Ramón García, la televisión próxima

Siempre me flipó la sintonía de Qué apostamos. Con su eterno baile pá lante y pá trás. Y hace unos días he logrado un hito personal: bailar tal coreografía con Ramón García en su programa En Compañía de Castilla La Mancha Media, espacio que visité con la excusa de hablar de mi trabajo. Bueno, y de mi libro. Aunque a mí, realmente, lo que me apetecía era danzar «si consigues alcanzar un campanario, subido en veinte sillas a la vez», pues esa canción representa mucho en televisión: simboliza la importancia de crear un clímax en el arranque de los programas, series o lo que sea.

Ese largo baile, con esa larga (y pegadiza) música, iba introduciendo al espectador en la atmósfera del apoteósico e inolvidable concurso de la ducha. Así el público se iba sumergiendo en el tono de un acontecimiento único al compás de una introducción sin el estrés de la prisa forzada. O, lo que es lo mismo, sin confundir ritmo con velocidad. Justo uno de los problemas de la tele de nuestro tiempo: confunde ritmo con velocidad. Se corta todo aceleradamente y se malogran los clímax que ayudan a que un show quede en la retina del público.

Pero esta circunstancia no sucede en En Compañía, donde Ramontxu juega como siempre con su experiencia e intuición de autor televisivo que cuenta, además, con la gran capacidad en peligro de extinción: saber escuchar. Tan difícil, tan valioso.

Ahora, después de trastear entre bambalinas, entiendo mejor los buenos resultados en audiencia de la tarde de CMM. No es un magacín al uso, es un formato hecho por un equipo con esa pasión que entiende sin prejuicios la televisión de proximidad en un tiempo en el que la tele se hace con demasiados prejuicios. Os dejo la charla con Ramón y Gloria Santoro, que para mí fue toda una revelación. Eso sí, no busquéis el baile, que Castilla La Mancha Media no ha colgado esa parte… Por suerte para mí, por desgracia para el clímax de la entrevista.

‘Médico de Familia’ tuvo la culpa: así comenzó el drama de la duración de los capítulos de las series españolas

Médico de Familia tiene la culpa… de la larga duración de los episodios de las series en España. El gran éxito de la serie del Doctor Nacho Martín provocó que Telecinco decidiera estirar la duración de cada capítulo para poder introducir una pausa publicitaria más. Lo hicieron y, entonces, los responsables se percataron de que sucedía algo más… Lo he contado esta semana en mis ‘historias de la tele’ en Julia en la Onda, donde también hemos hablado con Ricardo Gómez sobre su adiós a Cuéntame, hemos recuperado la canción con la que Emilio Aragón realizaba un análisis (muy) crítico a la publicidad y, además, donde hemos realizado alguna que otra confesión e incluso ha existido una imprevista aparición estelar de Javier Sardá en directo. Eso sí que no me lo esperaba. Aquí el podcast:

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La nueva era de los contenidos televisivos: problemas, retos y ventajas, a análisis en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla

Ahí estamos. Foto de equipo después de una intensa tarde en el auditorio de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Allí, en un lugar que antes fue todo Expo, fui invitado hace unas semanas para desarrollar una ponencia sobre la televisión que se van a encontrar los alumnos cuando acaben la carrera. La de verdad, vamos. Un encuentro muy interesante porque, entre todos, debatimos y aportamos análisis sobre periodismo, sobre estrategias de programación, sobre nuevos consumos de series, información y programas o sobre sigilosos detalles de la historia de la televisión que siempre serán cruciales en los medios -y que hacen más poderosa la experiencia en las nuevas narrativas audiovisuales-.

Sin olvidar, la importancia de definir bien los formatos catódicos que, ahora, son más versátiles que nunca. Los formatos ya no sólo pueden basarse en géneros estancos y cuadriculados. Cada género puede crecer aprendiendo de otro género. En este sentido, fue muy interesante la charla de Alberto del Pozo, con el que compartí jornada. Un profesional inspirador que, en la actualidad, está desarrollando un atractivo trabajo como director de Gente Maravillosa en Canal Sur. Nos puso ejemplos prácticos sobre la trastienda y resultado de este espacio de Toñi Moreno y con el que la autonómica andaluza ha logrado una visibilidad fuera de la comunidad que no acostumbra. Lo ha logrado gracias a la viralidad de unas cámaras ocultas de calado y compromiso social, que viene logrando este formato.

Con Alberto, profundizamos en el desarrollo de una idea contundente para crear un buen programa: pensando en tu público, en tu cadena pero, además, pensando en que esa cadena también pueda crecer a nuevos seguidores. Un encuentro muy enriquecedor porque se abrió a la tertulia sin red. De hecho, creo que conté algún que otro ejemplo real del trabajo detrás de cámaras que no debería. Pero, al final, de esas situaciones reales, que no se ven por la tele, es de las que mejor se aprende.También en la Universidad.

