y la mesa casi cruje. Y Marisa Naranjo, también presente, quitó el bolso que tenía sobre la mesa, no vaya a ser que la Jones se lo quitara. Y Carmen Maura disfrutándolo con una sonrisa de fascinación que era pilar del éxito de ese programa, un programa que era un guion cerrado en lo que todo estaba finamente hilado con un hipnótico léxico. Era la televisión bien armada y, por eso mismo, perfecta para soportar el torbellido imparable de Jones. Pura televisión.

Sobre lo que me pasa viendo ‘Late Motiv’

Tengo un problema de deformación profesional adquirida: cuando veo la televisión se me ocurren análisis. Todo el rato. Da igual el programa, serie, pausa publicitaria o fundido a negro: las razones del éxito, lo mejor y lo peor, el valor añadido de no sé cuál, lo que debes aprender de.., el error de programación de tal… Así todo el día. Incluso, a veces, me pongo a hacer tele con el móvil. Incluso, a veces, bajo la escalera sintiéndome Raffaella Carrá. Porque yo soy mucho de Raffaella Carrá. De la Raffaella de la tele. No tanto de la Raffaella de la música, claro.

Así que tanto trabajar -con, contra, de y sobre la tele-, lo flipo yo conmigo mismo si me pillo disfrutando con lo que pasa dentro de la tele. Y eso me está sucediendo con esta temporada de Late Motiv de Buenafuente en #0. Uno de esos luminosos programas que, de repente, te hacen volver a sentir la tele con esa genuina e ingenua ilusión que creías perdida. Y, de repente, te acuerdas del motivo por el que te gusta tanto la tele.

Mierda, ya he hecho otro artículo.

El éxito asegurado de indignar a las redes

Haga temas polémicos. Especule. Caiga en tópicos. Lance especulaciones absurdas. Tire a la basura al cine español. Todo junto, metido en un mismo saco. Desprecie a Gloria Fuertes si hace falta. Indigne a las redes, es pan comido. Éxito asegurado.

La prensa escrita ha caído en la trampa de la viralidad más fácil, la de alimentar la polémica irritando al personal. “Venga, periodista, no me hagas un tema de divulgación contrastada que eso no lo lee nadie. Un poquito de polémica de la que indigna, y tenemos un pelotazo”. Es el camino hacia el que vamos, tanto los que trabajos en medios de comunicación como los propios lectores. Todos, debemos hacer una reflexión: saldríamos ganando si tuiteáramos artículos de calidad con la misma excitación que publicitamos aquellas columnas vacías, que nos provocan ira.

Pero no, focalizamos todo el esfuerzo en evidenciar lo que nos cabrea tanto que terminamos propiciando justo lo contrario que tal vez buscamos: promocionar, multiplicar lecturas y, por tanto, lanzar este tipo de temas al estrellato del éxito viral.

Así que, venga, más titulares polémicos, más argumentos baratos, más indignación fácil y menos artículos contrastados, elaborados, argumentados y mimados con la constructividad de la honestidad. Para qué, si eso no tira. Y, encima, lleva más tiempo de confección.

Si te importa el periodismo y el universo mediático, tienes que ver esta entrevista de 2009

Me habré visto esta charla entre Julia Otero y Andreu Buenafuente unas 765 veces. Aunque intente disimular mi fanatismo oterílico, al final, siempre me sale a flote, pues me identifico con su forma de entender este oficio. Una entrevista de Buenafuente a Otero que es todo un retrato de su momento (año 2009) pero, también, de la situación actual del universo mediático (2017…).

Un retrato de las trincheras, del periodismo, del jugar sin demasiadas corazas en un plató, de la influencia o no de los “confidenciales”, de que en la tele se va a toda hostia no se sabe a dónde, de perder el respeto, de ser light y aburrir a tu propia familia, de la prensa basura, de enseñar la patita pero, al mismo tiempo, hacer el ejercicio hacia la ecuanimidad que conecta con la inteligencia cómplice del espectador.

Por cierto, yo sí tengo chandal. Otra cosa es que lo utilice.