Lo que transmite la parte trasera de esta secuencia de ‘La ciudad no es para mí’ de Martínez Soria

73 millones de pesetas recaudó La ciudad no es para mí, la película más taquillera de la historia del cine español en 1966. Paco Martínez Soria sabía que triunfaría, pues era la versión en celuloide de su gran éxito teatral. De hecho, en su papel de Agustín Valverde es como se quedó el mítico actor grabado en el imaginario colectivo: el cateto de pueblo que llega a la gran urbe. Perdido, paleto, pero más avispado de lo que parece.

El público español de la época conectó con Martínez Soria porque esta historia de Fernando Ángel Lozano, seudónimo en el que se escondía Fernando Lázaro Carreter, palpaba la emoción de la España de mediados de siglo XX. Una España en blanco y negro. Perdida, paleta, pero más avispada de lo que parece.

Pedro Lazaga dirigió esta cinta, producida por Pedro Masó, que en su arranque plasma con fruición el estrés de las entrañas de una gigantesca Madrid. Y es en la Glorieta de Atocha donde se rueda el primer gran choque entre el personaje de Agustín Valverde y el bullicio de la capital. Un cruce de tráfico perfecto, justo delante de la rotonda con la luminosa fuente giratoria -sí, los chorros giraban-. Una espectacular fuente ornamental, demolida en los ochenta, que con tanto movimiento de surtidores móviles de agua, junto con el ir y venir de tráfico, era ideal para generar más angustia de jaleo de gran metrópoli en el fondo de la secuencia.

Una secuencia que esconde un detalle más. Si no nos quedamos sólo en el diálogo del personaje de Martínez Soria y un guardia de tráfico, y nos fijamos en lo que pasa en la parte trasera de la acción, veremos a esa cándida España de la época que mira, cautivada, a un famoso actor trabajando en plena calle.

La figuración de la película en esa rotonda era real. Eran coches y motos que pasaban por ahí. Copilotos y conductores, motoristas sin casco. Porque entonces no se llevaba casco. Todos, en el fondo de plano, desviando sus ojos a cámara. ¡Ahí estaba Paco Martínez Soria!

Madrid ya era una gran ciudad pero, todavía, no estaba inmune a esa inocencia de pararse a ver un rodaje. Y hacerlo sin ningún disimulo. Con menos disimulo aún si el protagonista era el mismísimo Paco Martínez Soria. Había que verlo bien, aunque fuera sólo un segundo. Porque España estaba en blanco y negro, perdida, paleta, pero más avispada de lo que parecía.

‘El éxito del contenido televisivo en la era de Netflix, HBO y Amazon’, a debate

“El éxito del contenido televisivo en la era de Netflix, HBO y Amazon”. Así es el título de la ponencia sobre el impacto de los nuevos modelos de distribución digital, y su influencia en los formatos, la audiencia, las cadenas tradicionales y la exportabilidad de la producción, en la que he participado dentro del Foro de la Innovación Audiovisual, que ha acogido el aula 1 del Máster en Gestión de Empresas de Comunicación (MEGEC) de la Universidad de Navarra.

¿Qué mide el buen rendimiento de un producto en la era de la televisión bajo demanda? ¿Se ha superado el modelo del contenido de proximidad? ¿Cuáles son los retos de producir para una audiencia cada vez más fragmentada y a la vez globalizada? ¿Hasta que punto afectan los algoritmos y el denominado BIG DATA que analiza cada rastro que dejan los usuarios a la hora de definir un guion? Son algunos de los temas que hemos analizado en este encuentro que he tenido la oportunidad de compartir con Gonzalo Sagardía (CEO en Onza Entertainment y profesor del MEGEC), Alejandro Rojas (Parrot Analytics), Cristina Merino (Movistar), Darío Madrona (creador y productor ejecutivo de ÉLITE de Netflix) y Nacho Manubens (subdirector de ficción de Atresmedia).

Un encuentro, cargado de ejemplos prácticos, en el que sobresalió la conclusión de que las cadenas tradicionales ya no quieren limitarse a ser las emisoras de sus propias inversiones y se están convirtiendo en productoras que, ahora, también ponen su experiencia y reputación al servicio de la creación para terceros. Véase el caso de Atresmedia con la fundación de Atresmedia Studios. Se expande una nueva y más compleja dimensión para la industria audiovisual, donde ya no hay una única forma de medir la rentabilidad de los contenidos: el éxito real importa, pero importa más aún la percepción de éxito de la producción o compañía que está detrás. Aunque, en realidad, sea un fiasco.

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