El final de una agitada etapa

Termina el curso escolar, también la temporada televisiva e incluso la radiofónica. De hecho, esta tarde, cerramos (por ahora) ese programa de radio undreground que hemos hecho cada miércoles bajo el nombre de ‘Historias de la tele‘.

51 minutos semanales para divulgar la tele, descubrir, probar y hasta ser nosotros mismos. A veces, demasiado nosotros mismos. El programa tal y como lo conocemos termina este miércoles, 21 de junio, y con él acaban 10 meses de sentir incertidumbres laborales, vaivenes emocionales y algún que otro delirio por amores imposibles. Viva la intensidad.

Pero, al mismo tiempo, también terminan 10 meses de experiencias profesionales mágicas que nos han permitido aprender de los mejores de los medios y que ya son un efervescente puente levadizo hacia alguna parte. No sé muy bien qué parte. Pero sé que ahí estarán Paula, Lluis, Ber, Piluca, Giuseppe. Y tantos. Con ellos me quedo, para seguir aprendiendo, avanzando, creciendo, confiando e incluso bailando.

El Leti-Rap es impronunciable

Es un hit. Es el gran hit de nuestra (tardía) infancia. Su nombre, el Leti-Rap, obra de Leticia Sabater. Un éxito que traspasa los tiempos y que, además, parece sencillo de cantar. Pero no, no lo es.

Boy, girl and boy, girl.
Brazo izquierdo arriba, movimiento circular,
tronquis a la izquierda, esto es Leti Rap,
si te enrolla Leti Rap no te cortes y a bailar.
Brazo derecho arriba, movimiento circular,
tronquis a la derecha, ¡Leti Rap! ¡Leti Rap!
Es el nuevo ritmo y de moda vas a estar,
vuelta entera y dando palmas, contraseña y a cantar.

Ahora que termina la temporada de ese pequeño programa de radio nuestro, Historias de la tele, es hora de rescatar ese instante en el que que descubrimos que recitar la insigne canción de Sabater no es hazaña apta para todos los públicos. O, al menos, para el público que no está al nivel de la verborrea de Leticia Sabater:

Periodismo de datos: el Leti-Rap

Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el

7 cosas que he hecho con Paula Hergar y que Instagram me recuerda sin piedad

Termina el curso y, en los últimos meses, la complicidad que ha surgido con Paula Hergar me ha permitido experimentar en el día a día laboral, pues Paula es de esas personas que se tiran con uno a la piscina de las ideas, aunque sean absurdas y sean para Instagram. También en las ruedas de prensa o viajes de trabajo. Porque aquí hemos venido a jugar y ahora tenemos la oportunidad de narrar las acciones que cubrimos de las maneras que se nos ocurran a través de la multipantalla de la red social. Sólo hay que aguantar el plano y dejarse llevar, y Paula se deja llevar. Y las redes en general, e Instagram en particular, me recuerdan hoy estos momentos del aquí te pillo, aquí lo grabamos.

1. Ladrones de Branded Content

2. Reinventando nombres de programas extranjeros en un canal de pago viejoven. Por suerte, no está el vídeo en abierto.

borja teran paula hergar nonstoppeople

3. Periodista y camarera.

Aquí de canapetero con la camarera @paula_hergar #refreshyourtv #nonstoppeople Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el

4. Sintiendo la fama en una alfombra roja. O naranja.

  El momento de no-fama de @paula_hergar captado por un servidor sintiéndose steady cam. #festvalburgos   Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el

5. Destruyendo canciones.

Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el

6. Toqueteando a Julio Iglesias.

@paula_hergar cayendo en las redes de Julio Iglesias #noesunsabadocualquiera #Historiasdelatele

Una publicación compartida de historiastele (@historiastele) el

7. Ninja Warrior de provincias.

Ella, @paula_hergar, preparándose para #ninjawarriorespaña Una publicación compartida de Borja Terán (@borjateran) el Seguimos….

 

Nos vamos al @festval_oficial de Burgos!!! #TV #Bus #Travel #Viajes

 

Una publicación compartida de historiastele (@historiastele) el